| “Un hombre muy ocupado visitó a un sabio maestro. Había oído que era un santo y tenía mucho interés en conocerlo. Cuando al fin se sentó frente a él, este le habló:
-Ya no eres joven, así que yo te diría que es conveniente que comiences a abandonar la vida que llevas y a ocuparte un poco más de ti.
-Lo haría —replicó el hombre—, ¡pero estoy tan ocupado! Atiendo mis negocios, voy a reuniones de trabajo, asisto a fiestas sociales, charlo con mis colegas, en verdad no puedo parar… ¡Estoy tan ocupado!
El maestro repuso entonces:
-Entonces manda a hacer desde ya una lapida que diga: “Aquí yace un hombre que supo llenar su vida de inútiles actividades y nunca pudo vivir realmente!”.
La mayoría de las personas luchan a lo largo de su vida por lograr una cierta independencia; es decir, por tener la posibilidad de ser ellos mismos sin necesidad de buscar o requerir la aprobación y el consentimiento permanente de los demás. Y, ciertamente, cuando somos muy jóvenes, no tenemos la madurez, la experiencia, la responsabilidad, ni siquiera el conocimiento necesario para autoconducirnos, a pesar de que siendo adolescentes pensamos que sí podemos hacerlo. Pero cuando llegamos a la etapa de adultos, cercanos a los cuarenta, donde ya hemos terminado con casi la mayoría de las responsabilidades y compromisos que consumen la mayor parte de nuestro tiempo, como: los estudios, la independencia económica, el pago de la hipoteca, los hijos… y contando al fin con la posibilidad de disfrutar de un cierto margen de tiempo de calidad para nosotros, algunas personas, aunque parezca extraño, eligen seguir viviendo vigilados, oprimidos o manejados por alguien, que les dice qué hacer, cómo deben actuar o comportarse y qué es lo más conveniente para ellos. Si tienes una pareja, unos hijos, unos amigos o unos padres que constantemente te corrigen, te critican, te analizan, te juzgan, te dicen que no o tratan de dominarte, diles que a menos que estés a punto de cometer un error grave o pongas en peligro tu integridad o la de los tuyos ¡te acepten como eres y te dejen ser!
Este es el momento para comenzar a vivir una nueva y diferente etapa de nuestra vida, donde podamos ser más auténticos, expresar con responsabilidad lo que pensamos y sentimos, revivir nuestros viejos sueños, practicar el hobbie que siempre quisimos, ser más espontáneos para hacer aquellas cosas que nos provocan, que nos inspiran o que nos relajan y, ¡ojalá!, tener el regalo de poder compartirlo con algún ser querido. ¿Qué estamos esperando para hacerlo?
Tal vez eres de las personas que piensa tanto lo que va a hacer, que termina quedándose donde está, repitiendo y conservando su mismo viejo estilo de vida, sin atreverse a tomar una decisión que le permita modificar o incluir un par de cambios en su rutina de vida, para darle más color, emoción y pasión a sus días.
La verdadera libertad llega a nosotros, como consecuencia de la madurez, la experiencia, la responsabilidad y la conciencia que hemos adquirido a través de los años, pues sólo entonces podemos ejercerla, sin que esto signifique evadir alguna de nuestras responsabilidades o hacer algo que atente contra nosotros mismos o contra los demás. En realidad, todo depende de la intención que tengamos y de la decisión valiente y entusiasta que tomemos de vivir como en realidad quisiéramos hacerlo.
¿Tienes ganas de bailar, de hacer teatro, de pintar, de vivir en otra ciudad, de comerte un helado con más frecuencia, de no bañarte un día, de quedarte un poco más en la cama de vez en cuando, de volver a leer tus viejas novelas de ficción o de acción, de ver con tu pareja tu película preferida varias veces?
Piensa en qué te impide hacerlo y busca la manera de resolverlo.
Para comenzar
l Escribe las cinco cosas que más te gusta hacer. Proponte tener el tiempo y la disposición para analizar e investigar dónde, cómo, qué necesitas y cuándo vas a realizarlas.
l Crea un espacio propio. Encuentra un lugar en tu casa donde puedas poner y tener los objetos, los colores, la música y las cosas que te hacen sentir bien. Un lugar donde otros no metan las manos y puedas encontrarte a salvo.
l Sé tú mismo. Evita actuar para complacer siempre a los otros, inclúyete en la lista de pendientes y deseos por cumplir.
l Abrete para experimentar. Atrévete a hacer cosas diferentes, sobre todo si van a hacerte sentir mejor. Si tú estás bien, todo lo que salga de ti será bueno para otros.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien! l
MAYTTE, mi mamá está siempre diciéndome que debo saludar, que debo sonreír a los demás, ser más simpática. Pero a mí me parece que es perder el tiempo y la energía si no son tus amigos. Ella es insoportable, saluda a todo el mundo, inclusive sin conocerlos, les pregunta el nombre, qué hacen y hasta en dónde viven. A mí muchas veces me da pena y también me preocupa que las demás personas lo tomen a mal. M.E.P.
Que algún desconocido se interese en nosotros, inicie una pequeña conversación y nos llame por nuestro propio nombre, nos hace sentir más humanos e importantes en este mundo indiferente y frío. Tu madre es un ser especial y tú deberías sentirte orgullosa de esa persona que lleva luz y alegría a los demás a través de su contacto con ellos. Voy a compartir contigo una historia: Durante mi segundo año de Arquitectura, el profesor más famoso de la universidad nos hizo un examen sorpresivo. Contesté todas las preguntas sin dificultad hasta que leí la última: ¿Cuál es el nombre de la señora que limpia esta salón? Pensé que se trataba de una broma. Había visto muchas veces a la señora de la limpieza, ¿pero por qué habría yo de saber cómo se llamaba? Antes de entregar, pregunté al profesor si la última pregunta influiría en la calificación.
-Indudablemente —respondió—. En su vida profesional conocerán a muchas personas. Todos son importantes y merecen su atención y consideración, no basta con una simple sonrisa, deben interesarse genuinamente en esos desconocidos que rodean su vida. Hay dos cosas indispensables para un profesional: capacidad y calidad humana. Jamás olvide esa lección, y también entendí el por qué de la fama de ese profesor. El nombre de la señora era María.
Vale la pena que aprendas a ser un poco más sociable y que compartas con otros aquellos aspectos positivos de tu personalidad, estoy segura de que si vences la resistencia que sientes inicialmente, podrás establecer nuevas y maravillosas relaciones.

HOLA MAYTTE, soy una persona joven y entusiasta, hace tres años que trabajo en una empresa, al principio estaba muy contento, pero ahora no sé qué hacer, me estoy volviendo loco pues me exigen demasiado. El trabajo es rutinario y el jefe tiene un humor de perros. El salario es bueno y tiene muchas prestaciones. No sé qué hacer. ¿Me puedes mostrar alguna opción? R.L.
Hay un proverbio sufí que dice: Cuando tengas que elegir entre varios caminos, elige siempre el camino del corazón. Quien lo hace nunca se equivoca”.
Yo creo que debes analizar fríamente y sin afectación lo que esperas del trabajo y si en realidad te sientes compensado con él. Si decides quedarte debes cambiar tu actitud ante el trabajo, reconocer sus aspectos positivos, estar dispuesto a pagar el costo asumiendo aquellos otros que no sean de tu completo agrado y disfrutarlo. Reflexiona acerca de la situación que te afecta y si no puedes cambiarla minimízala. Soportar un maltrato por la paga que recibimos, casi siempre nos lleva a un deterioro mental y físico que, al final, nos obliga a renunciar.
El trabajo debe ser un placer, una actividad que te haga sentir lleno y con posibilidades de crecer como persona y como profesional, que te dé una remuneración justa y, además, recibas el trato que te mereces.
Conversa con tu pareja o con tus amigos las opciones que tienes, eres joven y vale la pena que busques tu bienestar.

MAYTTE, soy un poco joven y estoy un poco confundido, ¿puede la riqueza darte la felicidad? ¿Cuánto dinero se necesita para ser rico y feliz? ¿Es posible experimentar la felicidad sin dinero? A veces me preocupa tener pocos recursos para lograr el éxito y la felicidad que deseo. L.M.R.
Conozco mucha gente verdaderamente rica que no es feliz. Conozco también a muchas personas que tienen casas grandes y bellos autos, que se pasan la vida trabajando para pagar cuentas y adquirir más cosas que le den comodidad y estatus, pero tampoco parecen muy felices. Ciertamente, el dinero no da la felicidad, pero nos ayuda a satisfacer las necesidades básicas de manera que podamos encargarnos de cumplir con nuestros sueños y expectativas personales. Por eso es importante educarnos y trabajar para cubrir nuestras necesidades básicas, pues no se puede ser feliz con hambre o sin techo donde cobijarnos, pero si puedes compartir tus problemas con tus padres o con tu pareja o amigos, eres rico. Si puedes mirar de frente a tus amigos y familiares sintiéndote leal y limpio, eres rico. Si puedes tener tiempo, una tarde o un fin de semana, para ir de paseo con amigos o familia, eres rico. Si puedes decir con toda honradez que no tienes nada que esconder y estás siempre dispuesto a compartir lo que tienes sin temor a perderlo, eres rico. Y si puedes dormir en paz y sonreír al despertar, amigo mío, eres verdaderamente rico. “Rico no es aquel que tiene todo lo que quiere, sino aquel que quiere todo lo que tiene”.
maytte@maytte.com
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