
Emilio Pucci
La estampa de la dolce vita
La firma italiana más antigua del
prêt-à-porter femenino celebra
sesenta años de historia con los
colores del Mediterráneo. M.C.
Pucci es, sin duda, la isla de Capri, el mar,
el sol, los vestidos en jersey que corren sobre
el cuerpo como el agua y los estampados
saturados de colores del Mediterráneo.
Pero es también moda con aroma de vacaciones,
un estilo que revolucionó la norma, en una época
en que París dictaba la pauta. “El estilo Pucci se oponía completamente
al los principios de la alta costura francesa de la época”, explica la
investigadora Mariuccia Casadio, en el único libro publicado sobre esta casa
de modas italiana. “Los diseños de Emilio Pucci eran un concierto de libertad
y atrevimiento”, mientras que la tendencia del resto de los diseñadores parisinos que se encontraban bajo la influencia de Christian Dior y de su new look,
se enfocaba en cubrir el busto de las mujeres con tiesos corsés de tela,
armados con ballenas para moldear la silueta.
“Emilio Pucci marcó el inicio
del reencuentro entre lo sencillo
y lo glamoroso, lo cotidiano
y lo sofisticado. En la actualidad
es todavía el símbolo de la dolce
vita”, añade el diseñador
Christian Lacroix, quien demostró
su admiración por la marca con
una colección de alta costura denominada “Homenaje al
Marqués”, en 1989, mucho antes
de ser reclutado como estilista
por esta firma de diseño. “En ese entonces, continúa Lacroix, él era
el único en crear vestidos que pudieran guardarse dentro de
una maleta y luego sacarlos sin arruga alguna al momento de la llegada, tanto para ser usados en una noche de gala como para relajarse cómodamente al borde de una piscina”. Pucci fue igualmente adoptado por la aristocracia y por los pequeños burgueses y, aún hoy, representa a ese colectivo que se desenvolvía entre Gstaad, Hollywood y Capri. “Sus motivos gráficos, ópticos o psicodélicos seguirán siendo incomparables y modernos para siempre”.

