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Esplendor de carnaval

Cuando de celebrar al Rey Momo se trata no todos dirigen sus pasos a Brasil. Venecia, la ciudad de los canales, muestra su mejor cara cuando miles de turistas se acercan para disfrutar del carnevale, una tradición de siglos plena de elegante belleza, donde los disfraces y las máscaras se convierten en un delirio para los ojos. He aquí una mirada a esta singular celebración. Raúl Chacón Soto

 

Quienes han vivido la experiencia aseguran que Venecia se transforma en un "glorioso escenario" durante los días de carnaval. Que todos sus rincones, calles, plazas y canales son tomados por los alegres turistas -y, por supuesto, los propios venecianos-, quienes los convierten en un improvisado decorado para lucir los más extraordinarios disfraces, y, sobre todo, las maravillosas máscaras que, en gran medida, son las verdaderas protagonistas de esta fascinante -al parecer no hay mejor palabra para describirla-, celebración. Quien no lo ha vivido, probablemente habrá visto fotos, seguras depositarias del enigmático encanto que rodea a esta fiesta... en las que extrañas figuras de oculto rostro parecen ser captadas minutos antes de desvanecerse... o recién aparecidas, en una de esas bellas callejuelas de la ciudad, que gana en misterio y atracción.

Nunca es más visitada Venecia que cuando festeja su carnevale; lo que, sin duda, ya es mucho decir, habida cuenta de la gran cantidad de visitantes de la que podría ufanarse esta bella ciudad italiana durante todo el año. Y no es para menos. A la transformación que se vive de la cotidianidad, con toda esa cantidad de gente deambulando ricamente disfrazada por las calles, hay que añadir que la ciudad es visitada también por una tropa de artistas que toman todo espacio abierto y los teatros, en la que no faltan músicos, actores, acróbatas, bailarines y performers de todo tipo -las artes siempre han tenido un espacio importante en los festejos, y es que aquí el tono es distinto-. La fiesta se extiende al lujo y el glamour que caracterizan los grandes bailes de máscaras con los que se pretende revivir el esplendor de la república veneciana del siglo XV -también llamada La Serenissima-, en la que los invitados asisten con atuendos extraordinarios, y en los que el ambiente es, a un mismo tiempo, decadente y maravilloso. Como para muestra basta un botón, un vistazo a los eventos preparados, este año, para el domingo de carnaval, revela, por ejemplo, que en el Caffe Quadri, de la Piazza S. Marco, habrá una Cioccolata in Costume a las 4:00 pm; mientras que la Mascheranda (un gran baile de disfraces) se celebrará a las 8:15 en el Palazzo Pisani Moretta. "A la luz de las velas, en el más encantador Palacio de Venecia, de cara al Gran Canal, en medio de las más preciosa escenografía y frescos del siglo XVIII, usted será un invitado en el Baile de Máscaras Mascheranda. Con los más lujosos vestidos, y oculto tras su particular máscara, bailará rodeado de cientos de enmascarados, en el gran juego de la trasgresión y la seducción". Los precios no son para morirse de la risa, y, por supuesto, el dress code es implacable: costume (disfraz).

Todos los años, el carnaval veneciano escoge un tema para la celebración. El de 2004 fue "El Expreso de Oriente: Un viaje en máscaras por el camino de la seda", por lo que muchos de los disfraces -junto a las tradicionales máscaras venecianas, son bienvenidas fantasías inspiradas en otras realidades-, reflejaban la rica cultura oriental en cualquiera de sus facetas. Este año, el tema es "El desfile de las máscaras y la fiesta del teatro", así que ya puede imaginarse hasta donde llegará el delirio.

Al carnaval de Venecia no le faltan críticos, sobre todo quienes aseguran que su resurgimiento obedeció más que a una verdadera manifestación del pueblo a un intento por agregar una fecha más al calendario del turismo mundial. Tampoco faltan los que se quejan de las incomodidades propias de toda aglomeración humana -y prefieren dejar la visita para otra época del año-, en una ciudad de por sí no muy grande. Pero lo cierto es que, con los años, el de Venecia se ha convertido en un gran evento, rico en imágenes y tradición, el segundo más grande del mundo, detrás del espectacular de Río de Janeiro, con el que guarda notables diferencias, pero también importantes similitudes; la más importante, quizás, darle paso a la gran ilusión, esa que permite, por unos días, transgredir toda norma social, y traspasar las barreras que imponen la clase social, la raza, la edad e, incluso, el sexo. Detrás de una máscara no importa quién se es... y eso tiene su encanto, en cualquier idioma.

