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Wabi sabi
Si quiere transformar
su hogar en un oasis de armonía y paz, inspírese
en esta estética japonesa. Carmen Isabel Maracara
Para entender las normas de decoración presentes en el país nipón, hay que tener en cuenta dos características ambientales: la ausencia de grandes espacios pues esta nación enmarcada en varias islas tiene sólo 377.837 kilómetros cuadrados y una población de más de 127 millones de personas, a lo que se suma la presencia continua de movimientos telúricos. Por tanto el espacio del hogar es reducido y no debe sobrecargarse -para producir sensación de amplitud- y debe estar elaborado con materiales flexibles, ligeros, que permitan una rápida reedificación en caso de desastre.
Pero más allá de esas condiciones geográficas, lo esencial es entender que la cultura y espiritualidad niponas están impactadas fuertemente por la tradición budista, que consagra los valores de la impermanencia, la vinculación con la naturaleza y el apego a la esencialidad. Si busca que su casa sea un remanso de paz, que contraste con el bullicio exterior urbano y que invite al sosiego, inspirarse en la tradición del wabi sabi le ayudará a lograrlo.
Los principios
Etimológicamente, wabi se refería a la soledad de vivir en la naturaleza, lejos de la sociedad, mientras que sabi significaba frío, flaco o marchitado; pero hacia el siglo XIV estos términos comenzaron a cambiar. Wabi ahora connota simpleza rústica, frescura o quietud, y sabi es la belleza o serenidad que aparece con la edad, cuando la vida del objeto y su impermanencia se evidencian en su pátina y desgaste. Así, actualmente, wabi sabi es un término que describe a objetos o ambientes caracterizados por su simpleza rústica.
Explica Leonard Koren, autor del libro Wabi-Sabi: for Artists, Designers, Poets and Philosophers (Wabi sabi para artistas, diseñadores, poetas y filósofos) que algunas características de esta estética son la asimetría, aspereza, sencillez o ingenuidad, modestia e intimidad, enmarcadas en el amor por la naturaleza; sus principios ocupan la misma posición en la estética japonesa que en Occidente ocupan los ideales griegos de belleza y perfección.
Esta propuesta se manifiesta en expresiones artísticas como el honkyoku (música tradicional de los monjes Zen); ikebana (arreglos florales); jardines zen y bonsáis; poesía -especialmente el haiku-; alfarería (hagi ware) y en la ceremonia del té japonesa. En Occidente, durante los años noventa, el concepto fue adoptado por creadores de software y utilizado para la programación Agile y para Wiki wiki (wikipedia) con el fin de describir el estado de imperfección actual en que se basan.

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Menos es más
Si está comenzando a armar su casa y le atrae esta propuesta, es el momento ideal para hacerlo, pues así podrá adquirir el mobiliario clave, sin excesos, ya que la sobriedad, sencillez y naturalidad son los tres fundamentos de la decoración japonesa. Escoja muebles de líneas sencillas, bajos, de tonos neutros.
Pero si se trata de redecorar, habrá que desembarazarse de todo estorbo, de mobiliario y enseres aparatosos y excesivos. Recuerde que el interior japonés es sobrio y ordenado; las casas no están obstruidas por numerosos objetos decorativos.
Otra opción para quienes ya tienen su casa decorada, pero quieren incorporar este estilo, es escoger una habitación para recrear la serenidad y la paz del wabi sabi. Vacíe esta estancia, y si es posible, trate de que tenga una preciosa vista.
Mobiliario
Una característica del estilo tradicional nipón es el hecho de que las personas se sientan en el suelo, en tatamis. A esto se pueden añadir esteras y gruesos cojines para mayor comodidad. Si se trata de un dormitorio, lo adecuado es optar por una cama baja o futón; puede incluso colocar un colchón sobre tatamis en el suelo.

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Recuerde que uno de los atributos de la decoración japonesa es la asimetría, emulando así la naturaleza que nunca es simétrica, lo que revela su movimiento perenne y creatividad. Por ello tampoco se debe evitar el repetir un objeto, textura o forma.
El mobiliario es de menor altura al que estamos acostumbrados en Occidente; las mesas son muy bajas, pensadas para que los comensales se sienten a su alrededor en cojines; igualmente sucede con otros muebles como el sofá o las estanterías. Deben seguir la máxima simplicidad en su construcción, ser de líneas rectas que inviten al orden y conservar el color de la madera natural.
Un ikebana, arreglo floral tradicional de Japón, suele estar entre los elementos de una estancia; este adorno presta una atención particular al equilibrio y a las líneas, el número de flores o de ramas utilizadas siempre es impar. Las obras de arte se deben ubicar en una estancia específica dentro de la casa, que en Japón se denomina tokonoma y consiste en un pequeño hueco en la pared con una plataforma un poco más elevada que el resto de la habitación. En la actualidad, el tokonoma es decorado con lienzos de caligrafía o bonsáis y es la habitación más espiritual y relajante del hogar.
Los biombos o puertas japonesas pueden también completar la decoración. En la casa típica nipona, las estancias están separadas con paredes muy finas y las puertas son correderas y están hechas de shôji (papel), creando un efecto muy particular: la casa está apenas dividida y las diversas salas configuran a la vez un solo espacio. La única separada del resto de la casa es la entrada o genkan, que está a un nivel ligeramente más bajo y no tiene parquet.
Colores, materiales,
iluminación
Los colores utilizados en la decoración nipona influenciada por el budismo zen y el wabi sabi son principalmente el blanco y toda la gama de colores neutros: ocres, grises y beiges. El color vibrante sólo puede estar dado por algún objeto decorativo, como una pincelada de verde o rojo en algún elemento o detalle puntual.
En cuanto a los materiales, se debe privilegiar aquellos en estado natural o poco industrializados: madera, piedra, etc. En baños y cocinas se opta por la piedra antes que la cerámica. Los pisos de madera clara se prefieren a los oscuros. En cuanto al color de los muebles, las maderas de colores claros van muy bien con esta estética, aunque se puede emplear una oscura si todos los demás elementos decorativos son claros. La luz siempre debe ser sutil, indirecta, con artefactos escondidos, para lograr un ambiente suave, propicio para la meditación y el descanso.
En resumen, para cumplir con la estética japonesa debe concebir, emplear y disponer del mínimo de objetos decorativos posibles, de líneas sencillas y colocarlos con buena distancia entre ellos de manera que puedan ser apreciados por su belleza. Y no olvide la conexión con la naturaleza.
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| COMPENDIO |
Leonard Koren define varios
aspectos de los objetos y muebles que encarnan esta estética:
Las cosas wabi sabi están hechas de materiales visiblemente vulnerables a los efectos del tiempo y pueden mostrar desgaste. Son sutiles y frágiles.
Son indiferentes al buen gusto convencional.
Son generalmente pequeñas y compactas, discretas y orientadas hacia dentro. Indican: acércate, toca, relaciónate.
Sin pretensiones. Los objetos
tienen un aspecto inevitable y sin afectación.
Toscos. Generalmente se
hacen con materiales que poco antes se encontraban en su estado original, ricos en texturas.
Simplicidad y economía de medios. Reducir hasta la esencia, pero sin quitar la poesía. Mantener las cosas limpias y sin estorbos, pero sin esterilizar
(cálidas, nunca frías).
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