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revista Estampas

Caracas, sábado 27 de septiembre de 2008

 

Cuando sea grande

foto: www.shutterstock.com/Kiselev Andrey Valerevich

Antes de decidir qué quieren estudiar, muchos jóvenes tienden a dar algunos traspiés que se traducen en pérdida de meses e incluso años. Esta dificultad no viene sola y siempre es el resultado de la combinación de varios factores que deben ser analizados.
Irene Carrasquero



Para algunos es un proceso sencillo, pero para otros puede enredarse de tal manera que terminan eligiendo una carrera sin ningún convencimiento, a veces incluso errando en la decisión final, lo cual trae consecuencias nada deseables para su futura vida personal y laboral. La psicóloga María Alejandra Corredor de Romero, quien dedica parte de su consulta al asesoramiento vocacional, profundiza en este problema, que además de afectar la vida presente y futura del joven indeciso puede ser una señal de que algo no anda bien.

"La selección de una carrera debería ser un proceso natural. Cuando se complica, los padres deben preguntarse por qué para su hijo está siendo difícil decidir".

Y aunque no necesariamente la demora en la decisión implica que hay problemas graves, puede ser indicio de varias situaciones -particulares de este joven o de índole familiar- que los padres deben conocer para así poder acompañarlo y ayudarlo en el proceso.

La decisión
Corredor explica que "en nuestro sistema educativo la elección de la carrera se hace entre los 16 y 17 años de edad, un momento en el cual aún no se han cristalizado los intereses ni las habilidades y lo que se llama identidad ocupacional aún no se ha alcanzado".

Es además una etapa complicada, de mucha presión social y familiar, que puede acarrear posturas tan típicas como la rebeldía, la apatía o el aislamiento. Cuando actitudes como éstas interfieren en el proceso de selección de una carrera, el resultado puede ser desastroso para el futuro de este muchacho.

Son muchas las cosas que atentan contra una decisión concienzuda y madura. En primer lugar, existen características propias de ese joven y de su edad que le hacen difícil tomar una decisión o, lo que es peor, lo llevan a optar por una alternativa no siempre acertada.

En general, todos los jóvenes caen, algunos más que otros, dentro una o varias de las siguientes situaciones:

No se conocen: "El primer error es el desconocimiento que tienen los muchachos a esa edad de lo que ellos son como personas y del mundo profesional". Y lo que es peor, pueden no tener idea de cómo su manera de ser se vincula con la carrera que quieren estudiar y la profesión que piensan ejercer.

Están confundidos y desinformados: La mayoría de los muchachos a esta edad tiene una gran confusión en lo que a profesiones se refiere, casi siempre porque no han dedicado suficiente tiempo e interés a buscar información sobre las opciones y lo que ellas implican.

Les cuesta renunciar: "Muchas veces la dificultad para decidir una carrera es más un problema de renuncia que de elección. Cada vez que elegimos algo debemos renunciar a muchas otras cosas y para algunos jóvenes la indecisión responde a lo que dejan". Y no se trata sólo de las carreras, sino de las personas, los objetos o los ideales que deben quedar a un lado.

Son indiferentes: A muchos muchachos, en teoría, "les da igual" cualquier carrera. Esta indiferencia se debe generalmente a una combinación de varios factores: desconocimiento de las opciones, baja motivación y falta de dedicación al asunto.

Tienen visión de muy corto plazo: Un error común entre la juventud es darle mayor importancia a los años de estudio que a la profesión. En estos casos, deciden con base en la universidad, su ubicación, el grupo que estará allí, la moda o la conveniencia de algunas materias, por ejemplo, y no por la vida profesional futura.

Pero adicionalmente, e igualmente influyentes, son las circunstancias familiares, que son muy particulares de cada estudiante y que podrían hacer dilatar o incluso errar, la decisión final. Por ejemplo:

Buscan cumplir los ideales de los padres: Son esos casos en los que el joven, a veces inconscientemente, no se pregunta qué quiere ser sino qué esperan sus padres que él sea, y de acuerdo a ello toma su decisión.

Siguen por obligación la tradición o deseo familiar: "Existen familias en las que los padres le hacen saber a su hijo, de manera directa, lo que quieren que él estudie, sea por tradición familiar o cualquier otra razón". Son esos casos, más comunes de lo que podría pensarse, en los que los padres "exigen" al hijo que tome una carrera, dándole la "alternativa" de estudiar después lo que él desea.

foto: www.shutterstock.com/Monkey Business Images

Se van por lo conocido: Puede ser común que exista en la familia una profesión tradicional y por generaciones muchos miembros han seguido la misma corriente. El joven, por tradición y no por convicción, puede cometer el error de tomar esta carrera sin atreverse (a lo mejor de manera inconsciente) a considerar nuevas opciones.

