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DINERO
NO TAN FALSO

Nada de vida opulenta para los empresarios fraudulentos que conspiraron para imprimir billetes auténticos


Todo estafador que se precie ha soñado con tener una licencia para imprimir dinero. No me refiero aquí a billetes falsificados; hablo de los auténticos. En la larga historia de la estafa, este timo se ha realizado sólo en una ocasión.

El estafador se llamaba Alves Reis. El país era Portugal, y corría el año de 1924. Este hombre se casó, a los 20 años, con una muchacha que había conocido en la playa de Cascais. Él, que siempre buscaba algún atajo, solicitó un empleo en el Departamento de Obras Públicas de Angola, la colonia portuguesa en África. Falsificó un título de ingeniero de Oxford, lo cual lo ayudó a conseguir el trabajo. Sin nada más que el título falso, su esposa y un pico de plata, el joven portugués partió hacia Angola.

En poco tiempo, Alves se convirtió en ingeniero en jefe del Ferrocarril de Angola, algo nada mal para un sujeto con muy poco conocimiento de matemáticas. Sin embargo, un empleo fijo no era del estilo de Alves. Renunció y se dedicó a una serie de negocios en los que exportaba varios cultivos angoleños a Europa. En 1922 regresó a Lisboa con 30.000 dólares; una pequeña fortuna en aquellos tiempos.

Abrió una empresa de importación/exportación especializada en comercio con Angola. Alves intentó tomar otro de sus atajos y terminó detrás de las rejas durante dos meses. Mientras estuvo en prisión, ideó su fenomenal plan para despojar al Banco de Portugal de todos los escudos, algo que la institución no podía permitirse de ninguna forma.

El protagonista de nuestra historia estudió el sistema bancario de su país. Se enteró de que se había aprobado una ley en 1887 que le daba al Banco de Portugal la licencia exclusiva para emitir billetes por un monto de hasta dos veces su capital pagado. También descubrió que, cuando era presionado por el gobierno, el banco emitía billetes muy por encima de la proporción permitida. Nadie en el banco verificaba los números de serie de los billetes.

En 1924, Alves redactó un documento falso un tanto ridículo. En pocas palabras, el escrito aseveraba que un grupo internacional de inversionistas le prestaría cinco millones de dólares a Angola. A cambio, el consorcio recibiría el derecho de emitir billetes por un valor de cinco millones de dólares. Parece inconcebible que alguien en su sano juicio tomara con seriedad semejante documento.

En el sótano encontraron a los cuatro conspiradores llenando maletines con billetes. La suma exacta del dinero que CIRCULÓ nunca fue establecida

Audazmente, Alves siguió adelante. Hizo notariar el documento y llevó el contrato al consulado británico, donde lo adornaron con el sello consular británico, autenticando la firma del notario. Alves estampó la firma de Francisco da Cunha Rego Chaves, el Alto Comisionado de Angola, en su impresionante contrato. Alves reunió una banda de influyentes pillos sin dejar que ellos participaran en el plan. Al menos, no al principio. Karl Marang, Jose Bandeira y Adolf Hennies eran influyentes hombres de negocios con distintos delitos de robo en su pasado. Marang había sido el Cónsul General de Persia en Ámsterdam. Bandeira era el representante de Portugal en Países Bajos. Usó su influencia para que la representación diplomática portuguesa en La Haya le extendiera un pasaporte diplomático a Marang, con lo cual Marang aparecía como un mensajero acreditado del gobierno de Portugal.

Los conspiradores se reunieron en La Haya el 2 de diciembre de 1924. Decidieron hacer negocios con la compañía que imprimía los billetes de 500 escudos del gobierno portugués, en los que aparece la imagen de Vasco da Gama. La desafortunada empresa era Waterlow and Sons de Londres, una respetable firma que imprimía billetes para muchos gobiernos del mundo. Marang, de lo más circunspecto y elegantemente vestido, se presentó en el despacho privado de Sir William Waterlow. Sus credenciales eran impecables. Mostró su pasaporte diplomático. Su documentación para actuar en nombre de un consorcio que, a su vez, contaba con la aprobación del Banco de Portugal, impresionó sobremanera al empresario británico. El estafador presentó dos modelos de billete de 500 y 1.000 escudos. Sir William explicó que los finos detalles del grabado hacían difícil el trabajo, por lo que tomaría meses. Sugirió que los billetes normales con la imagen de Vasco da Gama servirían. Marang aceptó rápidamente.

Los dos hombres se estrecharon la mano. Sólo faltaba el pequeño detalle de una orden de impresión emitida por el Banco de Portugal, que Marang prometió conseguir. Éste sugirió a Sir William que escribiera al presidente del banco solicitando un permiso por escrito para la impresión. El sofisticado Marang prometió entregar personalmente la carta confidencial. Tres semanas después, el estafador visitó a Sir William. Trajo consigo la respuesta del banco, perfectamente falsificada, por supuesto. Con relación a los números de serie, Marang le explicó a Sir William que podían usar los mismos que habían utilizado en pedidos anteriores. En realidad no importaba, porque esta emisión de billetes tendría sobreimpreso el aviso "Sólo para circulación en Angola". El empresario británico estuvo de acuerdo.

Sir William procesó el pedido. Marang se sentía tan nervioso ante la idea de que le enviaran el dinero, que recibió en persona el primer lote. Tenía en su maletín 460.000 dólares en dinero legítimo de Portugal. No tuvo problemas para transportar el dinero de Inglaterra a Países Bajos.

Los cuatro jubilosos estafadores se reunieron en La Haya. Millones de dólares en billetes de 500 escudos irían a la propia compañía de Marang. ¿Cómo podrían manejar cantidades tan grandes de dinero sin atraer sospechas sobre ellos? El cuarteto abrió su propio banco, el Banco da Angola e Metropole, en Oporto. El dinero llegó. Vivían como reyes. Reis le compró a su esposa una enorme mansión.

El banco era, sencillamente, demasiado próspero. Periodistas realizaron pesquisas; comenzó a circular un rumor. ¿Había algún problema con los billetes de 500 escudos? En varias ciudades de Portugal, los encargados de las tiendas se rehusaban a aceptarlos.

La policía realizó una visita rutinaria al banco. En el sótano encontraron a los cuatro conspiradores llenando maletines con billetes. La suma exacta de dinero que circuló entre el público nunca se ha establecido, pero ascendía a millones de dólares. Posteriormente, Waterlow and Sons le informó al Banco de Portugal que los billetes tenían una marca secreta. Esta marca fue divulgada y el banco cambió los billetes con la marca de agua por unos auténticos.

Tres de los cuatro miembros del consorcio recibieron largas sentencias de prisión. José Bandeira fue liberado después de purgar 20 años en la cárcel. Adolf Hennies fue liberado de prisión en 1936, después de pasar 11 años en ella. Murió en la miseria. Karl Marang contrató los mejores abogados. armó una artimaña y fue absuelto. Alves Reis pasó 20 años en prisión antes de ser liberado el 7 de mayo de 1945. Se incorporó junto a sus tres hijos en su firma de importación/exportación. Pero el 8 de julio de 1955 sufrió un ataque cardíaco mortal. Murió sumido en la pobreza.

 

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
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