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El guardian de la ciudad

De lunes a viernes, el helicóptero de Traffic Center, un Bell Ranger 206, sobrevuela Caracas a una altura de 3.500 pies, para ofrecerles a los oyentes de seis emisoras FM (La Romántica 88.9, 91.9, Fiesta 106, Estrella 96, Hot 94, RQ 910 y La Romántica 88.5 -en Guarenas-) y una AM (RQ 1300) toda la información sobre lo que sucede, a vista de pájaro, en la capital y no sólo en lo que concierne a las condiciones del tránsito. Seis reportes hacen diariamente Alejandro Cañizales y su equipo, conformado por el piloto Francisco Fernández (y algunas veces Luis Adams o Máximo Aponte), el técnico Juan Idler y el coordinador en la radio Asdrúbal Márquez-Miranda.

Caracas al vuelo
Carlos Beltrán ha sido uno de los muchos fotógrafos que, a bordo del Bell Ranger, se ha dado gusto tomando imágenes que retratan lo sorprendente que puede ser la capital de este país cuando se la toma desprevenida por el aire. Más de ciento cincuenta fotografías suyas aparecen reunidas en un nuevo libro de la editorial Diagrama, que lleva por nombre el mismo que encabeza esta información. "Son múltiples ciudades en una... (el libro) es, en fin, como una invitación a descubrir lo que está más allá de la mirada cotidiana". Así ha dicho Simón Alberto Consalvi en la presentación. Las fotos de Beltrán vienen acompañadas, además, por ilustraciones de Zapata y textos de Antonio García Ponce, Rafael Arráiz Lucca, Daisy Argotte y Cristóbal Rodríguez Oberto.

Alejandro Cañizales
Los ojos sobre Caracas
Raúl Chacón Soto. Fotos: Julio Osorio

A bordo del helicóptero de Traffic Center, este periodista se ha convertido en testigo privilegiado del palpitar de la capital. Su voz acompaña a tantos desde lo alto, que para muchos es tan representativa de lo cotidiano como el café y las arepas.

