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Eterno
Balenciaga
El célebre modisto español es un capítulo importante de la historia de la moda. Su firma —ahora bajo la tutela de Nicolás Ghesquière— promete ser una de las más sonadas de esta temporada. Descubra su legado y el renacimiento de su nombre. Emil Salazar
“Arquitecto para las líneas, escultor para las formas, pintor para los colores, músico para la armonía y filósofo para la medida”, ese fue el lema de Cristóbal Balenciaga. Hoy, su nombre está más presente que nunca.
Este modisto español ha sido definido como el más influyente de todos los tiempos y el más admirado del siglo XX. Su principal aporte fue revolucionar la silueta femenina —en la década de los años cincuenta— desnudando y simplificando las formas, hacia diseños esculturales suscitados por la naturaleza de sus materiales. De carácter reservado y misterioso, Balenciaga evitaba el contacto con los medios de comunicación e incluso con algunos de sus clientes. Su obra no ameritaba mayor promoción, hablaba por sí sola, según el diseñador. Aunque se le compara con Christian Dior —con quien compartió liderazgo durante los cincuenta y sesenta—, su arte tiene recorrido propio y un estilo muy particular. He aquí parte de su mundo.
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Nicolas Ghesquière es
considerado uno de los
diseñadores más completos e influyentes
de nuestro tiempo. Próximamente
cumplirá 10 años frente
a la casa Balenciaga |
Crónica de alta costura
A los trece años elabora su primer vestido, copia de un atuendo de la Marquesa de Casa de Torres, vecina de Getaria, localidad del País Vasco donde nació. Esta, sorprendida con el resultado, lo animó a continuar en el mundo de la moda y le financió una visita a París, tras la cual inicia seriamente su carrera.
Balenciaga abre su primer taller de costura y sastrería en San Sebastián, entre 1915 y 1916, donde empieza a hacerse un nombre. En 1931 abre su segunda tienda en la misma ciudad, llamada Eisa, diminutivo del apellido de su madre. Las tendencias más vanguardistas para el momento, como el corte al Biais o el estilo casual que empieza a imponerse en el marco del proceso de liberación del vestuario femenino, hacen eco en su trabajo.
Al estallar la guerra civil española, Balenciaga se ve obligado a cerrar sus tres locales en su país. Viaja a Londres y luego a París, indiscutible capital de la moda para ese momento, donde inaugura un atelier en la avenida George V. El mismo año presenta su primera colección, cuyos volúmenes y cortes —casi arquitectónicos— deslumbran al mundo y suman a su lista de clientes a famosas y adineradas mujeres y los más reconocidos almacenes norteamericanos.
En 1939, asoma una línea de hombros caídos, cintura pinzada y caderas redondas, anticipándose al estilo Dior de 1947. Reabre sus tiendas en España y diseña sus primeras creaciones para el cine.
Vestidos inspirados en el Renacimiento español, chaquetas a la altura del pecho generosamente bordadas y vistosos sombreros son algunas de sus innovaciones para los años 40. Llega lo que se ha conocido como la revolución Balenciaga para 1950. Camisas y chaquetas que se desprenden de los cuellos, cinturas desdibujadas, vestidos saco, mangas tres cuartos, faldas balón, talles altos, mangas murciélago, grandes botones y las túnicas como protagonistas para potenciar la caída y el cuerpo de los tejidos. Invenciones que hasta nuestros días llevan la marca de su creador.
En los años sesenta, su técnica y talento alcanzan la cúspide por medio de diseños simplísimos y austeros elaborados en materiales suntuosos; la sencillez de las formas y la cualidad de los materiales han sido consideradas el centro de su obra y propuesta. Siempre fue defensor de la naturaleza de los tejidos, de tal manera que el mismo material sostuviera el traje, y se ajustara espontáneamente al cuerpo, lo que lo llevó a una continua búsqueda y momentos de inconformidad.
Para 1962 introduce la falda corta, las primeras botas, su línea tortuga para la espalda, abrigos redondeados y cuellos despejados. Luego, en 1965, los primeros impermeables transparentes en plástico.
Un nuevo concepto de moda se avecina, el que apunta a la producción y el consumo de masa. Alrededor de 1963 un grupo de jóvenes diseñadores —entre ellos Karl Lagerfeld y Emmanuelle Ungaro— apuntan hacia el prèt-a-porter en una tendencia que pretende dar respuesta a la sociedad y la mujer naciente. Balenciaga, resistente a esta noción de moda, decide cerrar sus distintos talleres y retirarse entre 1968 y 1969, destacando entre sus últimas producciones el diseño del uniforme de las aeromozas de Air France.
La Duquesa de Cádiz tuvo el honor de vestir el día de su boda el último modelo Balenciaga realizado por él mismo, poco antes que muriera en Valencia, España, en 1972.
Ser bella o perfecta no era requisito para llevar uno de sus trajes, decía el modisto, pero sus diseños estaban al alcance de muy pocas mujeres, las más famosas y distinguidas del escenario público. Por otra parte, quienes no tuvieron esa grandiosa oportunidad, deben saber que su estilo e innovaciones lo convirtieron en un clásico anticipador del futuro de la moda. Como expresó Nicolas Ghesquière —actual director artístico de la casa Balenciaga— a la revista Vogue: “El esperó a que otros entendieran lo que él estaba haciendo, en lugar de hacer lo que ellos querían”.
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| MODA Y ARTE |
›› Este mes el Musée de la Mode et du Textile, ubicado en París, presentará una retrospectiva de Cristóbal Balenciaga, que rememorará la obra del modisto. Bajo la dirección de Ghesquière, Balenciaga París, será una exposición temática que durará hasta enero de 2007.
›› En el Palacio Aldabar, antigua residencia de los Marqueses de Casa de Torres, donde Balenciaga dio sus primeros pasos en la costura, se prevé abrir las puertas de un museo. El proyecto —del arquitecto Julián Argilagos— comprende formas libres y espacios suspendidos, donde el cristal y el acero convivirán armoniosamente en un espacio de líneas refinadas y elegantes. Sin duda un museo inspirado en el pensamiento de Balenciaga. |
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El heredero
El joven francés Nicolas Ghesquière, de tan sólo 35 años, es considerado uno de los diseñadores más completos e influyentes de nuestro tiempo. Próximamente cumplirá 10 años frente a la casa Balenciaga, donde llegó con un currículo que incluía trabajos con Thierry Mugler, Jean Paul Gaultier y una firma de zapatos que impulsaron su carrera hasta consolidarse como el “nuevo mesías” de la moda —tal como ha sido llamado por la prensa especializada— representando al legendario modisto español.
Ghesquière pareciera tener mucho en común con su antecesor. En una era en la que el pasado pasa a ser referencia, apunta hacia el futuro con una propuesta vanguardista, de ideas innovadoras, revolucionando las tendencias de su tiempo, igual que hiciera Balenciaga. Quizás por eso le ha dado tanta vida a la marca.
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Las últimas colecciones de la firma han sido un éxito de ventas y de crítica. Este traje en brocado de seda fue una de las piezas más fotografiadas de la temporada |
En 2001 Gucci Group adquirió la firma y le permitió a Ghesquière un mayor acercamiento al Picasso de la moda, dándole acceso a archivos originales de su obra. Según él, el registro cambió completamente su enfoque, confesando su atracción por “el extremo del trabajo de Balenciaga: las piezas muy adornadas, las orgánicas, las futuristas y las abstractas”. En ese momento, el diseñador es impactado por su sorprendente herencia.
Las telas utilizadas por Balenciaga —su calidad, modernidad y textura—, causaron especial atención en Ghesquière. “El grosor las hacía sentir como si fueran lana. Las sedas vaporosas. Y el poder del color le ha dado fuerza a mi trabajo; esos colores siguen siendo fuertes. Los estampados impactan como un mundo submarino”, declaró.
Ghesquière, junto a reconocidos proveedores parisienses, apunta actualmente a una visión artesanal del ready-to-wear, siendo uno de sus desafíos presentar este trabajo con el toque Balenciaga, que originalmente rechazó hacer de su arte un negocio.
Este digno delegado suele presentar sus colecciones ante un grupo de élite, entre el cual destacan clientas como: Jennifer Connelly, Nicole Kidman, Diane Kruger, Sarah Jessica Parker, Amira Casar y Chlöe Sevigny, con quienes trabaja directamente.
Ghesquière, a veces criticado por apropiarse del material Vintage, ha dicho: “La necesidad de referencia es un fuerte punto de partida para la inspiración”, como incluso fue la moda del siglo XIX para Balenciaga. En contraste, se ha planteado como reto situar a Balenciaga en el lugar que le corresponde, “entre Chanel y Prada”.
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