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Comprobado:
ser feliz adelgaza
Y no sólo eso. Los sentimientos negativos,
como la ansiedad,
ayudan a ganar peso.
Por fin los médicos
se dan cuenta de
que las dietas tristes
no funcionan.
¿Dejarán de hacer
sufrir a tantos?
Por Sonia Fornieles
e Yvis Molina
'Lo que nos engorda es la vida". En esta afirmación tan clara de Pilar Senpau (reconocida médico española especializada en dietética), en realidad se encierran cientos de estudios sobre la relación entre las emociones o sentimientos y la forma en la que las personas se alimentan, con sus inevitables consecuencias en el caso de hacerlo mal: sobrepeso, trastornos alimentarios, déficit vitamínicos...
Según esta misma experta, se ha demostrado científicamente que la ansiedad engorda. Hay personas que sin aumentar su ingestión de alimentos notan que empiezan a ganar kilos y que ese cambio coincide con una etapa de preocupaciones, que desemboca en un estado de estrés prolongado. "Esa relación es evidente, porque las personas somos alma y cuerpo, somos un todo, de modo que cualquier cosa que afecte a nuestra psique repercutirá también en nuestro cuerpo y a la inversa. El peso forma parte de nuestro físico, así que todo lo que nos ocurra, negativo o positivo, se refleja en él. Nuestro organismo está preparado para hacer frente al estrés agudo, y la adrenalina que segregamos ante situaciones traumáticas no nos causa problemas. Lo que sí acaba por dañarnos es soportar una situación de ansiedad prolongada, pues en ese caso segregamos unas sustancias que alteran la absorción de los alimentos y producen una necesidad constante de ingerir azúcares.
Así, cuando saqueamos la nevera a las seis de la tarde, lo hacemos porque nuestro cerebro necesita glucosa para seguir funcionando", explica Senpau. Al haber más azúcares en sangre, el organismo los absorbea más velocidad y se acaban transformando en grasa. Es en este punto cuando comienza a cerrarse un círculo muy peligroso.

Se puede jugar con los olores de la comida para tratar de disminuir la ansiedad que produce haber ganado unos kilos y tener que empezar a comer menos. El de las manzanas, por ejemplo, ayuda mucho a conseguirlo
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Cuanta más ansiedad, más kilos¿Qué pasa cuando alguien nota que ha engordado? Pues que no se siente a gusto, su autoestima se resiente, la ropa no le queda bien (porque se ve pequeña) y, en 90% de las ocasiones, se niega a pronunciar la frase: "¿Me puedes traer una talla más?". Esta situación provoca más ansiedad aún, y se produce un conflicto que Monserrat Folch (licenciada en Medicina, y especialista en Dietética de la clínica Teknon, en Barcelona, España) define a la perfección: "¿Qué necesitamos en ese momento?, ¿un endocrino para bajar de peso o un psicólogo que nos ayude a canalizar la ansiedad? Si comenzamos una dieta de adelgazamiento, hay que tener claro qué nos ha hecho engordar, y si llegamos a la conclusión de que es culpa del estrés o la ansiedad, hay que tratar primero eso". La decisión de enfrentarse a un menú hipocalórico cada día es también una fuente de ansiedad, y ya van tres: la que ha hecho engordar, la que se ha producido al comprobar que se ha ganado peso y la que genera saber que se va a tener que empezar a comer menos. ¿Qué hacer entonces? Intentar reducir el nivel de nerviosismo, de intranquilidad. Hay prácticas que ayudan a ello, como el yoga, el control mental, el taichi, la acupuntura... Por otra parte, la doctora Senpau recomienda también jugar con los olores de la comida para conseguirlo: "El olfato es un sentido que va directamente al centro de las emociones, cosa que no ocurre con el tacto. Hay olores que disminuyen la ansiedad, como, por ejemplo, el de las manzanas.
Esto se comprobó en un estudio realizado en Estados Unidos con once mil personas, y se pudo ver que a todas ellas, sin excepción, les bajaba la tensión arterial medio punto cuando aspiraban el aroma de unas manzanas. El segundo olor que descubrieron como 'calmante' fue el de la canela, y el tercero, el de la lavanda". Cuando la ansiedad disminuye, se piensa con más claridad y puede racionalizarse el comportamiento. Pues bien, a empezar por la conducta que se tiene ante la comida. Lo primero que hay que valorar ante el deseo de asaltar la nevera es: "¿Tengo hambre o sólo ganas de comer?". Puede parecer una tontería, pero no lo es. Hay que responder con sinceridad, pues ésta es la única forma de ignorar el hambre por estrés, que es lo mismo que las ganas de comer.

Si a una persona le encantan los postres, ¿por qué dejar
de comerlos? Se trata
de DOSIFICAR |
La alegría es light
No sólo engorda el estrés, "la mala conciencia, la culpa y los remordimientos también". Victoria Cadarso, psicóloga y codirectora del ITIEE (Instituto de Terapias Integrales y Enseñanzas Energéticas) -en España-, ilustra con un ejemplo su afirmación: "Si nos comemos unos dulces (bombones, tarta...) disfrutando del momento y sintiendo, simplemente, alegría por hacerlo, nos engordarán menos que si lo hacemos con mala conciencia". ¿Difícil de creer? Cuando la persona se siente agobiada, preocupada, ansiosa..., el cuerpo genera cortisol, que es conocido como "hormona del estrés". Ésta hace que el organismo libere glucosa a la sangre para generar energía que la ayude a combatir ese estado emocional negativo. Si los niveles de cortisol no descienden, su metabolismo se verá afectado (en casos extremos puede ir acompañado de episodios de gula). La universidad de Yale llevó a cabo un estudio sobre el estrés y sus efectos, dirigido por la psiquiatra y profesora Elissa Epel, y puso de manifiesto que las mujeres con mayor nivel de cortisol eran las que presentaban más cantidad de grasa en el abdomen y alrededor de algunos órganos. Dan ganas de reír y olvidar los remordimientos gastronómicos, ¿no?
