
Signo de lo profano y de lo sagrado. Domicilio del alma, según algunos; sede de la intuición, según otros. Símbolo de fe. Por uno u otro motivo, al corazón no le faltan devotos. Adriana Gibbs
Raíz del saber, saber de las raíces. La palabra corazón es clave en el vocabulario espiritual universal. La encontramos en todas las civilizaciones y religiones. “Designa una realidad humana que se aplica tanto al ser corporal como al espiritual. Por el corazón el hombre está unido con Dios, pero únicamente el corazón, por medio de un impulso secreto de aspiración y expiración, permite al hombre, sin dejar de estar unido a Dios, ser pensamiento vivo”, bien escribe Noubar Boyadjian, cardiólogo y autor del libro El corazón. Historia, simbolismo, iconografía y enfermedades.
El origen de la palabra viene del sánscrito kurd que significa “saltar”, y es así como los enfermos —y los enamorados— se expresan cuando se refieren a que presentan palpitaciones: “Algo salta dentro de mi pecho”.
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SANTUARIO RUPESTRE
en las paredes de la cueva
de El Pindal el hombre
primitivo hizo representaciones de varios animales, entre ellos mamuts y caballos |
Este órgano ha estado rodeado de resplandores míticos y de misterio. Empezando por el mamut de la cueva de El Pindal, en Asturias, pintura rupestre cuya edad se remonta a veinte mil años antes de Cristo, final del período paleolítico. “El inmenso corazón rojo que el mamut lleva pintado encima de las patas delanteras, no indica si el hombre paleolítico lo pintó por el corazón mismo o para señalar el lugar ideal para dirigir las flechas y lanzones a fin de abatirlo, en el pensamiento de que en el corazón estaba la fuente de la vida”, advierte Belisario Betancurt en su discurso El corazón y la cultura, y la cultura del corazón. Entre los antiguos el corazón equivalía al ideograma del acto de conocer, de razonar y comprender. L Charbonneau-Lassay en El bestiario de Cristo destaca que los sabios aseguraban que en el corazón residía el saber del hombre. “Plinio resumió toda la Antigüedad, de Oriente a Occidente, cuando escribió que el corazón ofrece en su interior el primer domicilio al alma, allí reside la inteligencia”.
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PARA LOS EGIPCIOS EL CORAZON ERA UN SIMBOLO DE LA CONCIENCIA |
Egipto hizo del corazón la sede del alma. La acción de pesar el corazón humano, como autor responsable de los actos, en el juicio de las almas después de la muerte, se expone como imagen en no pocos monumentos egipcios. En los pueblos prehelenísticos se hicieron alusiones vagas a la estructura del corazón, y las primeras referencias están en el Código de Hamurabi, cuyo texto, escrito en piedra, se encuentra en el Museo del Louvre en París. “Hipócrates —afirma Betancurt— describía el corazón como una pirámide color púrpura y comparaba el movimiento de la sangre con un vaivén parecido al flujo y reflujo del mar; hablaba sobre la responsabilidad de los ventrículos y situaba en el ventrículo izquierdo la dirección del alma. Platón, treinta años más joven que Hipócrates, sostenía —al igual que los asirios de Mesopotamia en el siglo III antes de Cristo— que el mundo emocional y sensorial se localiza en el hígado. Para Aristóteles era el corazón donde residía el alma como totalidad”.
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Para el pensamiento
del Antiguo Egipto estos
recipientes eran la representación del corazón,
sede del alma y fuente
de la sabiduría humana |
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LOS AZTECAS tenían, como una práctica religiosa común arrancar el corazón de sus víctimas con un
afilado instrumento cortante de obsidiana, y elevarlo
a los dioses a modo
de ofrenda, en medio
de cánticos misteriosos
algunos de los cuales
han sido descifrados
en los Códices, como
el Tricortesiano |
De lo profano a lo sagrado
Dos palabras hebreas expresan el corazón: son lev y levav, las cuales se encuentran 827 veces en la Biblia, según cuenta el profesor Louis Acierno en The History of Cardiology. En el Nuevo Testamento abundan las referencias a los “limpios de corazón, los cuales verán a Dios”, según una de las bienaventuranzas de Cristo.
