- Un superhéroe que vino del frío
- El monitor se pasea por la música
-
35 años de serenata

CRONICA
- Común
y corriente

- Dossier
sol y playa
El bikini
cumple 60 años

- Dile no a la "soldependencia"

- Anabelle Blum
"No incursionaría en la política"

- Cheng Yen.
Con el poder de la voluntad

SALUD
- ¡Ni una noche más en blanco!
FAMILIA
- Las preocupaciones nuevas del emperador
COCINA
- Recetas
con queso de cabra
MASCOTAS
- Llegó la vejez
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

Las preocupaciones nuevas del emperador

El hombre ya no es rey de sus dominios. Ahora se espera que, dentro de la pareja, sea un ser equitativo y que escuche a su esposa. Pero muchos aún no se han enterado del cambio. Sean Elder

El año pasado, el director de una revista para hombres me pidió que escribiera un artículo sobre la intimidad en las relaciones de pareja. Por ello entrevisté a expertos en la materia, psicólogos y sociólogos. Traté de dirigirlos a respuestas simples y cortas. Sin embargo, el director no quedó contento.

“¿No podrías escribir algo esquemático? Queremos una guía paso a paso sobre cómo intimar emocionalmente con la esposa”, señaló.

Esto resume el gran dilema presente hoy en el matrimonio. Los hombres han llegado a aceptar —e incluso celebrar— las carreras y los sueldos de sus esposas, al tiempo que aprenden, paso a paso, cómo bañar al bebé y cocinar algún platillo. Pero no hay un camino expedito para lograr cercanía, nada de gráficos con diagramas: inserte A en la ranura B, y ya, intimidad alcanzada.

“Probablemente sea la causa real de la mitad de todos los divorcios”, comenta Sam Margulies, mediador de divorcios en Greensboro, Carolina del Norte, y autor de varios libros sobre los rompimientos maritales. Los cambios en las vidas de las mujeres —los papeles que desempeñan, sus ambiciones, sus oportunidades— han sido estudiados desde todos los ángulos. Pero las vidas de los hombres también han cambiado, y en formas que resultan más confusas, contradictorias y que a menudo son recibidas con menos agrado. Los hombres no pidieron que redefinieran su papel. Ahora están buscando un manual de instrucciones con glosario incluido.

Un confidente y compañero espiritual
“Muy pocas mujeres podrían comparar sus vidas con las de sus madres y decir, ‘Somos muy similares’”, indica Steven Nock, profesor de sociología de la Universidad de Virginia que ha estudiado qué significa el matrimonio para los hombres. “Las mujeres tienen opciones inmensamente diferentes en sus vidas. Pero, ¿de dónde sacan los hombres directrices sobre qué significa ser esposo o padre? Hay mucha menos discusión en nuestra sociedad sobre eso”.

Las directrices para ser un buen esposo solían ser simples: proveer, proteger y quizás limar las asperezas de vez en cuando. Ahora las esposas todavía quieren eso —y más. Las esposas de hoy quieren, además, un confidente y un compañero espiritual.

Los requisitos cambiaron sin previo aviso, y muchos esposos sienten que andan a ciegas. La mayoría de los hombres se criaron con la idea de que alcanzar el éxito en el mundo exterior era la forma de anotarse puntos en casa. Para muchas mujeres, esto sigue siendo válido.

No se trata de que las mujeres deseen que los hombres estén menos interesados en alcanzar metas, sino que ahora piden un “ganapán” que sea su mejor amigo.

Sin embargo, las destrezas requeridas para ser exitoso en el ejército o los negocios, literalmente, contradicen los principios de compartir en la pareja. El éxito, incluso el heroísmo, aún se mide por la capacidad de un hombre de establecer compartimientos, insensibilizarse, actuar decisivamente y sacrificarse. “La esencia de la masculinidad radica en que lo que se necesita para ser amado nos distancia del amor”, asevera Warren Farell, autor de Why Men Earn More (Por qué los hombres ganan más) y Why Men Are the Way They Are (Por qué los hombres son como son). “Este es el meollo del dilema del hombre”.

El matrimonio lo cambia todo
La mayoría de los hombres aceptan esto e incluso acogen cálidamente la transición. Reconocen que el matrimonio requiere compromiso y sacrificio —pero sus creencias acerca de qué es lo más importante son sorprendentemente tradicionales y no necesariamente coinciden con las creencias de sus esposas. En su investigación sociológica, Nock le hizo un seguimiento a más de 6.000 hombres jóvenes durante décadas, tiempo en el cual recopiló datos sobre sus vidas sociales, carreras y hábitos. Concluyó que la mayoría de los hombres experimenta una profunda transformación personal cuando se casa. Es una transición a la hombría en que la propia definición de hombría es cambiante. “El matrimonio cambia al hombre porque es allí donde se desarrolla y se sostiene la masculinidad adulta”, escribe en Marriage in Men’s Lives (El matrimonio en la vida de los hombres).

