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revista Estampas
Caracas, sábado 11 de agosto de 2007   

Desde
el jardín

Mónica Pasqualotto
Locutora, actriz, animadora

Este es el lugar
en donde los famosos
se relajan para
disfrutar del verde
de la naturaleza.
Sus plantas, árboles
y flores tienen
significados
especiales que les
hacen evocar
celebraciones,
visitas y anécdotas.
Lorena Meléndez

“Creo que siempre hay que tener algo verde en casa”, dice Pasqualotto, quien desde muy pequeña se ha sentido atraída por la jardinería. La actriz asegura
que tal pasión la heredó de sus padres, quienes le inculcaron la importancia que tiene cuidar las plantas y también los animales.

Hoy día, dos especímenes hacen que Mónica se sienta orgullosa. Uno es un alto pino ciprés que trajo con su familia desde Italia, en avión, y que, luego de 20 años, se ha convertido en toda una insignia de la casa. El otro es un eucalipto sembrado también en familia, que pasó de una ramita a un hermoso y robusto árbol, soporte de bromelias, y que representa un rincón especial del jardín.

Aunque ahora sólo tienen algunos cultivos de radiquio, la joven recuerda que en su casa estaban sembradas algunas lechugas y hortalizas. Pasqualotto sostiene que es vital tener plantas y animales en el hogar y que se debe enseñar a los niños sobre su cuidado, pues así se va generando una responsabilidad.

Entre sus consejos en la materia menciona la importancia de regar la grama y algunas plantas luego de la caída el sol para que así se mantengan más húmedas durante la noche. También insiste en que las matas deben tenerse de acuerdo con el estilo de vida personal, pues hay especies muy bellas que requieren mucha dedicación y de las cuales debe prescindirse si no se tiene tiempo para su cuidado. Ella, particularmente, se identifica con las bromelias, pues no requieren de tantas atenciones. También es amante de las palmas y de todas aquellas plantas que sean frondosas.

Uno de los momentos especiales que recuerda haber pasado en este ambiente de la casa fue su matrimonio con el actor Juan Carlos García. Sólo que un copioso aguacero cayó ese día y el tránsito de los invitados por la grama la afectó terriblemente. “Tardamos mucho tiempo recuperándola”, dice, pero ahora luce bellísima y más verde que nunca.

Foto: Leo Álvarez y Mariana Green

 

Armando Scannone
Experto en gastronomía

Insiste en no ser un experto
en jardines ni en orquídeas,
y recalca que no puede llamarse a sí mismo coleccionista de la flor nacional porque apenas tiene 150 ejemplares y no miles como los más avezados en la materia. Sin embargo, es indudable
la fascinación que siente Scannone por sus plantas. Disfruta viéndolas, admite que
no es él quien las cuida sino
que más bien actúa como observador, y que las contempla gustosamente. Tiene en su biblioteca libros sobre jardinería
y en cada rincón de su casa
hay una orquídea
que sorprende al visitante con su color y rara forma.

El origen del embeleso por estas flores lo desconoce, dice que es de toda
la vida, y que le gustan porque las considera complejas y bellas, y alaba las combinaciones perfectas de sus pétalos que, según sus palabras, sólo pueden
ser concebidas por Dios. Para él, las orquídeas son una grata y placentera compañía.

Además de las que tiene esparcidas en macetas y porrones en el interior de cada sala de su vivienda, el gastrónomo tiene un orquideario sobre una larga mesa
en la que se posan diversos tipos en pequeñas vasijas, cada una con su etiqueta e identificación. También tiene otras colgando de una armadura metálica en uno de los muros del vergel.

Pero este jardín es más rico aún. Está formado por una variedad de árboles frutales entre los que destacan matas de mango, cambur, lima, pomarrosa y limón francés. Camelias, bromelias y aves del Paraíso contrastan con el verde intenso de la grama. A todo esto se unen helechos que cuelgan de empinados árboles, casupos altos que exhiben sus visos plateados y algunas pequeñas palmeras que sembró, recientemente, y que son un preciado regalo del director Claudio Abbado, su amigo personal, durante su paso por Venezuela.

Tiene, asimismo, un huerto con plantas aromáticas como tomillo, culantro, malojillo, albahaca, orégano y laurel, que sembró para adobar y aderezar sus famosos platos.

Cuenta Scannone que en su jardín nada ha sido planeado, todo se dio de forma espontánea. En el medio de uno de estos espacios tiene una piedra baja y sobre ésta un recipiente con agua y comida para los pajaritos que no dejan de visitar el lugar y que alegran el ambiente con sus trinos y jugueteo, mientras que una traviesa ardilla, muy común en la zona, se pasea por las ramas de los árboles. Para este sibarita, el efecto relajante de su jardín es lo que más lo seduce, por eso nunca descuidaría este ambiente.

 Foto: Leo Álvarez y Mariana Green


Soledad Bravo

Cantante

La sensación que recibe el visitante
en la casa de Soledad Bravo es la
de entrar a un espacio poblado de naturaleza. Los amplios ventanales,
los muros de piedra, la ausencia de
puertas y los altos techos dan paso
a toda la verde vegetación que rodea
la morada y a los aromas y sonidos
que impregnan sus jardines.

La multiplicidad de palmas y bambúes se convierte en una especie de guardianes silentes y gigantes, que se mueven al compás del viento y que aportan un aura
de sombra y misterio a las áreas
donde no existe el concreto.

Aunque el diseño de la casa es de Fruto Vivas, fue el arquitecto John Stoddart el responsable del jardín. En este, una alfombra de grama rodea a una piscina de fondo oscuro, que exhibe en uno de sus lados una pequeña jardinera de piedra que retiene palmas, lecheros rojos, marginatas, yucas y una multiplicidad de plantas verdes que le imprimen al lugar un carácter agreste y salvaje con
el que la cantante se identifica.

Sin embargo, la vegetación que existe ahora no es la original. La naturaleza cambiante del tiempo en la zona también ha contagiado este espacio y le ha hecho transformarse y reinventarse una y otra vez.

Fuera de la jardinera se pueden ver flores como las calas blancas, lágrimas de Cristo, e, inclusive, una incipiente bromelia que creció espontáneamente en el tallo de una de las palmas. Así como ésta, también prosperó un pequeño arbusto que, según Bravo, es producto de las semillas de las frutas que su madre arrojaba a ese rincón del jardín, de allí que todavía no se sepa de qué mata se trata.

En los alrededores de la casa se pueden conseguir limoneros y otras plantas de frutas como naranja, toronja y piña, y algunos huertos con perejil, albahaca y hierbabuena.

Martirio, Caetano Veloso, Cheo Feliciano y la actriz mexicana Angélica Aragón son sólo algunas de las luminarias que han disfrutado del jardín, amén de esos ratos de ocio en los que se dedica a jugar con sus nietos o a darse un baño en la piscina.

Si bien no es una fanática de la jardinería, admite que la presencia de la naturaleza en la vida de cualquier ser humano es necesaria: “No creo que haya alguien a quien no le guste la naturaleza”, dice. Este ambiente de la casa sirve como refugio de animales como ardillas, pájaros y mariposas, aunque en varias oportunidades se ha colado un cachicamo entre los habitantes de la casa.

Foto: Natalia Brand

 
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