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CRÍMENES MAX HAINES

UN RASTRO DE PINTURA
DELATÓ AL
ASESINO

"A la tercera va la vencida"; esto resultó ser cierto para los policías que siguieron la pista de lo que parecían ser manchas de sangre.

Algunos asesinatos se resuelven luego de un largo y arduo trabajo por parte de los investigadores policiales, pero hay casos en los que el culpable es hallado en tiempo récord por buena suerte.

Tony Sinfield y su esposa Enid estaban llevando sus dos tractores a otro campo. Era época de recolección de heno en los campos alrededor de Dunstable, en Bedfordshire, Inglaterra, y el heno debía ser amontonado en pacas. Mientras los Sinfield realizaban la tarea, Enid vio una chaqueta de hombre en el suelo. Aguijoneada por la curiosidad, descendió del tractor para echar un vistazo desde más cerca. La chaqueta estaba empapada de sangre.


Cuando Enid le contó a su esposo de su descubrimiento, Tony decidió inspeccionar un pequeño cobertizo cercano. Adentro vio un pie que salía de debajo de una pila de sacos. Tony retiró los sacos y encontró, a plena vista, el cuerpo de un hombre. Llamó a la policía local, que de inmediato solicitó la ayuda de Scotland Yard.

La víctima de asesinato fue identificada como un obrero de la localidad, un tal Keith Arthur. Arthur estaba casado y era padre de dos niños pequeños. Había sido asesinado con una arma calibre 38.

Los agentes que estudiaron la escena del crimen llegaron a varias conclusiones. Formularon la hipótesis de que el asesino debió ser alguien de la localidad, dado que el pequeño establo no se podía ver desde la carretera principal. El victimario, obviamente, sabía de la existencia del cobertizo. Los agentes también tenían la impresión de que el asesinato había ocurrido en otro lugar y el cuerpo había sido transportado allí.

Apenas habían transcurrido horas desde el descubrimiento del cadáver cuando los investigadores obtuvieron una pista de una fuente inesperada. Regresaron a Dunstable, donde una mujer policía les informó que había observado una serie de manchas de sangre en la calle Regent, en el centro del pueblo. No tenía idea de si las manchas tenían algo que ver con el cadáver, pero pensó que lo mejor sería presentar la información a su consideración. Los sabueso s de Scotland Yard se interesaron al punto de que acompañaron a la joven oficial a la mencionada calle. Los oficiales siguieron el rastro de sangre hasta un sanitario público, donde observaron una mayor cantidad de sangre. No sabían qué inferir de su descubrimiento.

Mientras reflexionaban sobre su próxima movida, se les acercó una mujer que les preguntó si eran detectives y si investigaban el asesinato del hombre encontrado en el establo. Cuando le confirmaron que sí, ella sonrió y les dijo que era dentista; agregó que la mayoría de sus pacientes, al irse del consultorio, se detenían en el sanitario público para escupir el exceso de sangre después de una extracción. Los veteranos oficiales estaban acostumbrados a esa clase de reveses.





 


Observé que tenía una
pistola en su mano,
escuché un DISPARO
y vi un fogonazo

Las investigaciones en torno a sesinatos a menudo avanzan por vías que no conducen a ningún lugar.
La joven oficial de policía no era tan filosófica. Les dijo a los detectives que había visto otro rastro de sangre que conducía en la dirección contraria. Más que nada para seguirle la corriente a la agente, los detectives del famoso cuerpo de policía se dejaron conducir a la calle Edward. Sin duda, allí había otro rastro de manchas rojas que se dirigía calle arriba

Cuando llegaron al punto en que las manchas rojas se terminaron, observaron a una mujer que los veía desde una ventana. La mujer salió de su casa y se acercó a los oficiales, a quienes preguntó si eran detectives de Scotland Yard. Cuando le respondieron que sí, ella reveló la asombrosa información de que su hija Patricia había observado el asesinato. Les dijo que Keith Arthur había sido asesinado en una casa cercana, y señaló hacia el hogar de Jack Day, su esposa, Margaret, y sus hijos.