Y aún hay más: para tener una idea de hasta qué punto estar de buen humor adelgaza, es bueno saber que se han elaborado dietas combinando alimentos que hacen sentir bien porque activan hormonas o neurotransmisores relacionados con la felicidad. La cosa es así: los científicos Judith y Richard Wurtman, ambos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, han medido la manera en la que el cerebro reacciona ante determinados alimentos, llegando a la conclusión de que lo que se come puede modificar el estado de ánimo. A raíz de los descubrimientos obtenidos, la doctora Wurtman publicó un libro, The Serotonin Power Diet (La poderosa dieta de la serotonina), en el que presenta una dieta antidepresiva que, además, ayuda a mantenerse en el peso y a sentirse mejor (www.serotoninpowerdiet.com). Sus menús están basados en alimentos que fabrican serotonina, que es un neurotransmisor esencial para la actividad cerebral que, cuando abunda en el organismo, hace que invada una sensación de relax y bienestar. Los carbohidratos son una buena fuente y por eso los expertos en nutrición emocional no recomiendan eliminarlos en las dietas de adelgazamiento. La mujer produce menos serotonina que el hombre y esto, unido a los cambios hormonales que las acompañan mes a mes, hace que sean las que demandan más alimentos ricos en ella. El chocolate pertenece a este grupo, no en vano es el principal objeto de deseo entre ellas.
Olvida las restricciones
Los doctores Antonio Bulbena y Jaume Dasquens, especialistas en Atención Psiquiátrica del Hospital del Mar de Barcelona, realizaron una investigación para el Instituto del Cacao y han ofrecido datos que confirman y argumentan esta "pasión chocolatera": "Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos ha puesto de manifiesto que 50% de las mujeres desea chocolate, frente a un 20% de hombres".
Otra cuestión que relaciona el estado de ánimo con la comida es la (extendida) creencia de que ponerse a dieta es sinónimo de "mal humor", pero hay que desterrar esa vieja idea. Si el buen humor adelgaza, no hay que permitirse el lujo de dejar de sonreír. La doctora Folch así lo cree: "La primera semana de dieta tal vez podamos notar un bajón, pero es sólo porque hay un cambio. Ese período es el peor, pero a partir de aquí el sentimiento es el contrario: nos sentimos mejor porque nos cuidamos y se ven los resultados". Es fácil pensar que no se está bien si no se puede comer ciertas cosas, pero en realidad no se trata de cambiar los hábitos para adaptarte a la dieta sino de encontrar una que se adapte a cada quien. "Es importante no caer en restricciones porque, cuando la dieta acabe, si se toman alimentos que no se han probado en meses, pueden ocurrir dos cosas: coger peso y/o comer con ansiedad ese alimento. Así, si a una persona le encantan los postres, ¿por qué dejar de comerlos? Se trata de dosificar". Ser feliz es bueno en otros muchos sentidos. La empresa de estudios de mercado Adelphi Targis investigó los beneficios que proporciona la felicidad y concluyó que "sentirnos bien con nosotros mismos y con el entorno que nos rodea nos permite mantener e, incluso, obtener, salud".
Come y adelgaza
alegremente
Parece difícil ¿no?
Según la doctora MonserratFolch, no es tan fiero
el león como lo pintan. "El éxito de una dieta radica
en el mantenimiento. A veces ni siquiera es necesario empezarla para bajar de peso, basta sólo con llevar una alimentación sana y desterrar el concepto de prohibición". Para ella hay que aprender a mantenerse desde el minuto cero. No vale con adelgazar a base de comer poco y mal para luego recuperar los kilos en cuanto se deje la dieta. Además, su máxima es el bienestar por encima de todo, y ¿quién es feliz comiendo sólo lechuga y sin concederse algún capricho? "Tenemos que aprender a vivir con las tentaciones. No hay que sentirse mal por saltarse la dieta un día. La clave está en comer con lógica y compensar al día siguiente. Las fiestas o situaciones especiales debes vivirlas con tranquilidad, sin pensar que estás haciendo algo malo". La doctora no habla de calorías puras y duras, "ya que es más importante entender que se debe comer algo porque es más saludable y no porque tenga tantas calorías. Por eso me gusta hablar de raciones; la cantidad se determina en función de la persona, su carácter, su sexo y sus necesidades. También me gusta dar pautas, como comer despacio, cortar los
trocitos pequeños...".
Monserrat es autora del libro El método de la Dra. Folch. En él se detalla lo que ella llama "un sistema eficaz para adelgazar y sentirse bien". Además, hay datos tan útiles como qué pedir en los diferentes restaurantes (mexicano, italiano, japonés, chino, fast food...) para comer fuera de casa sin engordar y sin que la vida social se vea afectada.
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