Mujeres
Estampas
Un quinteto de portada
Cada una, por su razón particular, decidió participar en una contienda inédita en el país. ¿La recompensa? Aparecer en la primera plana de esta revista, dejando atrás el miedo escénico —en el caso de quienes lo tenían— y probándose a sí mismas que estaban para eso y más. ¿Los resultados? Cinco rostros que narran su día a día, sus logros, sus expectativas en la vida, pero que además saben reírse de sus tropiezos, de sus equivocaciones, de lo que otros pudieran llamar defectos, pero que ellas han sabido revertir en la oportunidad de ser felices y auténticas al mismo tiempo María Elisa Espinosa
Fotos: Dumont & Regalado

De izquierda a derecha
Diana Rodríguez
María Gracia Fernández
Maria Eugenia Angulo
Blanka Martínez
Luz Stella Saldarriaga
MAQUILLAJE Y CABELLOS: RICHARD CHING.
TELF.: 0414-272.8355.
VESTUARIO: VESTIMENTA. C.C. SAMBIL.
TELF.: 267.6132

Diana Rodríguez
Pa’lante es pa’allá
Los riesgos ya no amilanarán más nunca a Diana Rodríguez, madre de tres (Luis, Juan y Manuel), esposa por segunda vez y vuelta a emplear luego de haber tomado una decisión que pocos se atreven a tomar en estos tiempos: “Renuncié a mi trabajo sin tener nada, y eso me hizo caminar por la calle de la amargura pensando que había actuado de manera irresponsable o por pura malcriadez, hasta que no sé por qué extraña razón –quizás la misma depresión me llevó a eso— me puse a escribir, por cierto, algo que me ha encantado hacer siempre”. Así fue como llegó Diana a la primera plana de Estampas. Bastaron unos mil caracteres y el envío de una fotografía que no sabía estaba mandando (“cometí un error, pensaba que era otra más actualizada en la que aparecía con cabello largo, pero como que la equivocación me dio suerte”), para entrar en las preferencias de un jurado calificador que se había metido entre ceja y ceja seleccionar historias de mujeres venezolanas que se demarcaran de lo usual. Y dicho y hecho: Diana estaba allí, con su “tragicomedia” de vida, por la cual hoy se ríe más que ponerse a llorar. Pues, ¿para qué caer en eso si se confiesa una convencida de que “las oportunidades aparecen cuando uno menos las espera”? Y allí está, sin más dilemas que decidir lo que se iba a comprar con el premio obtenido. Dilema, por cierto, que resolvió casi de manera automática: “Lo voy a compartir con mis muchachos; vamos a comprar una cámara digital, un reproductor para el carro, una consola de video ¡y ya está!”. De resto, esta bachiller en la especialidad Administración de Personal del liceo Gustavo Herrera, secretaria ejecutiva y con “50 mil cursos y más cursitos que he hecho sobre tecnología”, no se olvida de agradecerle a la vida otras cosas que le han llegado en estos 44 años que tiene de edad, como la música, por ejemplo: “Esa es otra cuestión que me apasiona, soy cantante de coral formada por el gran maestro Telésforo Naranjo, hasta he grabado dos discos, tuve la oportunidad de cantarle al Papa (Juan Pablo II) cuando vino por primera vez. De hecho, es una de las experiencias más hermosas que he tenido en la vida”. Y sépase que han sido muchas, contando entre las más recientes justo el día cuando fue notificada de haber ganado el concurso de Mujer Estampas. “¡Ni me lo podía creer, caí como en estado de shock, y lo peor es que no podía gritar, estaba en mi nuevo trabajo y se iba a ver así como feo, ¿no?”. Transcurrieron varios días y allí estaba: lista para las fotografías y estrechándose en sentidos abrazos con sus colegas de portada, sus nuevas amigas. A todas les regaló, al día siguiente y vía e-mail, una frase prestada del gran Ismael Rivera: “Dale pa’lante que nací para ser feliz”.
