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| foto: archivo |
Cowboy tropical
Con una trayectoria de 50 años, Loblan ha posicionado a Venezuela como un fabricante de excepción de las botas estilo western, esas que al usarlas brindan reciedumbre y hombría a quien las calza.
Ángel Silva-Arenas
Así como la reina pepeada es un icono de la gastronomía nacional, El Ávila, la carta de presentación de Caracas o El Alma Llanera, nuestro segundo himno nacional, las botas Loblan han pasado a ser parte del patrimonio cultual de la moda venezolana. Un producto de exportación, que desde su creación -por allá, a inicios de los años setenta- marcó un hito en la indumentaria del varón que se ufana por llevar con orgullo y seguridad los pantalones bien puestos.
Más allá de sus bondades prácticas, como parte del atuendo que el vaquero urbano o el hombre del campo emplean para llevar a cabo sus faenas diarias, las botas son esencialmente un símbolo cultural masculino que, si bien en las primeras de cambio sirvieron para construir la identidad grupal de los miembros de una localidad, con el tiempo pasaron a ser un particular legado estético, al transformarse en un elemento de excepción en la construcción de una imagen sexy y viril.
NACE UN ÍCONO
La partida de nacimiento de los zapatos Loblan data de 1959, cuando una familia de inmigrantes españoles procedentes de Galicia, los López Blanco, deciden unir esfuerzos y experticia como maestros zapateros, fundando una firma que elaborara para el mercado caraqueño creaciones exclusivas de calzados para damas y caballeros, con la filigrana propia de la técnica artesanal.
Por el año 1972, descubren lo que sería su carta de presentación: las botas estilo western, un caballito de batalla que los deja bien parados aquí y en todas partes. Un calzado que se originó de manera anecdótica: un cantante de la época quería utilizar como parte de la indumentaria para su show unas botas vaqueras, esas que tanto salían en las películas del oeste. Al no encontrarlas en el mercado local, habló con la gente de Loblan para que se las hiciera. El resultado fue un rotundo éxito, tanto así que la gente empezó a pedirlas. Un cliente recomendaba a otro, al punto tal que decidieron incursionar de manera contundente en este segmento, nos narra Carlos López, uno de los directores de la empresa.
A partir de entonces, desde su emblemática trinchera situada en Puente Hierro, las botas han liderado la producción de calzados de los López Blanco, trabajándolas con un diseño dirigido a un consumidor muy singular, que exige de un calzado con condiciones de seguridad, durabilidad a la par de brindar protección y confort al pie.
DEL OESTE AMERICANO AL LLANO VENEZOLANO
Todo pueblo necesita de un relato pintoresco, de una historia cargada de imágenes para contarse así mismo, que le recuerde desesperadamente su origen y los valores sobre los que se sostiene. Fábulas que hablan de héroes, villanos y característicos personajes que con sus proezas dan vida a su gentilicio y cultura. En Estados Unidos, el cowboy cumplió ese papel y las botas vaqueras se erigieron -más que un calzado típico del quehacer diario- en su atributo definitorio. En ellas se condensaron los símbolos que, por excelencia, la mitología del far west acuñó como origen de la sociedad americana, esa que se quiso conquistadora por derecho y naturaleza.
De modo tal que las botas fueron las compañeras inseparables del hombre colonizador de las praderas del Tío Sam, que luchaba contra los indios y algunos de sus pares, que se enfrentaba a animales o simplemente trabaja en su rancho.
En estos lares donde el realismo mágico hace de las suyas, el hombre recio del llano, que se levanta con el alba y toma su taza de café cerrero, también se las apropió como emblema y fetiche de su retrato. Con las adaptaciones propias del trópico, se puso las botas para arrear las reses, montar a caballo, hacerle frente a las crecidas de los ríos o participar en la aventura de los toros coleados, posicionándolas como bandera de su hombría.
Imágenes de antaño que se refrescan con los tiempos, como la de los cowboys modernos, esos tipos "todo terreno" que encontramos en las cuñas de Marlboro o aquellos que a escondidas lucharon por mantener un amor a contracorriente, sin perder nunca su impronta de machos, como los vaqueros de la famosa cinta Brokeback Mountain. Y, qué decir de nuestros vernáculos campesinos, de los cantantes de música llanera o de los padrísimos charros. Todos apuestan a las botas, esas que el sello Loblan diseña a su antojo y maña.
   VERSATILIDAD EN EL DISEÑO
"Corres o te encaramas", consejo popular que reproduce fielmente una premisa esencial en la sobrevivencia mercadotécnica, es una de las reglas que cumplen a cabalidad el equipo de modelistas de Loblan.
"La evolución del mercado de las botas ha exigido que su diseño apueste a nuevos materiales, colores, tendencias e innovaciones tecnológicas de producción, sin perder -por supuesto- la factura y calidad propia del oficio artesanal", explica Ramón Gil López, jefe del Departamento de Modelaje.
En la actualidad el reto consiste en elaborar un calzado a tono con las exigencias del tiempo y del consumidor. "Nuestras botas no sólo son de uso campero sino también para llevarlas en la ciudad, con las demandas que la vanguardia del buen vestir dictaminen", agrega Luis Víctor López.
Esta condición ha derivado en un catálogo versátil de botas que incluyen desde las típicas texanas y de campo, hasta las realizadas con requerimiento especiales para motorcycles, montañismo y deportes de toros.
