A meterse en cintura
Para lucir una cintura de avispa, la solución va más allá de
la faja de yeso. Una sana alimentación, ejercicios diarios y tratamientos específicos, son clave para presumir de una linda figura. Tome nota. Carolina Quintero
El ultimo grito de la moda colocó en vitrina los pantalones de talle bajo y los tops cortos, prendas de vestir que para suerte de algunas dejan ver una linda y torneada cintura, un abdomen sin protuberancia y un derriere libre de estrías. Sin embargo, hay quienes haciendo caso omiso de la particular regla del buen gusto, muestran (para disgusto de miradas masculinas y femeninas también) una lipa fofa, desde la más incipiente hasta unas que de verdad ofenden. Y aún hay más, aquellas que se empeñan en ajustarse la pretina más abajo de la cadera, mostrando unas revolveras que matarían de horror a quien fije su mirada en ellas. Seamos sinceros, son pocas quienes tienen el privilegio de lucir tan singular moda con el ombligo al descubierto, y son muchas las que sufren por querer tener una cintura pequeña y unos abdominales como una tabla.
A través de los años la figura femenina ha estado circunscrita a las tan famosas medidas 90-60-90, con las cuales sueñan todas las mujeres, en especial las aspirantes a modelo o reinas de belleza. Quizás los años noventa las liberó de tan cruel exigencia, pero con el comienzo del siglo se volvió a explotar este prototipo de belleza.
Hoy en día, la cintura es el atributo físico más cotizado, por encima del busto y de las caderas, tanto, que inclusive los hombres hacen alarde de un escultural torso. De allí el boom de acudir a centros de estética o a la cirugía —como último recurso— en búsqueda de opciones para remodelar la silueta; así como también de adquirir las diversas ofertas de productos, fajas térmicas, aparatos caseros y pastillas milagrosas.
Pero lucir unos abdominales esculpidos no es tarea fácil: se requiere contar con una genética solidaria y ser constantes y disciplinados con la alimentación y la práctica de ejercicios diarios; de lo contrario, el meridiano de la cintura se perderá en el horizonte antes de tiempo.
Alerta
La piel de la cintura, según explica la dermatóloga Omaira Milella, comprende el área ubicada entre el borde inferior de las costillas hasta el límite de la cadera. Es igual, aclara, a la del resto del cuerpo, y no varía de una persona a otra, a excepción del fototipo, el cual está determinado genéticamente por el factor racial.
Esta zona, tan sólo sostenida por la piel y los músculos abdominales, es también una de las más delicadas del cuerpo. Sus principales enemigos son: la vida sedentaria y su consecuente relajación muscular, las vertiginosas bajadas y subidas de peso, los embarazos, la obesidad, las acumulaciones de grasa, el envejecimiento y hasta el sol, que causa estragos en esta área, cuando es expuesta sin la debida protección. Todos estos factores se traducen en flacidez, pérdida de firmeza, estrías y celulitis.
Indica la doctora que es la piel, y no el músculo, lo que tiene la capacidad de distenderse, gracias a sus células, los fibroblastos. Cuando estas son de un nivel elevado, y la piel crece por cualquier causa que no sea obesidad (aumento de tejido graso) la piel se estira y regresa a su lugar, incluso sin manifestar lesiones como las estrías; si, por el contrario, es una piel con colágeno y elastina pobres, entonces sí quedará marcada con las antiestéticas huellas. Esto es un problema de piel.
Lo que definitivamente va a producir un cambio metabólico grave y severo, según advierte el nutrólogo Guillermo Aldana, es el crecimiento de la cintura o de la circunferencia abdominal, como consecuencia de la acumulación de tejido graso, motivada por el comportamiento hormonal de cada individuo. Sostiene el médico que son los hombres, debido a sus bajos niveles de estrógenos, quienes tienden a acumular una mayor cantidad de grasa en el abdomen. La mujer, por su parte, al poseer un mayor número de estos, en especial antes de la menopausia, ven crecidas sus medidas en caderas y piernas. “Sin embargo, hay algunas que desde el punto de vista genético, y eso es hereditario, tienden a presentar aglomeración en el abdomen. Al parecer, el estrógeno no es reconocido eficientemente por las células grasas o adipositos que están en las extremidades inferiores, pero sí por las que están a nivel abdominal. Cuando eso ocurre, estas comienzan a crecer, y con ello se va perdiendo la cintura”. Este aspecto es determinante, debido a que hace una colisión con la salud. Se enciende la alarma de posibles enfermedades.
Medida riesgosa
Afirma el doctor Aldana que uno de los parámetros para predecir el riesgo de enfermedades asociadas con la obesidad es el índice de cintura. Este se calcula con una cinta métrica, alrededor del cuerpo, a la altura del ombligo. Para la mujer se toma como referencia 86 centímetros, para el hombre, 95. Es importante saber que por cada 10 centímetros que ésta aumente, hay 10% de posibilidades de generar males asociados con la obesidad, cabe destacar: infarto cardíaco, resistencia a la insulina, diabetes tipo II, hipertensión, etcétera. Eso sin contar que al tener una barriga prominente se arrastra hacia adelante la columna vertebral lumbar, exagerando su curvatura y favoreciendo los dolores de espalda, entre otros problemas.
