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Las nanas de la nonna
Susurradas en los oídos de los bebés de ayer y hoy, las canciones de cuna hacen un puente afectivo entre la madre y su hijo, cimentado en la cultura. Beatriz García Cardona
Las nanas tienen el privilegio de constituir nuestro primer acercamiento a la literatura y la música, acercamiento que incluye el afecto y la dulzura de las madres y abuelas, quienes trasmiten así una tradición que suma varios siglos. El canturreo suave quiere convencer al pequeño de que duerma y para eso hay ofrecimientos, amenazas -el coco que vendrá si no cierra sus párpados-, toda una estrategia para garantizar la llegada de Morfeo, para que la madre también pueda dormir o descansar. Estas canciones de cuna, nanas o arrorró, tienen letras comunes en muchos países cuando son anónimas, e incluso algunas con autoría atribuida, pues se originan en la tradición oral. El escenario se repite y de ahí la comunión en las letras: un bebé que se resiste al sueño y una nodriza que quiere dormirlo, y acaso acariciarlo en las palabras.
La profesora argentina Graciela Pacheco de Balbastro describe las características y función de este género literario y musical: "La canción de cuna tiene ritmo de vaivén y es de una importancia capital en el desarrollo armónico de la criatura. Con quien se hamaca y canturrea se establece una íntima relación. En la historia de las civilizaciones, los sociólogos le asignan a la canción de cuna un sentido protector, una especie de encantatorio para alejar a los malos espíritus. La canción de cuna es la que ayuda a poner pesados los párpados, la que calma el llanto, la que ayuda a confiar. Es un puentecillo placentero y seguro para que madre e hijo lo crucen en mutuo reconocimiento".
Para que estas canciones lleven al bebé al sueño, este canto se convierte en susurro y vaivén -el escenario no está completo sin la antigua mecedora-, los brazos que oscilan o un cochecito que se desplaza acompasadamente. Así también lo describe el gran poeta español Federico García Lorca; para él es necesario que quienes le cantan creen dos ritmos: "El de la cuna o silla y el ritmo intelectual de la melodía. La madre traba estos dos ritmos para el cuerpo y para el oído con distintos compases y silencios, los va combinando hasta conseguir el tono justo que encanta al niño".
Además de las nanas anónimas, que pasaron de generación en generación, autores de todas las latitudes han experimentado con este género. Otilio Galíndez escribió para los niños venezolanos Duerme mi tripón; el cubano Eliseo Grenet es autor de la conocida nana Drume negrita, Miguel Hernández conjuró la tristeza en las Nanas de la cebolla y una cantante venezolana, Liliana Briceño, ofreció recientemente al mercado venezolano una colección de canciones infantiles. Todo un repertorio al que se suman todas las canciones de cuna que musitaron en nuestros oídos nuestras madres y abuelas, y que no debemos olvidar.
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Nostalgia de la tierra: Otilio Galíndez
Quienes conocen a este compositor venezolano saben que vive en sencilla vida poética. Un hombre del pueblo, ajeno a lo grandilocuente, siempre presto a recibir a sus amigos, sus vecinos, la gente de la vereda y sin embargo uno de los grandes compositores venezolanos. De Otilio Galíndez son canciones como Ahora, Son chispitas, Candelaria, En silencio, Luna decembrina, El poncho andino, Dime si es pascua, ¡Vaya un pecado!, Flor de Mayo, Pueblos tristes y la canción de cuna Mi tripón, entre muchas otras. Nació en Yaritagua el 13 de diciembre de 1935, pero Maracay lo acogió desde 1974. A decir de Hugo Álvarez Pifano, "Otilio Galíndez tiene una nueva forma de decir la música tradicional venezolana. Recoge la poesía de las cosas sencillas y la vuelca sobre emotivas melodías cargadas de nostalgia y de tristeza. Un buen ejemplo es su canción de cuna Mi tripón o su canción infantil El niño y la sombra". Sus composiciones han sido interpretadas por Cecilia Todd, Soledad Bravo, Esperanza Márquez y Lilia Vera, así como por reconocidas figuras fuera de nuestras fronteras como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Mercedes Sosa.
Duerme mi tripón
Duerme mi tripón
Vamos a engañar la lechuza
Y engañar al coco
Que ya no asusta
Duerme mi tripón
Que mañana el sol
Brillará en tu cuna
Y te contará
Como fue que un día
Perdió la luna
Duerme mi tripón...
