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Como exige su martini, así le han servido los productores a Bond el film Quantum, su primera secuela cinematográfica. "Casino Royale fue un paseo comparada con ésta", señala Daniel Craig, quien tuvo que someterse a intensos entrenamientos para asumir las vertiginosas escenas de acción que presenta la cinta

POR ENMAR PÉREZ GARMENDIA - LOS ÁNGELES

De un genio de armas tomar, con el corazón y la confianza hechos tiritas, y con un deseo insaciable de venganza, así encontrarán los espectadores a 007 en Quantum, su round número 22 en la gran pantalla. La película - uno de los regresos de James Bond que más ansias ha despertado entre los fanáticos-, pesca al agente secreto justo donde finalizara Casino Royale (2006), el filme con el que los productores Barbara Broccoli y Michael G. Wilson lo devolvieran a sus orígenes, y que representara -con rotundo éxito- la primera vez en el rol para el actor Daniel Craig.

Más rápido -y también más furioso- un Bond todavía en ciernes pisará el acelerador a fondo desde la secuencia inicial de la nueva cinta, y no lo soltará hasta dar con los responsables de la muerte de Vesper Lynd, la espía que, como se recordará, lo amó y también lo traicionó en Casino..., y de quien -por una vez en su solitaria existencia- se había enamorado.

"La verdad es que en Casino… quedaban muchos cabos sueltos y pensamos que era un capítulo que debíamos cerrar. Decidimos que con Quantum daríamos algunas respuestas a los espectadores, y también a Bond, quien necesita liberarse del dolor que le ha causado la traición de Vesper".

La cita anterior es de Daniel Craig. El artista ha declarado que esta vez se involucró desde un comienzo en la superproducción, aportando ideas tanto para el guión como para su propio personaje.

Sonriente y relajado, el británico de 40 años no dudaba en mostrar un humor exactamente opuesto al de su alter ego en pantalla, mientras recibía a la prensa internacional en el hotel Four Seasons de Beverly Hills. Razones para estar de buen ánimo le sobran: su debut como James Bond en Casino... terminó rompiendo los récords de taquillas de toda la saga (recaudó 595 millones de dólares internacionalmente, 150 millones más que Die Another Day, con Pierce Brosnan, hasta entonces la más exitosa), y algunos críticos y fanáticos no dudaron en referirse a él como "el mejor Bond de todos los tiempos". Hoy día es uno de los actores mejores pagados del Reino Unido: por Quantum sumó a su cuenta 4,5 millones de libras esterlinas, el doble de lo que cobró por el filme anterior. Enfundado durante su encuentro con la prensa en un impecable traje de Ford, Tom Ford -el nuevo y glamoroso sastre del espía-, e incluso con el brazo derecho sostenido en un cabestrillo, es evidente que el agente secreto al servicio de su Majestad nunca había estado en mejores condiciones físicas. Más delgado en esta oportunidad, gracias a los intensos entrenamientos cardiovasculares a los que decidió someterse para "sobrevivir a la filmación" y asumir la mayoría de sus acrobacias, es claro que los productores no se equivocaron el día que lo escogieron para darle la vuelta de tuerca que atornillaría a 007 en los tiempos modernos. Para ello lo volvieron más real, más oscuro y más falible, aunque con suficientes porte y encanto como para llegar a convertirse en el asesino cool y silencioso que se metió en un bolsillo al planeta, cuando Sean Connery dio inicio a la franquicia, en 1962, con Dr. No. Para que esto último termine de consumarse, no obstante, será necesario esperar hasta el filme 23.

LICENCIA PARA EQUIVOCARSE
"Este 007 es todavía un 'producto' inacabado, un 'cabeza caliente' que sigue aprendiendo de sus errores -adelanta Craig. Se ha repetido que con Casino... nos desviamos del Bond tradicional y, sí, en Quantum tuvimos que hacerlo de nuevo". Los ojos del actor, tan azules como se ven en pantalla, se avivan, aún más, cuando se entusiasma hablando de la película y, sobre todo, cuando explica las escenas de acción, que en esta oportunidad representan casi el doble que en la cinta predecesora.

