53 Aniversario
- Química y físico. Pares sin par
- Ellos nos echan el cuento...
- Delia Fiallo. Madre sólo hay una
- Divinas
- No son todas las que están...
ni están todas las que son
- Rompecorazones
- Cayendo
en lo anecdótico
- Aguafiestas. ¡Qué malos tan buenos!
- ConSagrados. ¡Tremendo carácter!
- Los segundos serán los primeros
- Melo melo melodías
- Confidencias
de camerino
- Directores.
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Damas con estilo
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revista Estampas
 

Divinas

Son las diosas que han hechizado a la audiencia durante décadas de angustias y alegrías telenoveleras. Helas aquí, algunas con la nostalgia del ayer, otras con el entusiasmo del tiempo presente, reflexionan sobre lo que significa ser la protagonista. Pablo Blanco

Son 53 años de producciones dramáticas, lo cual es equivalente a decir 53 años de heroínas de telenovelas. Sus risas y, sobre todo, sus lágrimas las han hecho pasar gratamente a la memoria del público, despertando sentimientos de identificación, solidaridad, ternura y esperanza. ¿Quiénes están detrás de las protagonistas más cautivadoras? Las que, aparte de talento, poseen ese carisma indescriptible que acapara la atención de la audiencia en todas las escenas. En esta oportunidad, esas diosas bajan de su olimpo televisivo para recordar la tragicomedia que les ha tocado vivir gracias a su oficio. Ada Riera, Conchita Obach, Chelo Rodríguez, Marina Baura, Flor Núñez, Grecia Colmenares, Caridad Canelón, María Conchita Alonso, Mayra Alejandra, Tatiana Capote, Elluz Peraza, Alba Roversi, Jeannette Rodríguez, Catherine Fulop, Ruddy Rodríguez, Ana Karina Manco, Gaby Espino, Eileen Abad y Daniela Alvarado toman la palabra por todos ellas —tantas y tan queridas— mientras evocan sus besos ficticios memorables, sus galanes preferidos, las actrices a las que admiran, los escritores que les han dado la letra de su vida y esos personajes que aún llevan en el corazón. pblanco@eluniversal.com

 


Doris Wells

La inquieta Isabel
de La Fiera, la traicionada señora de Cárdenas... son tantas y tan distintas las protagonistas a las que les dio vida la nunca bastante alabada y recordada Doris. No en vano sus colegas coinciden en un punto: “Es la actriz de telenovelas más grande que ha parido esta tierra”  


Grecia Colmenares

Inolvidable Topacio  
“Cuando me llamaron para interpretar a Topacio yo era una muchachita y apenas había protagonizado una telenovela, Rosalinda, junto a Carlos Olivier. Tuve que construir el personaje en tiempo récord, visité asociaciones de personas no videntes y traté de reflejar la manera en la que ellos ‘ven’ con sus otros sentidos. Recuerdo que una de las escenas que más disfruté fue cuando Topacio reconoció a Jorge Luis (Víctor Cámara) tocándole el rostro. La primera vez que los personajes hicieron el amor —en el campo— yo tenía protectores por todo el cuerpo para verme semidesnuda y a Víctor le pusieron un short cortico, muy cómico. Y a pesar de todo eso, la escena fue tan creíble, tan romántica... Siempre he tenido el privilegio de trabajar junto a grandes figuras: mi primer beso me lo dio José Luis Rodríguez en Estefanía y, posteriormente, me tocó trabajar en un unitario sobre el autismo, nada menos que junto a Marina Baura. Por otro lado, Doris Wells es una de mis actrices favoritas. Y digo ‘es’ porque, para mí, ella siempre estará presente. De las nuevas me gusta mucho el trabajo de Marisa Román, ella habla con los ojos y eso es fundamental en una buena actriz. Me duele la manera en la que se critica a los nuevos talentos. A esa frase que dice que ‘ya no hay actores como los de antes’ yo le doy una connotación positiva porque cada generación tiene su propia forma de expresarse”.

 


Mayra Alejandra

Nadie tumba a Leonela 
“Recuerdo con cariño especial las telenovelas que me escribió mi mamá, Ligia Lezama, como: Luisana Mía y Marta y Javier. Ni hablar de Cabrujas, Salvador Garmendia e Ibsen Martínez, los autores de La hija de Juana Crespo, una de las primeras telenovelas ‘culturales’. Para mí fue un honor interpretar a Diana, la heroína. ¿Y cómo olvidar a Leonela si todavía algunas personas en la calle me dicen así? Recuerdo que el año de su estreno, 1984, la Iglesia estuvo a punto de mandar a cortarla por lo fuerte de la historia. Es que eso de que la protagonista se enamorara de un violador causó mucha controversia, me pregunto si hoy en día ese libreto provocaría algún tipo de escándalo. Fue una experiencia maravillosa junto a Carlos Olivier, quien hoy en día sigue siendo uno de mis mejores amigos. Entre tantos besos hay uno memorable por lo cómico: en Angélica, yo estaba en una escena romántica con José Luis Rodríguez y cuando nos íbamos a dar el beso, las palomas que habitaban el estudio hicieron sus necesidades sobre nosotros. Definitivamente fue memorable (risas)”. 

