"Lo que quiero destacar es esa ¿manía?, ¿característica?, ¿defecto?, ¿problema? que tenemos los venezolanos con el éxito de nuestros compatriotas dentro y fuera del país"
Quizá si no hubiera visto ambas locuras en simultáneo no me hubiera dado cuenta. Estaba yo frente a mi cafecito matutino, con los periódicos del día sobre la mesa y el televisor encendido en el canal en el que había quedado puesto desde la noche anterior. La pantalla reflejaba un noticiero deportivo francés al cual yo no le estaba parando ni medio porque andaba fascinada leyéndome todo lo referente a la participación de Edgar Ramírez en la película Bourne: El Ultimátum. Los locutores franceses comentaban eufóricos la extraordinaria performance de unos atletas galos en una competencia europea de algo así como lanzamiento de jabalina y yo ahí babeada ante lo guapo que salía Edgar en las fotos de la película gringa, junto a Matt Damon (nada menos), de lo más metido en Hollywood él. Y, al mismo tiempo, repito, van y ocurren las dos locuras: los locutores franceses dicen tipo de pasadita que sus extraordinarios atletas habían llegado de quinceavos ¡pero lo habían hecho de un bien!, y nuestros periodistas venezolanos van y resaltan que nuestro querido actor ¡sólo dice una frasecita en toda la película! Se me derramó el café. ¿Cómo es posible? ¿por qué somos así? No sé si me explico, no sé si captan la importancia de la simultaneidad de ambas "locuras". O sea, para esos locutores franceses, pues sí era noticia que sus atletas habían llegado prácticamente detrás de la ambulancia, pero lo realmente relevante para ellos era que sus muchachos, sus compatriotas, lo habían hecho buenísimo, con un estilacho impresionante, y habían dado lo mejor de sí. En cambio, para nuestros colegas periodistas, pues sí era noticia que Edgar Ramírez estuviera en la trilogía Bourne, ahí codeándose con Matt Damon, no de mesonero tres, sino del tipo que se pasa toda la película tratando de asesinarlo, ajá, pero lo realmente relevante para ellos, y lo que toditos resaltaron es que "sólo dice una frasecita". ¡Válgame Dios! Sin meternos en honduras tipo ¿será que un gran actor necesita mucho parlamento? o ¿será que un gran personaje es aquel que habla mucho?, lo que quiero destacar es esa ¿manía?, ¿característica?, ¿defecto?, ¿problema? que tenemos nosotros los venezolanos con el éxito de nuestros compatriotas dentro y fuera del país. Si alguno de nosotros va y la pega del techo en algo no faltará quien destaque algo como "ah bueno sí, pero ¿viste lo gorda que está?, ¿supiste que se cae a palos?, ¿te diste cuenta de lo viejo que se ha puesto?, ¿tanta alharaca por una piche frasecita?". No sé si es que nos da envidia porque daríamos el alma por decir una piche frasecita de esas, o que nos sentimos más cómodos con el fracaso y los papelones de los coterráneos, o es que nos dan alergia las buenas noticias producidas por nosotros mismos, o lo que nos da es como pena expresar abiertamente orgullo ante un venezolano o venezolana que se la está devorando. Hay algo que nos impide funcionar como equipo y agarrarnos ese éxito de uno de nosotros para todos, nos da como rabia o vaina y nos provoca minimizarlo destacando de inmediato la pata coja. ¿Será locura? ¿O será que los locos son los franceses orgullosísimos porque llegaron de quinceavos, pero lo hicieron del carrizo? No sé, pero para mí, debido a la simultaneidad, fue facilito imaginarme a los franceses deshaciéndose en piropos hacia Edgar Ramírez (en el caso de que fuera un Cacique francés), diciendo que su expresión corporal es algo nunca visto y que su frasecita es la mejor frasecita jamás dicha y cuidado si comentando que es un tal Damon el que actúa junto al gran Ramírez. Y, obviamente, a nosotros explotando en ironías sobre nuestros lanzadores de jabalinas que apenas si llegaron de quinceavos... ¿Quiénes serán los locos, ellos o nosotros? ¿Y más felices, quiénes?
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