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Desde las cartas de antaño hasta los actuales instantáneos del chat, han sido muchos los métodos utilizados para acelerar el miocardio. A continuación, famosos, anónimos y especialistas reflexionan sobre aquello de que el amor “no tiene horario ni fecha en el calendario”. Pablo Blanco
Observe con atención el fragmento de la siguiente canción, compuesta para una belleza criolla de la Venezuela de los años cincuenta.
Rosario toda la luz del mundo
parece que se fundiera en ti
Te vi pasar como rumor viajero
Y quise hablar para decir te quiero
Ahora, por favor, detalle un tema radiado, incesantemente, este año y compuesto para una belleza latina de este milenio.
Mamita yo sé que tú no te me va’ a quitar
Lo que me gusta es que tú te dejas llevar
to’ los weekenes ella sale a vacilar
mi gata no para de janguiar porque...
A ella le gusta la gasolina (dame má gasolina)
Está claro que las dos canciones le aceleran el corazón a cualquier señora. La primera porque le recuerda sus años mozos y la segunda porque, probablemente, le cause una angina de pecho, ¡Dios no lo quiera! El tiempo, el implacable, ese que canta Pablo Milanés, en este caso, no dejó “una huella triste” sino más bien un cambio radical en la manera de expresar el amor. ¿Bueno o malo? A lo mejor ni el tiempo lo dirá. En todo caso, ¿se imagina cómo se le cantará a Rosario dentro de 50 años? Quizás este trabajo pudiera darle algunas pistas.
Puro sentimiento
El periodista Napoleón Bravo, la actriz Elba Escobar, los animadores Henrique Lazo, Ana María Simon y Alex Goncalves, y los cantantes Elisa Rego y Guillermo Dávila hablan del amor en tiempo pasado y presente. Complementan sus anécdotas, los enfoques de los especialistas Rómulo Aponte Baca, psiquiatra sexólogo de la Unidad de Estudios y Terapia Cognitiva y Sexual, y Carlos Silva, psicólogo social, investigador del Instituto de Psicología de la Universidad Central de Venezuela. Póngase cómodo y deje que Cupido lo fleche, porque lo que sigue es puro sentimiento.
Amor de antaño
Amorcito corazón
yo tengo tentación
de un beso,
que se pierda en el calor
de nuestro gran amor, mi amor... (1)
La señora Margarita Rodríguez tiene 72 años y un matrimonio que llega a las cuatro décadas. “Antes uno se enamoraba con las cartas de amor, con las visitas del pretendiente en la ventana de la casa. Si el muchacho tenía suerte, se le invitaba a pasar adentro. Eso sí, jamás se quedaba a solas con la novia; siempre estaban presentes los padres, las tías y los abuelos de ella”.
En esa época los galanes se enamoraban, principalmente, de la sonrisa de la mujer. “¿Y de qué más nos íbamos a enamorar, si eso era lo que uno les veía?”, agrega el señor Luis Manuel Ruiz, esposo de la señora Margarita.
La serenata era una táctica típica mas no siempre efectiva. “Claro, una escuchaba que llegaban los músicos y se emocionaba toda. Pero que ni se te ocurriera asomarte porque te regañaban y botaban a todo el mundo. Recuerdo que mi papá dormía en una cama que tenía unos resortes flojos, y se movía, a propósito, para que mis hermanas y yo supiéramos que él estaba despierto en medio de ese concierto romántico”.
Una vez flechada la futura novia, al pretendiente no le quedaba otra alternativa que conocer a un personaje nada deseable: la chaperona. Las idas a los nightclubs al ritmo de la Billo’s Caracas Boys eran para tres, y un movimiento en falso acababa con todo compromiso. A esos limitados amantes no les quedaba otra alternativa que “acercarse” a través del fuerte aroma de la fragancia unisex de Jean Marie Farina. “Pero el del empaque que tenía los tres escuditos, porque el que tenía dos era la imitación y olía horrible”, aclara la señora Aurora Rodríguez, de 60 años.
