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FOTO: WWW.SHUTTERSTOCK.COM/Sebastian Kaulitzki

Cuando
el corazón

DEJA
DE LATIR

Dos sobrevivientes narran sus experiencias con la muerte súbita cardíaca
Por Ed Edelson

El corazón de Deanna Babcok dejó de latir repentinamente el 20 de julio de 2007. "Estaba nadando como de costumbre en la piscina de la Universidad Estatal de Carolina del Norte", recuerda Babcock, quien para entonces tenía 23 años y gozaba de una salud excelente, o eso creía. "Empecé a perder la coordinación de los movimientos hasta que de pronto quedé tendida boca abajo en el agua".

El 10 de julio de 2008 a Jim Stoltz se le detuvo el corazón de súbito. "Estaba sentado en la oficina", cuenta Stoltz, un contador estadounidense de 66 años que vive en Flanders, Nueva Jersey. "En realidad no recuerdo mucho; simplemente me desplomé y caí debajo del escritorio. Cuando desperté, cinco días después, estaba en el hospital".

Tanto Babcock como Stoltz fueron víctimas de un parocardíaco repentino (PCR), conocido también como muerte súbita cardíaca. En un episodio de PCR, el sistema eléctrico interno que controla el ritmo de los latidos del corazón simplemente deja de funcionar como debería. En cuestión de segundos, la víctima deja de tener pulso, pierde el conocimiento y luego deja de respirar debido a que el corazón no puede seguir bombeando sangre al cerebro y el resto del organismo eficazmente.

FOTO: WWW.SHUTTERSTOCK.COM/Zsolt Nyulaszi

¿QUÉ ES UN PCR?
Es una afección provocada por arritmias potencialmente mortales como la fibrilación ventricular, las cuales causan un número mayor de muertes que el cáncer de mama y de pulmón juntos en países como Estados Unidos. Se calcula que 95% de quienes la sufren fallecen antes de llegar al hospital.

Ambas historias tuvieron un final feliz, gracias al hecho de que quienes presenciaron cada uno de los incidentes supieron qué hacer. "Me contaron que mis compañeros de trabajo y otras dos personas me aplicaron reanimación cardiopulmonar inmediatamente", relató Stoltz. "Es un conjunto de maniobras de compresión en el pecho y respiración boca a boca. Allí estuvieron durante unos diez minutos, hasta que llegó el servicio de emergencias médicas".

"Un salvavidas usó un desfibrilador", dijo Babcock refiriéndose al dispositivo que está disponible en algunos lugares públicos del país del Norte, mediante el cual se aplica una descarga eléctrica automáticamente a fin de restablecer el ritmo cardíaco normal cuando el corazón deja de latir de repente.

No todo el que sufre un ataque cardíaco padece un PCR, que es causado por una anomalía del ritmo cardíaco

Stoltz se reintegró a sus actividades laborales y se siente (como él mismo cuenta): "Bastante bien, y realizo casi el mismo nivel de ejercicios que solía hacer antes de sufrir el PCR".

En cambio, la historia de Babcock no es tan feliz. "Empecé a tener problemas de circulación en las extremidades inferiores y tuvieron que amputarme la pierna izquierda, por encima de la rodilla". Actualmente forma parte del Departamento de Ciencias de la universidad, donde realiza investigaciones relacionadas con la educación para adultos.

CADA SEGUNDO CUENTA
Ambos casos ilustran el problema del paro cardíaco repentino de distintas maneras, explicó el doctor Fritz A. Ehlert, director de la cátedra de electrofisiología de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York.


Querido DEA
Con estas iniciales se conoce al desfibrilador externo automático, aparato electrónico portátil que sirve para tratar los casos de fibrilación ventricular y de taquicardia ventricular sin pulso. Lo ideal sería tener uno a la mano en lugares públicos tales como centros deportivos, casinos y aeropuertos. Si se usa en los primeros minutos, aumenta en gran medida la posibilidad de salvar a la persona.

Ante todo, es importante saber diferenciar entre lo que es un paro cardíaco repentino y un ataque cardíaco o infarto de miocardio. "No todo el que sufre un ataque cardíaco padece un PCR, que es causado por una anomalía del ritmo cardíaco", señaló. "En un infarto de miocardio, el músculo cardíaco muere debido a una interrupción del suministro de sangre".

Si bien los factores de riesgo relacionados con el ataque cardíaco son bien conocidos y se diagnostican fácilmente, tales como el colesterol alto, la presión arterial alta, la obesidad y la diabetes, los del paro cardíaco repentino no se detectan con tanta facilidad. "Quienes hayan sufrido un PCR, tengan antecedentes familiares de infarto de miocardio o de muerte súbita cardíaca o bien padezcan insuficiencia cardíaca corren el mayor riesgo", agregó Ehlert.

Desde el preciso instante en que alguien sufre un PCR, cada segundo cuenta. "Por cada minuto que transcurre sin que se atienda al paciente disminuyen las probabilidades de que sobreviva en un 10%", advirtió. "El problema es siempre que el personal médico capacitado responda cuanto antes".

Contar con un desfibrilador externo en cuestión de segundos siempre ayuda, apuntó. Tanto a Babcock como a Stoltz le implantaron uno, que detecta las irregularidades en las contracciones del corazón y administra automáticamente descargas eléctricas para restablecer el ritmo cardíaco normal.

"Aunque está ahí dentro, ni siquiera se siente", aseguró Babcock.

 

HealthDay. The New York Times. Derechos de El Universal. Traducción: Servio Viloria

 
 
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