Abandonan la idea inicial por poco apoyo familiar: Algunas veces los padres, directa o indirectamente, frustran los intereses del hijo, descalificando su decisión por una u otra razón. "A lo mejor los padres tienen razón, pero no es bueno condenar la elección de antemano".

Eligen por rebeldía: No son pocos los casos de muchachos que, por mucha presión familiar, deciden tomar una carrera totalmente opuesta a lo que sus padres esperan o recomiendan, con la simple intención de llevar la contraria.
Son estas circunstancias familiares las más difíciles de manejar, pues son tan particulares como cada estudiante y no siempre ellos (ni sus padres) están conscientes del problema. Ellas llevan casi siempre a decisiones equivocadas con las que el muchacho -y a lo mejor también sus padres- cargará durante toda su vida.

Cuestión de actitud
"La idea es que un joven sea bueno en lo que estudie y además lo disfrute". Este equilibrio sólo se logra combinando las aptitudes, los intereses y la personalidad, tres aspectos igualmente importantes que siempre tienen que estar presentes a la hora de elegir una carrera.

Lo que el joven estudie es lo que él va a ser (además de hacer) durante toda su vida y es por ello que la decisión no puede tomarse a la ligera.

¿Qué hacer para decidir y no errar? Aunque la responsabilidad es del estudiante, quien es a fin de cuentas el más interesado en su propio devenir, el apoyo familiar y escolar es fundamental. Algunas recomendaciones:

Buscar información:
Es lo prioritario. "El primer recurso que tiene un muchacho es Internet. Además de websites con mucha información, todas las universidades tienen folletos donde ofrecen detalles sobre las carreras disponibles".

Conversar con los padres: Lo ideal es que el joven, especialmente si se siente perdido, converse con su familia, le plantee sus inquietudes, deseos y las opciones que está considerando, de manera de buscar consejos en quienes tienen más experiencia.

Relacionarse con profesionales: Una vez que haya investigado las opciones y tenga alguna idea de hacia dónde podría dirigir sus estudios, es bueno que inicie una búsqueda personal y converse con personas conocidas que sean profesionales en esas áreas de su interés. Eso le irá dando otra visión de las profesiones que está considerando y de lo que ellas exigen e implican.

Buscar ayuda profesional: "Estas acciones deben ir haciendo un efecto de embudo y el estudiante podrá ir descartando lo que no le interesa". Sin embargo, si aún no se decide, existe la posibilidad de buscar ayuda profesional, sea con los psicólogos y orientadores vocacionales que normalmente están en los colegios, o con profesionales fuera de él.

O sea, equis…
No es raro que los padres no entiendan a sus hijos adolescentes y lo contrario. Se trata de dos generaciones, con intereses disímiles y prioridades exponencialmente diferentes.

Pero pareciera que en este caso particular, cuando del futuro se trata, es a los padres a quienes toca tratar de entender las motivaciones, deseos e ideales de sus hijos. Y no viceversa.

"Todos los padres (sin excepción) tienen expectativas con respecto a sus hijos. Pero es necesario que se desprendan de ellas y hagan el duelo por los hijos ideales que no existen". Ésta es la única manera de aceptarlos como son, disfrutar de ellos y apoyarlos en éstas y otras decisiones trascendentes.

Y aunque no existe una fórmula mágica para acompañar a los hijos en la empresa de decidir su futuro, algunas acciones pueden ser de gran ayuda:

Ayudarlo a pensar: Desde que su hijo es pequeño, los padres pueden ir abriéndole su mente a lo que quiere ser en un futuro, haciéndole ver que una profesión es algo que tendrá que elegir el día de mañana. "Todos los varones quieren ser policías y las hembras maestras, lo cual constituye la primera identificación. Luego, cuando comienzan a conocer más gente, irán consiguiendo nuevos modelos".

Ampliarle las opciones de estudio: Es importante que lo incentiven a buscar información y a que considere nuevas alternativas, incluso abriéndole el abanico hacia profesiones que no existen dentro de la familia o que sean distintas a lo que él está acostumbrado.

Es prioritario que el joven busque información acerca de las carreras que más le atraen

Entender sus motivaciones: Uno de los retos más difíciles para los padres en todo este proceso es aprender a identificar qué motiva a su hijo a elegir una carrera, especialmente si no están de acuerdo con la decisión. "Cada papá y mamá debe tomarse la tarea de reflexionar la razón por la cual su hijo escogió esa profesión y no otra. Ver qué lo motiva". Si es por rebeldía, por ejemplo, es importante saber reconocerlo y actuar.

