- Reyli: Entre el cielo
y la tierra

- El violín del Zulia. Gente en ambiente salió a la calle
- Un mundo
de chocolate

 CRONICA
- Spot
- Bebo el grande
- El reemplazo hormonal...
también es cosa
de hombres
- El rey reggaeton
SALUD
- Ojos en la mira
BELLEZA
- Siempre limpia
SALUD
- Autoexámenes
COCINA
- Pastas multicolores
MASCOTAS
- Bigotes felinos
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
  Spot
Rosa Elena Pérez Mendoza

 

Domingo, 31 de julio de 2005, 2:00 pm. Instalada en la tranquilidad de mi casa, mi pensamiento se deja llevar por algunas opciones de entretenimiento a las que podría acudir para rehuir las obligaciones a las que debo hacer frente una tarde como ésta, en la que se han agolpado tareas dejadas a medio hacer en el transcurso de la semana. Entre papeles, libros y computadora encendida, asoma la cartelera cinematográfica. La tomo en mis manos y, acto seguido, decido ir al cine.
3:30 pm del mismo día. Desde el arrebato libre e irresponsable que hoy me ha asaltado, tomo mi carro y voy a uno de los múltiples centros comerciales que cada vez más invaden, colonizan o sitian nuestra ciudad. Mientras manejo, observo la basura publicitaria que me rodea durante la travesía. Vallas que anuncian bebidas con o sin alcohol, empresas telefónicas, entidades bancarias, tiendas por departamentos, mercados, super e hipermercados, golosinas, cigarros, ropa, zapatos, sandalias, cholas, joyas, colitas, librerías, restaurantes, perfumes y un sin fin de atractivos y eficaces anuncios que prometen, unánimes, el paraíso terrenal al consumidor; pero que cada vez me convencen más de que el despliegue publicitario que hay actualmente en los espacios públicos, se ha ido convirtiendo en una intrincada red frente a la cual al ciudadano de este mundo globalizado no le ha quedado otro remedio que bajar la cabeza sumisamente, puesto que se le ha venido imponiendo en el transcurso del siglo pasado y lo que va de éste, de modo gradual y casi silencioso.

Una cantidad de estrategias que van desde la gigantografía hasta el pequeño poster, desde los avisos fijos hasta el comercial que anda en movimiento por toda la ciudad, poco a poco va borrando el paisaje cultural o natural que nos rodea. Esto me lleva a imaginarme la venidera estampa de nuestra urbe: ¿Será que llegaremos a tener una atmósfera atravesada por enormes avisos luminosos e inmensas pantallas de televisión como la ciudad futurista que se presenta en la película Blade Runner? o, más bien, ¿nuestra geografía urbana pasará a ser una versión ilustrada y fotografiada por un collage compuesto por diversos anuncios publicitarios? Así, El Avila, en pocos años, quedará plasmado en una gigantografía que reproduce una monumental camioneta 4x4 último modelo, con el desvaído boceto en lontananza de la montaña que alguna vez fue. Discúlpenos, señor Cabré, pero es que debemos instalar este anuncito aquí ¿oyó? ¡Vaya tras bastidores, don Humboldt, que las especies que usted estudia, en este cartel no se encuentran!

4:00 pm del mismo día. Por supuesto, entre los afiches de la oferta cinematográfica, veo el de una película venezolana donde se muestra un enfrentamiento entre la jugosa y firme musculatura del trasero de una mujer que da la espalda y sostiene una sartén sobre una minifalda tan corta que deja a la vista buena parte de su derriére —tras un sello de “censurado”— y el esquelético rostro de un hombre que, asustado, la mira desde el fondo. La imagen me persuade al instante de lo conveniente que sería ver cualquier otra película. Compro mi entrada y entro a una sala donde me veo obligada a mirar la alfombra luminosa que bajo mis pies se extiende y que cincela en mi psique una famosa marca. Escojo la butaca y me dispongo a disfrutar el filme, no sin antes pasar por el peaje de las cuñas. Veo una película comercial sembrada de innumerables guiños publicitarios y, al finalizar, de forma inexplicable me ataca el impulso de comprar cotufas. ¿Acaso será el efecto de algún mensaje subliminal?
7:00 pm del mismo día (y ¡por fin!): Corro al encuentro de las tareas abandonadas en mi apacible hogar. ¡Qué idea la de salir de mi casa! ¡Qué terrorífica madeja la que me enredó en tan corto tiempo! ¡Soy libre!
11:30 pm. Durante mi sueño, la desazón me asedia y, como Alicia, caigo en un oscuro hueco de donde brotan logos, spots y slogans que bailan risueños en torno a mí. Avisos de distintos colores y tamaños titilan, brillan, chillan, se burlan, me empujan y me lanzan trompetillas. A media noche, despierto sudorosa y veo la imagen de una mujer sonriendo tras un producto. ¡Auxilio! —grito— ¿Será que me implantaron un microchip? l
rosa_elena_perez@hotmail.com


 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso