¿Autoestima o ego?

Hay quienes confunden una adecuada autovaloración con la arrogancia, y pueden estar inculcando ésta última a los hijos. Teresa León
El tener una autoestima alta ha demostrado ser clave para el éxito en todas las áreas de la vida, de ahí que muchos padres estimulen la autovaloración de sus hijos desde temprana edad. Sin embargo, las exageraciones y ciertas estrategias para que se estimen pueden inclinar la balanza hacia la arrogancia, vanagloria, fanfarronería o como lo llaman algunos, el "ego" exacerbado.
"La autoestima es el proceso clave: aprecio y valoración de sí mismo, sentirse capaz y competente, apreciado y valorado por otros, con derechos y oportunidades para decidir lo que se quiere en la vida", así la define el doctor Manuel Barroso, experto en la materia, en su libro Ser familia (editorial Galac). "Con autoestima soy mejor, busco la excelencia y calidad (…) Me siento con el derecho a vivir una vida para la plenitud, sin compararme ni descalificando a los demás".
Algunos padres le dicen a sus hijos que son superiores a los demás, que tienen que ser los mejores, y los estimulan a competir y a ganar siempre a toda costa. Hay quienes les enseñan a ver sólo sus propias fortalezas y demostrarlas, obviando sus debilidades. Algunos padres enfatizan el estatus social como principal motivo de orgullo. Cabe preguntarse, ¿la autoestima de estos jóvenes descansa sobre una base sólida?
"Parte de la autoestima bien entendida es que el individuo aprenda a manejar sus recursos, tiempo, normas y espacios. Cuando no sabe hacer eso, invade la territorialidad del otro, no sabe manejarse, viola las normas y eso es lo que forma un ego extendido, en el cual piensa que debe ser el centro de atención y que su forma de estar en el mundo es asimétrica: 'yo soy superior a los otros", así opina el doctor Mónico Carvajal, director del Instituto Eric Berne, con sede en Caracas, que cuenta entre sus programas la formación de facilitadores de procesos de autoestima.
Cuestión de equilibrio
Una verdadera autoestima radica en que la persona se valore por existir, por el conjunto de cualidades y características que hacen de ella un ser único e irrepetible. Si se le inculca a un niño a considerarse superior a los demás, su autoestima estará en función de los otros; y siempre puede toparse con alguien con mayores capacidades y habilidades. Estaría dependiendo de los otros para medirse y para sentirse bien.
"Lo interesante es que el niño vaya aprendiendo que tiene un conjunto de competencias, habilidades, recursos pero también un conjunto de precariedades, de inhabilidades, de incompetencias", añade Carvajal, quien es psicoterapeuta, coach y facilitador de talleres tanto dentro como fuera de Venezuela.
Cuando no se les enseña a los hijos a ver sus propias debilidades, pueden asumir riesgos que los lleven al fracaso, y terminar echándoles la culpa a otros. Si la balanza se inclina sólo hacia las fortalezas, cuando algo lo impulse hacia las debilidades puede llegar a percibirse sólo como debilidades y defectos. Aquéllos que no ven sino sus méritos podrían desarrollar miedo a ver sus flaquezas y a ocultarlas en lugar de hacer algo para mejorarlas.
Para valorarse no se necesita ser perfecto; esa valoración no es sólida ni real. Si una persona no conoce sus defectos, no puede tener una adecuada autovaloración, ya que el autoconocimiento es uno de los pilares de una autoestima óptima.
Amor incondicional
Si al hijo se le reconoce y se le ama por su esencia, por existir simplemente, por sus cualidades intrínsecas, desarrolla una autoestima óptima. Los elogios y las muestras de cariño por lo que tiene o hace elevan su autovaloración, pero no son tan potentes como aquéllos que expresan un amor incondicional. Si sólo se les elogia por lo que hacen, y no por su forma de ser, en algún momento pueden pensar: 'me quieren solamente porque obtengo buenas calificaciones, por hacer lo que esperan de mí, no por lo que soy'.
Una de las principales definiciones de una adecuada autoestima es sentir amor por uno mismo. Pero no conviene exagerar. Egoísmo, egocentrismo, egolatría… todas estas palabras se relacionan e identifican fácilmente con el amor excesivo a sí mismo. Las personas con estas características, lejos de disfrutar los beneficios psicológicos, sociales y de toda índole de una elevada autovaloración, lo que consiguen muchas veces es el rechazo de la gente.