Los que no contaban con la aprobación del noviazgo tenían una sola opción: fugarse. “Tú escuchabas cómo la gente decía: ‘a fulanita la sacaron anoche’, eso significaba que se la había llevado el novio para casarse con ella a escondidas. Yo vivía en el pueblo de Panaquire, en Barlovento, y una vez vi en la calle el gancho de pelo de Francia, una amiga mía. Se le había caído mientras huía con su amado”. Amor libre
When the moon is in the seventh house
And Jupiter aligns with Mars
Then peace will guide the planets
And love will steer the stars
This is the dawning of the age of Aquarius (2)
Apenas una década después, las cosas cambiaron notablemente. “En los sesenta yo estaba en plena adolescencia, y tenía dos amores: uno platónico, que era Natalie Wood, y uno más carnal que fue una muchacha —unos 10 años mayor que yo— que trabajaba en casa de mi tía. Me sedujo un carnaval mientras oíamos en la radio Pero si bailo con Pepe”, comenta Napoleón Bravo, quien agrega que las heladerías eran el sitio idóneo para el romance: “A las niñitas de mi edad que me gustaban, las llevaba al Crema Paraíso”.
Como canciones emblemáticas para la conquista el periodista menciona Tous Les Garcons et Les Filles de Francoise Hardy y Yesterday de Los Beatles. Fue la década del llamado “amor libre” que vino acompañada de la pastilla anticonceptiva y del movimiento hippie proveniente de Estados Unidos y con una aceptación que se extendió hasta los setenta. Que lo diga Elba Escobar. “¿Quién no recuerda aquello de ‘Amor es... nunca tener que pedir perdón’? Eso viene de esa época, del 72, por ahí. Estábamos en plena Era de Acuario. Me acuerdo de que mi primer noviecito de la época me cortejó sacándome a bailar Escaleras al cielo, en una fiesta. Yo estaba vestida con mi blusita amarrada al cuello, pantalones bota ancha, suecos y la espalda al descubierto. Y él, que era audaz, por supuesto, me tocaba la espalda durante toda la canción. Siempre me enamoraba de un pelo largo, intelectual y de humor inteligente, nada de galancitos”.
A su relato, Elba añade que su primer beso se lo dio en una patinata en la plaza de Cumbres de Curumo, un lugar tan romántico como lo eran el Parque del Este, el tren del Encanto y la discoteca vespertina Blow Up, a la cual entraban los liceístas cuando se jubilaban de clases. “También me enamoré de un chico de Mérida que conocí durante unas vacaciones en playa Adícora. Tuvimos que mantener un romance a distancia, porque yo vivía en Caracas. Nos llamábamos todos los días por teléfono y una llamada al interior salía carísima. Además, no existía el servicio directo de llamadas. Y cuando me decían ‘usted tiene una llamada de Mérida’... ¡Ay, Dios mío, a mí me daba de todo!”. Amor ochentoso
Me pongo a pintarte y no lo consigo
después de estudiarte lentamente termino pensando
que faltan sobre mi paleta
colores intensos que reflejen tu rara belleza... (3)
“¿Conquistar? No, no, no. Esa palabra me parece pavosísima. Es que uno no es un terreno para estarse conquistando. Si a ti te gusta alguien y ese alguien gusta de ti, no hay nada más que hacer”, comenta Guillermo Dávila, otrora “ídolo de una generación”: la de los ochenta. “En esa década, si me gustaba alguien era fácil para mí enamorarlo; lo invitaba a Fango, el local donde yo cantaba, y sabía si iba a caer rendido a mis pies o si se asustaría con mi carrera”, agrega Elisa Rego.
A lo que Gabriela Jiménez, una actual ama de casa de 38 años, añade: “El hombre más añorado en los ochenta era el típico playero bronceado, con una (camioneta) machito, simpático y rumbero. Las salidas románticas eran a los piques de carros en los miradores de Valle Arriba, en donde las parejitas bailaban los merengues de Wilfrido Vargas que salían del reproductor estilo ‘cajita quita y pon’ que debía tener el galán del momento”.
Era el tiempo de levantar a punta de pantalones “tubito”, hombreras y copete. Los regalos amorosos que imperaban eran los muñecos con las siglas T.Q.M., y los eternos grafittis en mitad de la calle donde vivía la pretendida. Funcionaban, también, las idas al cine, pero no en pareja, sino en multitud. La camada disimulaba las agarradas de manos mientras se disfrutaba de cintas como Staying Alive.