Las hay para satisfacer todos los gustos. Si un empresario ganadero quiere un modelo elegante para el día de su boda, con apliques de plata o piel de cocodrilo, la gente de Loblan no dudará en cumplir sus sueños. Si alguna dama quiere emular la moda que la celebérrima reina del Tex Mex Selena impuso, o verse como nuestra bella Scarlet Linares, no dude en revisar el variopinto repertorio de botas que Loblan posee y que ahora incluye versiones para niños y niñas.
Su costo depende del tipo de cuero o piel utilizada, así como los accesorios que puedan incluir. Sin embargo, hay para cada bolsillo. Los precios oscilan aproximadamente entre los 300 a 2.000 bolívares fuertes.
TRASPASANDO FRONTERAS
Al igual que el Ponche Crema, las botas Loblan se conocen por varias parte del planeta. El prestigio de su presentación, la naturaleza de sus materiales, el cuidadoso acabado, la durabilidad y la tecnología artesanal las han convertido en un producto buscado más allá de nuestras fronteras. Su fama es tal que han llegado a conquistar la cuna y meca del calzado internacional: Italia.
"Durante muchos años se ha mantenido en las vitrinas más exigentes del fashion italiano, pasando luego a Holanda como punto de partida para penetrar al resto de Europa", señala Juan Carlos López, gerente de mercadeo de la compañía. Desafío que han logrado cumplir, pues actualmente la marca se vende en Alemania, Dinamarca, Suiza, Inglaterra, Francia, España y Grecia, entre otros países.
De igual manera, Loblan es una marca reconocida en Colombia, Puerto Rico, Chile, México, Canadá y parte de Norte América y es invitada de postín en exhibiciones y encuentros mundiales de la moda y el calzado. No en vano su presencia es reclamada en ferias de renombre como la GDS en Dusseldorf, Alemania; la Fashion Jeans Fair en Birmingham, Inglaterra; la IFSL en Bogotá, Colombia; la Fashion West en Denver, Colorado, Estados Unidos y la Western Charro en Guanajuato, México.
   BOTAS, HOMBRÍA Y ALGO MÁS
Las botas son una prenda que seduce a más de uno. Para el diseñador Gianni Straccia es un calzado que imprime coraje al hombre que las usa, pero que según la estilización del modelo puede brindar una elegancia extrema. Recomienda usarla con blue jeans y siempre por fuera. "Son ideales para los caballeros altos y estilizados. Las mujeres, en cambio, pueden usarlas por dentro, les confieren un toque de elegancia bien particular".
Por su parte, Bader González, fotógrafa y directora de un portal de modas, las considera como un calzado con fuerza. "Quien las usa adquiere esa característica. Es importante tener estilo y personalidad. En el caso de las mujeres, las botas complementan esa parte masculina que todas tenemos. Me gusta usarlas con faldas, así equilibro el yin y el yan".
Loblan seguirá firme con su cruzada de hacer botas western con sello venezolano, con la misma mística de hace cincuenta años, cuando decidieron apostar por lo que verdaderamente saben realizar; zapatos de calidad artesanal. Así que, tanto aquí, en esta Tierra de Gracia, como en otras partes del mundo, el calzado campero o texano tendrá un hogar de lujo, permitiendo que cualquier mortal pueda hacer realidad su sueño de convertirse en un Kevin Costner de Danza con Lobos, en un popular Rei-naldo Armas o una polémica Madonna vaquera. Sólo es cuestión de gustos.
| POSTALES TEXANAS |
» Vestida para matar
Para la diseñadora Fabiana Kübler, las botas son extremadamente sexy, particularmente cuando las usa un adonis urbano. Sin embargo, al pensar en una estampa vaquera prefiere contextualizarla en la imagen femenina. "Se me ocurre una mujer súper coqueta, con el pelo suelto, vestida con una falda color kaki, una blusa azul
y unas botas texanas".
» Agresivo rock
Judith Vera, asesora de imagen, recrea una estampa distinta: "Esas botas en la indumentaria de un rockero son sencillamente fenomenal, pues acentúan ese aire de agresividad que su ritmo y andar denotan".
» Frío macho
Invierno, fetiche y masculinidad suprema son señas particulares de la imagen que nos relata la publicista Ceilam Fernández. "Quién no recuerda la cuña de Marlboro, donde el vaquero amanece en un paisaje montañoso, con mucho frío, tomando café y fumando. Una postal de antología que nos regala a un hombre interesante, sexy y muy varonil". |
| PARA RECORDAR |
| Como calzados, las botas han hecho historia. Basta sólo recordar algunos famosos personajes que las han incluido como parte esencial de su indumentaria para corroborar esta apreciación. En la ficción, el más evocado es, sin lugar a dudas, el gato con botas. Y qué decir de los simpáticos botines que usara Julie Andrews en Mary Poppins. De antología las usadas en 1968 por Jane Fonda en Barbarella, estilo galáctico. En los ochenta, John Travolta calza camperas en Urban Cowboy, al recrear a Bud, un tejano que se traslada a Houston para trabajar en una industria petroquímica. Paul Hugen también las inmortalizó en la serie de películas de aventuras Cocodrilo Dundee, en la que interpretaba a un amigable y duro cazador de cocodrilos. Sensualidad derrama al caminar -con sus botas de tacos altos y finos- la celebérrima Gatúbela, cuando enfundada en látex o cuero negro se enfrenta a su archirrival Batman. |
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