Ya se fue la tarde cansada
Y llegó la noche
Fresquita y muda
Duerme mi tripón
Abrirá tus ojos
La luz del alba
Y te enseñará
Ríos y caminos
Y la montaña.
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Pan y cebolla: Miguel Hernández
Una madre tiene un bebé y a su esposo preso por republicano, durante la Guerra Civil española. Sólo tiene por comida pan y cebolla, en medio de la pobreza por la ausencia del sustento del padre. Al poeta le llega la noticia, llora en su reclusión el destino de su vástago, pero conjura la tristeza en unas coplas en las que canta a la alegría de la infancia, a la magia que hace posible que la reclusión se disuelva. El escritor se llama Miguel Hernández (1910-1942) y sus Nanas de la cebolla nos han llegado también en la voz del cantautor catalán Joan Manuel Serrat.
Su esposa, Josefina, le habría enviado a la cárcel de Torrijos en Madrid una foto de su hijo Manuel Miguel, de siete meses, y él le responde, aludiendo a la sonrisa salvadora del bebé. "No pasa un momento sin que lo mire y me ría, por muy serio que me encuentre, viendo esa risa tan hermosa que le sale delante de los cortinones y encima del catafalco ese en que está sentado. Esa risa suya es mi mejor compañía aquí". Pero un mes después, le llega la noticia de que su Josefina sólo come pan y cebolla y el poeta se recluye durante dos días, deprimido, antes de componer el texto que le envía a su mujer, explicándole: "El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme...". A pesar de la dura situación, el escritor desdramatiza el contenido con la gracia del ritmo y la ternura de las imágenes.
Nanas de la cebolla
(Fragmento)
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
(…)
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
(…)
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Un susurro cubano:
Eliseo Grenet
El compositor cubano Eliseo Grenet (1893-1950), el mismo que regalara para la nostalgia de tantas generaciones canciones como La Mora, Las perlas de tu boca, Si muero en la carretera, Papá Montero y Mamá Inés, entre otras, también inmortalizó un canción infantil que fue interpretada por el conocido Bola de Nieve. Ésta se titula Drume negrita, de particular sintaxis, pues fue escrita imitando el habla original de los esclavos africanos.
La carrera musical de Grenet se inició a nueve años cuando estrenó en su colegio una revista musical y ya los 13 comenzó a componer pequeñas obras para el cine. Se destacó como compositor, pianista y director de orquesta y participó en múltiples giras por varios países de América y Europa. Además de sus composiciones que han dado la vuelta al mundo, obtuvo un reconocimiento adicional por haber puesto música a los versos Motivos de son, del poeta nacional de Cuba, Nicolás Guillén.
Drume negrita
Mamá, a la negrita
se le sale lo pié de la cunita
y la negra Mercé
ya no sabe qué hacé.
Tú drume, negrita,
que yo va a comprá nueva cunita,
que va tené capité,
que va tené cacabé.
Si tú drume yo te traigo un mamey muy colorao,
si no drume yo te traigo un babalao
que da pau pau.
Tu drume, negrita,
que yo va comprá nueva cunita
que va tené capité,
que va tené cacabé.
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Arrullos para ti
Recientemente, la cantante venezolana Liliana Briceño, con el auspicio de las marcas Huggies y Gerber, lanzó al mercado el CD Arrullos para ti, que tuvo como padrinos a la cantante María Rivas y al integrante
de Serenata Guayanesa Mauricio Castro.
La propuesta está compuesta por 15
canciones que buscan crear un ambiente cálido y tranquilo para que madres e hijos se vinculen a través de la mágica tradición de las nanas. En el disco están incluidas composiciones como Sueño de una niña grande de Aldemaro Romero, Canción de cuna de Brahms, Arrullo para un negrito de Iván Pérez Rossi, Mi niñito precioso de Antonio Lauro y Una niña linda, pieza de su autoría. Además de las canciones de autores venezolanos y propias de nuestro folklore como Dormite mi niño, el CD incluye conocidas melodías de países como Austria, Alemania, Brasil, Italia, Uruguay y España. Arrullos para ti -a la venta en las tiendas Esperanto, Librerías Paulinas, Tiendas Aeromúsica y Bebecitos- contó con la participación de músicos como Jorge Glem, Samuel Granados, Erick Bolívar,
José Patiño, Luis Freites, Mario Arias, Eva Ishkbaeva, Sigfrido Chiva, Dimitri Pylenkov, Javier Montilla y María Gabriela Rodríguez, quienes trabajaron bajo la dirección musical de Gregory Antonetti. |
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