Si el cortejo era efectivo, era obligada la visita a la discoteca Palladium, en el C.C.C.T. Aunque otro escenario propicio para el amor eran las guerras de minitecas; después del set de changa, las baladas pop unían los corazones. Lideraban las carteleras True Colors de Cyndi Lauper o bien Hello de Lionel Richie. “No, un momento, la canción romántica de los ochenta, por excelencia, era Every Breath you Take, de The Police”, concreta una enfática Elisa Rego. Amor retro
Nena, tal vez fui
un sueño de otro, un rumbo incierto.
La verdad es que nadie vive sin amor.
Ahora estoy aquí,
temblando frágil en la multitud
y la espero... (4)
Llegaron los noventa y los enamorados cambiaron los estribillos de Madonna por los de Soda Stereo. La onda intensa se imponía en los pasillos de las universidades venezolanas y la moda recordaba lo mejor de los psicodélicos setenta. “El tipo de hombre que me enamoraba tenía que estudiar alguna carrera humanística, ser muy intelectual y cargar una guitarra acústica a cuestas. Si no tenía los jeans rotos jamás me hubiera fijado en él”, relata Ana María Simon recordando su adolescencia. Ella, probablemente, se sumaría a esa camada de nuevas hippies que no faltaban a un concierto de rock alternativo, o que se estremecían con una buena dosis de la aún imperante Nueva Trova Cubana. La animadora rememora sus tácticas: “Para enamorar lo único que yo hacía era mirar. Si se me ocurría intentar algo con la palabra terminaba metiendo la pata, porque era demasiado galla”.
Las estrategias emblemáticas del sexo opuesto siempre apostaban por una cena “romántica” en el Oh Gran Sol, o por un paseo tranquilo y relajado por Sabana Grande, cuando no se trataba de un cortejo en el City Rock Café del Centro Comercial Chacaíto. Los ciclos especiales de la Cinemateca, así como el Festival Internacional de Teatro también propiciaban el reconocimiento amoroso. El reggaeton ni soñaba con nacer. “Sólo espero que la generación que viene no pierda eso de sentir las mariposas en la barriga y el tartamudeo tan sabroso al tener a dos metros de distancia a quien te mueve el piso. Para todo lo demás, existe Master Card”. ¿Realmente amor?
Tú eres mi cachorrita mamá
Yo soy tu perro y voy a morderte
¿Por qué no vienes y te portas mal?
¿Por qué tú no vienes a comerme? (5)
El nuevo milenio trajo consigo una mezcla de tendencias y estilos que conviven con el amor. “Creo que cada quien busca su ‘tribu’; los góticos buscan a las góticas, los roqueros a las roqueras, los electrónicos a las electrónicas y los pavos a las pavas”, comenta Alex Goncalves. Adriana Rodríguez, una joven de 21 años da su propia versión del asunto: “Ahora los jóvenes confundimos la palabra amor con atracción. Los chicos usan típica ‘labia’ como la principal estrategia para conseguir lo que quieren, que ya sabemos qué es. Es por eso que las chicas, a veces, tenemos que pensar con la cabeza y no con el corazón”.
Para atrapar las miradas reina la informalidad. “Algunos de esos muchachos que vemos por allí despeinados y con pantalones desgastados, tardan más horas arreglándose que una mujer. Es una informalidad muy bien pensada”, agrega el psicólogo social Carlos Silva. No obstante, “Las estrategias no tienen que ser tan rebuscadas. Si estás en el colegio, lo que tienes es que cuadrar para hacer los trabajos asignados con la muchacha que te guste, o abordarla en el viaje de graduación. Por otro lado, la vena romántica no está del todo descartada en estos tiempos; se siguen usando las flores, las cenas con velas aromáticas y hasta las cartas de amor”, menciona Goncalves.
Fuera de las discotecas y los sitios estilo lounge, las playas siguen siendo una excelente opción para los enamorados. En este sentido, Choroní no ha cedido su “reinado” a otros balnearios. “Es que allí tienes de todo: la posada, los collarcitos para regalarle y, bueno, por supuesto, la playita...”, completa Alex. Romance GSM
Ahora los amantes cuentan con una herramienta que les facilita el trabajo a tímidos y tímidas: la tecnología. Las salas de chat están diseñadas para encontrar a esa media naranja en cuestión de segundos y sin tener que ni siquiera mostrar la cara. Por otro lado, “el dedo pulgar es el aliado perfecto para el amor”, recuerda Alex en alusión a la mensajería de texto a través del teléfono celular. Silva puntualiza el tema con una aclaratoria importante: “Es que hoy el amor no comienza, necesariamente, por la presencia del otro. Claro que más temprano que tarde los cuerpos exigen el contacto, y el cuerpo del otro es algo indispensable porque el amor se siente tocando”.
