
Tomás
Sanabria
¨Jamás imaginé
que estábamos
construyendo
un símbolo
¨
Hace 51 años proyectó el Hotel Humboldt, encumbrado en lo alto de Caracas, icono que dejó como legado indeleble a las futuras generaciones
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand
Pocas personas pueden decir, como Tomás Sanabria, que literalmente han ayudado a construir la ciudad. Es que, aunque muchos desconozcan a este personaje, es imposible que ignoren su obra. Arquitecto de profesión, con estudios en la Universidad de Harvard, proyectó varias de las edificaciones más importantes
de la capital: el edificio de La Electricidad de Caracas, el Banco Central de
Venezuela, el Ince de la Avenida Victoria, la Biblioteca Nacional, y, quizá su
creación más simbólica para los caraqueños: el Hotel Humboldt, coronando
al imponente cerro El Ávila.
"Primero me pidieron que proyectara el edificio de La Electricidad. Lo hice, y me asignaron la construcción. A la inauguración asistió Pérez Jiménez, presidente entonces. A él le impresionó mucho, y por eso me solicitó trabajar una idea suya:
el Humboldt", cuenta.
Sanabria recuerda haber ascendido El Ávila antes de iniciar el proyecto. "Fue la primera vez en mi vida que lo subí. Tardamos diez horas. Lo que me inspiró fue el momento en que llegamos a la cima. Todo estaba nublado, pero en minutos se despejó, y aparecieron unas vistas fabulosas. La ciudad lucía hermosa. Fue una buena forma de comenzar", rememora.
Presentados los planos, el propio Pérez Jiménez reprobó una de sus ideas. Sanabria proponía un casino dentro del complejo, pues creía, y cree aún, que era la única manera de financiar el edificio. El dictador apuntó: "En mi gobierno no hay casinos". Entonces su propuesta derivó en una con más habitaciones (70), aunque no tantas como deseaba el presidente (350).
Iniciada la obra, Sanabria la supervisaba desde su oficina en Plaza Venezuela.
A diario se asomaba a la ventana y, binoculares en mano, examinaba en la
distancia el avance de los trabajos.
"Jamás imaginé que estábamos construyendo un símbolo. Las cosas se dieron
poco a poco. Yo sólo quería aprovechar la inmensa oportunidad que se me
abría", dice. Sin embargo, lo que más le enorgullece es haber hecho un buen
trabajo, pues asegura que tras décadas del implacable paso del tiempo,
su edificación se mantiene sólida, sólo amenazada por el abandono.
Con los años, mientras construía nuevos edificios por toda la ciudad, adquirió el hábito de volar. Enamorado de Caracas, cada mañana, dependiendo de si el día
se perfilaba soleado o lluvioso, cancelaba compromisos para montarse en su
avioneta y sobrevolar la capital por el sólo placer de contemplarla desde el
aire. Cientos de horas sobre el valle caraqueño le permitieron capturar casi
ocho mil fotografías que hoy resguarda como un tesoro personal.
"Amo volar, aunque ya no lo hago con frecuencia. Es que desde arriba ves la ciudad como una maqueta", dice. En seguida cambia el tema y se refiere a su preocupación de que se concrete la propuesta de sustituir el aeropuerto La Carlota por una zona residencial.
"Sería terrible, pues ésa es la única pista de aterrizaje que nos permite entrar o salir de la ciudad en caso de emergencia. Los helicópteros son útiles, y pueden aterrizar en cualquier parte, pero en una contingencia mayor se recurre a los aviones
Hércules, y ellos necesitan obligatoriamente una pista", alerta.
Actualmente, Tomás Sanabria se dedica a la investigación, pues cree que es ésa la etapa que debe asumir en este momento. Por amor a la capital ha realizado más de treinta tesis sobre ella, las cuales quedarán como un legado a la nueva generación.
A sus 85 años, vislumbra el mañana con gran optimismo. "El futuro de Caracas
es extraordinario. Yo la veo y me inspiro", hace una pausa, respira, y agrega:
"¡Cuánto me alegro por mi ciudad!".
Asistente de fotografía: Anita Carli
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