"Casino... resultó un paseo comparada con Quantum -refiere riéndose el protagonista. Las secuencias eran, esta vez, más complicadas y algunas muy peligrosas, por eso me entrenaba y ensayaba todo el tiempo. Tienes que estar muy en forma para poder llevarlas a cabo y no cometer tantos errores". Con todo y eso, Craig no logró salvarse de unas cuantas visitas a una clínica: el brazo que lleva en cabestrillo -"por recomendaciones médicas, en vista de que todavía tengo un poco dolor en el hombro"- se lo dañó mientras filmaba en los estudios Pinewood de Londres; igualmente se voló levemente la punta de un dedo al tirar una puerta, y fue necesario tomarle unos puntos en la cara tras recibir, accidentalmente, una patada -la herida, la verdad, no se le nota. Ocho puntos se llevó él y veinte se gana el cirujano.


Accidentes aparte, el británico aclara que se divirtió un montón filmando en medio de tan diversos parajes -México, Panamá, Chile, Italia, Austria e Inglaterra- y en tan diferentes condiciones. Por agua, tierra, aire y hasta en medio de las llamas, 007 no tendrá prácticamente respiro a lo largo de los 106 minutos que dura el largometraje, el más breve que se ha hecho de Bond. Está buscando "una cuota de consuelo" -Quantum of Solace es su título en inglés- y para lograr su objetivo tendrá que llegar hasta el frío corazón de Quantum, una organización internacional cuyo cabecilla es el, en apariencia, ejemplar ciudadano Dominic Greene (Mathieu Amalric). Tras el disfraz de filántropo, Greene, un malo sin marcas evidentes en ninguna parte del cuerpo, soborna a aspirantes a dictadorzuelos en Bolivia, con el fin de echar mano al recurso natural más valioso de ese país: el agua.

El ojo rector que condujo al agente secreto por la intensa travesía es Marc Forster (Finding Neverland, Monster's Ball), un realizador de corte intimista. La apuesta tuvo mucho que ver con la carga psicológica que todavía arrastra el personaje.

CON TODOS LOS ELEMENTOS
"Sabemos que la elección de Marc como director sorprendió a muchos en un principio, pero él es un profesional sumamente preparado y se ha adaptado al género de una manera brillante. Su estilo visual es único y le ha brindado un halo diferente al filme", señala Daniel Craig.

"Es fuerte llevar este tipo de producciones adelante, pero fue mi elección, incluso, filmar en seis países, lo cual lo vuelve más cuesta arriba. Con ello quería tener la mayor cantidad de escenas en exteriores para lograr las texturas que necesitaba, así como más realismo. También quería que Bond se enfrentara a sus enemigos en los cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego, y que las peleas, asimismo, lucieran reales, no como si fueran de arte marcial", indica de su lado Forster, quien ha rechazado hacer la siguiente película tras el ofrecimiento que le hicieran, nuevamente, Broccoli y Wilson. "Es un año que no tienes vida", confiesa el realizador.


Forster, admirador confeso de las viejas películas de Bond, entre las que prefiere Goldfinger, explica que todas las escenas de acción fueron difíciles de filmar, pero que las carreras de caballos (que se efectuaron durante el tradicional Palio en Siena, Italia) representaron dificultades de mayor envergadura. "Se hicieron durante una carrera verdadera, un año antes, con el público allí. Son miles y miles de personas las que acuden a ese evento, y ubicar las cámaras donde queríamos fue muy complejo. Con esas tomas quería hacer un paralelismo entre la intensa persecusión que sucedía en las cisternas subterráneas de Siena y lo que se desarrollaba en la superficie. Con ello buscaba transmitir un estado emocional muy particular".

Nuevos retos
No deja de tener gracia que los avances tecnológicos que hoy le hacen la vida más fácil a la humanidad entera terminen complicándosela, justamente. a Bond, famoso por los ingeniosos gadgets que solía suministrarle el personaje conocido como Q en los viejos filmes y uno de los detalles favoritos de los fanáticos.
El inventor no apareció en Casino Royale (2006) y tampoco lo hace en Quantum. Su vuelta, pues, es bastante esperada. Pero cuando se le pregunta a Barbara Broccoli si el científico estaría incluido en la próxima película, la productora se ríe y sólo atina a decir: "En una época en la que todo el mundo anda con tantos aparatitos encima, vamos a tener que ver cómo nos la ingeniamos". En la cinta, sin embargo, la Q identifica a la organización Quantum.

Una elección artística que también se aprecia cuando decidió intercalar escenas de la ópera Tosca, filmadas en un escenario ubicado sobre un lago en la ciudad austriaca de Bregenz, con intensas peleas que se llevaban a cabo backstage.

"Marc es una persona muy culta. En todo sentido ha sido increíble trabajar con él. Es un director que entiende a los actores y que transmite mucha calma", relata la ucrania Olga Kurylenko, quien asume el papel de Camille, la nueva chica Bond. Su elección también fue decisión de Forster. "Olga tiene una cualidad que era importante para el personaje. Camille, al igual que 007, sólo tiene como objetivo la venganza. Así que necesitaba que esta chica luciera como una persona luchadora y que pudiera desafiar con la mirada. La química entre ella y Daniel se hizo evidente desde el primer momento".

La química, pero no la física. Es la primera vez a lo largo de la historia fílmica de James Bond que no habrá un ardiente encuentro con su contraparte femenina. "Me complace mucho eso. Ella es una mujer diferente. Haber forzado las cosas no tendría sentido en este filme", dice la guapa Kurylenko. Los beneficios de su displicencia se los roba la agente Fields (asumida por Gemma Aterton), a quien las fanáticas deberán la única secuencia en la que Craig vuelve a mostrarse sin camisa, tras haber causado estragos con los 12 segundos que duró su ahora legendaria salida del mar en Casino Royale. Dicen que con ella puso incluso a tambalear el reinado de Ursula Andress en su histórica toma similar. Un signo de los nuevos tiempos.

Es claro que muchas cosas están cambiando en las idas y venidas de Bond... ¿Qué le deparará el futuro ahora a 007?, se le consulta a Craig. "A él no sé, pero yo en el único lugar que me veo en los próximos días es en una playa con un trago en la mano", indica bromeando el actor. A lo que el periodista replica: "No se lleve el traje de baño de Casino... si quiere estar solo".
El director Marc Foster, en la foto con Craig,
rechazó hacer el siguiente film.
"Es un año en el que no tienes vida", confiesa.


Un quantum de Fleming
Cien años estaría cumpliendo en 2008 Ian Fleming, creador de James Bond. He aquí una selección de algunas frases extraídas de sus entrevistas, recogidas por la revista Esquire.

• "Algunos creen que James Bond es mi alter ego. Nada más lejos de la realidad. Para ser sincero, ni siquiera creo que sea alguien a quien me gustaría parecerme. Demasiado rudo para mi gusto".

• "Quedé para comer con Sean Connery antes de rodar 007 contra Dr. No. Mi primer pensamiento fue: '¿Quién ha contratado a este especialista en acción? Cuando vi su efecto sobre las mujeres, supe que era el adecuado".

• "Por supuesto que no bebo vodka con martini, sino ginebra. En realidad, me gustan casi todos los licores fuertes (también tengo debilidad por el vodka). Lo que no soporto es a esos estirados esnobs del vino y sus aires de superioridad".

• "Le debo mucho al presidente Kennedy. Mis libros no eran muy conocidos en Estados Unidos hasta que él los citó como sus preferidos y me invitó a cenar".

eperez@eluniversal.com


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