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¡Muévete en el mar!
Pasar unos días
de asueto
en la playa
no es la excusa
para perder la figura. Potencie el ejercicio
con los beneficios
del ambiente costero
Carmen Isabel Maracara
El mar siempre nos invita al sosiego, a la alegría de pasar unos días diferentes, a mover el cuerpo chapoteando como los niños a la orilla de la playa y a los más experimentados, a adentrarse en sus aguas con enérgicas brazadas… Llegan unos días de asueto y la playa siempre es una opción para disfrutar esa pausa en un ambiente que puede hacer mucho por nuestra salud y belleza corporal: aprovechamos el clima, estimulante y tonificante para el organismo, el agua, que contiene sustancias beneficiosas y que se absorben, en pequeñas cantidades a través de la piel y la arena, de la que también podemos absorber sus valiosos componentes, nos exfolia suavemente la piel e incluso nos puede ayudar en el combate de la celulitis. A su vez la suave relajación que aporta unos días frente al mar también mejora nuestro estado anímico y por tanto se refleja en la belleza.
Un chapuzón nos aporta yodo, que actúa sobre la glándula tiroides (encargada del equilibrio metabólico y por tanto ayuda en el control del peso); potasio y sodio, que regulan la cantidad de agua que entra en células y tejidos y son imprescindibles para mantener el tono cardíaco y muscular; azufre, que mejora las dolencias reumáticas y fortalece huesos y tendones; calcio, que interviene en la formación ósea y participa en la contracción muscular y la coagulación de la sangre y silicio, que actúa sobre el sistema inmune, entre otros.
Aportan las investigaciones científicas, que el mar es una verdadera panacea sobre nuestro organismo, toda vez que tenemos una conexión íntima con este ambiente: nuestro cuerpo posee 70 por ciento de agua, la misma proporción Tierra-agua; además, en nuestras venas corre un fluido salado que combina sodio, potasio y calcio en una proporción similar al agua del mar, de aquí que nuestras secreciones nasales, lágrimas, sudor y orina y hasta la sangre tengan un sabor salado. Así, el mar nos equilibra por fuera y por dentro, en esa especie de acuario interior que somos. De hecho, un investigador francés, René Quinton, comprobó a comienzos del siglo XX, lo que los antiguos conocían: que el agua de mar puede ayudar a revitalizar y reconstituir nuestras células. El investigador isotonizó el agua del mar y descubrió con éxito que podía reemplazar el plasma sanguíneo; probó en dispensarios creados para este fin las inyecciones con este componentes en niños y personas desahuciadas, salvando cientos de vidas presas de males endémicos.
Sus investigaciones dieron lugar al surgimiento de la talasoterapia, una técnica que utiliza los productos marinos con fines terapéuticos en base a tres elementos principales: agua, aire y las algas.
A su vez, la presencia del sol aporta vitamina D, necesaria para tener unos huesos fuertes y estimula la producción de serotonina, una hormona que proporciona sensación de bienestar, buen humor y regula, entre otras, la actividad sexual y el apetito. Como añadido, el color azul del cielo es una excelente cromoterapia, ya que produce una relajación inmediata. Y, sin duda, un bronceado suave nos aporta belleza.
Recreación saludable
Aunque el entorno marino tiene componentes que pueden estimular su salud y belleza corporal, es frecuente que estos asuetos se conviertan en un desastre para ambos aspectos, pues muchas personas pasan mucho tiempo acostadas sobre la arena, sin movimiento alguno; consumen bebidas gaseosas o alcohólicas sin restricciones y se alimentan básicamente con comida chatarra y frituras.
Invertir esta ecuación, es decir, ejercitarse en la playa sin agobios (caminar por la arena recogiendo conchas o piedritas, saltar las olas, jugar voleibol con los amigos, nadar un rato por la línea de la costa, jugar al frisbee); alimentarse saludablemente (frutas, ensaladas frescas, jugos naturales, agua suficiente para mantenerse hidratados, carnes y pescados a la plancha y suaves y desgrasadas sopas de pescado) y claro está, tumbarse también tranquilamente en la arena para descansar nuestro cuerpo y mente, convertirá este asueto en una inversión para un cuerpo bello y saludable.