A pesar de tanto artilugio electrónico, un último testimonio pudiera indicar que el cortejo de las nuevas generaciones carecerá de mucho preámbulo. Samuel Mariño, un niño de 11 años, explica su estrategia: “Si a mí me gusta una muchacha salgo de eso rápido. La llamo y le digo ‘mira, ¿sabes qué?, yo estoy enamorao tuyo’”.
El despecho
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo... (6)
El guayabo, la depre... hay tantas expresiones coloquiales como tipos de sufrimiento por desamor. El bolero encabeza la lista de la banda sonora de esta circunstancia humana que ha hecho llorar a generaciones enteras. “Llanto de luna, imagínate tú esa canción lo que dice: ‘Llama de amor que no puede sanar si me faltas. Cómo poder olvidarte si dentro, muy dentro, estás tú’”, trae a colación Elba Escobar. Henrique Lazo la secunda con una onda más urbana: “Despecharse en los setenta era devolverse a casa caminando, después del desplante, en medio de la lluvia y sin plata para entrar a un bar”. Elisa Rego tenía una práctica solución en los ochenta: “Llamaba a mis amigas y me iba a Cliché Pub o al bar Julius si me quería sacar el guayabo a punta de rock”. Lo versátil de los noventa permitía resolver todo con un buen compacto de Franco de Vita, uno salsero de Roberto Blades o echándose una escapadita a La Mosca, en Chacao. Tal versatilidad se mantiene actualmente. En esta época, el despecho se puede vivir en la Belle Epoque, el Centro San Ignacio, o en casa oyendo el tema Eres de Café Tacuba. Aunque también sirve corear, terapéuticamente, el reggaeton de Daddy Yankee, cuyo coro es casi un mantra: “Lo que pasó, pasó entre tú y yo”.
El icono indestructible
El psiquiatra Rómulo Aponte Baca explica que nos enamoramos formando representaciones mentales regidas por dos patrones: la similitud y la satisfacción. “Es así como amamos a alguien que se parece a uno mismo y de quien recibimos satisfacción a nuestras expectativas más valiosas y más sensibles. La música activa fantasías que pueden provocar estados sublimes de romanticismo, aunque muchas veces, éstos se estrellen con la realidad cuando se apagan los violines”. El cortejo femenino toma otros matices “ahora ellas toman la iniciativa para disfrute de hombres sanos y para el temor de ansiosos e inseguros”, puntualiza Aponte. A su enfoque se suma el del psicólogo social Carlos Silva, quien explica que los medios y los caprichos de la cultura de masas condicionan, a veces, las preferencias del corazón: “Antes, una robacorazones era Elizabeth Taylor, ahora lo es Paris Hilton. Hoy en día, los individuos se enamoran de eso que el Canal Sony llama ‘100 por ciento actitud’. En medio de todo esto, e independientemente de la generación o clase social, permanece el icono por excelencia del amor: el corazón. Creo que nada puede sustituirlo. Es que si sobrevivió al reggaeton, sobrevive a cualquier cosa”. l
1) Amorcito corazón, compuesta por Manuel Esperon (1949). La interpretaba Pedro Infante
2) Aquarius, compuesta por Galt Macdermot para el musical de broadway Hair (1969)
3) Solo pienso en ti, un hit de Guillermo Davila que sono en los ochenta
4) Primavera 0, cancion de Soda Stereo (1992)
5) Mi Cachorrita, tema de Calle Ciega (2005)
6) Extracto del Poema XX, escrito por Pablo Neruda (1923)
Ver también en 52 aniversario:
- Latidos
- Pobre corazón que no alcanza su cordura
- La gran invicta: La telenovela
- Descorazonadas: Prensa rosa
- Gente de buen corazón
- Inspirados
- En vos confío
- A lo físico
- Ganando la carrera
- ¡A subir el colesterol!
- Después del susto...
- Dieta cardiosaludable
- Moda
- Bazar
- Belleza. Gestos de amor
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