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  Más septuagenaria serás tú
Mónica Montañes

Me leí ese artículo de pura cuaima. Es que llevaba por título algo como "Secuestrada ex mujer de fulano de tal" y, por qué negarlo, me resultan atractivísimas absolutamente todas las historias de ex mujeres de, y como ésta, encima estaba envuelta en un posible humo de novela negra, pues mejor. Fue arrancar a leerlo y comenzar a saborear la inspiración para una posible novela con acaudalado empresario, divorcio, secuestro, intriga, misterio, en fin. Pero el sabor de la inspiración no me duró ni cinco minutos, ¿qué digo minutos?, ni cinco líneas. Y es que, ya en el segundo párrafo, la periodista, porque era una mujer periodista la que firmaba la nota, comenzó a tildar a la víctima del secuestro de "la septuagenaria" ante mi absoluto asombro e indignación. Describía la joven periodista, (porque de seguro es jovencita y jura que va a permanecer así por los siglos de los siglos), cosas como la siguiente: "Al salir de la peluquería, la septuagenaria fue interceptada por", "los familiares están esperando la llamada de los captores de la septuagenaria que". ¡Qué horror! La septuagenaria a secas. Como si esa mujer durante toda su vida no hubiera hecho otra cosa más que cumplir años. Es decir, no tuvo una profesión, un oficio, un don, no fue una excelsa madre, una abuela genial, una amiga estupenda, una cocinera de primer orden ni un nombre propio, pues, es que ni un apodo cariñoso, nada. Lo único que tuvo son años, más de setenta para ser exactos.

Qué espanto. Encima que estaba pasando por el terrible trance de ser secuestrada, la noticia de su desgracia la dejó reducida a una "septuagenaria", que no sólo tiene un tonito como de desprecio jurásico intrínseco, sino que de paso acabó con uno de los misterios más preciados y mejor guardados de toda mujer: su edad. Yo no la conozco de nada pero igualito me la imaginé con todo respeto recuperando su libertad, cosa que ocurrió afortunadamente a los pocos días, y yendo derechito a esmollejar a la jovencitísima periodista y a gritarle digna y mínimamente: ¡Más septuagenaria serás tú, muchachita!

Por si no lo hizo, aquí se lo grito yo en nombre de ella y de los montones de señores y señoras que diariamente son reducidos a sexagenarios y septuagenarios en las páginas de los periódicos nacionales. ¿Qué vaina es esa?

Recordé clarito el día en que mi papá cumplió sesenta años y se me quedó viendo aterrado. Español, pesimista y dueño de su correspondiente humor negro comentó preocupadísimo: "Ahora si me atropellan en la calle no voy a ser el ingeniero Montañés ni siquiera el papá de Moniquita ni mucho menos el hablador de pistoladas políticas que siempre quise ser. Ahora, si me pasa algo, sólo van a decir atropellado sexagenario en plena vía pública".

Francamente. No sé qué puede costar un poquito de respeto, perder unos cuantos minutitos de su valioso tiempo en averiguar qué más es esa persona aparte del dato de la edad que, dicho sea de paso, no suele ser el más halagador ni el más meritorio. No sé a qué se deberá esa feísima costumbre. Quizá a los jovencísimos que suelen ser lo periodistas nacionales y a lo lejísimos que les debe resultar la tercera edad. Pero pónganse por ejemplo en estos otros casos, probablemente más cercanos: "Atracada gordita saliendo de la panadería" o "calvito entrando al banco" o "chaparrita sofocada en plena marcha". ¿Por qué no? El sobrepeso, la calvicie y la estatura son datos tan objetivos como la edad, ¿o no? Sin embargo, por alguna extraña razón, nadie titula por ahí, y eso que puede haber un despistado que te diga gordita de cariño pero septuagenaria nunca. ¿Y entonces? l

 
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