"Hola, mi amor, estoy aquí, en Suiza, con un frío increíble, pero pasándola muy bien... oye, cómo extraño las arepas, las hallacas y los reportes de Alejandro Cañizales...". No es broma. Es el texto de un e-mail que una radioyente le rebotó para que tuviera conciencia de la repercusión que tenía entre los caraqueños. Cañizales se ríe al recordarlo. Todavía hoy le parece extraordinario que alguien se haya referido a él de esa manera. Cuenta la anécdota momentos antes de despedirse, después de decir que ahora, cuando ha vuelto de nuevo a las alturas, siente que su trabajo es más necesario, por la crisis que se está viviendo. "Siento que tengo un compromiso de ayudar a la gente. Somos servidores públicos. Queremos contribuir a bajar los niveles de angustia del caraqueño".
Alejandro se muestra sorprendido, pues dice que nunca había hablado tanto en una entrevista. "Casi siempre son quince minutos, pero esto me ha gustado porque he podido decir cosas que usualmente no digo". Sí ha dicho, en otras ocasiones, que quisiera tener un programa de entretenimiento en la radio, y también, uno en televisión. En el helicóptero, de todas maneras, seguirá por un buen tiempo. "Este trabajo me cayó del cielo porque puedo expresar con libertad muchas cosas que yo pensaba antes: ese orden y disciplina al manejar, todo lo de la actitud cívica, ese respeto por lo demás... ahora puedo hablar de tú a tú con el oyente, encontré la manera de decirles algo".
Entre sorbo y sorbo de café responde que siempre es divertido salir a volar porque Caracas nunca es la misma. Le causa gracia observar cómo las personas manejan. "Cuando ves esos pandemónium te da risa. Nos burlamos. Ves cómo se meten ellos solos en los problemas.". De momentos en los que su participación fue decisiva, también se acuerda; en especial, de uno ocurrido cuando estaba empezando y que fue importante porque marcaría el rumbo por el cual encaminaría su trabajo: "Había una marcha de docentes en La Trinidad. Trancaron la vía y se había formado un congestionamiento horrible. Estaban reclamando la presencia del alcalde... uno de los manifestantes se comunica con una de las emisoras y, luego, el estudio sirvió de enlace para que hablara conmigo... desde arriba medié para que abrieran la vía, negociamos. Les explicaba que si no abrían el paso no podía llegar el alcalde. Ese fue un momento culminante en mi trabajo, porque vi que podía hacer un servicio público".
Referencia innegable en lo que se refiere a la situación del tránsito en la ciudad, los cientos de e-mails que recibe a través del trafficcenter@hotmail.com no sólo le agradecen sus indicaciones y consejos para ganar tiempo al circular por estas calles, sino sus mensajes llenos de optimismo, las palabras de aliento, que se han vuelto parte de su estilo, así como las campañas que de vez en cuando lleva adelante como las destinadas a la protección de áreas verdes y a la recolección de la basura. Referencia también se han convertido para las autoridades municipales y del poder central encargadas del orden público. "El Videx (Grupo de Vigilancia de Vías Expresas), por ejemplo, nos sintoniza en todas las emisiones. Ellos se guían por lo que estamos diciendo". Asegura que a veces basta con hacer alguna campaña por 15 días para ver una respuesta inmediata."Más que de tránsito, se ha convertido en un servicio informativo que te aclara qué está pasando al instante". No es para menos: son seis boletines, cada hora y, como él mismo enfatiza, seis contactos con el oyente. "Hemos visto volcadas gigantescas gandolas, personas arrolladas, incendios, vehículos que caen al río Guaire, disturbios, persecuciones de la Policía Metropolitana en su helicóptero y en automóvil... es cómico... al volar sobre Caracas puedes divisarlo todo y tú dices: 'a estos tipos los van a agarrar enseguida' porque ves que los tienen sitiados y ellos no lo saben".
Su público cautivo es numeroso -inmenso dice él-, y desde hace un buen tiempo está conformado, cada vez más, por personas muy jóvenes. "La mayoría aprecia el trabajo... porque el rol que yo juego, con 30 años, es el de una persona muy responsable, muy disciplinada, muy ordenada. Creen que tengo más edad, pero cuando me ven se dan cuenta de que tengo apariencia juvenil". La franela, el tatuaje y los lentes que lleva puestos así lo confirman. También sus condiciones físicas. Siempre ha practicado ejercicios, pero por el trabajo, ahora, sólo tiene tiempo para el trote y algunas pesas. "Me encanta volar, yo lo había hecho en parapente, pero esta experiencia es maravillosa. Cuando pasas un tiempo sin hacerlo deseas volver, volver, volver...".
Las vistas que más le han llamado la atención desde su privilegiado asiento son las que ofrecen el Parque del Este -"porque es como un corazón verde en el este de Caracas"-, el dominio de la cordillera sobre la ciudad -"la maravilla de tener el Avila"-, y, por supuesto, la marginalidad, que requiere de más palabras para su descripción: "me impresiona, porque no sólo te quedas en la fachada... ves las grandes extensiones de barrios que hay... es inimaginable. Las personas que no han visto la ciudad desde arriba no tienen ni idea. Cuando pasas sobre Petare ves valles de barriadas... y allí hay otra vida, otras costumbres. Siempre me pregunto cómo llega allí la autoridad, cómo se resuelven los problemas. Es como un pueblo dentro de una ciudad. Para llegar desde el corazón de Petare, en la redoma, hasta barrio adentro hay que hacer una travesía. Lo mismo pasa en Mamera, Catia, Carapita... desde arriba te das cuenta de que esa gente es la que mueve la ciudad... son el corazón y la fuerza de Caracas. Esas áreas populares albergan el motor de las industrias, de las empresas".
Su visión de la ciudad no es la misma desde que empezara a sobrevolarla en el helicóptero. No se le hace fácil explicarlo. Se toma su tiempo mientras endulza el café que acaban de traerle a la mesa. Pero se le entiende cuando asegura que ahora se siente ciudadano de Caracas y no sólo del este de la capital. "Hay muchas personas que están acostumbradas a moverse en su zona, que no recorren la ciudad. Caracas es inmensa, pasan miles de cosas en todas partes. Con este trabajo te compenetras con cada punto de la metrópoli. Yo pensaba que la conocía, ahora la conozco a plenitud". La ha llegado a conocer tanto, desde lo alto, que ahora, cuando está con los pies en la tierra, se desubica un poco. Cosas de la visión aérea que le hacen pensar que las distancias son más cortas, que los puntos de referencia, a veces, no están donde deberían. La Intercomunal de El Valle, por ejemplo, le parece muy diferente a la corta avenida que resuelve con dos palabras allá desde lo alto. Su visión es ahora más equilibrada, más objetiva: "veo sus contrastes, la influencia de la masa social, el movimiento de los carros, dónde se ubican los conflictos... es una ciudad preciosa porque descansa en un valle, a los pies de esa cordillera tan hermosa; bella a pesar de lo caótica, de la anarquía de sus construcciones. Cuando la ves desde arriba te sientes más caraqueño".
La primera vez que sus ojos la vieron desde el cielo se sintió maravillado por sus contrastes y bellezas. La maravilla daría paso a la preocupación, pues una vez en las alturas, se dio cuenta de que tenía que hacer un gran esfuerzo por identificar las vías, por entender qué pasaba con el tránsito. "Me generó estrés porque eran muchos factores juntos que me tenían bajo presión". Era cierto. Al desconocimiento de la ciudad desde el aire se unía que, por primera vez, se iba a dirigir al oyente de manera directa y ya no como el reportero que transmite una información... y de manera simultánea a través de cinco emisoras FM y una AM. "Al principio fue duro, tuve que ponerle mucho corazón, estudiar los mapas, recorrer la ciudad en carro, meterme en colas. Poco a poco fui aprendiendo a orientarme. Me asesoró Germán Blanco, de la Tango Tango Fox; él tenía más de 10 mil horas de vuelo, su experiencia fue importante, me recomendó que fuera rápido, descriptivo, preciso, contundente". A los dos meses se sentía más seguro. Hoy, Traffic Center es un punto de referencia fundamental para el caraqueño: "Ya he encontrado un lenguaje. Sé cómo decirle a la gente cuáles decisiones tomar. Ya son más de 1.200 horas de vuelo".
Más de dos años lleva sobrevolando Caracas. La primera vez fue el 18 de septiembre de 2000, sólo cuatro días después de que lo llamaran de la radio para ofrecerle, a él que hasta ese momento llevaba ocho meses como reportero de la fuente política, el trabajo del helicóptero. "Sucedió algo que siempre recuerdo... yo sabía de la existencia de ese proyecto, pero ese día, justamente, yo iba a una entrevista para un canal de televisión y pasé por La Carlota. Vi el helicóptero, y me preguntaba a quién le iba a tocar ese proyecto, me decía que debía ser superdiferente... y en eso me llaman para ofrecérmelo. Lo tomé como una premonición".
Cuando llegó a la cita, puntual, y después de ordenar un café, lo primero que quiso recalcar es que es un comunicador social. "Me dicen locutor pero me gusta que me digan periodista, el periodista Alejandro Cañizales".

rchacon@eluniversal.com

 

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