Mi divorcio me dejó con dos hijos, sin carro y un apartamento alquilado tan imposible
de pagar que varias veces tuve que caminar de Palo Verde a La Urbina, y viceversa, por
no tener para el pasaje. Alentada por amigos, reuní todo lo que pude y compré —sobre planos— un apartamento en Guarenas que me costó 2,7 millones de bolívares, e hizo llorar a mi mamá cuando lo vio: un peladero donde apenas comenzaban a mover la tierra. Al año me dieron mi precioso apartamento; mientras me mudaba salía a las 11 de la mañana de mi oficina, buscaba a los niños en Palo Verde, los llevaba a su nuevo colegio en Guarenas y regresaba a La Castellana; y a las 5 de la tarde, otra vez, el mismo trayecto. Así estuve un mes y perdí 5 kilos. Doce años después mi apartamento cuesta casi 100 millones, mi hijos están en la universidad, tengo un niño de 8 años con mi nueva pareja; acabo de cambiar de carro y lo mejor: ¡uso la talla de siempre! ¿Qué tiene que ver Estampas? Dos imprescindibles desde niña: el crucigrama y Max Haines; las recetas de Nury Sucre son la base para crear las mías y leer a Maytte me dio el valor para renunciar a un empleo insatisfactorio y buscar nuevos horizontes. ¿Quién dijo miedo?

María Gracia Fernández
En sus 15 minutos de fama
Más que una experiencia al mejor estilo de Extreme Makeover, María Gracia ve su participación en el concurso Mujer Estampas como una oportunidad “para vivir los 15 minutos de fama que pensaba nunca iban a llegar, pero llegaron”. Lo dice así quien se reconoce tímida, aunque no tanto como para dejar de saborear una historia que quedará estampada, literalmente, en el libro de sus días. Pero asimismo relaciona el ser una Mujer Estampas con el cuento de La Cenicienta, “por aquello de hacer un sueño realidad”. Confiesa, paso seguido, que alguna vez tuvo la intención de incursionar en el modelaje, cuestión que fue disolviéndose en su cabeza al aparecérsele en la vida otros episodios como estudiar computación, casarse, tener dos hijos (Michelle de 11 y Odiseo de 4), trabajar (hoy es gerente de una empresa de vigilancia), superarse en todo lo que hacía y, además, “leer siempre la revista, tal como me enseñó a hacerlo la abuela María”. Así resume esta mujer sus 38 años de edad, asumidos —como lo evidencia su hablar, su andar y su sonrisa— con una tranquilidad que muchos quisieran se vendiera en botica. Y así, tranquila, como quien no quería la cosa, fue que terminó sentada un buen día frente al computador escribiendo las razones por las cuales debía ser escogida como una Mujer Estampas. “En realidad, yo había leído ya en la casa de mi suegra el aviso invitando a participar, pero se me pasó en ese momento. Y fue un poco después, cuando apenas faltaba un día para cerrar el concurso, que de repente me senté, prendí la computadora, entré en la página y escribí. La verdad es que fue algo muy casual, nada con premeditación ni alevosía”, se atreve a confiar con un humor refinado quien pareciera no romper un plato en casa. “Ese día —sigue contando— escribí lo que escribí, así quedó y así se envió. Ni una palabra más”. ¿Los resultados? Totalmente a su favor, pero ni se lo creía el día que la llamaron para comunicarle que había sido escogida junto a otras cuatro participantes. “Pensé que me estaban llamando por algo de la suscripción que tengo del periódico y tuvieron que insistir demasiado para que yo entendiera lo que estaba pasando. No paraba de reírme”, comparte el día que, en el Sambil, se disponía junto a las demás ganadoras a someterse al cambio de look que formaba parte de los premios obtenidos. En cuanto a lo otro —¿cómo invertir el monto de dinero abonado a una tarjeta de débito totalmente a su disposición?— la decisión ya estaba tomada: “Lo voy a gastar en mí, así suene egoísta, pero creo que me sale”, dice quien se sabe una mujer merecedora de eso y más.
Cualquiera que vea el concurso debe preguntarse ¿Qué es una Mujer Estampas? ¿Quién mejor que ella misma para definirse? Primero, por supuesto, una Mujer Estampas es una gran mujer venezolana. Después viene todo lo demás: es aquella que, siendo capaz de satisfacer todas las necesidades de su familia (incluyendo hasta la mascota), puede encontrar esos deseados minutos del domingo, en los que recostada en su sofá se devora toda la revista: desde las entrevistas, consejos y publicidad, hasta el horóscopo. Sin dejar de lado lo que transmite Maytte con su acertada visión de la vida, que nos brinda ese ánimo que de vez en cuando se queda pequeñito. ¿Qué Mujer Estampas no ha buscado un presupuesto, hecho una receta, tomado un consejo de belleza o salud o guardado un artículo de Maytte para releerlo una y otra vez? La mujer venezolana es como Estampas: bien surtida, animada y especial; que plantea soluciones y no problemas. Yo soy una Mujer Estampas. No puedo recordar desde cuándo porque ya perdí la cuenta. La leo desde que mi abuelita compraba el periódico los domingos y, por supuesto, ella también la leía.

María Eugenia Angulo
Un mundo bajo sus pies
No hay un capítulo de su vida que no encaje en lo que, según dice, debe ser una mujer: “Demostrar que uno tiene mucha capacidad por encima de todo, que la mujer tiene mucho que proyectar, que lo que se propone es crear un mundo bajo sus pies”. Con tan sólo 26 años —de hecho, es la más joven de todo el grupo de ganadoras del concurso Mujer Estampas— a María Eugenia no le cuesta encontrar en su propia piel y personalidad todos estos atributos, cuestión que la llevó, precisamente, a participar: “Desde pequeña me lo enseñaron en casa. En el trabajo doy el cien por ciento y en la universidad también; además soy escultora y una chef innata, lo cual desarrollo con una empresa de catering que monté, al igual que una de publicidad y eventos”. Currículum ciertamente comprometido para quien en el mes de noviembre además se casa, con lo cual comenzará a cultivar “un hogar como el que vi en mi familia: perfecto”. Asegura que de su mamá aprendió “a ser una mujer completa en todo sentido”, y de su papá también ha aprendido mucho. “Es una bendición tenerlo, porque llena todo ese aspecto masculino que igualmente debe tener la vida”. Con tal background, a María Eugenia no le surgieron mayores dudas de que quedaría entre las cinco seleccionadas. “Dentro de mi corazón siempre supe que podía ganar, que yo podía servir como reflejo de tantas jóvenes de mi país, que yo podía expresar todo eso en un solo ser, en una sola alma”. La voz, a todas estas, que le corroboró tal cosa, le llegó vía telefónica. Desde las oficinas de Mercadeo de El Universal le preguntaron si aceptaba ser Mujer Estampas. ¿Y para qué negarlo? “Claro que sí”, en ello había invertido buena parte de su energía en las últimas semanas; y gracias a ello también podrá ahora comprar el vestido para su boda. “Ya tengo varios modelos precisados para ver por cuál me decido”, comparte a quien le pregunte. Así como igualmente no tiene problemas en compartir que su reto de aparecer como portada en una revista nada tuvo que ver con demostrarse a sí misma otra cosa distinta a lo que ella ya sabe que es: “Hasta ahora, a la edad que tengo, he logrado que se me valore por todos mis atributos. Siento que nací para comerme el mundo, para cumplir con todo lo que sueño... Siento que hoy estoy en el lugar donde Dios y la Virgen han querido que esté, y eso lo agradezco mucho”.
Mi mamá siempre me lo decía: ‘Desde chiquitica debes prepararte para la vida, tener una familia, ser una gran profesional y, sobre todo, estar de punta en blanco’, cosa que me caracteriza como buena venezolana que soy. Ahora tengo 26 años, soy diseñadora, trabajo en una empresa de servicios como creativa, apoyo causas sociales, estudio Derecho en las noches, tengo mi propio negocio de publicidad y eventos y, además, estoy montando un negocio de telecomunicaciones; pero eso es lo que vi de ejemplo en mi familia… ‘Porque en un país como éste debes saber de todo: cocinar, cambiar pañales, ver el índice bursátil, saber de leyes, moda, ser sicóloga y, por supuesto, proyectar paz, belleza y mucha seguridad’. Cada fin de semana al leer Estampas y ver las caras de modelos, actrices y empresarias, yo me decía: También puedo estar allí como tantas otras mujeres de este país que son ejemplo, no sólo de belleza, sino de la capacidad que tenemos de asumir tantos roles durante las 24 horas del día. Busco cuanto consejo me dan en “Vivir mejor” para tapar esos trasnochos laborales, así como los consejos de Maytte para mantener la calma y no ser arrollados por un mundo cada vez más automático.

Blanka Martínez
Ella es así
Si algo destila por los poros esta mujer de 36 años es pasión. Una pasión que suda cada día en sus clases como instructora de bailoterapia, pero además la reparte a quien se tropiece con ella en el camino. “Es que soy así”... ¿Así, cómo? “Nací para conquistar nuevos horizontes, descubrir, aprender y enseñar. Una de mis misiones es hacer la vida más alegre. Represento el dinamismo, el entusiasmo, la energía y la fuerza de voluntad. Me apasionan los retos”. ¡Y no es mentira, se prepara para ello!, valiéndose, entre otras cosas, de una confianza tal en sí misma que desde el primer momento se dio como ganadora en el concurso. “Por eso mandé una foto en la que aparecía ya como portada de la revista”, cuenta quien no se ha limitado a utilizar las facilidades del photo shop para este único caso. Además, Blanka tiene un portafolio digital en el que luce vibrando en cuanta carátula de magazine internacional existe. E insiste... “Es que yo soy así”.Y utiliza entonces otras tres palabras que la definen: “Atrevida, apasionada y divertida”. Aunque no sólo eso. “Me gusta ser firme y perseverante en las cosas que me propongo. Tengo una gran expresión creativa y un espíritu benevolente. Soy optimista y con buen humor, me encanta el movimiento, amo la libertad”.Y de allí su currículum: publicista, con dos cursos en Desarrollo Gerencial, un componente docente en Educación Superior y programa de especialización en Educación Preescolar, instructora de natación, certificada en bailoterapia y próximo a serlo en zumba, una nueva modalidad del fitness sobre la que tiene cifradas grandes expectativas. Y todo esto “teniendo los pies sobre la tierra, pero apuntando las manos siempre hacia las estrellas”, cuenta quien ha sabido hacer de su cuerpo, mente, espíritu —y pasión, que ciertamente corre por sus venas— el mejor producto para su propia campaña publicitaria. Aunque no se olvida de dar créditos a otros: “Gracias a Dios, a mi familia, a mi esposo, a mis amigos y a todas aquellas personas que han hecho posible que yo esté en la cima que siempre soñé”. Y entre todos, no pasa por alto a sus dos abuelas, gracias a quienes aprendió a conocer muy de cerca a Estampas. “Ellas cocinaban con Las Morochas cuando la revista era en blanco y negro”, desempolva Blanka de su alacena de recuerdos infantiles, sin dejar de explayar esa sonrisa grandota con la que cada día se nutre para inyectar energía a su vida y la de quienes bailan a su ritmo. “Es que yo soy así. ¡Esa soy yo!”.
Tú me has contado tanto y ahora me toca a mí. Fueron muchas horas de sudor, lágrimas, críticas, ensayos. Nunca olvidaré cuando dije: No sé cómo ni cuándo, pero ahí estaré. Fui a la entrevista para realizar el curso de Instructora de Baile. Desde el inicio encontré obstáculos. Nunca faltaron palabras como ‘No sirves’, ‘Puede que no certifiques’, ‘Hay que realizar una audición y el jurado es exigente, fuerte y áspero’. Estaba en el lugar
y momento correctos. Sábado 17 de Abril de 2004, 8:00 de la mañana. Luces, acción
y sonido. Ahí estaba yo llena de energía, entusiasmo y preparación. Mi vida, un sueño
y mi futuro. Ocho minutos duró mi audición. Hoy estoy donde quiero, no sé si es la cima que todos quieren alcanzar, pero es la mía, la que yo soñé. Tengo mi certificado y amo mi trabajo. Me pediste compartir una anécdota, ¿cómo no hacerlo si me siento entusiasta y capaz con esta oportunidad? ¿Desde hace cuánto disfruto tus letras? Crecí a tu lado. ¿Qué he aprendido de ti? La vida en todos sus significados; las respuestas que he buscado. Todos mis domingos tienen una tradición: leerte para vivir mejor... Consejos, salud, actualidad, bienestar y pare usted de contar ese regalo que tú siempre me das.