Respetar sus razones: "Todos los jóvenes tienen preocupaciones que, desde la perspectiva de los padres, pueden parecer banales. Sin embargo, deben ser consideradas porque definitivamente son parte de su propio mundo". Aspectos como quiénes de sus amigos estudiarán esa carrera, dónde queda la universidad, cómo es la gente que estudia en ella y cuál es el ambiente, entre otros, no deben ser la base de la decisión pero, si para ellos son importantes, entonces tienen que ser tomados en cuenta.

Evitar proyectarse en sus hijos: Un error que cometen algunos padres es incentivar a sus hijos, consciente o inconscientemente, a que sean lo que ellos no lograron ser. "Son los que pretenden que sus hijos cumplan sus propias expectativas frustradas".

Revisar su propia actitud ante sus proyectos:
El sólo hecho de que su hijo tenga planes futuros debe ser siempre bien recibido por los padres, aun cuando estos proyectos puedan ser inalcanzables. La clave es conversar sobre ellos y explicarles por qué no son posibles. "No es lo mismo para un muchacho hablar al menos de la posibilidad que escuchar de una vez que es imposible".

Estar alertas y buscar ayuda: Es importante que los padres le den la justa importancia a las dificultades que está teniendo su hijo para tomar una decisión, pues ello puede ser señal de que algo está ocurriendo en la familia. "Y si es necesario, que busque ayuda externa, incluso adicional a la que ofrece el colegio".

En los colegios

El papel de las instituciones educativas es fundamental en este proceso. La mayoría de los colegios tiene, en noveno grado, una orientación para que el muchacho defina si va a estudiar Ciencias o Humanidades y luego, entre cuarto y quinto año, se les ofrece la oportunidad de que profesionales de distintas áreas les hablen y compartan con ellos sus experiencias estudiantiles y laborales. Muy importante es la aplicación de pruebas de aptitud diferenciales, las cuales evalúan las aptitudes y los intereses de los chicos. "El inconveniente de estas pruebas, especialmente para jóvenes que no se han decidido, es que dejan por fuera variables particulares como personalidad, motivaciones y entorno familiar. Los colegios no están en capacidad de tomar en cuenta estos factores porque ello implicaría entrevistas personalizadas que logísticamente son complicadas".

Si el joven tiene idea de qué quiere estudiar, estas pruebas pueden ayudarlo a terminar de tomar una decisión, pues evalúan habilidades muy importantes como la numérica, la mecánica, la velocidad, la exactitud, el razonamiento verbal y el abstracto. "Todas estas cualidades subyacen a todas las carreras y se requieren, en mayor o menor grado, para una u otra profesión".

ENTRE ESTUDIANTES

• Las carreras más buscadas son comunicación social y todas las que tienen que ver con el área de telecomunicaciones, que son también en las que más cuesta entrar.

• La profesión menos buscada es, desafortunadamente, educación, y muchos estudiantes recurren a ella como puente para cambiarse luego a la que desean estudiar.

• Con la eliminación (este año) del examen de admisión en todas las universidades, el promedio (que antes valía hasta un 40 por ciento) es el requisito más tomado en cuenta para obtener un cupo en cualquier universidad.

• Las universidades han implantado un curso de iniciación universitaria (de varias semanas de duración y cuyo nombre varía de un centro de estudios a otro) que permite al estudiante optar por la carrera de su interés aun cuando su promedio sea menor al exigido.

• Actualmente hay más estudiantes que hace una década, pero también existen más alternativas, tanto técnicas como universitarias, no sólo en Caracas sino también en el interior.

• Las carreras técnicas tienen mayor auge hoy que hace unos años.


EN LA RED

•Oficina de Planificación del Sector Universitario / www.opsu.gob.ve

•Universidad Central de Venezuela / www.ucv.ve

•Universidad Simón Bolívar / www.usb.ve

•Universidad Metropolitana / www.unimet.edu.ve

•Universidad Católica Andrés Bello / www.ucab.edu.ve

•Universidad Monteávila / www.uma.edu.ve

•Universidad Humboldt / www.unihumboldt.edu.ve

•Universidad Nueva Esparta / www.une.edu.ve

•Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Bolivariana / www.unefa.edu.ve



Señas
María Alejandra Corredor de Romero, psicóloga clínica comunitaria.
Profesora de la escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello y presidenta de la Asociación Venezolana de Psicodiagnóstico (Avepsico)
Teléfono: (212) 979.9366
Correo-e: alejandracorredo@gmail.com



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