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revista Estampas

Caracas, sábado 19 de abril de 2008

 

Fotos: Archivo

Se piensa en él como triste o aburrido, pero lo cierto es que se trata de un color que ofrece muchas posibilidades. Sobrio, elegante y sereno son algunos de sus calificativos. Aprenda a disfrutarlo en todo su esplendor. María Ángela Valbuena

El gris forma parte de la paleta de tonos neutros, que va desde el blanco puro hasta el negro azabache e incluye en su gama intermedia los "blancos rotos" o mezclados, los cremas, los tostados y los tonos tierra. Se trata de colores muy versátiles y fáciles de combinar, además de poseer un efecto multiplicador del espacio. Resultan apropiados para todas las áreas de la casa y contribuyen a unificar los ambientes cuando se establece una transición suave entre los diferentes tonos.

En particular, los grises se integran muy bien en decoraciones donde el mobiliario tiene un gran protagonismo. El plomo y el acero son ideales para crear atmósferas sofisticadas, tanto en decoraciones con muebles de líneas clásicas como en modernas. El gris plomo tiene mucho carácter y una gran fuerza decorativa, por lo que puede ser más adecuado para las telas de tapicería o aplicado en una pared en particular, sobre todo si se quiere destacar alguna zona o elemento de la misma. Suele emplearse en salas, dormitorios y en determinadas paredes de la cocina, poniendo de realce los artefactos de acero inoxidable.

Los tonos oscuros de gris, con bastante peso del negro y de las tonalidades azuladas, dan paso a combinaciones serenas con colores neutros y tierras; ideales para crear ambientes sobrios y elegantes. Un aire más moderno y juvenil se obtiene contrastándolos con colores como el rosa intenso, el naranja y el amarillo. Los tonos pastel le aportan frescor y contribuyen a suavizar su efecto.

Fotos: Archivo
Por ser un color que transmite sosiego es apropiado para estancias íntimas como el dormitorio y el baño; pero también para la sala, por su elegancia y formalidad

Las tonalidades más claras de gris son perfectos comodines en el juego de la decoración. Se les asocian a la calma, a la espiritualidad pero también a la elegancia y a una cierta fastuosidad, por lo que pueden aplicarse a cualquier estancia: desde las íntimas dependencias del dormitorio y el baño hasta las áreas sociales, como la sala y el comedor. Aplicados a paredes y techos, constituyen un marco decorativo perfecto para destacar los elementos arquitectónicos de una habitación, como columnas, vigas y nichos.

Uno de los que tiene menor proporción de negro -sin ser claro- es el gris piedra, lo que le resta frialdad. Además, se contagia fácilmente de los colores que lo acompañan, por ello su efecto decorativo depende de las combinaciones a las que forme parte. Junto con tonos cálidos, por ejemplo, multiplica su efecto envolvente y acogedor. Va muy bien con los rosados y ciertos tonos de naranja y rojo.

Aunque pudiera pensarse lo contrario, el gris piedra es un color adecuado para zonas poco luminosas, ya que absorbe la radiación solar y la refleja, aportando claridad al espacio. Por el contrario, en las estancias en las que incide fuertemente la luz natural, es un tono que tiende a desvanecerse.

PARA COMBINAR

›› Muebles pintados con tonos fríos claros. Los tapizados en blanco y los de maderas claras se destacan con el gris plomo.

›› Textiles
Gris piedra o azulados: las más armóniosas son las telas suaves en tonos claros; las rugosas aportan elegancia y personalidad.

Gris plomo o acerados: las telas satinadas (seda, raso) reflejan la luz y acentúan el tono metálico del gris; las rugosas y aterciopeladas (lana, muselina de algodón) transmiten calidez y hacen más acogedor el ambiente.

›› Adornos
En plata o acero potencian la elegancia del gris, mientras que el blanco realza su luminosidad. Las composiciones florales con calas, orquídeas o lirios en tonos pastel aportan serenidad y, en el caso de grises oscuros, contraste.

 
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