53 Aniversario
- Química y físico. Pares sin par
- Ellos nos echan el cuento...
- Delia Fiallo. Madre sólo hay una
- Divinas
- No son todas las que están...
ni están todas las que son
- Rompecorazones
- Cayendo
en lo anecdótico
- Aguafiestas. ¡Qué malos tan buenos!
- ConSagrados. ¡Tremendo carácter!
- Los segundos serán los primeros
- Melo melo melodías
- Confidencias
de camerino
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Cinco y ¡accion!
- Moda.
Damas con estilo
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revista Estampas
 

Aguafiestas
¡Qué malos tan buenos!

La maldad está allí. Y a lo largo de los años ha sido magistralmente encarnada por actrices y actores que, con o sin cejas levantadas, han puesto su amarga sazón en más de una (o por lo menos una) telenovela venezolana. La audiencia los ha visto y escuchado detrás de la puerta tramando maluquezas para que la pareja protagónica no terminara junta, para meter a alguien en la cárcel o envenenarlo, para provocar un accidente que los quitara de una buena vez de su camino y ambiciones o, simplemente, para hacerse más ricos de lo que generalmente suelen ser.

¿Cómo no recordarlos? Así devolvieron los lectores de Estampas la pregunta que se les hiciera —¿Quiénes son los villanos inolvidables?— en una consulta realizada para probar su buena o mala memoria en torno a las historias que han marcado época a lo largo de tantas décadas de teleculebras vernáculas.

Hablaron, sí, y sin pepitas en la lengua. A Caridad Canelón le dedicaron cuatro letras: “¡Ruin!”, suficientes para definirla en su rol de Constitución Méndez en Señora, en 1988. Flor Núñez, por su interpretación de Pastora Lara Portillo en la primera versión de El Desprecio (1991), fue recordada muchas veces y, en especial, por una frase: “Yo el corazón sólo lo uso para que bombee la sangre”.

También estuvieron allí Gioia Lombardini, Bárbara Teyde, Zoe Ducós, Cecilia Villarreal, Belén Marrero, María Cristina Lozada y las propias Marina Baura y Lupita Ferrer, quienes igual hacían de impolutas protagonistas como de malísimas (Rosalba Bracho en La Usurpadora y Emperatriz Jurado en Emperatriz, en el primer caso, y Victoria Ascanio en Cristal, en el segundo, lo certifican), acompañadas por villanas más de estos tiempos, como Hilda Abrahamz y, más recientemente, Crisol Carabal, la maquiavélica Gloria Miralles de Los Querendones.

En sus fechorías las han acompañado actores desdoblados en seres que supuran maldad y no son olvidados por la audiencia: a Gustavo Rodríguez, como Pedro Escobar en Estefanía, le adjudican tanta o más sangre fría —¿Qué fría? ¡Helada, más bien!— que la que corría por las venas del mismísimo Pedro Estrada de la Seguridad Nacional. Igual de malos —o en este caso de buenos malos— recuerdan a Martín Lantigua, Alberto Alvarez, Orángel Delfín y Jorge Palacios, en sus tantos roles de villanos. Qué decir de Mariano Alvarez, destacado especialmente en el papel de Nicolás Feo en Paraíso, o de Carlos Cruz en Se solicita príncipe azul. Y hubo hasta quien mencionó a Luis Gerardo Tovar en el rol de Alirio Santos Moncada en La mujer prohibida. Entre los más contemporáneos, Adolfo Cubas se ha llevado la batuta como Nico en Rubí Rebelde. Pero si bien los anteriores son obvios y nadie se atreve a discutirlo, curioso resulta que los televidentes no hayan dejado de percibir al estupendo “hombre de la etiqueta”, que interpretara el veterano Carlos Villamizar, como uno de los malvados inolvidables. Aunque no quedan dudas para la audiencia: la más maluca de todas, la imbatible en el género, la peor, entre villanos y villanas, sigue siendo Ivonne Attas. “¡Ya su silencio era perverso!”, resumen sobre ella nuestros lectores y de ello habla la propia actriz a continuación.

Ivonne Attas
Angel perverso

Es probable que la actual generación de relevo desconozca que la elegante ex alcaldesa de Baruta, Ivonne Attas, logró consolidar, especialmente en la década de los setenta, una gran trayectoria como villana de telenovelas venezolanas. No obstante, los que fueron testigos de esta faceta la recuerdan como la “mala” más querida. Grandes copetes, originales pelucas, moños estrambóticos, pestañas postizas, maquillaje psicodélico, batolas y demás artilugios cosméticos eran el empaque de esa infaltable antagonista que venía a aguarle la fiesta a todo el mundo.
“Delia Fiallo se empeñó en que yo fuera su villana, principalmente, por mi fisonomía: mis rasgos ‘duros’, mi cabello azabache y mi contextura fuerte no tenían nada que ver con esa docilidad clásica de la heroína. Me decían que yo tenía una tipología muy ‘elitesca’ y yo me preguntaba: ‘¿Y por qué todos los ricos tienen que ser malos?’. Eso me molestaba. Además, tenía que gastarme todo el sueldo en trajes. Siempre me ponían a beber coñac, porque a los productores les parecía muy apropiado para la mala. Lo que ignoraba la audiencia es que, en realidad, lo que yo me tomaba era un agua con refresco que sabía horrible (risas). 

“No sabía subir la ceja a lo María Félix, aunque debo reconocer que lo intenté”

Lucecita, protagonizada por José Bardina y Marina Baura, fue la telenovela que me dio la gran oportunidad de demostrar mis dotes histriónicas. Yo hacía de una francesa llamada Michelle, que fingía estar paralítica para retener al marido (Bardina). La telenovela, originalmente, se llamaba El ángel perverso, justamente, porque estaba escrita para la villana de la historia. Pero la adaptación que se hizo acá apostó por lo tradicional: al final, me mataban. En esa oportunidad me caía por unas escaleras altísimas. No se veía en cámara que, abajo, me esperaban los brazos fuertes de Lotario, el luchador, quien me sostenía. 

“Otro éxito que disfruté muchísimo fue mi doble papel en Una muchacha llamada Milagros. De día era Irene, una institutriz mojigata, de lentes gruesos y vestidos largos, con mi pelo prensadito. De noche, era Giovanna, una vampiresa... de esas ‘aventureras’, sabes a lo que me refiero, ¿no? (risas). Lo impactante era que yo hacía la transformación del personaje frente a la cámara, que era como mi espejo. 
“Al final, salí embarazada en la vida real, y los escritores resolvieron solucionar, en la novela, el trastorno de personalidad que tenía el personaje convirtiéndolo en una mujer normal. Terminaba casándome con José Luis Rodríguez, quien, por cierto, fue bautizado en esta telenovela como El Puma.   

“Delia Fiallo se empeñó en que yo fuera su villana, principalmente, por mi fisonomía”

“¿Por qué gustaron tanto mis villanas? Creo que, principalmente, porque me las disfrutaba al máximo. Me proponía hacer mi interpretación lo más natural posible, no sabía subir la ceja a lo María Félix, aunque debo reconocer que más de una vez lo intenté (risas). Debo agregar que, en algún momento, llegué a traumatizarme porque recibía correspondencias de mis fans y me daba cuenta de que eran niños entre los 10 y los 11 años. Eso me horrorizaba, dadas las malucas que me tocaba interpretar. Tuve que hablar con el padre Domínguez, que, para esa época, tenía un programa que se llamaba Sonríe, a pesar de todo. Me dijo que era más o menos ‘normal’ que a algunos niños les gustaran mis personajes porque, en cierta etapa, a ellos les encantaba hacer maldades. Eso me tranquilizó, aunque no del todo. Para retirarme de la televisión e incursionar en la política quise hacer un papel de ‘buena’ en Tres Mujeres. Quería demostrarle al público mi versatilidad como actriz. Hacía de una pianista solterona bien buena gente. Pero, para serte sincera, creo que a nadie le gustó (risas)”. P.B.

pblanco@eluniversal.com

Orangel Delfín
El maluco de la cara quemada que quería impedir el amor entre Esmeralda y Juan Pablo. Aquí, antes
de la quemazón

Jorge Palacios
Un maloso que seducía a la audiencia cada vez que llamaba a su amada Marión en Cristal: “Loquita mía, loquita mía”

Giogia Lombardini En esta gráfica la temible Iradia parece contener la risa. Quizás recuerda alguna de las maldades que le hizo
a la pobre Rosario 

Bárbara Teyde
La inolvidable y malvada Sofía de La Usurpadora. “Era tan real que inspiraba odio”, comenta la lectora
Jenny Sánchez

María Cristina Lozada
La despiadada Purificación Burgos dejó encerrada a la pobre Adriana Rigores en La Dueña

Alberto Alvarez
Cara de malo, pinta de malo y buenas actuaciones. Definitivamente: ¡Qué maluco!

Hilda Abrahamz
Maniña Yerichana:
el miedo... y el deseo

Flor Núñez
El desprecio de Pastora Lara Portillo a muchos les causó, paradójicamente,
un gran apego.
No en vano es
la villana que más votos obtuvo
de los lectores

Carlos Villamizar
El hombre de la etiqueta cobró tantas víctimas en Por estas calles que se ganó un lugar en esta maquiavélica galería

Gustavo Rodríguez
El escalofriante Pedro Escobar, sinónimo de la dictadura en Estefanía. “Uno llegaba a desearle
lo peor”, comenta la lectora María Ysabel (sic) Perea

Marisela Berti
Tan simpática y le tocó darle vida
a la antipática Zarina que quería acabar con la Dulce Ilusión entre Coraima Torres y el Chamo Gabriel

Martín Lantigua y Luis Gerardo Tovar
Dios los cría y ellos se juntan. En opinión de nuestra lectora Berenice Camacho, Lantigua era un villano “controlador del poder, las emociones y la libertad”

Flor Elena González
La malvada tía
Esther de Los Querendones; ambiciosa, manipuladora y... devoradora de
hombres

Crisol Carabal
¿Había algún límite de maldades para la Gloria Miralles
de Los Querendones? Sorprendentemente peligrosa

Belén Marrero
Como a todas las malvadas, a la recordada Fedora, de Paraíso, le sobraba glamour

Carlos Cruz
Después del jocoso y malicioso Olegario de Cosita Rica el turno le tocó a Santiago, el gran saboteador del esperado Príncipe Azul

Adolfo Cubas
No se confíe del trajecito y los lentes, detrás de la fachada puede haber un desquiciado antagonista de telenovelas   

Mariano Alvarez
Nicolás Feo, el villano de Paraíso, memorable por su mezcla de humor, maldad y aquella particular forma de hablar

 

 

 

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