Un hombre casado trabaja más horas, asciende en su carrera más rápidamente y gana más que sus iguales solteros. Pasa más tiempo con los familiares y menos con los amigos, y dona menos a la caridad y más a organizaciones sociales formales como asociaciones empresariales o cívicas.

Un esposo incluso piensa diferente. “La forma en que los hombres ven el mundo y su lugar en el mismo cambia con el acto del matrimonio”, señala Nock. “El matrimonio hace que la gente se vuelva más convencional. Si es religiosa, se vuelve más devota”.

Otras expectativas
No obstante, Nock cree que desde que realizó su investigación a finales de los noventa, las expectativas de las mujeres se han expandido hasta incluir una mayor intimidad.

Mientras conducía su investigación, señala, estaba más concentrado en “las expectativas ordinarias”. Considera que las expectativas emocionales, quizás, constituyen ahora la parte central del matrimonio.

“Apenas una generación atrás, si un hombre mantenía su hogar y no tenía demasiados atributos, si cada noche llegaba a casa, bebía un Martini y veía TV toda la noche y después se iba a la cama, era un buen sujeto”, dice la terapeuta de familia Terry Real, autora de How Do I Get Through to You? Closing the Intimacy Gap Between Men and Women (¿Cómo llegó a ti? Cerrar la brecha entre hombre y mujeres ante la intimidad). Hoy, el simple hecho de no engañar a la esposa y no golpear a los niños no convierte a un hombre en buen esposo y padre.

Cuando los esposos comprenden lo que sus esposas esperan de ellos, la reacción típica no es: “No sabía que también querías eso”, indica Margulies. “Es más algo como: ‘No entiendo de qué rayos estás hablando’”. No es un problema de falta de comunicación, de Marte o de Venus. Es un asunto de nuevas especificaciones, de que las mujeres quieren algo más que un esposo tradicional. “En pocas palabras, las mujeres quieren que sus esposos actúen como sus amigas”, agrega Margulies.

Por su parte, Nock indica: “No se trata tanto de que los hombres no puedan proporcionar el apoyo emocional que desean las mujeres, sino que los hombres y las mujeres definen apoyo emocional de manera diferente”.

“A medida que los matrimonios se concentran más en las emociones y la felicidad, hombres y mujeres definen la cercanía en términos en cierta forma distintos”. Para los hombres, la proximidad física es a menudo tan buena como la intimidad (“Aquí estoy, ¿cierto?”), mientras que las mujeres quieren algo más demostrativo.

En cuanto a las mujeres
Tras establecer que algunos hombres están dispuestos a tratar de llegar a un terreno intermedio con las mujeres, es seguro preguntar qué pueden hacer las féminas por los hombres. El sexo es gravemente subestimado como un pasaporte a ese mundo de comunicación que muchas esposas desean explorar. Mientras que algunas mujeres parecen resentir el hecho de que sus esposos las desean y quieren ser deseados, el simple acto (como algo opuesto a conversar) permite a muchos hombres estar más accesibles, emocionalmente hablando.

“Las quejas que escucho de los hombres giran en torno a que sus esposas no toman sus necesidades sexuales seriamente”, señala Mark Epstein, psiquiatra y autor de Abiertos al deseo: adoptar una actitud lujuriosa ante la vida. “Los hombres se vuelven vulnerables cuando están sexualmente compenetrados. Quizás si las mujeres no se sintieran denigradas o tratadas como un objeto por la sexualidad masculina, no tendrían que rehuirle tanto. Podrían comenzar a considerarla más una forma de comunicación”. Epstein reconoce que muchas mujeres podrían ver esto como más trabajo, pero ¿no es eso lo que están pidiendo de los hombres? El sexo es un área en que tanto hombres como mujeres pueden explorar las diferencias sin renunciar a sus identidades individuales.

“Algo que debe ocurrir en una pareja es que cada uno tiene que dejar espacio para el deseo del otro —señala Epstein—, que es diferente en la forma en que cada quien lo experimenta. Es posible acercarse (al deseo), pero nunca comprenderlo totalmente”. l

 

PSYCHOLOGY TODAY. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: JOSE PERALTA. FOTO: ARCHIVO

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso