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revista Estampas
 
  Caracas insumisa
Rosa Elena Pérez

Hay una Caracas del bullicio, del abigarramiento y el atropello que es más
o menos permanente en el devenir de esta ciudad que va siendo. A nosotros, los navegantes de este mar de inquietudes

y desafíos, de azares descarnados y solidaridades secretas, de perdones inacabados, se nos hace aún más patente en ciertos días del año esa Caracas insensata. Es más, no es que se nos hace más patente, es que la sufrimos en demasía, nos agobia en forma mayúscula, nos subyuga hasta el odio y la blasfemia, nos enloquece.

Quisiera ser cortés con la odalisca rendida a los pies del sultán, según el decir de Pérez Bonalde en su poema Vuelta a la Patria, quisiera no ofenderla cuando afirmo que ella se nos hace más patente en su desorden, en su intrepidez, en su insurgencia. Y es que puede parecer difícil moderar el tono al hablar de su ferocidad urgente y chillona porque más a la mano se encuentran la resabiada queja y el lugar común pendenciero; sin embargo, me inspira un ánimo conciliador, comprensivo, deseoso de un balance reflexivo tras hacer las paces con ella y aceptarla, para ver en qué medida me corrijo como su habitante o establezco un pacto de convivencia que me dé sosiego.

Entonces hay días en que nuestra Caracas aparece desfilando espigada y altivamente abandonada por nuestras aceras sucias e invadidas por motos y tiendas de quita y pon. Los días de quincena y fin de mes se torna un hervidero de tarantines, colas y encrispamiento generalizado, que espeluzna a cualquiera que esté obligado a atravesar tal barahúnda. En época navideña este estilo se nos da naturalmente. No prorrumpe de un momento a otro y se establece en estallido. No. Más bien, aparece de modo gradual en una celebración de calle, rica y espontánea, que se nos confunde con un carnaval, el del medioevo tal vez, caracterizado por Mijaíl Bajtin en su libro titulado La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento del siguiente modo: “...la lógica original de las cosas ‘al revés’ y ‘contradictorias’, de las permutaciones constantes de lo alto y lo bajo (la ‘rueda’), del frente y el revés, y por las diversas formas de parodias, inversiones, degradaciones, profanaciones, coronamientos y derrocamientos bufonescos. La segunda vida... se construye en cierto modo como parodia de la vida ordinaria, como un mundo ‘al revés’”.

De forma que nuestra Caracas se descalabra ante cualquier intento de autoridad, territorialidad u orden durante estos días. Sus fronteras se borran desde la burla, la invasión, el desparpajo, la informalidad y el descaro a todo nivel, y he aquí que tenemos un carnaval en plena Navidad, ya que casi toda nuestra ciudad pasa a ser
un circo en que el malabarismo constituye la actividad ejercida por los viandantes, el equilibrismo pasa a ser el oficio de los motorizados, la magia y el encantamiento, la práctica de comerciantes formales e informales, mientras que el tráfico hace las veces de caravana y banda musical a un mismo tiempo. Aníbal Nazoa, en su libro Las Artes
y los oficios
, al referirse a la buhonería, expresa lo que sigue: “Según afirman los especialistas en turismo y folklore, el buhonero es uno de los elementos que dan más colorido y ‘sabor local’ a la ciudad… Sobre todo cuando viene la policía a desalojar a los buhoneros para que le hagan competencia al gran comercio, se producen las escenas más coloridas que se pueda imaginar, con aquellos regueros de peines, anteojos, pantaletas, libros y mil artículos en multicolor mezcolanza, sin olvidar las cajas de cartón y las mesitas de tijera despanzurradas a puntapiés por los policías,
las cabezas rotas y las camisas desgarradas”. Esa imagen que mezcla eclecticismo, desbarajuste y animación es la que nos ofrece Caracas durante algunos días que resultan simplemente inolvidables.

Desde mi deseo de entenderme, entenderla y entendernos como colectivo, declaro tajantemente el amor que siento por mi ciudad, esa mujer desarreglada e insumisa. Por eso le canto con profunda dulzura y delicadeza aquella vieja canción con letra de Pedro La Corte, llamada Sentimiento caraqueño, que dice:

Caracas te añoro,
Caracas te extraño,
Caracas Nazoa,
Caracas Calcaño,
Caracas el sueño
remoto y cercano
Caracas la rosa
de Lucas Manzano.

l

 
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