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10 preguntas
sobre la
CARIES

¿Sabía usted que ni siquiera
los bebés se salvan de
sufrir esta enfermedad infecciosa? Acá encontrará
un repaso sobre qué la
produce, cómo evoluciona
y, lo más importante,
qué medidas debe tomar
para asegurarles a los
más pequeños de la casa
una dentadura fuerte
y sana

 

¿Qué es la caries?
Es una enfermedad infecciosa ocasionada por bacterias que colonizan la boca (Estreptococo mutans, principalmente), que reblandece y destruye los tejidos minerales de los dientes (el esmalte y la dentina) y provoca en ellos cavidades que llegan a la pulpa o tejido blando, infectándola, y a la raíz. También se denomina caries a la lesión así causada. Es la enfermedad crónica infantil más común. Se
ha estimado recientemente que su prevalencia en la dentición
temporal de los niños es de 36%.

¿Por qué aparece?
Por la suma de varios factores: la proliferación de bacterias, los dientes susceptibles (por su forma, por predisposición genética), los hidratos de carbono fermentados (dulces, leche) presentes en la boca y el tiempo que los dientes están expuestos a estos azúcares. Para metabolizar el azúcar, los gérmenes emiten un ácido que desmineraliza la superficie del diente. Cuando el ácido perfora el esmalte, las bacterias lo tienen fácil: el tejido de dentro, la dentina, es una estructura mineral blanda, en la que penetran estos microbios.

¿La sufren los bebés?
Sí. Las caries de la primera infancia o «boquetes del biberón» pueden empezar a producirse desde que aparecen los primeros dientes, entre los 6 y 12 meses. Desde ese momento conviene iniciar la limpieza bucal con una gasita húmeda y tomar precauciones, como evitar que el bebé esté mucho tiempo con el biberón de leche en la boca, sobre todo al dormir (ver preguntas 6 y 10). Por supuesto, la edad influye: cuanto mayor sea el niño, más probabilidades tendrá de sufrir caries.


FOTO:WWW.SHUTTERSTOCK.COM/ stiggy photo

¿Cómo se reconoce?
Debe reconocerla
el especialista en las revisiones periódicas. Si la ven los padres, suele ser tarde: un agujero en el diente indica que la caries ya lleva varios meses en proceso. La primera señal es una zona del diente blanquecina y sin brillo. En una fase más avanzada se observa un borde amarillo, marrón o negro en la zona cariada. En la fase más visible aparece el socavón en el esmalte. La caries se suele iniciar en los sitios de retención de restos de comida, como los molares.


¿Siempre duele?

No duele si sólo afecta al esmalte, que es una estructura muy dura, aunque débil frente al ácido. Si la lesión llega a la dentina sí duele (al tomar bebidas frías o calientes), porque es un tejido mineral sensible, con muchos túbulos que albergan nervios en su interior. Si la infección llega a la pulpa, al nervio, aparece un flemón con pus muy doloroso.

¿Por qué se culpa a los dulces?
Porque la caries progresa en un medio oral ácido, como el que se produce cuando las bacterias se alimentan de azúcares(se descubrió en 1965). Lo más peligroso son los dulces. Y lo son por este orden: sólidos pegajosos, sólidos y líquidos. Y aún más los que se toman entre las comidas. Así, las chucherías son de lo peor. Pero incluso el pan y la pasta, que son harinas, dan azúcares en su descomposición. Por eso el niño debe cepillarse, o al menos enjuagarse, después de comer o beber cualquier cosa, sobre todo si son dulces. Hay que aclarar que la fruta, aunque sea dulce, ayuda a prevenir la caries, sobre todo la manzana, porque contiene fibra que limpia la dentadura.


¿Es contagiosa?

Sí. Y suelen ser los padres (aunque no tengan dientes
cariados) los que transmiten los gérmenes al bebé,
por hábitos como chupar su chupete para limpiarlo,
compartir su cuchara o masticar sus alimentos.

 

¿Afectará al diente que está debajo?
Cualquier infección en el diente temporal que progrese por la raíz crea una bolsa de pus que afecta al diente permanente, que está debajo.
A veces los dientes definitivos salen con algunas malformaciones, manchas o lesiones secundarias a la infección que tuvo el diente de leche en su día y no se trató de forma adecuada. Es un gran error pensar que, puesto que algún día se le caerán los dientes de leche,
no hay que preocuparse por su cuidado.


¿Cómo se trata en los niños?
Si la caries sólo afecta al esmalte, se intenta remineralizar aplicando flúor. Si ya ha llegado a la dentina, se elimina el tejido afectado y se cubre con pasta (empaste). Si ha infectado de forma irreversible el tejido blando del interior, la pulpa, se elimina ésta y se rellena el hueco (endodoncia). En niños se aplica una odontología mínimamente invasiva y conservadora: sólo se extrae alguna pieza cuando no hay más remedio, es decir, cuando un granuloma de pus ha destruido sus raíces. En estos casos se coloca un mantenedor de espacio que se engancha en el diente adyacente, lo que evita futuras ortodoncias (corrección de los dientes que salen torcidos o desplazados) en la dentadura definitiva.

¿Se puede prevenir?
Hay tres medidas básicas: evitar la ingesta perjudicial de dulces, visitar al odontopediatra y mantener la limpieza diaria. En el bebé se hace pasando una gasita limpia húmeda por dientes y encías, tres veces al día. Desde los dos años se usa un cepillo infantil con agua. Con tres años, cuando sepa escupir, se le pone pasta infantil. Con cuatro o cinco años debe cepillarse solo, aunque se le dé un repaso.

 

DULCES ENEMIGOS
Cuando las bacterias se alimentan de azúcares el espacio bucal se torna ácido, lo que es ideal para que progrese la caries. Es por ello que los dulces, especialmente los sólidos
y pegajosos, pero también los líquidos, e, incluso, alimentos como el pan y la pasta (dan azúcares en su descomposición) son terribles enemigos de los dientes de los más pequeños. Buenos hábitos de limpieza son, entonces, necesarios.

 

 

 

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