 


Marina Baura

Natalia en la memoria 
“Creo que he sido una actriz afortunada por los roles que me ha tocado interpretar. No tuve besos memorables. Sin embargo, hubo un actor que intentó hacer algo más allá de lo que estaba marcado. Paré la escena y le dije: ‘¡Tengo dientes, así que ten cuidado!’ (risas). Puedo mencionar a tres galanes que considero de los más importantes: Gustavo Rodríguez y José Bardina, con quienes compartí un tipo de actuación muy natural, y Raúl Amundaray porque es el galán de los galanes. Mi escritor favorito ha sido y será José Ignacio Cabrujas; imagínate qué lujo: un intelectual prestado al mundo de las telenovelas. De los nuevos talentos mi favorita es Daniela Alvarado, me parece excelente. Y de las consagradas, Doris Wells, con quien hice un trabajo muy lindo en la miniserie La hora menguada, basada en la obra de Rómulo Gallegos. Fue la primera vez que actuamos juntas y el resultado fue óptimo. Tuvimos la oportunidad de desmentir una supuesta ‘rivalidad’ que existía entre nosotras; una tontería que había inventado la prensa de farándula de la época. Parlamentos no recuerdo, son cosas que se van olvidando y más con mi tiempo que ya ha sido bastante largo. No obstante, el público siempre recuerda una escena que tuve en Natalia de 8 a 9 en la que yo lanzaba un roast beef al piso porque el personaje estaba cansado de ser una cocinera y no ser apreciado como ser humano. Volvería a trabajar en una telenovela, por supuesto que sí, pero con un papel corto, porque la televisión quita mucho tiempo y yo ya le di mucha vida de mi vida”.

 


Flor Núñez

De Isabel a Pastora
Buenos días, Isabel es la telenovela que recuerdo con más cariño, puesto que fue mi primera protagonización. Mi galán era nada menos que José Bardina. Yo hacía de una muchacha apocada, sobreprotegida por su madre que trabajaba como secretaria y que se enamoraba de su jefe. Todas las mañanas él llegaba y le decía: ‘Buenos días, Isabel’, y seguía de largo. Y ella se quedaba embelesada y le decía: ‘Buenos días, señor’. A mitad de la telenovela Isabel se transforma, se pone bella y lo conquista. Fue una experiencia maravillosa. Tampoco puedo dejar de mencionar La mujer sin rostro, de Julio César Mármol, que fue una telenovela que me permitió tener grandes escenas junto a Gustavo Rodríguez. Adoré a mis galanes: Gustavo Rodríguez, mi ex esposo Félix Loreto y Daniel Lugo, con quien, ojalá, tuviera la dicha de volver a trabajar. Entre mis colegas admiro a Elba Escobar, Caridad Canelón y Mimí Lazo. Y de las muchachas nuevas me encanta Marisa Román, me pareció extraordinario su doble papel en Cosita Rica como María Suspiro y Verónica. Me gusta, también, por supuesto, el trabajo de Daniela Alvarado. Y, volviendo a mis personajes, no puedo dejar de mencionar a mi primera villana: Pastora Lara Portillo en El Desprecio. Me costó mucho entrar en su piel. Tuve que revisar libros de psicología para entender su psiquis y su moral, que era opuesta a la mía. La respuesta del público —como siempre— fue maravillosa, lo cual me hace sentir orgullosa de mi oficio. Es que cada día que pasa quiero actuar más, cada día amo más esta profesión”. 

 


Ada Riera

26 años después  
“Hablar de los personajes favoritos que he interpretado es una tarea ardua, ya que, antes de formar parte del elenco de la nueva versión de El Desprecio, tenía 26 años retirada de la pantalla chica, así que creo que podría pecar por olvido (risas). Sin embargo, recuerdo con mucho cariño un doble papel que me tocó asumir: Abigaíl e Isabel Proctor en Las brujas de Salem. Modestamente, creo que han sido dos de mis mejores trabajos. También extraño a mi Graciela Peñalver de Esmeralda.  Fue un rol hermoso y digno, me lanzó al estrellato. No estoy segura, pero creo que mi primer beso me tocó con Luis Abreu en Sor Alegría, a finales de los sesenta. Yo no sabía cómo hacerlo y el director, Grazio D’Angelo, lo montó muy dulcemente, después ya era una veterana (risas). ¿Galanes? José Bardina y Raúl Amundaray porque marcaron una época excelente. Entre las heroínas que más me han fascinado está La señora de Cárdenas de Doris Wells; tenía todo para llevar ese papel estelar que traspasa la pantalla. Es que una protagonista no tiene que ser sólo bonita y delgada, sino poseer ese ‘no sé qué’. Eso que hace que, cuando aparezca  en escena, el público diga:  ‘Ahí está’”. 

 


Conchita Obach

Mujer de palabra
“La telenovela que recuerdo con más cariño es Ifigenia, que me tocó protagonizar en la Televisora Nacional. Pero, en definitiva, El derecho de nacer nos trajo a todos los que participamos allí, muchos éxitos. Yo nunca he visto una respuesta del público tan hermosa como la que obtuvimos con esa telenovela. Como mi personaje, Isabel Cristina, defendía al hijo de mamá Dolores, que era una persona de color, todas las personas de color me paraban en la calle para abrazarme y besarme. Eso entre muchas otras anécdotas. Otra producción que disfruté al máximo fue El Engaño, su libreto era excelente, mi personaje se llamaba —nuevamente— Isabel. En la presentación yo salía en la playa, con una túnica que se me mojaba en una toma muy sugerente, ¡muy atrevida para la época! Me gustó, también, haber participado en los Teatros Omega, que eran representaciones teatrales televisadas en las que compartí con actores de la talla de Doris Wells y Oscar Martínez. Nunca firmé contratos, los canales tenían que creer en mi palabra. Una de mis actrices preferidas es Tania Sarabia, quien, además, es una amiga a la que quiero muchísimo”.       

 


Alba Roversi

Ligia Elena estará siempre contenta
“¿Tú puedes creer que, después de 25 años, haya gente en la calle que me llame todavía Ligia Elena? Eso me parece tan insólito y, a la vez, tan hermoso, es un orgullo inmenso. Fue la telenovela que me lanzó al estrellato. Tanto así que, en algún momento, los humos se me subieron a la cabeza. Pero es que, por Dios, imagínate: yo tenía 20 añitos y venía de Puerto La Cruz a buscar fortuna en la capital. Y que de la noche a la mañana me conocieran y me quisieran en toda Venezuela era como que demasiado para mí. Afortunadamente, cuando me daba por ponerme antipática, la maquilladora de Venevisión, Luisa Marcano, me ponía los pies sobre la tierra y me decía: ‘¡Epa!, ¿qué pasó?, ¿qué actitudes son esas?’. Y como que tomé conciencia y me dejé de creer que era alguien más especial por el sólo hecho de estar en televisión. Es que, aparte de Luisa, yo estaba rodeada por señoras de la actuación que siempre me aconsejaban como Renée de Pallás y Yolanda Méndez. ¿Guillermo Dávila? Te imaginarás que, después de haber compartido ese éxito juntos, hoy día somos grandes amigos. De la gente nueva, me parece que Danielita Alvarado representa una generación de relevo interesantísima, me encanta su trabajo. Aunque, para mí, la protagonista, por excelencia, siempre será Hilda Carrero. Tenía una humildad increíble, sencillez a la hora de actuar, carisma y una belleza misteriosa que la hacía ver tan grande en pantalla. Nos hicimos muy amigas cuando trabajamos juntas en Las Amazonas. La extraño”. 

 


Chelo Rodríguez

Eternamente Rafaela 
“La telenovela más importante que yo he hecho ha sido Rafaela. Fue mi primera protagonización y batió récords de audiencia. El hecho de que yo interpretara a una humilde doctora nos sirvió de pretexto para iniciar una campaña que permitía a pacientes con insuficiencia renal, de bajos recursos, practicarse la hemodiálisis. Yo era la mujer más envidiada del país; me besaba con el paraguayo Arnaldo André. Aunque debo destacar que en una ocasión tuve que decirle: ‘Me vas a romper la boca’. Es que antes, en las escenas de besos, uno cerraba los labios y apretaba los dientes, y él era tan impetuoso... Uno de mis autores predilectos —aparte de Delia Fiallo— fue Fausto Verdial, quien me escribió María José, una chica de hoy. Todos los libretistas me han aceptado la costumbre de eliminar el verbo ‘maldecir’ de mis parlamentos, lo cambio por algún insulto, no me gusta estar maldiciendo a nadie, ni siquiera en la ficción. Pienso que una buena protagonista debe ser primeramente actriz, lo demás sale solo”.

