 |
| foto: www.shutterstock.com / patrizia tilly |
Pequeña acción,
GRAN TRANSFORMACIÓN
"Cuando son otras personas las que cometen una falta nos
es muy fácil observarlas
y criticarlas, pero cuando somos nosotros los que las cometemos siempre tenemos no una, sino varias excusas para justificarnos"
Hace poco unos amigos decidieron recuperar una pequeña área verde, completamente abandonada, que se había convertido en un verdadero basurero. Durante tres días, con mucho entusiasmo, se cortó la hierba, se limpió el espacio, se sacaron las plantas secas y se removió completamente la tierra. El cambio fue inmediato y sorprendente.
Pero lo que sucedió después fue el verdadero motivo de mi reflexión. En lugar de transitar por el camino existente y bien demarcado en esa zona, las personas comenzaron a atravesar por el medio del jardín recién recuperado, para acortar la distancia que tenían que recorrer... ¡Insólito!
Y ahí estaban, parados, nuestros amigos, viendo cómo la gente inconsciente seguía caminando sobre la grama recién plantada como si nada.
Le llamaron la atención a una pareja cuando iba a mitad del jardín, y el hombre se disculpó diciendo que lo había hecho sin darse cuenta. Pero lo cierto es que esta pequeña imagen cotidiana refleja la actuación inconsciente de la mayoría de las personas en el mundo. Viven en él, sin ninguna conciencia del daño que puedan causar, pensando, además, que son los otros, y no ellos, los grandes responsables del desequilibrio que nos afecta a todos por igual.
Cuando son otras personas las que cometen una falta nos es muy fácil observarlas y criticarlas, pero cuando somos nosotros los que las cometemos siempre tenemos no una, sino varias excusas que justifican nuestro comportamiento. Mientras sigamos actuando de esta manera nada mejorará, porque se necesita el concurso, la conciencia y la participación de todos para lograr la transformación.
Sería mucho más sencillo si comprendiéramos que todo lo que sucede en nuestro entorno nos incumbe, porque forma parte del pedazo de tierra que se nos asignó cuando llegamos a esta vida con la intención de que plantáramos semillas de vida, armonía, respeto y buena convivencia.
Vamos a vencer la apatía, la mediocridad, la comodidad, la indolencia, la viveza, el resentimiento, la falta de conciencia y de solidaridad, para que podamos convertirnos en personas coherentes, que actuemos como desearíamos se comporten los demás.
El ejemplo es determinante, tu actuación consiente y responsable en todo momento hará que en algún momento te conviertas en un punto de referencia para otros.
COMIENZA POR...
Observarte. En lugar de juzgar y criticar a los demás, observa y reconoce tus reacciones. Cuestiona alguna de tus acciones: ¿por qué botaste ese papel a la calle?, ¿por qué dejaste mal estacionado tu carro?, ¿por qué echaste el aceite usado en el desagüe..?
Dejar todo mejor de lo que lo encontraste. Puede sonarte ingenuo, pero cómo sería este mundo si al entrar a un baño lo dejaras tan o más limpio de lo que lo encontraste. Y si estacionas tu vehículo correctamente para no estorbar a los peatones, y si en lugar de ser agresivo fueras conciliador; y si cambiaras esa carita de amargado y suavizaras el ambiente con una sonrisa… Pequeñas acciones, producen grandes transformaciones.
__________________________________________________________
Para COMPARTIR
 |
| foto: www.shutterstock.com / iakov kalinin |
"Una mañana el Sol se despertó de mal humor.
'Estoy harto de levantarme cada mañana y repartir rayos de luz a la Tierra. Siempre igual, día tras día. Estoy cansado de madurar el trigo y derretir la nieve. ¿Y todo para qué? ¿Qué me han dado los seres humanos a cambio?'.
Mientras le daba vueltas y vueltas al tema en su cabeza, empezó a llover.
'Señora Lluvia, le dijo el Sol, usted riega la tierra a diario y hace que crezcan y florezcan las flores. Gracias a usted, los campos son verdes y los ríos fluyen con un caudal abundante. Pero dígame, ¿qué le han dado los humanos a cambio?'.
Al oír esto, La Lluvia frunció el ceño, lanzó un fuerte suspiro y bajó en picado hasta la Tierra.
Al caer, pronunció las siguientes palabras:
'Madre Tierra, usted deja que los humanos la remuevan, le abran las entrañas, la rasguen y la vacíen. Y dígame, ¿qué recibe a cambio?'.
La Tierra se dirigió al grano de trigo:
'Oye, Granito de trigo, escúchame. Tú te dejas machacar para que los humanos puedan comer pan. Pero, ¿qué recibes a cambio?'.
Y entonces el Sol dejó de brillar.
La Lluvia dejó de regar la Tierra.
La Tierra dejó de alimentar al granito de trigo.
El Grano de trigo dejó de germinar.
Y la vida desapareció de la faz de la tierra.
MADRE TIERRA, USTED DEJA QUE LOS HUMANOS LA REMUEVAN, LA RASGUEN, LA VACÍEN... ¿Y QUÉ RECIBE A CAMBIO? |
Sin embargo, el Sol empezó a aburrirse porque ya no había niños que jugaran en su luz y con su calor. La Lluvia se entristeció porque ya no había jardineros que sonrieran al verla llegar. La Tierra se deprimió al no sentir los alegres pasos de los granjeros sobre su lomo. Y el Grano empezó a pudrirse en su soledad.
Un día, decidieron reunirse todos con Dios, y le dijeron:
'Señor, todo se está muriendo en el mundo que creaste para sembrar el bien y dar frutos. Te rogamos que devuelvas la vida a la Tierra'.
Y Dios respondió:
'Amigos míos, les he dado todo lo que necesitan para sembrar y mantener la vida en la Tierra. La vida sólo puede nacer de ustedes, de su interacción y colaboración. Devolverán la vida a la Tierra si comparten lo que tienen con el resto de la Creación. Pues, como bien saben, la vida sólo nace de la colaboración y la participación de todos'.
Este cuento nos recuerda la importancia de sumar esfuerzos e intenciones dirigidos a recuperar el bienestar y el balance en la tierra para extender nuestra vida en ella. También que son las pequeñas acciones voluntarias y conscientes las que realmente pueden llevarnos a conseguirlo. ¡Hoy puede ser el primer día del resto de tu vida!
Mayor información por el teléfono visite la página web www.maytte.com.