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Fantasía barroca
con sello latino
En Portofino, Italia, la villa de los diseñadores Domenico Dolce y Stefano Gabbana es el
mejor ejemplo de una bucólica postal con
toques de espejos y animal print.
M.A. Fotos/Archivo

Paredes de mosaico dorado
y cortinas de cadenas, en la
habitación de invitados de
Villa la Vigna. La cama
enchapada en oro y las
mesas de noche son
un diseño de Laviani
Portofino, en la riviera italiana,
es el lugar de vacaciones
predilecto de la burguesía de
Milán y Génova, justo allí una centenaria propiedad encaramada
en un promontorio virgen que desciende zigzagueando hasta adentrarse en el mar se convirtió
en otro de los refugios de un par
de creadores italianos
que siempre han adorado
los excesos.
Portofino, su propio nombre evoca
la imagen de una preciosa postal, actualmente es el puerto más repleto de yates increíbles y la gente más glamorosa de todo el mundo.
La villa de Dolce&Gabbana tiene cuatro casas: las de Gabbana,
Villa Olivetta y su casa de invitados, Villa la Vigna y; las de Dolce,
Villa Bianca y Villa Cisterna.
La península está muy protegida, no se puede tocar ni un árbol —comenta Dolce— , pero eso es bueno porque Portofino es un sitio único”. En la Villa Olivetta, por ejemplo, la piscina es de temporada, según normas del Ayuntamiento. Así que, durante los meses de verano unas enormes piezas de piedra se unen como un rompecabezas sobre una estructura de quita y pon, creando una falsa plataforma sobre la terraza empedrada, donde luego va encajada la piscina. Pero aunque el paisaje y el exterior de los edificios eran intocables, los interiores se ofrecían a la fértil imaginación de los diseñadores como inmensos lienzos en blanco.
“Las casas son una pequeña locura” admite Dolce, quedándose corto. La dupla decidió trabajar con el arquitecto británico David Chipperfield (responsable de sus elegantes tiendas).

Absolutamente
maximalistas
La desbordante exhuberancia de los diseñadores tuvo que ser refinada y
reducida estéticamente por el responsable
de la obra. A ambos les encantan las
locuras y las cosas raras, y por lo tanto
el efecto debía ser alucinante. Hay toques kitsch, estilo las series de T.V. Dallas, Dinastía y Falcon Crest, hay toques
del legendario emporio de la moda inglés llamado Biba, y referencias típicas de
las mansiones de Palm Springs y, por supuesto, cierto ambiente discotequero,
como los escenarios de la película
Boggie Nights.
Por fuera todo el conjunto parece una fantasía de Disney, los jardines en terrazas, las flores blancas, los enormes árboles, las piedras...un paisaje ordenado y sereno típico de una villa italiana del siglo pasado. En el interior, sin embargo, las casas son otra cosa, bastante distinta, por cierto.
Para el responsable del diseño interior el concepto de las casas evolucionó
muy rápido, “si uno de los diseñadores desarrollaba una pasión por un nuevo
color o estilo, había que recrear un espacio de la casa para reflejarla,
a ambos les encanta cambiar un poco las cosas”.
La lujosa lancha Virgine
Maria fue un regalo
de Gabbana a Dolce
para intentar curar su
miedo al agua

Una mezcla perfecta en el salón de Villa Bianca, sillones barrocos, mesa años
70 y un extraordinario chandelier
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