La iconografía del corazón en el arte cristiano apareció tardíamente, pero se extendió con rapidez. En la Edad Media ni porque el corazón aparecía en camafeos y relicarios como uno de los más asiduos emblemas de la cristiandad, los frailes —que recataban el arte en los monasterios— admitían representaciones religiosas del corazón. En cambio el amor profano reunía para sí toda clase de corazones atravesados por puñales sangrantes, titilantes, jadeantes, mientras los juglares y trovadores rasgaban cítaras y laúdes ante el balcón de la amada, a la que entregaban simbologías del corazón atormentado. En el siglo XV aparecen las primeras manifestaciones en Francia y en Flandes, en marfil dorado, de ofrendas al Corazón de Jesús. Desde entonces se derogaron las prohibiciones y cayeron los muros que vedaban a los cristianos el corazón emblemático como testimonio del amor sagrado. Se multiplicaron las pinturas, los murales, los relicarios, las custodias, en tanto que crecía por el mundo entero la devoción al culto del Corazón de Jesús. En 1673 aparecen las visiones de la monja Margarita María Alacoque en Borgoña, Francia, y aquel corazón en llamas se regó por toda la cristiandad en esculturas, escapularios, novenas, libros, cánticos. Dos siglos después, la colina Montmartre de París ve levantarse las primeras agujas de la Basílica del Sagrado Corazón, uno de los símbolos de la ciudad luz. Pasó el tiempo y hasta los más apartados rincones recibieron los reflejos de las visiones de la monja, creándose congregaciones para afianzar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
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BASILICA DEL SAGRADO CORAZON "SACRE COEUR", PARIS |
Cronología de una devoción
áá El fervor al Sagrado Corazón de Jesús tiene su origen en la lanza del soldado que atravesó el costado de Cristo. Esta herida, según lo describe San Juan, es el corazón traspasado que derrama la última gota de sangre por la salvación del hombre: del corazón herido de Cristo surge la Iglesia. áá Es a partir del siglo XII cuando se encuentran los primeros testimonios de la devoción al Sagrado Corazón, y en el siglo XIII tal devoción era muy viva. Durante la Edad Media surgen las plegarias al corazón de Jesús, los cánticos y el primer esbozo de culto litúrgico. En los siglos XV y XVI el culto se extiende.
áá En el siglo XVII con Margarita María Alacoque se asiste a una auténtica explosión de este culto. Ella cuenta en su autobiografía sus numerosas visiones. En una Jesús se le apareció y le dijo: “He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres”. Desde entonces, Margarita María se dedicó a promover la devoción al Sagrado Corazón.
áá A partir del siglo XVIII aparecen otras representaciones. Una rodeado de fuego y que va acompañada con las palabras de David: “En tu luz vemos la Luz”. Desde entonces y hasta el siglo XX se impondrá a otros símbolos religiosos, y se verá en relicarios, escapularios, medallas religiosas, rosarios y estampitas.
áá El Papa Clemente XIII, en 1765, preconizó su fiesta, cuyo carácter universal lo proclamó Pío XI en 1928.
áá La devoción no tardó en asociarse con el corazón de María. De este doble culto emerge la edificación de la Basílica del Sagrado Corazón, en Montmartre, uno de los símbolos de la ciudad de París. |
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A LA MADRE TERESA de Calcuta la visitaron, en una ocasión, 40 profesores de distintos países. Uno
de ellos se levantó y dijo: “Dinos algo que nos
cambie la vida”. Quizá no esperaban la prescripción sencilla que la Madre Teresa ofreció. “Sonrían unos a otros”, dijo. “Dense tiempo para estar unos
con los otros; disfrútense mutuamente. En otras
palabras, recuerden
al corazón”. |
LA ADORACION
del corazón de Jesús
por San Ignacio de Loyola
y San Francisco Javier.
De la colección Carlos F. Duarte
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EL CORAZON
y las llagas de las manos
y los pies de
Jesucristo
en un escudo de finales
del siglo XV
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MARCA COMERCIAL
de Pierre Levet, impresor de París a finales
del siglo XV
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De la intuición y otras perspectivas
“¿Dónde se encuentra la verdad?
‘En el corazón’, dijo aquel,
pues a través del corazón el hombre conoce la verdad”
—Brihad Arantaka Upanishad
Distintas corrientes espirituales lo han sacralizado como símbolo. Allí se ubica, de acuerdo con la perspectiva oriental, el cuarto chakra. Se relaciona con el funcionamiento del sistema inmune, la glándula del timo y el bombeo del corazón. Este rige las sensaciones sutiles y la capacidad de tocar, el tacto. Se dice que cuando alguien habla desde su corazón, “nos toca”, “nos llega a la esencia misma”. Es el que da las inequívocas “corazonadas”.
En el libro Alquimia del corazón, sus autoras, Elizabeth Clare Prophet y Patricia R. Spadaro, invitan a entender la realidad de cualquier situación desde la perspectiva del corazón. “Desde el centro de vuestro corazón, decía Saint Germain, podéis ver todas las cosas como son”. Tal perspectiva consiste en pensar, sentir, actuar y respirar a partir del corazón. “Cualquier cosa que hagas, incluso si se trata tan sólo de servirle a alguien una taza de té, puede considerarse como una extensión de tu corazón. Esto cambiará la manera en que tratas a los demás, la manera en que ellos te tratan a ti y la manera en que te tratas a ti mismo. Tal perspectiva invita a ser honesto y engendra la compasión”, escriben las autoras.
En esta misma línea, Mariela de Monroy, instructora de meditación, convoca a una suerte de ejercicio: “Puedes estar pensando, hablando y sintiendo, pero visualízate haciéndolo a partir del corazón hasta que sientas que es el corazón y no la cabeza, el ego o los mecanismos de defensa los que están pensando, hablando y sintiendo. Para hacerlo se requiere de práctica, pero es posible lograrlo”.