Luz Stella Saldarriaga
La felicidad multiplicada
Está convencida de que los ojos “sí son la ventana del alma”.Y aunque no exactamente lo comenta a propósito de los suyos, pues prefiere siempre piropear a los demás, habrá que decir que en su caso esta máxima también aplica, ¡y cómo! Luz Stella, madre de cinco niñas —en una gama que va desde la de 23 años hasta unas gemelas de 4— a pesar de que porta unos lentes grisáceos de contacto que le “pidió prestados a la vecina”, refleja en sus distintas etapas de la vida ese brillo y mucho más. O que lo nieguen todos aquellos que se la encuentran en la vía con ese tamaño y elocuencia imposibles de pasar desapercibidos. Como tampoco es fácil dejar de advertir esa capacidad de hacer de todo una chanza o un motivo para la felicidad. “Sí, el humor para mí es muy importante. Es gracias a eso que me mantengo”, admite esta mujer de 51 años y un único matrimonio del cual le ha nacido la nutrida prole de la que le cuesta despegarse así sea para ir al baño, según deja ver con lágrimas en los ojos, pues para ella reír y llorar son sentimientos que suelen ir a veces uno seguidito del otro. “De verdad la vida es bella —así como en la película aquella que también fue triste— y en el fondo, y en esencia, tú eres quien la puede hacer más bella todavía”. Lo dice quien jamás imaginó impreso su rostro en una portada de revista. Pero allí está, como toda una flamante modelo, como nunca se soñó, y como pudo conseguirlo, entre otras cosas, gracias a su hija mayor. Ella, Adriana, licenciada en Educación y estudiante de un master en Comunicación Organizacional, fue quien le ayudó a escribir lo que está allí, lo que la describe como una auténtica mujer venezolana, incansable a todas estas, con una gasolina que le permite manejarse por la vida como quien sabe lo que quiere y va detrás de ello sorteando todos los obstáculos que se le atraviesen. Así sea, este obstáculo, un empleo por el cual no pueda dedicarle más tiempo a la familia. “Por eso fue que dejé el que tenía (en una importante corporación bancaria); entendí que para mí es necesario compartir con mis hijas y mi esposo, a quien adoro, porque, si no, no le hubiera dado esta muchachera”.Una muchachera cuyos nombres comienzan todos con la letra “A” —de Adriana, Andrea, Andreína, Alexandra y Ariadna— pues ¿para qué enredarse? “A todas, por cierto, les pretendo dar una sorpresita con lo que me gané en el concurso, comenzando por la mayor, a quien le voy a abonar un dinero para un viaje que quiere hacer a España. Creo que se lo merece; para la edad que tiene, ella es una persona con mucha templanza y creyente de la vida”. ¿Acaso herencia de mamá?
¿Universidad? ¿Planificación Estratégica? ¿Administración del tiempo? Su verdadera aplicación, en el 2005: para ser ama de casa. Son las 4:00 de la mañana. Usar el baño sin exceder 10 minutos (sólo hay uno); preparo 6 meriendas, 2 almuerzos; a las 5:55 reparto besitos al cuarteto inicial (tres hijas y mi esposo), acompañada de mis dos últimas hijas que son gemelas de 4 años. Preparo a las ‘repetidas’ para su cole, salimos a las 7:30 y siempre llegamos tarde (el Metro es una caja de Pandora). Regreso a casa, limpio, recojo la infinidad de ropa sucia, lavo (bueno, cargo la lavadora), preparo el almuerzo, y empieza otra vez la hora cero: busco a las gemelas, llegan las de 23, 12 y 11. Ahora a volar para las clases de natación. Regreso, invento meriendas, hago cena.
Son las 5 de la tarde, hora de salida en las oficinas; aquí empiezo la etapa 2...y llegaron las 11 de la noche; tomaré mi baño y, quizás, descansaré, pensando nuevas estrategias para escucharlos a ‘todos’, ir de compras, visitar amigos, revisar tareas, planificar cada fin de semana (porque los pagos son por Internet)... ¡Ufff!, ya son las 4:00 de la mañana, ¡Ooootra vez!.. ¡Qué increíble!, si mis actividades fueran 1.200 caracteres, tengo aún tiempo libre.
Ver también en Encuentros:
- 15 minutos de fama.
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