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En su apartamento con vista a El Ávila

ANTONIO PASQUALI

Una autoridad del pensamiento de la comunicación latinoamericana, cree que los medios transformarán la capital cuando tomen un rol ciudadano e independiente
Por Johan M. Ramírez. Foto: Natalia Brand

Antonio Pasquali es uno de esos venezolanos de los que provoca escribir, a los que entusiasma entrevistar. Lo malo: hace rato decidió no atender más periodistas personalmente, sino valerse de la tecnología para contestar los cuestionarios por correo electrónico. Nació en Italia y llegó a este país a los 19 años. Su familia se instaló en Paparo, Barlovento, donde su padre trabajaba para el gobierno de Rómulo Gallegos. Recuerda que la carretera que venía a Caracas era una trocha de tierra que llegaba hasta Los Caobos, donde comenzaba la capital.

"Así vi nacer la ciudad, cuando Altamira y Prados del Este eran puras haciendas. Y luego, hacia finales de los cincuenta, llevaba a mis hijos al Coney Island, que quedaba donde hoy está la avenida Francisco de Miranda", dice, refiriéndose a un famoso parque de diversiones de la época.

Terminó el bachillerato en el Colegio Andrés Bello y luego estudió Filosofía en la UCV. Su primer año lo cursó en la antigua sede, hasta que, en 1952, se mudaron a la entonces inconclusa Ciudad Universitaria. Y recuerda que Pérez Jiménez la estrenó con una Conferencia Panamericana presidida por "el rey de la Guerra Fría": el canciller norteamericano Foster Dulles.

"Por ese tiempo fui reportero en un semanario de deportes y cine, con un maestro del oficio, Sergio Antillano. Vivía en el hotel Klindt, de Llaguno a Cuartel Viejo, y los domingos iba al Teatro Municipal a oír excelente música", cuenta.

"Es que ésta es la capital más verde del mundo. Cuando me asomo a la ventana y veo El Ávila, nunca igual, lejano o tan transparente que pareciera poder tocarse con los dedos… obviamente que la amo"

Después tomó un doctorado en La Sorbona de París, y especializaciones en la Universidad de Oxford y Florencia. A partir de ese momento ha sido catedrático y asesor internacional en materia de comunicación y medios, llegando, incluso, a subdirector general de la UNESCO para el sector de la comunicación (cargo más alto desempeñado por un venezolano en la ONU).

En cuanto a los medios, asegura que su comportamiento ha definido las vicisitudes culturales y políticas de las últimas décadas caraqueñas, como aquellas distorsiones que comenzó a advertir en los sesenta, y que derivaron en su primer éxito editorial: Comunicación y cultura de masas.

Doctor Honoris Causa de las Universidades Central de Venezuela y Cecilio Acosta del Zulia, cree que los medios transformarán la ciudad si asumen su rol ciudadano de construcción de sociedad y de cultura. "Pero para eso debe existir un verdadero servicio público de radiotelevisión, independiente y estatutariamente obligado a la imparcialidad y la calidad", dice. Sin embargo, está seguro de que Caracas debe también ser transformada de otras maneras: "Urbanísticamente, ella no es ciudad todavía, sigue siendo un conglomerado de haciendas urbanizadas cada una a su manera y muy mal interconectadas; como máquina de convivencia que incomunica, ella es aún una mala utopía de ciudad", afirma.

Por eso, al imaginar su urbe de ensueño, dice en seguida: "Mi Caracas ideal es la que describió Auro Bindo: sobre los 50 mil habitantes, en perfecto equilibrio entre el conocerse todos y el mantener cierta privacidad, con un tejido urbano de interconexiones perfectas, con plazas (un concepto a reinventar), jardines y mucha agua", señala.

Aunque reconoce que ésta es una metrópolis difícil, pues al menor descuido se levantan ranchos, el sucio acecha y el ciudadano no siempre es tal, él la sigue queriendo. "Es que ésta es la capital más verde del mundo. Cuando me asomo a la ventana y veo El Ávila, nunca igual, lejano o tan transparente que pareciera poder tocarse con los dedos… obviamente que la amo", confiesa.

para sugerencias e información puede escribir a: johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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