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Propiedad caliente

Se puede obtener una sentencia sin un cuerpo como evidencia. Max Haines

Norm se presentó con un documento fechado luego de la desaparición de Alma, firmado por ella, en el que le cedía 65 hectáreas a él. A principios del siglo pasado, cuando los buenos hombres y mujeres se dirigían al oeste para limpiar la tierra, plantar y ese tipo de cosas, de vez en cuando se tomaban un momento entre trabajos para asesinarse entre ellos.

Norman Williams era un viril trabajador del suelo llegado del condado de Shelby, en Iowa. Norm no tenía tiempo para casarse. Estaba demasiado ocupado sembrando el terreno y tanteando el campo. Norm era un mujeriego, hecho y derecho.

Resulta que los encantos de Norm llegaron hasta la granja de los Nesbitt. Un semental de 50 años como él no podía dejar de notar que la joven Alma Nesbitt había crecido para convertirse en una hermosa joven de 20 años. Norm pensó que Alma estaba lo suficientemente madura como para ser cosechada.

La madre de Alma, Louisa Nesbitt, tenía otros planes. No iba a permitir que ese viejo bribón pusiera sus manos sobre su única hija. Así estaban las cosas cuando Norm se rindió. ¡Qué rayos! no iba a desfallecer por Alma cuando el oeste lo estaba llamando con sus salvajes mujeres y demás.

Entonces se fue a Oregon y se asentó sobre 100 acres de tierra virgen en el valle del Río Hood. Le iban bien las cosas como granjero a pequeña escala. Construyó una casa y trabajó como un perro, pero algo le faltaba a su vida. No había mujeres salvajes. Norm extrañaba la compañía femenina, en especial la del sabroso bocado que había dejado en casa.

Nuestro muchacho comenzó una campaña postal. Le escribió a Alma, le escribió a la señora Nesbitt. Ellas había malinterpretado sus honorables intenciones. Le llevó cinco años, pero finalmente convenció a los Nesbitt de que no era tan mal tipo después de todo.

Alma, en ese momento una atractiva mujer de 25 años, marchó hacia el oeste. Las cartas que le escribía a su madre eran alegres y llenas de novedades. Había enviado un pedido de granjero y le habían otorgado 160 acres justo al lado de la granja de Norm Williams. Las cosas se veían tan bien que la señora Nesbitt se unió a su hija. Ella también estaba positivamente impresionada y le escribió a su hijo George, quien todavía estaba en Iowa, que a pesar de que la vida era dura, estaba encantada con la preocupación que Norm demostraba por ella y Alma. George tuvo la sensación de que su hermana y Norm podrían convertirse algún día en marido y mujer.

Entonces los hechos dieron un vuelco diametralmente opuesto. El 8 de marzo de 1900, George recibió una carta de su madre. Ella y Alma volvían a Iowa. La carta había sido escrita desde una casa de habitaciones en Portland. Entonces, nada. Ninguna correspondencia. No había rastros de Alma ni de su mamá. George le escribió a Norm y recibió una respuesta muy vaga, sugiriendo que Alma había huido con otro hombre. George no sabía qué hacer. Realmente esperaba que su madre y su hermana aparecieran en cualquier momento. Cuando pasaron varios meses, envió cartas a todas las personas en Oregon que pudieran echar algo de luz sobre sus desapariciones. Nadie demostró demasiada preocupación.

Luego de cuatro años de frustración, George tomó el toro por los cachos, como suele decirse, y emprendió el tedioso viaje de Iowa a Oregon. El tenaz George encontró la granja de Norm. Estaba desierta. Pero insistió, buscando signos de tierra removida en la vasta extensión. Cuando encontró un montículo en el gallinero, comenzó a cavar. Dos metros bajo tierra, descubrió una bolsa vieja y manchada. Adheridos a la bolsa había varios cabellos. Cenizas de carbón también fueron extraídas del pozo. Eso era suficiente para George. Se dirigió velozmente hasta el condado de Waco, donde vio al fiscal del distrito, Frank Menefee, y le contó la historia tal y como fue relatada hasta aquí. George Nesbitt estaba convencido de que su madre y su hermana habían sido asesinadas y sus cuerpos quemados. Toda lo que tenía para respaldar sus declaraciones era una vieja bolsa, unos pocos cabellos y un puñado de cenizas. Pero eso fue suficiente como para que Menefee llamara al comisario Sexton y que investigara el caso. Sexton cavó en el gallinero de William y, más allá de algunas cenizas, no encontró absolutamente nada. Entonces decidió seguir el rastro de las mujeres perdidas. Viajó a Portland y ubicó la casa de habitaciones desde donde la señora Nesbitt había escrito la última carta. El dueño del lugar recordaba al dúo de madre e hija. También recordó que la noche que se fueron habían mantenido una discusión con un hombre. Escuchó la conversación atenuada a través de las paredes, y pudo reconocer la palabra "propiedad", pero no mucho más.

