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Husmeando la vida de Uma
l Uma Thurman es hija del estadounidense Richard A. F. Thurman, profesor de budismo en la Universidad de Columbia (uno de los primeros occidentales en convertirse en monje budista tibetano), y de la sueca Nena von Schlebrugge, psicoterapeuta y ex modelo que había estado casada con el escritor Timothy Leary.

l Nació el 29 de abril de 1970 en Boston.

l Tiene tres hermanos: Ganden, Dechen (es actor y director) y Mipam.

l Antes de convertirse en actriz trabajó como modelo en Nueva York, urbe a la que llegó cuando tenía 15 años.

l Calza 45.

l A finales de los ochenta consiguió entrar en el mundo del cine. Una de sus primeras películas fue Las aventuras del barón Munchausen, de Terry Gilliam, donde personificó a la propia diosa Venus.

l Con Relaciones Peligrosas, la película de Stephen Frears, alcanzaría la fama internacional.

l En 1990 contrajo matrimonio con Gary Oldman, con quien compartió créditos en Henry & June. Dos años después se divorciarían.

l Por su interpretación en Pulp Fiction fue nominada al Oscar y al Globo de Oro como mejor actriz secundaria. Perdió la estatuilla dorada con Dianne Weist por Balas sobre Broadway.

l Después de separarse de Oldman, mantuvo una relación con el actor Timothy Hutton. En 1998 contrajo matrimonio con Ethan Hawke, su coprotagonista en Gattaca. Tuvieron dos hijos.

l Con Kill Bill vuelve a revitalizar su carrera, e, incluso, logró una nueva nominación a los Globos de Oro.

Uma Thurman
La musa de Tarantino

Con sus 1,83 metros de altura, y ese nombre, que en la mitología india es el de la diosa de la sabiduría y la belleza, Uma no encaja en el molde de la típica actriz hollywoodense. Responsable de papeles que reflejan lo bueno y lo malo que ofrece la industria, nada le podía venir mejor, en este momento de su carrera, que un rol emblemático. El cineasta Quentin Tarantino se lo ha dado en la película Kill Bill, una aventura en dos partes de la que pronto se podrá ver el final en Venezuela. Raúl Chacón Soto

Tarantino ha vuelto a llegar a la vida de Uma Thurman en el momento perfecto. La primera vez fue en 1994, cuando filmaba, bajo su dirección, Pulp Fiction. En ese entonces, la actriz acababa de separarse del actor Gary Oldman y se encontraba, como es fácil suponerlo, en un momento difícil. "Quentin me ayudó a recobrar la confianza en mí misma cuando creí que la había perdido, y eso nunca podré pagárselo", recordaba Uma a la revista Vanity Fair, en un trabajo publicado recientemente por el estreno de la primera parte de Kill Bill. Pues bien, la cuenta pendiente con el aclamado director debe ser ahora verdaderamente impagable, a juzgar por el impacto que el rol protagónico por ambos concebido para esta película -la novia sedienta de venganza-, ha tenido entre público y crítica; a decir de muchos, uno de esos personajes que quedarán inscritos entre los mejores de la historia del cine. Semejante espaldarazo ha llegado en otro momento delicado de la vida personal de la actriz: el de la ruptura con el también actor Ethan Hawke, de quien tiene dos hijos (el último de ellos apenas un recién nacido cuando se encontraba filmando las exigentes escenas de Kill Bill), y con quien había construido una aparente sólida relación que ya superaba los cinco años. De nuevo, entonces, el director estadounidense ha aparecido en su vida, y no pudo haber sido en mejor momento.

Quien se quede un rato en el cine después de ver cómo Beatriz Kiddo (así se llama la novia) se ha enfrentado, por fin, a Bill, podrá sonreír al ver cómo Tarantino coloca las iniciales "Q & U" en el crédito correspondiente a la inspiración del personaje y de la trama de toda la película. No podía ser de otra manera. Como se ha dicho, fue creación de ambos el ahora famoso papel de la novia vengativa. Lo curioso es que la semilla de esta nueva historia fue plantada luego de algunas conversaciones sostenidas durante la filmación de Pulp Fiction. Entre escena y escena fue apareciendo un personaje que por derecho propio (y por obsesión del mismo director, quien tiene a la actriz como su musa) no podía corresponderle a nadie más que a Uma. Tarantino rápidamente le tejería un relato a su novia (el personaje, por supuesto). Aunque a decir verdad, no tan rápidamente, pues el guión fue retrasándose y retrasándose, al punto de que la actriz, a la espera de un libreto al que siempre le faltaban unas dos semanas, terminaría por darle paso a un embarazo muchas veces postergado que, una vez hecho cuerpo presente, interferiría con el inicio del rodaje. Con todo, no hubo problema. La película tuvo que esperar. La diosa de Tarantino iba a tener un hijo y un reemplazo era, sencillamente, inconcebible. "Construí el personaje de la novia alrededor de Uma. Me enfoqué en su belleza, sabía que en mi película aparecería más hermosa que nunca. Con ese físico, con esa flexibilidad, Uma me recuerda a un sauce que se inclina y no se quiebra", dijo en alguna oportunidad el director, y sobran otras palabras.

