| Ojos en la mira
Siempre se habla del daño que la exposición prolongada al sol ocasiona en la piel, pero poco del que produce en los órganos de la visión. Al ataque de los rayos UV se deben importantes lesiones oculares, lo que hace indispensable tomar medidas de precaución. Raúl Chacón Soto
 Que el sol, en exceso, es enemigo de la piel, lo sabe casi todo el mundo. Campañas sobre los perjudiciales efectos de los rayos UV se ponen en marcha todos los años, sobre todo cada vez que se avecinan las temporadas de vacaciones; y en todas ellas, el énfasis recae en los daños que ocasionan al extenso órgano que recubre todo el cuerpo. Pero la radiación ultravioleta no deja centímetro —descubierto— de la anatomía en paz; y, en ese sentido, los ojos son puntos especialmente vulnerables que terminan por sentir el castigo al que están siendo sometidos. Un dato tomado de una página web chilena es elocuente respecto a este descuido: según un estudio realizado por el Concilio de la Visión de América, mientras 79% de la población sabe de la importancia que tiene proteger a la piel de la exposición a los rayos UV, sólo 6% está consciente de que la protección de los ojos tiene la misma urgencia. Hay que combatir el desconocimiento. Algo a lo que espera contribuir este trabajo.
Así como el cáncer de la piel se esgrime como principal amenaza a la salud de la exposición a los rayos UV, las cataratas, esa afección que termina por producir la ceguera, es la dolencia más temible que puede padecer en los ojos quien se exponga constantemente a la radiación solar sin protección. Según la Organización Mundial de la Salud, entre 12 y 15 millones de personas padecen ceguera causada por cataratas, y “hasta 20% de estos casos puede haber sido causado o haberse agravado por la exposición al sol... especialmente en los países del llamado ‘cinturón de cataratas’, la zona de mayor incidencia, cercana al ecuador”. Si bien las cataratas se convierten en el problema sanitario más importante —junto al del cáncer de la piel— como consecuencia de la exposición a la radiación UV, no es la única enfermedad que sufren los ojos al estar expuestos indiscriminadamente al sol. Reacciones oculares de tipo inflamatorio como la queratitis actínica y la fotoconjuntivitis son efectos agudos de esta sobreexposición. Como es fácil de ver, la protección es indispensable. Ojos vulnerables
Los ojos, cuando son agredidos por la luz, reaccionan empequeñeciendo las pupilas. Esta reacción natural se une al cierre parcial, por reflejo, de los párpados. El propósito es impedirle el paso al agente invasor de manera que no afecte las estructuras internas involucradas en la visión. Pero estas defensas naturales muy poco pueden hacer contra los peligros de la radiación UV sobre todo en situaciones extremas, como las que se viven en una cámara de bronceado o cuando se disfruta de un día en la playa o en la montaña, sobre superficies que reflejan la luz como la arena, el agua o la nieve. Cuando se ha permanecido indiscriminadamente bajo el sol —lo que puede ocurrir perfectamente en la ciudad, durante la vida cotidiana— pueden aparecer dolencias agudas o crónicas en los ojos. La fotoqueratitis y la fotoconjuntivitis son ejemplos de las primeras. Como lo dicen en un informe de la OMS, “estas reacciones inflamatorias de los tejidos seudocutáneos extremadamente sensibles del globo ocular y de los párpados son parecidas a las de una quemadura solar y habitualmente aparecen pocas horas después de la exposición. Ambas reacciones pueden ser muy dolorosas, pero son reversibles y no ocasionan daños a largo plazo en el ojo ni en la visión. La ‘queratitis por soldadura al arco’ y la ‘ceguera de la nieve’ son formas extremas de queratitis”.
