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Nueva bondad de la vitamina B
Las terapias con medicamentos y una dieta
balanceada pueden ser efectivas en el tratamiento de la adicción
al alcohol. John Briffa

Mi experiencia en la práctica médica
me dice que en ocasiones no son sólo los síntomas
de una enfermedad, sino también el estigma que ésta
acarrea lo que aumenta la agonía. Uno de los males que tiende
a provocar vergüenza es el alcoholismo. Recientemente, leí
un informe estadounidense sobre una serie de medicamentos que están
resultando promisorios en el tratamiento de la dependencia al alcohol.
Actualmente, algunos siquiatras abogan por un uso más extendido
de tales medicinas. Aparte de reducir el apego insano al alcohol,
la terapia con medicamentos puede hacer que un mayor número
de nosotros vea el alcoholismo no tanto como un signo de deterioro
de la vida, sino como una verdadera enfermedad. Creo que cualquier
cosa que ayude a eliminar el estigma de la adición al alcohol
bien merece un brindis.
Hablar del uso de agentes farmacológicos
para curar un problema de bebida me hizo pensar en los enfoques
nutricionales. Aunque el alcoholismo puede deberse a problemas psicológicos
y sociales, también puede perpetuarse por factores físicos
y químicos. Una causa potencial de la necesidad del alcohol
es una baja en los niveles de azúcar en la sangre, lo cual
es un desequilibrio bioquímico que puede hacer que el organismo
anhele alimentos dulces que suministren el azúcar rápidamente.
Ingerir regularmente alimentos que contribuyan
con la estabilidad del azúcar en la sangre (como carne, pescado,
huevos, vegetales verdes, granos y lentejas) puede reducir el deseo
de tomar alcohol. Las meriendas saludables como frutas o nueces
entre comidas también pueden ayudar a mantener altos los
niveles de azúcar en la sangre. Para algunos, los aperitivos
de final de la tarde resultan muy útiles, dado que a menudo
pueden reducir el deseo de tomar una bebida a comienzos de la noche,
lo que puede abrir las compuertas al exceso.
Ciertos nutrientes pueden contribuir a mantener
estables los niveles de azúcar, lo que reduce la necesidad
del alcohol. Entre los más importantes figuran el cromo (unos
400 microgramos al día), el magnesio (unos 400 mg diarios)
y las vitaminas B.
Las vitaminas B tienen una relevancia particular.
Los estudios realizados en animales sugieren que la deficiencia
de estos nutrientes puede aumentar el deseo de consumir alcohol.
Los que desean disminuir el ansia por la bebida pueden beneficiarse
al tomar un suplemento de complejo B de alta potencia todos los
días.
Otro nutriente que, al parecer, tiene el potencial
de reducir la imperiosa necesidad de beber alcohol es el aminoácido
llamado glutamina. En el organismo, puede convertirse en sustancias
sedantes tales como el ácido gamma aminobutírico (GABA)
y el ácido gamma hidroxibutirato (GHB), que parecen reducir
el deseo de beber. En un estudio, la glutamina redujo las ansias
de tomar en nueve de cada 10 alcohólicos. Aunque las evidencias
científicas sobre la eficacia de la glutamina para combatir
el alcoholismo son limitadas, he visto que es un remedio generalmente
útil en la práctica (un gramo, una o dos veces por
día). Los enfoques nutricionales pueden ser muy efectivos
para retardar el impulso de tomar bebidas alcohólicas, y
esto es algo que invita a pensar sobriamente. l
FUENTE: GUARDIAN NEWS SERVICE. SERVICIO EXCLUSIVO
DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: TERESA LEON
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