Patricia fue interrogada. Dijo que había ido a la casa de los Day para jugar con uno de los niños. Era alrededor de las 9:00 pm cuando la señora Day le pidió que le hiciera un mandado, cosa que hizo. Cuando regresó, la puerta estaba entreabierta y entró. La señora Day estaba hablando con un hombre. Mientras dialogaban, Jack Day entró en la habitación. Los dos hombres conversaron. Patricia no sabía exactamente de qué hablaban, pero se dio cuenta, por el tono de sus voces, de que estaban discutiendo. Luego, en boca de la propia relata Patricia: "Observé que tenía una pistola en su mano, escuché un disparo y vi un fogonazo. Luego vi al hombre bajar, y se sacudía la cabeza". Patricia, aterrada, corrió todo el camino hasta llegar a su casa.

Los oficiales se sintieron extasiados al encontrar un testigo ocular del asesinato al seguir un rastro de manchas rojas en la calle. Más tarde se sintieron estupefactos cuando se analizó una muestra del líquido rojo en la calle y resultó ser pintura roja.

La investigación se concentró en el área alrededor de la residencia de Jack Day. Los oficiales encontraron a dos testigos diferentes, quienes habían visto a dos hombres en la calle alrededor de las 9:30 p.m. la noche del crimen. Uno de los hombres sangraba profusamente, mientras que el otro parecía estar ayudándolo. El segundo testigo dijo que ambos regresaban hacia la calle Edward.

Antes de acometer alguna acción directa, los detectives de Scotland Yard investigaron el pasado de Jack Day. Descubrieron que era un hombre extremadamente celoso que había afirmado ante sus vecinos que le dispararía a cualquiera que coqueteara con su esposa.

Al mismo tiempo descubrieron el hecho de que Keith Arthur era una especie de presumido y que a menudo se jactaba de su éxito con las mujeres.

Cuando un testigo le dijo a la policía que había manchas rojas en la acera justo en frente de la casa de Jack Day, por tercera vez en 24 horas se dedicaron a buscar las fulanas manchas. En esta ocasión, encontraron genuinas manchas de sangre frente a la casa de su principal sospechoso, justo al otro lado de la calle en el área en que habían seguido un rastro de manchas de pintura roja.

Jack Day, proclamando su inocencia, fue detenido 30 horas después de que los detectives habían llegado a Dunstable para investigar la muerte de Keith Arthur. Los detectives entraron en la casa de Day y confiscaron ropas manchadas de sangre.

Los análisis de laboratorio demostraron que la sangre en su ropa era del tipo A, el mismo de Keith Arthur. Fibras que se encontraron en la ropa de Day coincidían con las que se tomaron de la ropa de Arthur.

Durante una inspección del garaje donde Day trabajaba se encontró un revolver Lee Enfield calibre 38. Las pruebas demostraron que se trataba del arma usada para asesinar a Arthur.

Jack Day hizo una declaración, en la cual daba su versión de cómo Arthur había encontrado su muerte. Afirmó que había regresado a casa luego del trabajo y encontrado a Arthur, a quien conocía bien, conversando con su esposa. Se quitó su chaqueta y su arma, que estaba envuelta en un pañuelo. Aseveró que era su costumbre envolver su arma. "Le quité el pañuelo y puse el arma sobre el sofá, como siempre hago. Lo siguiente que supe es que la pistola se disparó. Dije: 'Caramba, siento que esto haya ocurrido'. Arthur respondió, 'Me dio en la garganta'", relató Day.

Day le dijo a la policía que luego ayudó a Arthur a llegar a la calle y a su auto, con la idea de llevarlo con un médico. Cuando colocó a Arthur en el vehículo, el herido ya había muerto.

Day indicó que entró en pánico y condujo hasta el viejo establo, donde trató de ocultar el cuerpo. Cuando volvió a su casa, su esposa le imploró que se entregara, pero no tuvo el valor necesario. Era una gran historia, pero la policía no la creyó.

Gracias a las investigaciones, los detectives se enteraron de que Day estaba convencido de que Keith Arthur tenía un romance con su esposa. Jack Day fue enjuiciado por el asesinato de Keith Arthur. El jurado sencillamente no creyó su versión del disparo. Fue encontrado culpable y ejecutado en la horca, todo debido a que una serie de manchas de pintura roja condujo a la policía a la calle en la que vivía el asesino.

TRADUCCIÓN: JOSÉ PERALTA. ILUSTRACIONES: DAVID MÁRQUEZ. DAVIDMARQUEZ@CANTV.NET

 
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