| Alimentos
para la piel
Reafirmantes, suavizantes, hidratantes, tonificantes, calmantes
y protectores, los aceites extraídos de frutos como la almendra,
la nuez y la avellana son ingredientes deliciosos para la
piel. Patricia Castro
A lo largo de la historia los frutos secos han sido un alimento fundamental.
Son parte tradicional
de casi todas las cocinas por esa variedad de sabores que complementan cualquier tipo de plato. Las almendras, mereyes, avellanas, pistachos, nueces… son un delicioso agregado a muchas recetas de cocina. Ahora se convierten también en potentes ingredientes para nuestra piel y se introducen en los tratamientos más efectivos del momento.
Sin contar el paso de los años, gran parte del envejecimiento que sufrimos se debe a la acumulación de agresiones a las células por parte de los ya archiconocidos radicales libres. Aunque afortunadamente nuestro cuerpo pone en marcha un arsenal de defensas —las enzimas y los antioxidantes detienen su formación y reparan los efectos—, este daño celular se acumula peligrosamente en nuestro cuerpo, potenciado por el humo del tabaco, la polución, las radiaciones solares, etc. Los científicos han puesto sobre la pista a los laboratorios cosméticos sobre las riquezas de activos naturales con propiedad cosméticas y terapéuticas únicas. Hidratantes, protectores, refrescantes, reafirmantes y alisantes, la nueva generación de la cosmética anti-edad es el resultado de una estrecha relación de formulaciones naturales y biotecnológicas que actúan con gran eficacia más allá de nuestra piel. Por sus placenteros aromas, su alto contenido en vitamina E y magnesio y su gran capacidad de penetración, los aceites extraídos de los frutos secos son imprescindibles en la nueva cosmética.
Belleza al natural
Los aceites más utilizados en cosmética son el de almendras dulces, avellana, pipas de girasol, merey, piñones y los diferentes tipos de nuez. Estos son los orígenes de sus muchas propiedades cosmetológicas.
Aceite de almendras
El almendro es un árbol originario de Asia
que se cultiva por sus frutos en los países mediterráneos. Gastronómicamente es uno
de los frutos secos más importantes por su
sabor, aroma y posibilidades de utilización
en la cocina, pero también en la cosmética.
El aceite de almendra que se extrae del
hueso de este fruto ha sido utilizado desde
la antigüedad por sus propiedades calmantes
e hidratantes en caso de inflamación de la
piel. En la cosmética moderna se incorporan
a las cremas hidratantes, relajantes
y suavizantes. También se formulan
con su extracto mascarillas con fines nutrientes y revitalizantes.
Aceite de avellanas
El avellano es un arbusto de los bosques muy
común en Europa. De su fruto, la avellana, se
extrae un aceite muy utilizado en cosmetología,
sobre todo en la elaboración de jabones, mascarillas y aceites para masaje, debido a sus propiedades antideshidratantes. Los componentes de la hoja
del avellano son excelentes protectores celulares contra los radicales libres.

Aceite de girasol
El girasol es una planta cuyas
flores de pétalos amarillos siguen
la trayectoria del sol. De hecho,
los indígenas de Norteamérica
apreciaron sus virtudes medicinales
y nutritivas, y le rindieron culto,
pues la consideraban una planta
divina que representaba el sol.
De sus semillas, las pipas de girasol,
se extrae un aceite que se utiliza
en cosmética por su acción
revitalizante, reafirmante,
hidratante
y protectora.
Extracto de piñones.
El pino silvestre es originario del sur de Francia
y es el más apreciado. Sus yemas desprenden
un aroma intenso gracias a su alto contenido
de aceites esenciales, que ejercen propiedades curativas y antisépticas muy útiles en el
tratamiento de afecciones de la piel. Su introducción en cosmética es bastante nueva, sobre todo
en productos de acción tonificante y refrescante
como lociones tónicas o mascarillas.
Aceite de Merey
Este árbol fue descubierto en Brasil por los portugueses, quienes lo introdujeron posteriormente en sus colonias de Africa y Asia. En la actualidad, la India es el mayor productor de merey, también llamado “nuez de cajún”. Las virtudes terapéuticas del aceite de merey extraído de sus frutos, sus hojas y su corteza se utiliza en cosmetología, principalmente por su alto contenido en vitaminas y por sus propiedades nutrientes y antirradicales libres.
La nuez, más que un fruto
Existen más de 15 variedades de nuez, pero
las más aplicadas y extendidas dentro de la
cosmética natural son la nuez común y la nuez
de macadamia. La que conocemos como
nuez proviene del nogal y de ella se extrae
un aceite comestible muy apreciado por su
sabor y sus propiedades cosméticas —hidratantes
y suavizantes—, sobre todo utilizado en la
formulación de jabones. En China se utilizaban
las hojas trituradas de nogal para calmar las erupciones cutáneas y refrescar la piel. La
macadamia es una planta originaria de Australia
de cuya nuez se extrae un aceite conocido como “el secreto de belleza de las mujeres hawaianas”, quienes acostumbran a aplicárselo en el cuerpo y en el
pelo. La composición de este aceite es similar a la de las secreciones sebáceas naturales y sus ácidos grasos esenciales le confieren una acción extra-protectora.
Por su extraordinaria afinidad con la piel, los aceites esenciales de cualquiera
de estos frutos multiplican su poder. Son capaces de reparar los daños que se generan sobre la epidermis. La gran volubilidad de los aceites hacen que éstos
se difundan a través de la piel y sean absorbidos y transportados por todo
el organismo. Numerosas pruebas demuestran que éstos atraviesan primero
la epidermis y pasan por los vasos capilares de la dermis hasta llegar al
sistema circulatorio. Razón por la que son capaces de vitalizar, depurar,
calmar, estimular y desintoxicar el organismo.

Fotos: www.sxc.hu
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| Antioxidantes |
Los frutos secos los tienen por docenas. Y es que los radicales libres, junto con el estrés propio de la vida diaria se ensañan especialmente con nuestra epidermis acelerando el proceso de envejecimiento. Está claro: envejecemos porque nos oxidamos. La única manera de luchar contra ello son los antioxidantes, vitaminas y minerales que, una vez incorporados al organismo, se dirigen a cada célula par atacar los radicales libres y neutralizarlos. |
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