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"La vida está ocurriendo en este momento. Pero muchas personas eligen pensar en el pasado como
si pudieran cambiar esa parte
de su historia... o piensan todo
lo terrible que puede sucederles
en el futuro"
Si hiciéramos un inventario de
nuestra vida en este momento,
tal vez descubriríamos que hemos vivido gran parte de ella llenos
de preocupación, dolor, temor
o estrés. Generalmente somos nosotros mismos, a través de
nuestra manera de pensar e interpretar la vida, o con nuestra actitud y comportamiento, quienes
nos convertimos en la mayor resistencia a vencer al momento
de experimentar la felicidad,
pues, dependiendo de lo positivos
o negativos que sean nuestros pensamientos, interpretaremos
las situaciones que se nos
presenten cada día.
La vida está ocurriendo en este momento. Pero muchas personas eligen pensar
en el pasado, para recordar con detalle lo que vivieron, lo que les hicieron, lo que perdieron, reviviendo una y otra vez los momentos y las situaciones difíciles que experimentaron y que aún no han podido superar, como si pudieran, de alguna manera, cambiar esa parte de su historia personal. Pero lo cierto es que no podemos cambiar lo que ya ocurrió, y que mientras más vueltas les demos en nuestra cabeza
a esos recuerdos tristes, mantendremos abiertas las heridas afectivas que nos causaron. ¿Hasta cuándo vamos a revivir esos recuerdos negativos que sólo nos afectan a nosotros mismos porque nos convierten en víctimas eternas de algo
o de alguien? Es tiempo de soltar el pasado, para sanar emocionalmente,
guardando sólo los recuerdos positivos y el aprendizaje que hayamos ganado.
A partir de hoy, puedes construir una vida mejor para ti y para los tuyos.
Lo que pensamos y sentimos con respecto a una persona o a una situación
es lo que nos hace más o menos felices… ¡Cambia tus pensamientos!
Hay otro grupo de personas que en lugar de vivir atentos a lo que sucede en el presente, lo hacen pensando e imaginando todo lo terrible que puede sucederles en el futuro. Viven llenos de miedo, pesimismo y tensión, preocupándose por un futuro que lo imaginan oscuro y difícil. ¡Vamos a liberarnos de la preocupación! Se debe recordar que es en el aquí y ahora donde podemos tomar acciones apropiadas para construir un futuro bueno, con las consecuencias de nuestras elecciones y acciones. ¡Llénate de optimismo y supera el temor!
La vida es un viaje corto, lleno de aventuras, momentos inesperados, oportunidades para dar, lecciones para aprender, y somos nosotros quienes calificamos cada
experiencia de forma positiva o negativa. Elige vivirla con una nueva actitud, cambia algunas de las creencias que te llevaron a vivir en el temor, y la preocupación,
incorpora nuevos hábitos para recuperar la salud, el bienestar y el entusiasmo
por la vida.
Es tiempo de pasar la página tomando lo mejor de todo lo que viviste y mirando hacia el presente con una actitud mucho más positiva. No permitas que el pasado doloroso se interponga entre tú y la felicidad, perdona y sana. Cuida tus palabras y frases más comunes, tratando de que sean siempre afirmativas y positivas. Practica la sonrisa, de esta manera reforzarás el mantener una actitud más positiva.
Ten presente que la Divinidad siempre está de tu lado, y que aun cuando enfrentes situaciones difíciles o inesperadas, conspirará para apoyarte a superarlas y a recuperar tu felicidad.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!
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EL DÍA del inventario
Una historia: "Aquel día vi
a mi abuela distinta. Tenía
la mirada melancólica y fija
en la distancia. Casi ausente.
Me aproximé, y le dije:
'¡Buenos días, abuela!
Te veo diferente.
¿Qué te pasa?'.
Ella me invitó a sentarme
junto a su sillón y sonriendo
me dijo: '¡hoy es día
de inventario!'. '¿Inventario?',
pregunté sorprendido.
'Sí, inventario de las cosas perdidas', me contestó con
cierta entonación, y no sé
si de alegría o tristeza.
Y prosiguió: 'del lugar de donde yo vengo hay gigantescas montañas, y siempre
de niña deseé escalar a la cumbre de la más alta. Nunca lo hice, pues no tuve la voluntad suficiente para superar todos los inconvenientes y los miedos que mis familiares me infundieron. Recuerdo también a Manuel, aquel colegial que amé en silencio durante cuatro años, hasta que un día se marchó del pueblo sin yo saberlo. ¿Sabes algo? -continuó la abuela- también estuve a punto de estudiar Medicina,
pero mis padres no pudieron pagarme mis estudios y yo no me sentí capaz de trabajar para pagármelos. También quise viajar, pero nunca me atreví a salir
de casa, y el trabajo de carpintería de mi padre no nos permitía viajar. Cuántas
veces tu madre y tus hermanas me rogaron que jugara con ellas, pero nunca
tuve el tiempo, pues tenía que cocinar, limpiar y lavar ¡Tantas cosas no
concluidas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades perdidas!'.
Luego, su mirada se hundió aún más en el vacío, y se le humedecieron los ojos.
Y continuó: 'en los treinta años que estuve casada con tu abuelo, creo que sólo
cuatro o cinco veces le dije te amo, pero fueron muchas las veces que le exigí
cosas que no podía darme, y tampoco se me olvida cómo lo desanime cuando
quiso independizarse y hacer el negocio propio, que tanto anhelaba'.
Luego de un breve silencio regreso de su viaje mental, mirándome a los ojos y me dijo: 'este es mi inventario de cosas perdidas, una especie de revisión de mi vida. Pero ya a mí no me sirve, en cambio te lo dejo a ti como un regalo, para que puedas hacer tu inventario a tiempo de cambiar algunas cosas en tu vida. ¿Sabes cuál es el pecado más grande de la vida de una persona?'. La pregunta me volvió a sorprender y me asustó que la abuela me fuera a confesar algo terrible. Con inseguridad le contesté: 'No sé abuela, supongo que matar a alguien, odiar al prójimo o desearle algún mal. ¿Tener malos pensamientos, tal vez?'. Movió la cabeza de lado a lado, me miró intensamente, y con tono grave y firme señaló: 'el pecado más grande en la vida de un ser humano es el pecado de la desidia o de la omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas'.
Unos meses después, la abuela murió, y luego de su entierro fui a mi casa a realizar mi propio inventario de mis cosas perdidas, para comenzar con una nueva etapa en mi vida".
Cada vez que tu mente te lleve a recordar el pasado o te lleve a preocuparte por
el futuro, sacude tu cabeza ligeramente y coloca tu atención en los detalles y
en las cosas buenas que ocurren en el momento presente. Trae tus pensamientos
de nuevo al aquí y ahora.
Recuerda que la mejor parte de tu vida está ocurriendo en el presente, limpia
el cristal a través del cual observas e interpretas la vida, toma lo mejor de ella
y convierte lo aparentemente negativo en positivo.
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