No se puede decir lo mismo de las cataratas, afección crónica que, como ya se ha dicho, lleva a la ceguera. Esta enfermedad aparece cuando se produce una desnaturalización de las proteínas del cristalino —la parte clara en forma de lente biconvexo que se sitúa en el interior del globo ocular, detrás de la pupila, y que permite ver con nitidez—, que se disgregan y acumulan pigmento, aumentando la opacidad de lo que debería ser transparente. Si bien es cierto que una gran mayoría de las personas presenta un mayor o menor grado de cataratas al envejecer, la exposición al sol y, particularmente, a los rayos UVB, es uno de los principales factores de riesgo. Lentes de sol: una necesidad
Como era de esperarse, a la hora de hablar de las medidas de prevención, hay que referirse necesariamente a las recomendaciones básicas que suelen darse cuando se habla de la fotoprotección en general. Se debe evitar, en primer lugar, la exposición al sol durante las horas centrales del día, esas que van desde las 10:00 am hasta las 2:00 pm. En caso de que sea necesario salir al aire libre durante ese lapso, hay que reforzar el protector solar y usar la indumentaria adecuada. En el caso particular de los ojos, es buena idea usar gorra o sombrero y, sobre todo, no olvidar los lentes de sol, que más que accesorios de moda, deben considerarse como implementos básicos de protección. Un buen par de lentes debe ser parte indispensable de la indumentaria. No es esnobismo. Los expertos están cansados de decirlo, pero desde que la capa de ozono se ha debilitado, la exposición a los rayos UV es mayor, y de no tomarse medidas, las consecuencias se harán sentir en las estadísticas con un aumento considerable de los casos de cáncer de piel y de cataratas.
Recuerde, los lentes de sol deben ser de buena calidad. Hay que cerciorarse de que realmente protegen contra la radiación UVA y UVB. En este aspecto hay que ser muy cuidadosos, pues lentes oscuros que realmente no protejan son especialmente peligrosos, pues no sólo dejan pasar los rayos UV sino que impiden la defensa natural de los ojos —el empequeñecimiento de la retina— que no perciben la luz por el tono oscuro de los vidrios. Los nuevos modelos de diseño envolvente son los mejores, pues no permiten la entrada de radiación por los costados. Así que en este punto es completamente cierto aquello de que lo barato sale caro. Por último, asegúrese de proteger a los más pequeños. Después de todo, a esa edad están más vulnerables y recuerde que el daño causado por los UV es acumulativo. l rchacon@eluniversal.com
| Mitos y verdades |
Las recomendaciones para protegerse del sol deben seguirse durante todo el año. No se está cayendo en exageraciones cuando se dice que nadie debería salir de su casa sin la debida precaución. La crema protectora debería usarse siempre, así como la debida indumentaria y los lentes de sol. La OMS ha desarrollado, incluso, lo que se conoce como Indice UV Solar Mundial, con el que se pretende facilitar a las autoridades la labor de prevención con los ciudadanos. Este Indice UV Solar Mundial indica el peligro de radiación UV que hay en determinado momento del día
—varía por diversas circunstancias: época del año, nubosidad, altura, latitud—. La información debería aparecer continuamente en los noticieros, pero todavía en Venezuela nadie se ha preocupado por divulgar esta información. A continuación, una tabla con algunos mitos y verdades relacionados con la acción de los peligrosos UV:
Mito: El bronceado es saludable
Verdad: Es una forma de defensa del organismo contra daños ocasionados por la radiación UV
Mito: El bronceado te protege del sol
Verdad: Un bronceado intenso en personas de piel clara sólo ofrece protección escasa, equivalente a un FPS de alrededor de 4 Mito: En días nublados no te quemas
Verdad: Hasta 80% de la radiación UV solar puede atravesar una nubosidad poco densa.
Mito: Estando en el agua no te quemas
Verdad: El agua proporciona una protección mínima, y los reflejos sobre su superficie pueden aumentar la exposición
Mito: Durante el invierno la radiación UV no es peligrosa
Verdad: Es menor durante los meses de invierno, pero la reflexión de la nieve puede aumentar la exposición total
Mito: Las cremas protectoras permiten tomar el sol mucho más tiempo
Verdad: No deben usarse para aumentar el tiempo de exposición al sol, sino para aumentar la protección cuando la exposición es inevitable.
Mito: Si no sientes el sol no te quemarás
Verdad: Las quemaduras solares se deben a la exposición a rayos UV imperceptibles. El efecto térmico se debe a la radiación infrarroja y no a la radiación UV. |
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