Un pedacito de historia

Nada mejor para seguirle el rastro a los orígenes del carnaval de Venecia que los anuncios legales que prohibían ciertas acciones a las personas disfrazadas. Así, el más antiguo documento relacionado con el uso de máscaras en la ciudad italiana data del 2 de mayo de 1268 (nada más y nada menos que el siglo XIII). Allí se prohibía a los enmascarados practicar el "juego de los huevos". Pero las prohibiciones continuarían: en 1339, nada de estar dando vueltas por la ciudad en horas de la noche; en 1458, mucho menos entrar disfrazado de mujer a un convento -el ánimo de las leyes era detener el relajo moral que, por lo visto, ya se vivía por aquellos días-; en una fecha no muy precisa, no llevar encima armas o cualquier instrumento que pudiera causar daño; en 1608, limitarse a andar enmascarado sólo los días de carnaval o en banquetes oficiales -la gente usaba máscaras en muchas ocasiones durante el año, incluso eran permitidas en celebraciones especiales y banquetes-. Enmascarado, entonces, tampoco se podía entrar a una iglesia, y mucho menos usar un atuendo religioso. Las penas, para los infractores, no eran cualquier cosa. Dos años de cárcel y multa de 500 liras, para los hombres; y la exposición al escarnio público y prohibición de entrada a la ciudad durante por lo menos cuatro años, a las mujeres. La lista de negativas continuaría: nada de enmascarados en los casinos -en 1703 era costumbre que los nobles asistieran a jugar ocultándose los rostros para evadir impuestos-, tampoco enmascaradas en los salones de teatro -se hablaba de preservar el honor de las familias, y es que, al parecer, tras una máscara no eran pocas las damas que se tomaban sus libertades-. El carnaval perdería fuerza -y desaparecería- a la caída de la República en 1797 -en general, se considera que tanta fiesta, juego y diversión durante tanto período del año reflejaba la decadencia de esa sociedad-, para renacer, hasta convertirse en lo que es hoy, luego de que un grupo de estudiantes de la Academia de Bellas Artes abriera una tienda de máscaras en 1978. Pronto se darían cuenta del potencial turístico de la fiesta... el tiempo les ha dado la razón. l

rchacon@eluniversal.com

Enmascarados

El sello distintivo del carnaval de Venecia son las máscaras y los atuendos. Como ya se ha dicho, las piezas eran usadas no sólo durante el carnaval, por lo que se convertían en artículos para exhibir con orgullo. Fue tal el grado de refinamiento alcanzado por los artesanos que las elaboraban -a ellos se les conoce como maschereri-, que ya en 1436 estaban regidos por estatutos propios que regulaban todo el proceso de producción. La ayuda de pintores y de diseñadores era casi obligada, y, de allí, la particular atención al detalle de la que hacen gala. En la actualidad, las máscaras pueden ser las tradicionales, muchas de ellas inspiradas en los personajes de la Commedia dell'Arte; y también de fantasía, producto de la imaginación del artista aunque siempre se deje guiar por el diseño histórico.

Algunos de los disfraces y máscaras más representativos son:


Pulcinella
El disfraz consiste en una bata blanca con cinturón; un sombrero largo y una máscara negra con una gran nariz en forma de garfio. Como Arlequín, es un tonto sirviente que puede ser estúpido
o astuto, valiente o cobarde, pero eso sí,
de extraordinaria expresividad.

Colombina
En la Commedia dell'arte es una maliciosa pero encantadora sirvienta, un personaje cómico no siempre un ejemplo de virtud... El disfraz es sencillo, similar al de Arlequín en sus parches multicolores. Usa un sombrero blanco y casi nunca
lleva máscara.

Larva o Volto
La palabra larva viene del latín y significa máscara o fantasma. Es fácil imaginar cómo verían los venecianos a una persona completamente vestida de negro y con una máscara blanca cubriéndole el rostro y un tricornio sobre la cabeza (sombrero muy usado en el carnaval).

Arlequín
Siempre aparece vestido como el de Carlo Goldoni en la obra Servidor de dos patrones. El disfraz está hecho de parches irregulares de colores, y lleva un sombrero blanco (en la foto la versión femenina). Una máscara negra cubre sólo la mitad del rostro.

Bauta
Consiste en un velo negro, un tricornio también de ese color y una máscara negra. Usado tanto por hombres como mujeres, era perfecto
para no ser reconocido, pues hasta la voz se
modificaba como consecuencia de la apretada abertura
para la nariz. Se dice que hasta monjas y curas lo usaban
para echar una canita al aire.

En venezuela también es la cosa
En El Callao, pueblo minero del estado Bolívar, fundado en 1853, se celebra uno de los más vistosos carnavales de esta "pequeña Venecia". Aquí, las notas del calipso son las que mandan, aportándole un toque inconfundible a la multitudinaria celebración. El calipso que se ejecuta en esta región tiene ciertas peculiaridades, y es que se canta con estribillos en patúa o creole; con letras fuertes y picarescas que narran siempre sucesos de la zona. El carnaval, acá, tiene sus propios y coloridos personajes: las madamas, que lucen en sus cabezas grandes pañuelos a la manera como lo hacen las matronas de Martinica y Guadalupe; los diablos, que se visten de rojo y negro y llevan grandes máscaras y enormes tridentes con los que abren paso a las comparsas; y los mediopinto, individuos que tienen las manos llenas de pintura negra para embadurnar a los demás. Son varios días de fiesta, donde los desfiles de las comparsas levantan el ánimo a cualquiera. En los estados del oriente del país, las celebraciones que se realizan en tiempo de carnaval reciben el nombre de "diversiones orientales". Cumaná, Carúpano, Maturín, El Tirano y la isla de Coche son los lugares donde esa diversión alcanza sus mayores cotas. Por lo general hay desfiles de comparsas, que incluyen elementos de teatro y danza. Una fiesta de nombre La Muñeca de la Calenda o Baile de los Enanos, en Trujillo, merece especial mención por la belleza del evento; mientras que el Entierro de la Sardina, en Naiguatá, marca el final de las festividades.

 

 

Ver también en Encuentros:
- Un baño de moda
- Costumbres de carnaval

 
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