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No por estar de aniversario la locura ha hecho de las suyas en Estampas. El título se refiere a los niveles de las lipoproteínas de alta densidad (HDL) —mejor conocidas como el colesterol “bueno”—, un valor que cada vez gana mayor importancia a la hora de hablar de protección cardiovascular. Raúl Chacón Soto

Así es, cuando se habla del colesterol “bueno” lo mejor es tener una cuenta elevada. Lo anterior quizás pueda parecer un contrasentido —algo perfectamente entendible después de tantos años en los que sólo se habla de bajar el colesterol y los triglicéridos—, pero no lo es... en absoluto. Después de décadas en las que la lucha contra los lípidos en la sangre se ha centrado en bajar los valores tanto del colesterol total como del LDL —o lipoproteínas de baja densidad—, por fin los anuncios de que altos niveles de HDL aportaban algún grado de protección contra las enfermedades del corazón se han convertido en una contundente realidad al punto de que tanto la Medicina como la industria farmacéutica apuran el paso para lograr nuevas opciones de tratamiento que, casi con seguridad, podrían significar una nueva revolución en lo que se refiere a salud cardiovascular.

Fue hace sólo algunos años cuando el nivel de HDL en la sangre empezó a considerarse como un factor de riesgo independiente a la hora de considerar las probabilidades de sufrir un mal del corazón. Tal independencia significa que una persona, aun con niveles normales de colesterol total y de LDL, tiene un mayor riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular si su conteo de HDL es bajo; es decir, inferior a 40 mg/Dl (los valores que se consideran normales andan, en realidad, por encima de los 45 mg/Dl, aunque si son mayores, mucho mejor). Al parecer, por cada mg/Dl que se logre elevar la cuenta, el riesgo cae entre 2 y 3%.

Lo que han encontrado en investigaciones recientes —y explica este papel protector— es que las lipoproteínas de alta densidad recogen el colesterol de las paredes de las arterias —evitando su acumulación y la consiguiente obstrucción— para llevarlo al hígado donde será metabolizado. Incluso, se ha dejado entrever que el HDL tendría la capacidad de revertir el mal que ya se ha hecho; en otras palabras, actuaría como un “disolvente de placa”, lo que implicaría, sin duda, un nuevo enfoque —revolucionario— de tratamiento.

¿Y cómo elevarlo?
De lo que se trata, entonces, es de mantener el HDL por encima de 45 mg/Dl. El único problema es que, a veces, y sobre todo, para algunas personas, no es tan fácil lograrlo. En el Primer Seminario para Medios de Comunicación Latinoamericanos sobre Enfermedades Cardiovasculares, organizado por Pfizer en Nueva York, los expertos fueron contundentes al afirmar que el ejercicio físico es el factor con mayor peso a la hora de subir el HDL, otorgándole hasta 90% de importancia con relación a los demás. De ese resto destaca, como era de esperarse, la dieta cardiosaludable —en esta misma edición se le dedica un trabajo al tema— que, como todos saben, implica un mayor consumo de aceites monoinsaturados y poliinsaturados —aceites de pescado, aguacate, almendras, nueces— y eliminación de los saturados y de las grasas trans, así como la inclusión de frutas, verduras y vegetales. Dejar de fumar, controlar el consumo de alcohol y perder peso también son buenos aliados a la hora de dedicarse a subir el HDL... pero a veces no es suficiente, y mucho menos para lograr niveles que sobrepasen con creces los 45 mg/Dl.

Afortunadamente, ahora es tan claro el papel cardioprotector del HDL que la industria farmacéutica se ha lanzado en una carrera por obtener un medicamento que sea capaz de elevar sus concentraciones en la sangre —sin importantes efectos secundarios—, del mismo modo como lograron, con las estatinas, reducir los del colesterol “malo”. En este terreno se han dado a conocer algunas buenas noticias. La mejor, sin duda, proviene de la misma Pfizer, empresa que ha obtenido excelentes resultados con una molécula a la que han llamado torcetrapib, que podría estar en el mercado en unos cuatro o cinco años. Dio tiempo en el seminario para aclarar que el nuevo medicamento ha terminado con éxito la fase III de desarrollo —donde se prueba en mayor cantidad de personas— con resultados extraordinarios —aumenta hasta 61% el nivel del HDL—. Los voceros de la empresa aclararon que torcetrapib se lanzaría al mercado en combinación con la estatina que comercializa la empresa —la atorvastatina, mejor conocida como Lipitor— por lo que la nueva pastilla mataría dos pájaros de un solo tiro: por un lado bajaría el colesterol malo; y, por el otro, aumentaría el “bueno”. Si Lipitor es el producto farmacéutico más vendido en el mundo —es el primero de la industria en exceder los 10 mil millones de dólares de ventas en un año—, ¿qué podría esperarse de esta nueva maravilla?

Pero Pfizer no está sola en la carrera. Otras compañías están trabajando con moléculas diferentes —en otras líneas de investigación—, todas con un único objetivo: aumentar el colesterol “bueno”. Quizás les lleve todavía unos cuantos años más, y, probablemente, algunas fracasen, pero lo cierto es que actualmente no hay mayor desafío para la industria que éste... En poco tiempo, una nueva frontera se habrá traspasado en lo que concierne a la prevención de las enfermedades cardiovasculares, para bien de tantos que lo necesitan.

rchacon@eluniversal.com


Lo que quizá todavía no se sabe

l Es esencial para la vida, sólo que en niveles altos es realmente perjudicial, pues puede llevar a la muerte o a la invalidez.

l La mayor parte del colesterol que corre por las venas es producida por el propio organismo. Sólo una pequeña parte procede de los alimentos de origen animal que se ingieren.

l El colesterol viaja por la sangre unido a otras sustancias (proteínas) con las que conforma algo
así como paquetes que se denominan lipoproteínas.

l Las lipoproteínas de alta densidad o HDL no participan en la formación de placas. No hay receptores para ellas en las paredes de las células, así que el colesterol que transportan no se deposita en las arterias. Por el contrario, pasan recogiendo colesterol para llevarlo al hígado, donde será metabolizado y excretado.

l Las lipoproteínas de baja densidad o LDL transportan entre 60 y 70% del colesterol total y lo llevan a las células y los tejidos donde existen receptores para ellas. Cuando hay muchas LDL y se combinan con los radicales libres, se oxidan, por lo que terminan depositando su
colesterol en la pared arterial. Otra razón para asegurarse de consumir antioxidantes (vitaminas
E y C, y betacarotenos).

l Los valores deseables son: Colesterol total: por debajo de 200 mg/Dl LDL: Por debajo de 130 mg/Dl HDL: por encima de 40 mg/Dl.

 

 

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