La historia....
Todo comenzó en el Palacio Pucci, situado en Florencia, entre cuadros
de Botticelli, Rafael y Leonardo
da Vinci, y en el que se encuentran
los archivos que contienen los miles
de prototipos plasmados en seda.
Emilio Pucci nació en Nápoles,
su familia provenía de la aristocracia rusa, gracias a su padre y a su tatarabuela, que era sobrina de la emperatriz Catalina. Más tarde,
su padre se radicaría en Florencia,
entre las familias más importantes
de la sociedad italiana. A pesar de
su linaje, el joven Marqués de
Barsento pudo haberse inclinado
por el ocio, pero eligió tener
otra vida, incluso varias.
En 1935 viajó a Estados Unidos para estudiar sociología. A su regreso, tres años después, se enlistó en la aviación italiana y entró a formar parte del equipo nacional de esquí. No va a ser bajo el cielo de Capri sino en las pistas de descenso de Zermatt, en Suiza, que comenzará por casualidad su carrera como diseñador. Atractivo y elegante en todo momento, al marqués siempre le había gustado diseñar sus prendas de vestir. Durante el invierno de 1947, Pucci ofrece a una amiga, la fotógrafa Toni Frissell, quien trabajaba regularmente para la revista de modas Harper’s Bazaar, un conjunto de esquí de su creación, que consistía en un pantalón ajustado hasta el tobillo por una banda de cuero y un suéter impermeable con capucha que tenía un bolsillo ventral. Frissell respondió con gran entusiasmo al ver aquellos diseños que con seguridad no encontraría en ninguna tienda. Días después, las imágenes de este modelo estarían sobre el escritorio de Diana Vreeland, directora de la publicación estadounidense, muy interesada en reseñar la moda proveniente del otro lado del Atlántico. El artículo no tardó en aparecer bajo el título “Diseños de un italiano esquiador”.La respuesta fue inmediata y los responsables de compras de la tienda por departamentos Lord & Taylor, de la 5ta. Avenida de Nueva York, encargaron de inmediato el diseño de una pequeña colección mixta, que incluyera el estilo de invierno y el deportivo, para ese momento el Marqués era todavía oficial del ejército. En 1949, durante un largo permiso que transcurre en Capri, reduce su creación a prendas de vestir fáciles de poner, entre las que destacan blusas cortas y pañuelos. Los tonos de la Costa Azul, el rosa de las buganvillas y el amarillo de las mimosas chocan en su cabeza, comienza a imaginar motivos teñidos de colores extremadamente vivos.
“Colores naturales, precisa Laudomia Pucci, heredera de la firma. Él los había visto mezclarse en el paisaje de Capri, su lugar preferido de descanso, e incluso en Florencia, donde años más tarde, establecería su taller. Donde mi padre estuviera, cerraba los ojos para imaginar las asociaciones de colores”. En 1950, el oficial renuncia a su carrera militar y abre una tienda, La Canzone del Mare, en la Marina Picolla. Su pequeña boutique se convirtió en la guarida de la alta sociedad de vacaciones en Capri, situación que no compartía ni su familia ni los de su rango, pues consideran inconveniente trabajar.
Sin embargo, el marqués se burla de ellos, pues para ese momento ya era considerado “El Príncipe del Estampado”. Cuando los aristócratas se acercában a ver la tienda de ese “excéntrico” que había caído tan bajo, entonces era el momento en que éste los tomaba como escoba y limpiaba el suelo con ellos, al quedar cautivados con sus diseños.
“Mi padre se consideraba a sí mismo tanto diseñador como artesano. Creaba sus propios motivos y buscaba nuevos materiales, pero sobre todo, estaba atento al corte de los trajes, pues soñaba siempre con embellecer y modernizar el cuerpo de la mujer”. Las pruebas de los nuevos diseños se realizaban regularmente sobre cuatro modelos de medidas diferentes. Era la creación en movimiento, ya que iba corrigiendo el patrón hasta que el diseño quedara perfecto en el cuerpo de sus cuatro modelos. Gracias a sus criterios de corte, su moda sería adquirida por un gran número de féminas. Las creaciones de Emilio Pucci eran también funcionales, y aunque siempre la marca se asocia a la seda, también uso muchos tejidos de algodón, así como la tela de toalla para confeccionar conjuntos playeros que, todavía en la actualidad, se utilizan por su frescura bajo el sol.
Estilo eterno
Al igual que Coco Chanel, de quien
era amigo personal, Emilio Pucci
confeccionó una moda fácilmente
reconocible por cualquiera.
Un easy to wear (fácil de usar),
tal como sus vestidos-camisas que
costaban 200 dólares en los años 60,
pero que simplificaba la existencia
de todas las distinguidas clientas cuando
no disponían de damas de servicio
durante las vacaciones. En repetidas ocasiones, el marqués deterioró
la imagen de su marca al confeccionar
toda clase de accesorios y objetos
para satisfacer a las multitudes,
aunque las mujeres célebres de la
sociedad siguieron atentas a sus
nuevos lanzamientos. En los años 80,
serán Madonna y Paloma Picasso quienes relanzarán el fenómeno, aferrándose
a sus estampados. Veinte años después,
les toca el turno a Kylie Minogue
y Sienna Miller quienes enloquecen por el descubrimiento de esta firma. “Frecuentemente, uno se las encuentra en reseñas de revistas vistiendo prendas Pucci, comenta Laudomia Pucci. Ellas han entrado en alguna de nuestras tiendas y ahora usan nuestros diseños, a pesar de que están cubiertas por obsequios de otras marcas”. Pucci encierra un perfume de glamour que se mantiene desde hace 60 años, con una primicia, el lanzamiento en septiembre de una fragancia. La Puccimanía no ha dejado de colorear el mundo de la moda.

Salvador Dalí y Gala durante una presentación de la marca en París, 1963.

Emilio Pucci y una de sus modelos
en los techos de florencia
en 1957. Abajo, una de las
portada de Harper’s Bazaar
del año 1963

| Heredera del estilo |
 Dos años antes
de la muerte de Emilio Pucci, en 1992,
Laudomia Pucci,
la única hija del diseñador
tomaba las riendas
de la casa de diseño
que vistiera a toda
la alta sociedad del mundo.
Diez años después, ella y su madre
cedían el 67% de la sociedad
al grupo francés Moët Hennessy-Louis Vuitton (LVMH). Hoy, la hija de
Emilio Pucci se encarga de cuidar
la imagen de esta casa cosida
de glamour, mientras que el diseñador inglés Matthew Williamson esboza
sus colecciones siguiendo los
lineamientos de Christian Lacroix,
quien entre los años 2002 y 2006 logró revivir majestuosamente el mito Pucci.
"Mi padre no tenía una ninfa particular
en mente, diseñaba para todas las
mujeres, porque como buen italiano
las amaba a todas” |
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