
Con las manos en el
POSTRE
Los finalistas tuvieron que poner su pasión e ingenio para dar forma y sabor a las recetas que degustaría el jurado. Si algo quedó claro en esta competencia es que detrás de un buen dulce, hay unas laboriosas manos. Por Néstor Luis Llabanero. Fotos: Juan Toro
La mesa estuvo servida a la hora: las cinco de la tarde. Veinte estaciones diferentes para degustar el sabor dulce del venezolano. Como era de esperarse, el momento de la presentación oficial fue antecedido por intensos preparativos. Allí, en el restaurante Le Vue del Centro Comercial Casa Mall en Los Naranjos, se reunieron los veinte finalistas, quienes someterían sus creaciones al entrenado sentido del gusto del jurado presidido por Nury Gómez de Sucre y conformado por Diana Lafeé de Fonseca, Judith Finol de Colimo-dio, María Ignacia Saravia y Marlette Calvo. Mientras decoraban, licuaban o desconchaban frutos secos, los concursantes también probaban entre sí los distintos platos. Y los comentarios surgían con la espontaneidad que supone la inmediatez de la cocina que espera por un impaciente comensal. Todos se creían los ganadores. Ya todos lo eran. El pantry de la cocina fue ocupado por quienes optaban al pedestal. Bajo el calor del tiempo de apremio, los platos fueron saliendo a la escena. Hasta que la cuenta regresiva empezó a correr.
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Todos bienvenidos
En medio de una tarde con brisa que amenazaba con torrencial aguacero, Mario Aranaga, director de Estampas, pronunció las palabras de bienvenida. Rescató el interés de los venezolanos por iniciativas que tienen en el fogón criollo un escenario para descubrir parte del acervo gastronómico nacional. Como bien lo dijera Aranaga, las más de mil recetas enviadas al concurso desde varias partes del país simbolizaron un aviso público de cuánto ha crecido el esmero por la profesionalización de los platos. Un hecho que cobró eco en los patrocinantes que lo valoraron en idéntica proporción. No en vano Iskia, Excelsior Gama y Nestlé dijeron presente en la cita. Entonces, se dio inicio al recorrido por las mesas de degustación. Las cinco especialistas de cocina iban probando los platos que fueron presentados en grupos de cuatro. Para no adelantarse al veredicto, prefirieron esconder impresiones, utilizando definiciones genéricas que testimoniaban el placer de sus paladares, mientras que los creadores -todos aficionados de la cocina y casi todos debutantes en esto de los concursos- explicaban la procedencia de sus muestras. Hubo quien le acreditó un siglo a su receta. Y sobró quien adjudicara a las madres el secreto que exponían a consideración. Hubo agradecimiento a esposos, novios, suegras e hijos, por ayudantes o catadores. Para ninguno fue un reto el asunto de la originalidad. En este punto, se sintieron libres, artistas y capaces de dejarse ver en sus preparados. Contrario sucedió con el asunto de la estética. Todos experimentaron desafíos ante la presentación de sus platos y, aunque lo expresaron después, reconocieron que es tan importante al momento de comer como la sazón que se tenga.
Los finalistas establecieron que a la hora de cocinar es la libertad la mejor aliada. Partir, por ejemplo, de una base tradicional para encontrar un punto personal agregándole ingredientes que fomenten experiencias valiosas constituye, según ellos, una forma válida de ampliar el menú. A eso apostaron aquellos que tienen hijos pequeños, aquellos que disfrutan de sentirse los mejores anfitriones, aquellos aventajados alumnos sibaritas que con sus recetas se niegan a pasar desapercibidos.
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Y llegó el momento...
"Una vez más, esto es una experiencia maravillosa", dijo Nury Gómez de Sucre, en nombre de todo el jurado, al referirse al certamen. La colaboradora que domingo a domingo comparte sus recetas con los lectores de la revista evaluó con gratitud que la cocina haya cobrado una relevancia inédita hasta hace una década y no escatimó halagos ante el alto nivel demostrado por los participantes, sobre todo porque ninguno de ellos es profesional. "La gente demostró una vez más el amor que le tiene a la cocina. No sabíamos a quién escoger". De hecho, la deliberación final tomó más de una hora. "Escogimos originalidad y creatividad en las recetas con los ingredientes utilizados. Nos fijamos bien en la estabilidad o equilibrio de los ingredientes". Sucre también resaltó el valor familiar de los platos. "No cabe duda de que la cocina une. Hay que motivar a la gente a cocinar en familia". La jornada concluyó con grandes premios. Para los cinco primeros lugares, bonos de consumo en Excelsior Gama, cestas de productos Nestlé, vasos y copas de Iskia y un curso con Nury de Sucre. Para los quince finalistas, el reconocimiento también fue valioso: cestas de productos Nestlé y utensilios de cocina, además del curso con Nury, quien recordó el mayor imperativo de la cocina: "El ingrediente más importante es el amor. Y el postre tiene que ser tan bueno como el principio de una buena comida para que se recuerde como una gran muestra de ese amor. Esta jornada lo comprobó".
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