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Desconcierto es, quizás, la palabra que mejor podría describir el sentimiento de una persona cuando se le informa del padecimiento de una enfermedad grave. En esos casos, el paciente, tomado por sorpresa, no sabe qué preguntar más allá del “¿qué me pasa?”, “¿mejoraré?”... En el diario español El Mundo apareció una guía que le puede ser útil para enfrentar esos momentos y tomar las decisiones adecuadas, que muy bien podrían significarle la vida.

Así, en casos de cáncer, podría empezar por preguntar:

¿Está seguro?
Las pruebas de imagen ayudan a detectar recaídas o la metástasis, pero la lectura de la información es, en ocasiones, complicada, por lo que se requiere de la ayuda de ojos expertos. Las biopsias pueden presentar errores entre un tres y un cinco por ciento.

¿Cómo es mi tumor?
Los tumores no se comportan todos de la misma manera. Lo mejor es que el especialista le explique qué va a ocurrir si el tumor se trata o si no.

¿Es éste el mejor centro para atender esta enfermedad?
Muchas personas reciben tratamiento en el primer sitio al que acuden, pero siempre es conveniente pedir una segunda opinión, aunque sea sólo para asegurarse de que la terapia que le prescribieron es la mejor. Si el tumor es poco común, lo más recomendable es acudir a un profesional especializado.

¿Hay nuevas terapias?
Si la solución a su mal no es muy clara, discuta con su médico otras posibilidades que puede encontrar en asociaciones de pacientes e, incluso, Internet. No siempre los profesionales están al tanto de todos los avances, más cuando se trata de estudios experimentales.

Cuando se trata de una cardiopatía, podría empezar por:

¿Cuál es el riesgo de infarto?
Usted ya debe saber que si es fumador, diabético, hipertenso, obeso o tiene el colesterol elevado, tiene mayores probabilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular, pero ¿sabe cuál es el verdadero riesgo de sufrir un infarto en los próximos diez años? El impacto no es el mismo cuando se le dice a un enfermo que deje de fumar a cuando se le advierte que por esa causa tiene un riesgo de 36% de infarto.

¿Es mi presión arterial lo suficientemente baja?
Mantenerla en los conocidos niveles 140/90 no le eximirá de peligro si, además, presenta otros factores de riesgo. Lo mejor es mantenerla más baja.

¿Cuál es mi riesgo inmediato?
La tendencia actual es identificar si el estado de salud representa una amenaza inmediata. Por ello, técnicas como la resonancia magnética permiten predicciones en ese sentido... y no es necesario introducir un catéter.

Y si el asunto es una cirugía mayor, una buena pregunta sería:

¿Cuántas veces lo ha hecho?
La experiencia es crucial para saber si se está en buenas manos o no. Atrévase a hacer esta pregunta. Interrogue a su cirujano sobre si la cifra de sus operaciones es mucha o poca y si otros la hacen con mayor frecuencia.

Si estuviera en mi lugar, ¿con quién se operaría?
Si le van a enviar a otro especialista, pregúntele a su médico con quién se operaría. Siempre habla bien de un médico tener colegas en su lista de pacientes.

¿Existe otra opción?
Muchas veces hay alternativas menos invasivas. La laparoscopia e, incluso, el uso de catéteres, son algunas de ellas. Consulte los pros y los contras según el caso.

 
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