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Poco menos de tres centímetros mide el embrión a las seis semanas... y ya se escucha el sonido que señala la vida... pum, pum... pum, pum...
No hay rostro, no hay pies, no hay manitos, pero hay corazón... El primer órgano del cuerpo en evidenciarse —al principio sólo tiene una cámara de bombeo— late entre 90 y 110 veces cada minuto, aunque poco tiempo más tarde lo estará haciendo entre 160 y 190 veces... pum, pum... pum, pum...
Las pulsaciones cardíacas se inician mucho antes del nacimiento y se mantienen ininterrumpidamente durante toda la vida sin detenerse jamás...
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Al final de una larga vida puede haber latido (haberse relajado y contraído) más de 3.500 millones de veces. Sólo en un día late unas 100.000 veces, bombeando aproximadamente 7.500 litros de sangre. Trabaja todo el día, toda la noche, todo el tiempo... pum, pum... pum, pum... pum, pum....
El corazón es, en pocas palabras, una especie de bomba formada por tejido muscular. El de un adulto pesa entre 200 y 425 gramos y es un poco más grande que una mano cerrada. Tiene una forma comparada a la de un cono aplanado, pero con el vértice hacia abajo, inclinado ligeramente hacia la izquierda. De todos los músculos del cuerpo es, sin duda, el que más trabaja.
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El corazón funciona mediante dos movimientos elementales. Sístole es el nombre que recibe la fase de bombeo, en la que la sangre es impulsada hacia las arterias a través de la contracción del ventrículo. Diástole, por el contrario, es la etapa de llenado, en la que el corazón se dilata para que la sangre penetre.
Más exacto sería decir que son dos bombas en una. El lado derecho recibe sangre del organismo y la bombea a los pulmones, mientras que el izquierdo hace exactamente lo opuesto: recibe sangre de los pulmones y la bombea a todo el cuerpo. Es tan eficiente en su tarea, que sólo demora 20 segundos en hacer llegar la sangre oxigenada a cada célula del organismo...
Cuatro cavidades conforman su estructura interior: las dos superiores llamadas aurículas, y las dos inferiores, ventrículos. A cada aurícula le corresponde un ventrículo; así, los del lado derecho se encargan de oxigenar la sangre que viene cargada de desechos; y los del lado izquierdo, de irrigarla a cada célula del organismo.

¿Alguna vez se ha preguntado cuál es el significado real de las cifras arrojadas por un tensiómetro? Sencillo. Cuando a una persona le miden la tensión, la cifra alta corresponde a la presión máxima que ejerce el corazón durante la fase de bombeo de la sangre, mientras que el valor bajo guarda relación con la presión que tiene el corazón en la etapa de llenado, justo cuando el miocardio se encuentra relajado.
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Bomba al fin, el corazón necesita una fuente de energía para poder funcionar. La trae incorporada. Se halla justamente en la aurícula derecha. Su nombre es nódulo sinusal, en realidad una pequeña área de tejido especializado donde se genera el impulso eléctrico.
Esta especie de marcapasos natural genera un impulso eléctrico cada vez que late el corazón. En determinadas condiciones, casi todo el tejido cardíaco es capaz de iniciar un latido o de convertirse en el “marcapasos”, de la misma manera como lo hace el nódulo sinusal.

¿Y qué ocurre con las personas que presentan un desbalance en el ritmo de sus latidos? En estos casos es necesario regularlos con la ayuda de un marcapasos, que no es más que un dispositivo eléctrico —de aproximadamente 100 gramos de peso— que simula la función del nódulo sinusal, al descargar una pequeña corriente sobre el corazón para garantizar que los latidos estén sincronizados. Esta pequeña cajita puede durar muchos años implantada bajo la piel, pues funciona con una batería de litio que puede llegar a mantenerse intacta cerca de una década.
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Se habla de la primera cuando los latidos se aceleran al máximo; de la segunda, cuando el ritmo se hace demasiado lento.

Cuando se trata del corazón, no es más que el ruido anormal causado por el tránsito turbulento de la sangre a través de las venas y arterias que lo recorren.

