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  Del feminismo pop
y otras mutaciones cosméticas

Carla Tofano

 

Conozco bien los logros, los delirios y las frustraciones del feminismo pop, del feminismo funk, del feminismo punk y del resto de las evolucionadas ideologías a favor de la equidad entre niños y niñas.Tanto conozco las mutaciones del feminismo hipermoderno, que no me hubiera detenido a teorizar sobre lo que considero un modelo indivisible de acción erosiva, persistente y sostenida -cuyos logros van mucho más allá de los impermeables discursos teóricos y las antipáticas pancartas enfurecidas- si no me hubiera dado la frente contra el vidrio de una verdad que reza: "De lo sobrentendido surgen los malos entendidos".

Cierta sorpresiva disposición a intercambiar puntos de vista en torno a las interrogantes del feminismo como fenómeno en uso o desuso con algunas colegas, me obligó a reflexionar en torno a lo que pensamos y sentimos quienes nos planteamos la beligerancia política con compromiso leal, aunque sin ceñirnos a panfleto ideológico alguno. Quienes militamos en las filas de los ismos pop detestamos los dogmas del conocimiento absolutista y las cárceles de la razón artrítica, pero no por ello desconocemos la importancia del pensamiento inteligente y mordaz, que rehuye toda tentación acomodaticia y jamás permanece indiferente a las desigualdades de un mundo rebasado de vicios impenitentes, crueldades y sinsabores.

El feminismo pop ha cambiado de trincheras, ha remozado sus culpas y exorcizado sus complejos para robustecerse, para magnificarse, jamás para ablandarse o desaparecer. Esta alternativa electroideológica de temperamento activo y combativo, adora los sostenes de encajes y los colores cítricos de la ropa interior de las mujeres que se revelan radiantes y poderosas frente al mundo cruel de Jack el Destripador. El feminismo pop no se despoja del brassier para incinerarlo a favor de una voluntad femenina libre de toda opresión sexual; no, este modelo actitudinal se vale de la condición erótica del pensamiento curvilíneo, y se nutre de la seductora energía del estrógeno, para ganar así las luchas del deseo y las del pensamiento.

El feminismo no ha dejado de ser una necesidad latente en un mundo en el que las diferencias siguen jugando a favor de quien tiene el poder, y en contra de quien no lo tiene. Sea un macho o una hembra, un rico o un pobre, un caucásico o un taiwanés, un católico o un musulmán, un hombre o una mujer, el poder de unos en ocasiones aniquila las libertades de otros, y como muchas otras luchas visionarias, su sola tozuda persistencia (cuanto más sutil y constante mejor), garantiza logros invalorables en beneficio del progreso humanista. Su reafirmación simbólica ha cambiado y sufrido mutaciones fabulosas, pero la lucha silenciosa de las amazonas universales que consideran que aún hay muchas batallas que saldar, continúa en pie de guerra.

El feminismo no ha dejado de oponer resistencia ni de empujarnos hacia un ecosistema en el que las niñas desean reencontrarse con la fuerza animal que existe entre la planta del pie, el clítoris y el cerebro. Somos y seremos inmejorables, todas las mujeres que adoramos el placer de la vanidad y el privilegio lúdico que oculta el erótico juego de las formas. No imagino mi vida sin pinturas de labios, uñas acrílicas, zapatos de tacón alto y pantalones de cebra. Pero bien imagino un mundo en el que ninguna mujer se vea forzada a tolerar las humillaciones verbales de un jefe misógino, o los arrebatos de violencia física de un minusválido mental con el que vive bajo el mismo techo.

El feminismo pop podría ser considerado un invento efectista, una provocación del periodismo colorista, o una máxima ideológica a la orden de las necesidades del mundo actual. Da igual.

Quienes confiamos en el dominio transformador de la libertad y en la fascinación irresistible de las teorías progresistas, sabemos que el feminismo pop, funk o punk -las diferencias son básicamente un asunto de estilo e hilo musical- representa un modelo de militancia dura, a favor de la individualidad de las féminas valientes y los hombres consecuentes.

El feminismo pop es un complejo decálogo de parámetros éticos y estéticos que las mujeres intuimos gracias a nuestro temible olfato.

Es un juego de discursos inconscientes, un manual para afinar destrezas, fortalecer el carácter, generar fuerza e independencia y multiplicar el sex appeal. El feminismo pop es mitología urbana, brujería, herejía, seducción. l

tofano@hotmail.com

 
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