Las imágenes hablan por sí solas. Basta ver cualquiera de las dos partes de Kill Bill para darse cuenta de lo mucho que debe adorar su director a su protagonista. Hay hasta quienes han comparado esta relación con la que sostenían -¿salvando las distancias?-, Josef Von Sternberg y Marlene Dietrich. Es bueno recordar, por ejemplo, la escena en el Volumen Uno, cuando la cámara se detiene en los extraños y muy largos pies de la actriz, quien lucha por moverlos e iniciar así su recuperación. Y es que Uma resplandece a lo largo de toda la película, no importa si aparece con el atuendo amarillo de la primera parte -un homenaje al traje que vistió Bruce Lee en su última película, pero también la mejor manera de arropar un cuerpo que acababa de tener a un hijo-, o con los más relajados y femeninos, aunque siempre todo terreno, de la segunda, donde lleva un look un tanto hippie.

Pero no fue fácil
¿Y cómo iba a serlo? Con un bebé que le pedía su presencia, y con escenas de alta exigencia física y emocional por delante, Uma Thurman vivió un complicado rodaje. No sólo tuvo que aprender las distintas técnicas de pelea de las que hace gala en la cinta -dos estilos de combate con sable (samurai y wushu), dos estilos de kung fu (la grulla y el tigre), la lucha a mano libre, los saltos hacia atrás y hacia adelante-, sino que el rodaje en sí fue largo y extenuante, con toda la trouppe viajando durante un año por distintos lugares del mundo. "Es ridículo que crean que yo puedo hacer eso", aseguró haber pensado la actriz cuando veía las imágenes de las películas que Tarantino le iba mostrando para que supiera lo que esperaba de ella. Aunque al poco tiempo era ella misma la primera sorprendida; y también lo fue el maestro Yuen Wo-Ping, coreógrafo de artes marciales de la película, según lo declararía la propia Uma. "Sus expectativas respecto de mí eran muy bajas... pero son gente hermosa que respeta la disciplina más que nada y eso es lo que tuve que hacer y demostrarles que podía hacerlo". ¡Vaya que lo demostró! Difícil es encontrar a alguien que haya peleado más en una pantalla u ocasionado mayor número de amputaciones y hemorragias que Uma en Kill Bill. Peleas las hubo de principio a fin en las más de cuatro horas de película, y todas de distinto tenor: "Quentin se esforzó de manera increíble para que las peleas fueran únicas. El enfrentamiento al estilo samurai con Lucy (Liu) tenía su propio código de comportamiento, y mucha clase y elegancia. La magia del combate contra los 88 locos y su carácter operístico -ella misma ha dicho que esta escena fue su prueba de fuego-, es completamente diferente en tono, e igual ocurre en la batalla contra Daryl (Hannah). La pelea con Viveca (Fox) es como una de esas sucias refriegas callejeras. Cada uno de estos enfrentamientos tiene su propia personalidad, incluso porque esa era la misión de la novia: combatir a cada uno de ellos en su estilo de lucha", explicaba la actriz. El encuentro final con la peor de sus enemigas, Elle Driver, merece, por parte de Uma, mención aparte: "Quentin quería para ese papel alguien similar a La Novia, pero totalmente opuesto... El personaje de Daryl desea que La Novia muera de la manera más brutal, dolorosa y horrible posible. Y La Novia no es así. No es sádica. Ella está peleando por su honor y está tratando de vengarse. No es ni remotamente una peleadora que juega sucio, pero Elle sí. Por ello, cuando ambas finalmente colisionan, todo llega a un muy bajo nivel". La escena es memorable. Tarantino pone a las dos rubias a pelear en una minúscula casa rodante, donde el manejo de las espadas se hace imposible, por lo que los recursos son otros. Las actrices quedarían realmente magulladas, pero quedaron unas imágenes para el recuerdo.

Es fácil entender, entonces, por qué ha dicho tantas veces que, a pesar de haber sido una experiencia enriquecedora, no volvería a pasar por algo similar en su carrera. Pero no se le malinterprete. Cuando se le ha preguntado si piensa en el infierno por el que pasó o si tiene la sensación de haber cumplido ahora que ya ha visto las películas, dice sin vacilación: "Ambas cosas. Pero creo que tengo la sensación de ver cómo tanto trabajo se encaja con tanta belleza y prolijidad en el film y me siento verdaderamente gratificada".