Ejercitarse en el mar, además de
ser una
actividad placentera,
es una posibilidad
para
mimar cuerpo
y espíritu
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De bajo y medio impacto
Tomar el sol, aprovechar los beneficios de la brisa marina y hacer ejercicio son actividades que se pueden fundir en una sola: caminar por la playa. Antes de hacerlo, sobre todo si está inactivo desde hace algún tiempo, haga posiciones básicas de estiramiento de los músculos, las que debe repetir suavemente luego de regresar de la caminata.
Puede desplazarse sólo por la costa o internarse a ratos en el agua, lo que aumentará el esfuerzo del ejercicio y las olas masajearán sus pies y reactivarán la circulación. Andar dentro del agua le ayudará a tonificar su abdomen; pues la resistencia extra que ofrece el agua y las olas hace que se trabaje más el tren inferior y la zona del abdomen.
Hágase amante de las conchas, piedritas, trozos de madera curiosos horadados por el agua, puesto que al agacharse para recogerlos, ejercitará aún más los músculos de las piernas, pondrá en actividad los gemelos, cuádriceps y la parte inferior de la espalda. Recuerde que caminar es un ejercicio aeróbico beneficioso para el sistema cardíaco, el aparato respiratorio y el locomotor, siempre que el ejercicio dure más de veinte minutos. Y al caminar descalzo por el suelo irregular arenoso, también obtendrá los beneficios de la reflexología, de mejoramiento integral de la salud, gracias al masaje de los puntos reflejos de la planta de los pies.
En el caso de que prefiera correr a caminar, opte por la zona anterior a la línea donde mueren las olas, pues se trata de un terreno liso y estable que reduce el riesgo de sufrir torceduras; pero no lo haga si no tiene entrenamiento físico previo. En este caso o si realiza caminatas largas, utilice un calzado adecuado para prevenir las ampollas.
Si le gusta el yoga, y conoce algunas posturas (asanas), puede aprovechar este entorno para practicarlo; escoja las primeras horas de la mañana para no ser interrumpido por extraños y disfrutar del sosiego asociado a esta disciplina oriental. La respiración pausada que acompaña a sus movimientos le permitirá aprovechar más aún de los beneficios salutíferos de la brisa marina. Inicie la rutina con estiramientos para calentar los músculos y luego realice una serie corta de asanas, que involucren todos los músculos del cuerpo. 30 minutos será suficiente para esta práctica en la playa. No olvide terminar la sesión con una postura de relajación y la meditación, a fin de liberar tensiones corporales, nerviosas, recuperar la energía y propiciar la fuerza y el vigor mediante el descanso consciente del organismo.
En el caso de concurrir a un club o balneario privado, infórmese con antelación si se dictan clases específicas de aerobics, gimnasia, yoga, natación; si posee gimnasio o incluso aproveche para experimentar con el buceo o el surf, en el caso de que dispongan de instructores preparados para iniciarle.
La natación es ideal si acude sin compañía a la playa pues es un deporte solitario. Pero si no es un experto, nade siempre en paralelo a la costa, para no alejarse de la orilla. Verifique primero si el lugar dispone de salvavidas antes de practicar este deporte.

En la toalla
Aproveche para trabajar los abdominales y para hacer algunos estiramientos. Si viaja en grupo, hacer ejercicios en colectivo es más divertido.
• Tumbado boca arriba. Apoye los pies y suba el tronco hasta tocar las rodillas con las manos. Mantenga la barbilla arriba y aguante unos segundos en esta posición. Repita 10 veces.
• Boca abajo. Apoye los antebrazos, meta el ombligo, apoye los dedos y levante los muslos de la toalla. Si se siente fuerte, levante las piernas y "haga la tabla". Mire hacia abajo y no arquee la espalda. Mantenga unos segundos y repita tres veces.
• De rodillas. Póngase recto y deje los brazos a lo largo del cuerpo. Inclínese ligeramente hacia atrás y aguante, repita tres veces.
• Rodillas al pecho. Apoye las manos cerca del trasero, cruce las piernas y llévelas hacia el pecho aguantando un segundo arriba. Cada vez que haga el movimiento apriete los abdominales y sople. Haga 20 repeticiones.
Recuerde estirar sus músculos antes y después del ejercicio para evitar lesiones.
De jugar se trata…
El lanzamiento de frisbee (discos voladores), una actividad a la que no se suele relacionar con el ejercicio físico, tiene la ventaja de que puede ser practicada por toda la familia, pues suele gustar a niños y adultos. Al lanzarlo, se ejercitan los músculos de los brazos y de la parte superior de la espalda. Además, si se corre para agarrarlo cuando lo lanzan de vuelta, se convierte en una actividad aeróbica suave. Y como la arena ofrece una resistencia adicional, que implica un mayor esfuerzo para cada actividad, se incrementa la cantidad de calorías que se queman en éste y otros ejercicios.
También puede dedicar un tiempo al voleibol o al tenis de playa, mientras los de mejores condiciones físicas podrán realizar partidos de fútbol o beisbol, si la playa tiene además un lugar acorde para estos deportes. El divertido voleibol permite ejercitar las piernas, brazos, hombros, pectoral y tronco y es adecuado a los grupos de amigos o familiares pues se practica en grupo.
Eso sí, haga todo en "versión playera", es decir regule el esfuerzo, no se agote pues recuerde que las condiciones de las costas suelen exigir más esfuerzo físico para realizar la misma actividad que hace, por ejemplo, en un gimnasio de piso liso y resguardado del sol y calor costeño y relájese en cuanto a las normas, lo importante es moverse. Para completar la actividad física y la diversión, salga a bailar en la noche, éste será el extra de ejercicio perfecto durante sus vacaciones.
MÁS BENEFICIOS |
» Mientras se ejercita, recibirá otros dividendos para su belleza corporal. Los rayos ultravioleta son grandes desinfectantes y potencian el efecto de los oligoelementos presentes en el agua del mar, lo que puede contribuir a mejorar problemas de la piel.
» El masaje linfodrenante de las olas combate la celulitis; para ello puede recostarse en la arena y exponer a las olas, durante 30 minutos por día, la parte a tratar. La arena efectúa un continuo peeling natural, que remueve las células muertas y favorece la oxigenación.
» Si quiere disfrutar de un hidromasaje, siéntese donde rompa la ola, con las plantas de los pies mirando al mar; disfrute en silencio del agua envolviendo su cuerpo. También puede recostarse sobre la orilla, boca abajo, de tal forma que el agua llegue hasta su cintura.
» Relájese; no olvide flotar en el agua, una actividad muy relajante y agradable si además está acompañado por su pareja, pues permanecerá unos minutos acunado entre sus brazos. |
SIN ACCIDENTES |
Aunque no lo note, pues no está tendido sobre la arena recibiendo sol y calor sino moviéndose, tenga en cuenta que igual podrá insolarse y deshidratarse si no toma las medidas adecuadas. No olvide colocarse un protector solar de calidad, con un factor de protección mínimo de 15 en el cuerpo y de 20 en la cara para evitar arrugas; use ropa fresca y holgada si está expuesto mucho tiempo, e ingiera continuamente agua para no deshidratarse. Puede usar un calzado apto para la estadía en la playa, evitando así lastimaduras en las plantas de los pies con conchillas y otras pequeñas piedras de mar. Tanto para tomar el sol o para ejercitarse, prefiera las primeras horas de la mañana o las últimas de la tarde; fuera de ese horario evite la radiación solar directa.
Tenga en cuenta, antes de participar en alguna actividad física, si tiene lesiones previas, ya sean musculares o articulares, pues las torceduras de tobillo son muy comunes en estos casos, aunque no es necesario abstenerse de toda actividad si se utiliza una tobillera como precaución, previa consulta a su traumatólogo.
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