"Si no se le enseña al niño que, además de derechos, tiene deberes, normas y tareas (como por ejemplo ordenar sus cuadernos, poner su ropa donde corresponda), estaremos criando unos pequeños monstruos, que piensan que todo se lo merecen, que tienen que tener todo en la vida; y de grande se pasa factura a este tipo de conducta. El hecho de que una persona se estime y se quiera no necesariamente significa que tenga que tenerlo todo pasando por encima de los demás", indica Carvajal.
"Los programas de autoestima para niños tienen que concebirse para que ellos concienticien cuáles son sus debilidades y limitaciones, para que aprendan a valorarse, a dar soporte a los que están a su alrededor, para que sepan pedir ayuda". Asimismo, es importante que desarrollen su humildad, ya que ésta es "otra muestra de autoestima adecuada, así como la libertad para presentarse espontánea y creativamente", explicó. La idea es que cada individuo "se reconozca dentro de un grupo y pueda resaltar una valoración propia. Somos seres humanos iguales que tenemos algunas diferencias, todos somos líderes y en algunos momentos nos toca ser seguidores".
Fachada
Algunas personas arrogantes pueden haber sido niños a quienes se les inculcó la idea de ser superiores a los demás. Sin embargo, la arrogancia también puede ser una fachada para ocultar precisamente una baja estima. Las personas que se muestran superiores posiblemente en el fondo no se sienten merecedores de esa etiqueta.
"Mi hija es 'diferente' a todos los de su salón, está muy por encima del resto". "Mi hijo es índigo, es superior a la generación de nosotros, sus padres". "Ella es '100% por ciento actitud". Frases como éstas, aunadas a una sobreexigencia por parte de padres y maestros, pueden llevar a los niños a pensar y sentir que su valor está en tener más calificaciones que los otros, más logros aparentes que los demás, en sobresalir; pueden creer que si no sobresalen no son dignos de amor.
Una persona con una buena autoestima se valora tanto en su aspecto físico como su forma de ser. El aspecto físico es sólo una parte de la identidad; los que se enfocan sólo en su físico se aferran a él y pueden volverse adictos a las cirugías, por ejemplo. Es conveniente que el joven aprenda a amarse por su esencia y de forma global, que centre su autovaloración en la riqueza interior y no sólo en la fachada por demás cambiante. En el libro Papás: no se ahoguen en un vaso de agua (editorial Alamah), Richard Carlson señala que "La apariencia física es un punto sumamente sensible en el caso de las chicas. (…) Con el fin de ayudar a una chica a desarrollar una mejor y más saludable imagen de sí misma, alábela por sus logros, por su manera de pensar y por sus actos, en vez de alabarla por su cabello, su maquillaje o su vestimenta. Recuérdele que es una persona inteligente y valiosa, que tiene ideas magníficas y mucho potencial".
Una persona con alta autoestima se respeta, respeta a los demás y hace valer sus derechos. Busca también mejorar sus relaciones interpersonales, por lo que resulta una buena influencia en la familia, los grupos de trabajo, la comunidad, es decir, en la sociedad. Como señala el doctor Barroso: "La autoestima está en todo lo que importa e interesa: en el contacto físico y espiritual, en lo trascendental (…). Es la luz interior que guía, y la inspiración que orienta hacia lo que conviene. Cada uno es la magia que tiene dentro de sí para vivir milagrosamente, diferente a todos los demás, queriéndose y aprendiendo de sus propios aciertos y errores."
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Para equilibrar |
• Dígale a su hijo que lo ama (que ambos lo sientan).
• Incentívelo a ver sus debilidades y a reconocer las fortalezas.
• Impúlselo a asumir responsabilidades y deberes acordes con su edad; eso le demostrará que se confía en él.
• Evite las críticas, las burlas, las comparaciones…
• Establezca límites y reglas
claras y sea consecuente con ellos. Sea flexible.
• Sea efusivo y claro al reconocer lo que ha hecho correctamente. |
Imagen positiva |
En relación a sí mismo:
• Confianza y seguridad en sí
mismo.
• Integrado: en contacto con lo que siente, piensa y hace.
• Capacidad de autocontrol y de autorregularse en la expresión de sus impulsos.
En relación a los demás:
• Es abierto y flexible.
• Valora y acepta a los demás
como son.
• Autónomo en sus decisiones, puede disentir sin agredir.
• Se comunica de forma clara
y directa.
• Es capaz de conectarse con las necesidades de los otros.
Frente a tareas y obligaciones:
• Asume actitud de compromiso, se interesa por sus tareas.
• Se siente capaz y es optimista en relación con sus posibilidades. |
Señas:
Mónico Carvajal, director del Instituto Eric Berne
Teléfono: (212) 577.3726
Teresa León, analista
transaccional
Teléfono: 0414-254.1089
teresaleon7@yahoo.com
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