Extenuante fue el entrenamiento de Uma en las distintas artes marciales
que aparecen en el film
Tarantino relanza al ruedo a actores como David Carradine (Bill)
y Daryl Hannah (Elle Driver)
Michael Madsen hace de Budd un excelente villano, Beatrix, la novia,
se dirige sonriente a un encuentro con Bill

Una nueva y combativa Uma
También ha dicho que se siente una nueva mujer. Que el personaje le dio confianza y un sentido de supervivencia, algo que no le debió haber venido mal para enfrentar la disolución de su matrimonio con Ethan Hawke. Si se trataba de sobrevivir, nada mejor que un nuevo triunfo en la profesión. La promoción de la película (estrenada en octubre de 2003) relativamente coincidió con la ruptura definitiva (ocurrida en agosto de ese mismo año), lo que quizás fue lo mejor que pudo haberle ocurrido. Ante la prensa siempre se mostró segura, radiante, feliz... hasta se habló de un posible romance con el propio Tarantino, algo que no pasó de ser un rumor. Indudablemente, nada ha sido igual en su vida profesional y personal luego del rodaje, y ella lo supo desde un principio: "Hoy me siento una actriz totalmente realizada. Y, aunque no fue nada fácil para mí, creo que pasar la prueba que significó ser dirigida por Quentin me dio la imagen de una mujer más completa de lo que era antes... Pienso que ahora tengo una mejor y más clara idea sobre el significado que tiene la palabra feminidad. Normalmente se nos enseña que no debemos asociar a las mujeres con hechos marcados por la valentía, la defensa del honor y la capacidad de supervivencia, lo cual proviene de una forma de pensar muy anacrónica y masculina. Afortunadamente, yo he podido superar las limitaciones que siguen afectando a otras mujeres. Eso quiere decir, sencillamente, que luego de Kill Bill vino al mundo una nueva, más combativa, Uma Thurman".

La actriz ha vuelto a ver encendida su carrera. Un papel como el de La Novia se agradece, sobre todo cuando se ha sostenido una carrera llena de altibajos. Pasado el doloroso trance de la separación, Uma vuelve a sonreír. Los múltiples contratos publicitarios (desde junio de 2000 es la imagen de Lancome), un papelazo para el recuerdo, nuevos proyectos cinematográficos (ya se le menciona como la nueva chica Bond en un proyecto que quiere llevar adelante Tarantino, y que sería una especie de remake de Casino Royale), un nuevo amor en la persona del empresario Andre Balazs, dueño del exclusivo hotel de Beverly Hills, Chateau Marmont, y sobre todo, la paz que le otorgan sus dos hijos, Maya (cinco años) y Roan (dos años), son razones suficientes para ello.

rchacon@eluniversal.com

Segundas partes...
...pueden ser muy buenas, sobre todo si no lo son en el sentido estricto del término. El mismo Tarantino lo ha dicho: Kill Bill es una sola película dividida en dos por su extensión. La verdad es que, para muchos, hay tantas diferencias entre ambas que bien pudieran ser tratadas como obras complementarias en su aproximación al mismo personaje. ¿Dónde se había quedado la historia? La novia ya había tachado de la libreta a dos de sus enemigos, pero quedaban tres por eliminar: Budd, Elle Driver (su archirrival) y el temido Bill. Lo más importante: el susurro que indicaba que su hija todavía estaba viva. La propia novia se ocupa, al principio del Volumen Dos, de ofrecer un breve repaso del Volumen Uno. En blanco y negro, pantalla ancha y con un deliberado back projecting de fondo, que a la manera de los film noirs de los cuarenta acentúa el carácter de ficción del relato, Uma maneja un convertible que sólo la puede conducir a Bill, mientras recuerda el fatídico episodio de la matanza durante el ensayo de su boda. Si en la primera parte era clave el mix que fusionaba los filmes de yakuza japonesa, los duelos de espada de los filmes chinos de artes marciales, pasando por el kung fu de Hong Kong, en la segunda se acentúa la marca del Spaghetti Western, del cine de Sergio Leone, por ejemplo (aunque no faltan los tonos del cine de suspenso, del policial y del de artes marciales). También a diferencia del Volumen Uno, que contenía pocas escenas con esos sabrosos diálogos típicos del director, el Dos le da más espacio a la conversación, para alegría de quienes extrañaban al viejo Tarantino. No faltan, entonces, las frases llenas de ironía y, mucho menos, aquellas reflexiones sobre la cultura pop que alcanzan, en esta oportunidad, su mejor exponente, en el monólogo de Bill sobre la personalidad dividida de Superman/Clark Kent. El Volumen Dos tiene menos acción y se presenta más como un relato narrativo tradicional. Hay actuaciones memorables (Daryl Hannah y Michael Madsen construyen unos de los mejores villanos de los últimos años) y también una pelea emocionante dentro de una casa rodante. Hay quienes, sin embargo, prefieren la primera parte. Lo cierto es que es un placer verlas en su totalidad.


Ver también en Encuentros:
- Al altar en carruaje
- Paseando en familia
- La vida por delante

 
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