No se trata de pura intuición, aclara Mariela de Monroy, argumentando que esta llamada perspectiva del corazón tiene su sustento científico. “Durante muchos años, Doc Lew Childre y otros dedicados científicos en el Instituto de HeartMath, en California, han estado explorando cómo interactúan el corazón, la mente y el cuerpo. A través de herramientas de medición aplicadas en personas centradas en su corazón, en su respiración y en el recuerdo de sentimientos positivos, estos estudiosos ofrecen una nueva visión”, afirma.
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MANDALA en sánscrito significa círculo. Desde
del punto de vista espiritual
es un centro energético
y de equilibrio. El mandala del corazón representa
la unión |
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segun la filosofía
oriental, los chakras son los siete centros principales de energía que están alineados a lo largo
del cuerpo. El del corazón es el cuarto chakra |
El trabajo de estos científicos dejó en evidencia que los sentimientos como la alegría, la compasión, la apreciación y el buen humor no sólo reducen el estrés y producen una sensación de tranquilidad y paz, sino que también se relacionan con las frecuencias “coherentes” o armónicas en el corazón. En contraste, los sentimientos negativos como la preocupación, la ansiedad, la frustración y el dolor aumentan la tensión y se relacionan con las frecuencias “incoherentes”, o desordenadas y caóticas en el sistema eléctrico del corazón. “Lo que los investigadores del Instituto de HeartMath describen como frecuencias coherentes del corazón se relaciona con aspectos superiores de la naturaleza humana como el cuidado genuino, la comprensión, la paciencia y la bondad. La sincronicidad interna, o lo que Doc Childre llama el 'arrastre' de nuestros sistemas internos, ocurre cuando concentramos nuestra atención en el corazón, en el flujo de la respiración y en sentimientos motivadores”.
A medida que el corazón se sincroniza con el cerebro, éste lo hace con las células y éstas a su vez con los sistemas corporales, tales como el inmunológico y el neurológico. A esto se suma la investigación del psiconeuroinmunólogo Paul Pearsall, quien ha ofrecido evidencias de que el corazón no sólo emite más electricidad que el cerebro humano sino que también funciona como un “armonizador” central de la actividad celular. Pearsall afirma que “el corazón dirige la sinfonía celular que es la esencia misma de nuestro ser”.
“Si se sienta cómodamente, se tranquiliza, ignora el mensaje de su cerebro de levantarse y seguir en acción y se toma el tiempo suficiente para sentir el código sutil del latido de su corazón y de los corazones que están a su alrededor, tendrá el maravilloso privilegio de ser un observador partícipe del forjamiento de su alma”, escribe Pearsall en su libro The Heart’S Code, en el que cuenta la historia de cómo logró sobrevivir a un cáncer en su sistema linfático.
“Hemos aprendido que podemos contactar a nuestro yo superior al meditar en nuestro corazón y que éste es el asiento del yo superior. A través de la información proporcionada por el doctor Pearsall y por otros eminentes investigadores, podemos llegar a la conclusión de que el corazón, y no el cerebro, es el centro físico de nuestra inteligencia superior otorgada por Dios”, reflexiona Mariela de Monroy.
“¿Qué pasaría si decidiéramos adoptar una actitud de observación y escucha desde el corazón?”, inquiere Marilyn C. Barrick autora del libro Psicología del cambio. Pregunta a la que da luego respuesta: “Es una manera de desarrollar la intuición del corazón y utilizar sólo la información que realmente tenga resonancia en nosotros. Cuando observamos, escuchamos y respondemos desde nuestro corazón, nuestra alma, mente y emociones están en paz”.
A manera de ritual hay “ejercicios”
para “abrir” el corazón. Raiza Ostos dirige meditaciones inspiradas en las enseñanzas del maestro Osho. Ella invita a respirar
con conciencia, cerrar los ojos y visualizar
—en el centro del pecho— una llama.
“Es un ejercicio para centrarse
en el corazón. Como bien dice Osho:
‘Cuando miras a través del corazón,
el universo entero parece uno. Cuando
te acercas a través de la mente, el mundo entero se atomiza, no hay unidad,
sólo átomos y átomos. El corazón proporciona una experiencia unitaria, une todo;
y la síntesis última es Dios’”. En el libro Alquimia del corazón, Elizabeth Clare Prophet y Patricia R. Spadaro,
proponen esta práctica: “Empieza por concentrarte en el corazón. Tómate unos cuantos momentos para cerrar los ojos y sentir la presencia espiritual que vive dentro del corazón. Regresa a este sencillo ritual durante
el día, sobre todo cuando las condiciones te tienten a alejarte del lugar en que se encuentra el amor en tu corazón. Mientras transcurre el día, periódicamente lleva la conciencia al corazón. Trata de pensar, sentir, actuar e incluso respirar conscientemente como si lo estuvieras haciendo con el corazón. Busca una afirmación, mantra u oración sencilla que te ayude a conectarte con tu corazón
y con el corazón de Dios, y hazlo parte
de la práctica espiritual diaria”. |
FOTO: SOAN TRAMONTIN. ROBERTO MATA TALLER DE FOTOGRAFIA
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