Ante esta situación son muchas las personas que en consulta manifiestan la preocupación por querer reducir el tamaño de su cintura. Curiosamente han cambiado las preferencias y ahora la pelea no es contra el peso, sino contra la talla. Para ganar esta batalla, el especialista es enfático al decir que “no existe fórmula mágica para bajar el índice de cintura, si no se cumple con la regla de oro: dieta balanceada y ejercicio físico, con o sin procedimientos médicos estéticos; esto es fundamental”.
Directo al abdomen
Tener una cintura de avispa implica hacer y mantener ciertas conductas. Ciertamente es importante considerar lo que se come. Bien reza el refrán, “somos lo que comemos”. Para empezar es primordial cumplir con todas las horas de comida; no excederse en la cantidad, comer lo necesario y no picar entre comidas. El menú debe ser lo más balanceado posible; se puede contemplar la opción de un nutricionista, para que acople la dieta a lo que realmente se deba comer.
El ejercicio diario también ayuda a conservar la línea. No hay duda al respecto. La ventaja es que, además de reforzar los abdominales, se queman calorías y se pierde talla y peso. Los ejercicios cardiovasculares llevan la batuta por ser los más completos en cuanto a los beneficios que aportan y por ser los más sencillos al momento de realizarlos. El doctor Aldana opina que caminar 20 minutos, a diario, es suficiente para ganar esa pelea contra la talla. ¡A caminar entonces! Bicicleta, natación y pilates, también ayudan.
La ley de gravedad conspira contra la edad y todo comienza a caer. El envejecimiento está a la vuelta de los 45 años y retroceder es imposible. Internamente las fibras de colágeno y elastina, responsables directas de la firmeza del tejido, van cediendo. Para ayudar en la lucha contra la flacidez, la cosmética ha avanzado mucho en este campo y propone productos, con principios activos, que suplen la acción de estas fibras. Los anticelulíticos actúan como apoyo para evitar la acumulación de grasa, además de ayudar a definir la silueta, hidratar y suavizar la piel; los drenantes contribuyen a mejorar la circulación, aliviando la hinchazón. Elegir un producto reafirmante en lugar de un hidratante proveerá de mayores beneficios. Se debe ser constante en su aplicación y al hacerlo, realizar un masaje circular en la dirección de las agujas del reloj hasta lograr su penetración.
Donde no llega la cosmética surge la opción de los tratamientos de vanguardia. Desde masajes reductores, mesoterapia, endermología a técnicas tan sofisticadas como la radiofrecuencia, una nueva modalidad de láser, que llegará a Venezuela en breve, para solucionar muchos de estos problemas de grasas localizadas, según informa el doctor Guillermo Aldana.
Entre los tratamientos que ofrece el especialista en su consulta destaca la hidrolipoclasia, procedimiento que consiste en inyectar agua hiposmolar (con una concentración de soluto menor que la del plasma) en la zona a tratar, para debilitar la membrana del adiposito, o célula grasa, y luego eliminarla con el ultrasonido y vacumterapia. La otra es la carboxiclasia, con la que se inyecta subcutáneamente gas carbónico, C02, para también eliminar los adipositos, pero que deja el efecto activado por una o dos semanas después de su aplicación, para que la célula grasa siga deteriorándose; además, mejora la vasodilatación arterial y venosa. Y la combinación de estos dos procedimientos, la hidrocarboxilipoclasia ultrasónica. Con este procedimiento se inyecta tanto agua hiposmolar como C02, pero en menor cantidad de ambos, para lograr una gran destrucción de adipositos en el momento de hacer el procedimiento, por el agua y por el gas, además de dejar, a largo plazo, la célula favorecida en su proceso lipolítico. Asegura el doctor que el paciente logra una reducción de unos tres centímetros por cada sesión, y se pueden hacer hasta 10, lo que representa unos 30 centímetros menos de medidas, en un lapso de dos a tres meses. Asimismo, indica, es un procedimiento que no genera dolor, a excepción del pinchazo; y no impide seguir con la actividad diaria, ya que la persona sale de la consulta sin guardar reposo, pues no lo requiere. En cuanto al paciente ideal, insiste que es aquel cuyo índice de cintura está en los 115 centímetros, y su índice de masa corporal, en 35. Estos tratamientos, además de ayudar a eliminar definitivamente la grasa de la circunferencia abdominal, y de impedir que ésta vuelva a aparecer, según garantiza el especialista, deben ir sostenidos, definitivamente, con una rutina de ejercicios y dieta balanceada. Es fundamental. l
Coordenadas:
Omaira Milella, Médico dermatólogo,
Policlínica Santiago de León de Caracas.
Tlfs.:(0212)762.4657/ 762.3989.
Guillermo Aldana, Médico Nutrólogo,
Clínica Radial Salud C.C.C. Tamanaco Chuao.
Tlfs.: (0212) 959.4892 / 959.8013. |
caroquint@hotmail.com
| Así actúan |
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acumulaciones de grasas
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Humecta, suaviza y da firmeza, disminuye la apariencia
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