Norm Williams fue encontrado fácilmente: estaba trabajando en un aserradero en Bellingham, Washington, a casi 500 kilómetros de distancia. Demostró ser un viejo excéntrico encantador. Cuando vio la bolsa de arpillera, casi rió. Claro, las manchas podían ser de sangre, sangre animal. Lo mismo con el pelo. ¿Había algo más común que eso en una granja? Y sobre las cenizas, Norm tenía una explicación lista. El gallinero había sido descubierto en el lugar que antes ocupaba un viejo baño exterior. Antes de construir, Norm había rellenado el lugar con los restos de una quema de basura.

Nadie estaba más preocupado que Norm por la desaparición de Alma. Recordaba bien su última visita en la granja, cuando le dijo que se iba a casar con un hombre más joven. Ella y su madre habían tomado un tren a Portland. Norm agregó que el mismo contrató en los establos Fashion Livery a alguien para que lleve al par hasta el Río Hood. El comisario chequeó la historia en los establos, y efectivamente la operación realizada hacía cuatro años estaba registrada.

El pasado de Norm fue exhaustivamente investigado. Los detectives descubrieron que Norm y Alma se habían casado dos meses después de su llegada desde Iowa. Además, Norm tenía otra esposa en Dufar, Oregón, con la que se había casado para luego abandonar sin ningún beneficio de divorcio.

Los detectives continuaron indagando. Descubrieron que no había ningún baño exterior en el lugar en el que George había encontrado la bolsa. Norm había construido el gallinero luego de la desaparición de Alma y Louisa. También encontraron a un trabajador que recordó un extraño incidente ocurrido cuatro años atrás. Norm lo había hecho apilar troncos y árboles sobre un gran montículo de bolsas de arpillera llenas de avena. El hombre no pudo creer lo que veía: Norm prendió fuego a la pila de bolsas.

Los investigadores estaban seguros de que el hombre que el propietario de la casa de habitaciones escuchó discutiendo con las mujeres era Norm. Sobre todo luego de descubrir que la propiedad de Alma estaba valuada en mucho más dinero que la de él. De los registros de hacendados de Portland, también se desprendió que Norm se había presentado con un documento fechado luego de la desaparición de Alma, en el que ella, mediante su firma, le cedía sus 65 hectáreas a él.

Se comprobó que el documento era falsificado. La coartada se iba debilitando y el nudo alrededor del cuello de Norm estaba ajustándose. Debe recordarse que en 1904, las ciencias forenses no eran lo que son hoy. Sin embargo, usando los métodos disponibles más modernos, los doctores pudieron confirmar que la sangre encontrada en las bolsas era humana. Lo que es más, el cabello había sido arrancado de la cabeza de una persona viva. Debajo del microscopio se podía ver la raíz del pelo unida a éste. Después de muerto, el cabello sale sin la raíz.

El fiscal del distrito Mecefee supo que tenía un caso sólido, pero que ayudaría tener un cuerpo como evidencia. La tierra de la granja de Williams fue removida, pero ni siquiera encontraron una uña. Norm era culpable de bigamia, Norm era culpable de falsificación de documentos y -no había dudas al respecto- también era culpable de asesinato, con o sin cadáver.

Los abogados defensores no llamaron testigos, pero basaron el caso entero en la premisa de que ningún jurado condenaría a un acusado utilizando unas bolsas de avena manchadas, un poco de pelo y cenizas. Se equivocaron.

Norm Williams fue ahorcado por hallarle culpable del asesinato de Alma Nesbitt. Los cuerpos nunca fueron encontrados y Norm nunca confesó. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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