Se habla de este evento cuando se produce una interrupción en el suministro de oxígeno que recibe el corazón, lo que termina por causar la muerte de un trozo de tejido del miocardio; pero si la falta de oxigenación deteriora el sistema bioeléctrico que controla los latidos, entonces se habla de arritmia, que en términos sencillos es simplemente una descoordinación de los movimientos rítmicos del corazón.
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En 1761 el médico bretón Laennec se disponía a examinar a una exuberante paciente, quien en ocasiones anteriores se había mostrado renuente a quitarse la blusa. Laennec probó con la percusión sobre el corazón, pero no resultó. Muy contrariado, pensó que acercando el oído al pecho de la frondosa joven quizá podría descubrir la enfermedad, pero hacerlo era “suicida”. Entonces tuvo una idea singular: tomó un cuaderno que estaba sobre la mesa, lo enrrolló formando un cilindro y lo colocó bajo el seno izquierdo de la dama. Así pudo escuchar los ruidos del corazón.
Había nacido el estetoscopio, palabra que en griego quiere decir “espiar el pecho”. |

La sangre impulsada por el corazón llega a los más remotos rincones del cuerpo gracias a una compleja red de distribución conformada por los vasos sanguíneos. Así, a las autopistas que suponen las arterias y las venas se suceden angostas carreteras llamadas arteriolas y vénulas, hasta llegar a esos pequeñísimos callejones conocidos como vasos capilares que irrigan de oxígeno a las células. Si se pudieran colocar todos los vasos sanguíneos de este complejo entramado en línea recta, cubrirían una distancia de 96.500 kilómetros, algo más del doble de la circunferencia del planeta.
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Hace veinte años se creó el primer corazón artificial, una herramienta necesaria para quienes esperan la llegada de un donante compatible. Este dispositivo ha evolucionado a través del tiempo, adoptando un tamaño y un peso mucho más parecidos a los de un corazón real. Mientras los primeros modelos pesaban más de un kilogramo, los actuales son mucho más livianos. En la actualidad se dispone de dos modelos: el AbioCor y el Jarvik 2.000. La FDA de Estados Unidos sólo ha aprobado su uso en pacientes a quienes se les ha estimado una expectativa de vida no mayor de 30 días. Para sorpresa de todos, el inglés Peter Houghton lleva viviendo cinco años con un Jarvik 2.000 totalmente implantado en su pecho...

...o trasplantado, se vive, generalmente, una década, aunque el récord pertenece a una persona a quien le sirvió por 22 años, 10 meses y 24 días.
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Un metro de alto o más mide el corazón de una ballena, el más grande que ha existido en el mundo, ni siquiera comparable con el tamaño que pudo alcanzar el de un dinosaurio en la prehistoria. Su superficie es equiparable a la de un automóvil pequeño y su aorta es de tal magnitud que un hombre de complexión media podría fácilmente gatear en su interior. ¿Su peso? Una cifra realmente sorprendente: poco más de dos toneladas, cantidad que, obviamente, justifica que el pulso de estos cetáceos sea de sólo cuatro o cinco contracciones por minuto. Con cada movimiento se pueden llegar a bombear casi mil litros de sangre, por lo que las señales eléctricas deben ser increíblemente rápidas para que puedan cubrir toda la superficie del músculo en el tiempo previsto. Las vibraciones causadas por la compresión de ese gigantesco corazón generan un ruido similar al de una pequeña explosión de muy baja frecuencia, que puede alcanzar los 50 hertz.

Apartando a los insectos y las aves, la musaraña enana es el animal que posee el corazón más diminuto. Su ritmo cardíaco es tan acelerado que el más pequeño susto ocasionado por alguno de sus compañeros del reino animal podría costarle la vida, al incrementar su frecuencia normal —que es de aproximadamente 800 latidos por minuto— a una cifra superior a las 1.000 pulsaciones.
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Al igual que el resto de los músculos del cuerpo humano, el corazón necesita de la práctica periódica de ejercicios para estar en buena forma. Su volumen original es similar al de un puño cerrado, pero alcanza cerca de un diez por ciento adicional en las personas asiduas a las prácticas deportivas. A medida que crece y fortalece su estructura, también mejora su funcionamiento y bombea más sangre con menos contracciones.
Para saber qué tan fuerte está su corazón, simplemente mida su pulso y verifique los valores obtenidos: una persona sedentaria probablemente tiene entre 70 y 90 latidos por minuto, mientras que quienes llevan una vida activa tienen entre 50 y 60 latidos por minuto, y ni hablar de los atletas profesionales, que pueden llegar a tener alrededor de 40 pulsaciones en el mismo lapso. |

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- La gran invicta: La telenovela
- Descorazonadas: Prensa rosa
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