 



Ana Karina Manco

Actriz contra viento y marea
“Uno de mis papeles protagónicos favoritos ha sido el de Daniela Borges en Contra viento y marea, de Leonardo Padrón. Me gustó porque era un personaje muy romántico sin ser cursi. Tuve escenas grandiosas con Mimí Lazo, que hacía de Doña José, mi mamá. Y mejor aún fue tener a Guillermo Dávila como galán, siempre se portó de maravilla conmigo, nos aprendíamos los libretos juntos. De las actrices de mi generación la que más me ha gustado, hasta la fecha, ha sido Maricarmen Regueiro en El Desprecio, sencillamente, excelente. Nunca voy a olvidar mi primer beso en La mujer sin rostro, protagonizada por Flor Núñez y Gustavo Rodríguez. Yo tenía como 14 años y era la damita joven. Ni siquiera me había besado con nadie en la vida real. Cuando llegó el momento me puse de todos los colores, no pude ni mover la cabeza. No recuerdo el nombre del actor, porque además creo que no hizo más televisión ¿sería por mi culpa? (risas). Y bueno, imagínate lo que significaba trabajar con Flor Núñez. En las escenas en las que me tocaba llorar con ella, era tan honesta en su interpretación que a mí se me olvidaba la letra, me cortaba toda. Se ponía bravísima porque había que repetir la escena a cada rato ”.    

 


Elluz Peraza

Cenicienta criolla
“Uno de los personajes que he hecho, que más me ha gustado ha sido el de Emilia, en la telenovela que llevaba el mismo nombre. Era una muchacha humilde, muy honesta y luchadora, y lo más importante: no era tonta. También me dejó muy gratos recuerdos Cenicienta, escrita por Mariela Romero. Creo que fue una de las primeras que tuvo matices de comedia. Fue divertidísima y tuvo mucho éxito, lástima que fue producida en el canal del Estado y por ello no se difundió a otros países. Pienso que, anteriormente, las telenovelas venezolanas cautivaban más, especialmente, porque eran muy innovadoras. En estos momentos siento que son demasiado localistas y los elencos son muy diversificados. Creo que se tiene que apostar por conflictos dramáticos que sean más universales, para internacionalizarnos. Mis heroínas favoritas, como espectadora, han sido: Soledad Silveira, en Pobre Diabla, y Natalia, en Natalia de 8 a 9, principalmente por Marina Baura. Otras actrices que admiro son: Eva Blanco, Yolanda Méndez y Elba Escobar. Disfruté mucho mi transición de protagonista a primera actriz. Me encantaría regresar a la pantalla chica venezolana en un papel de esposa con muchos años de casada, que vive los conflictos de todos los días junto a su pareja. Sería lindo”. 

 


Caridad Canelón

Entre Elizabeth y Constitución
“He tenido muchos personajes que para mí han sido entrañables, pero no debo dejar de mencionar a Elizabeth, la producción que significó mi primera protagonización. Yo tenía muchos puntos en contra para protagonizar; soy bajita, de piel morena y con rasgos indígenas. No encajaba con el estereotipo de la heroína de moda. Pero el señor Hernán Pérez Belisario, ejecutivo de RCTV, apostó por mi talento y, afortunadamente, la telenovela fue un éxito. De hecho, todavía hay gente que me dice ‘mi ciela’, que era como me llamaba Juan David, el personaje de Orlando Urdaneta, al que yo le decía ‘mi vido’. En contraste, y muchos años más tarde, tuve que asumir el rol de Constitución Méndez, la villana de Señora. Era un papel que Cabrujas había creado, inicialmente, para Marina Baura. Así que el reto para mí fue inmenso; pasar de ‘damita joven’ a primera actriz. Tenía que hacer que el público estableciera una relación amor-odio con ese personaje. Y, gracias a Dios, lo logré”. 

 


María Conchita Alonso

De Estefanía a Hollywood
“Recuerdo que la primera telenovela que me permitió demostrar que yo era una buena actriz fue Estefanía, protagonizada por Pierina España y José Luis Rodríguez. Nunca olvidaré la escena en la que me enteré de que mi papá estaba preso; yo estaba en la sala de mi casa y me puse a llorar, mientras conversaba con mis muñecas. Después de ese nivel de interpretación comenzaron a tomarme en serio. En 1980, vino María Elena, mi primera protagonización. Me encantaba porque era una niña inocente —distinta a mí— pero fuerte e inteligente. Mi galán de todos los tiempos es Jean Carlos Simancas, porque además de nuestra química artística había ‘algo’... lo dejo así. Gracias al training que obtuve actuando en telenovelas venezolanas fue que pude lograr el nivel actoral para trabajar con cualquier estrella grande de Hollywood. Mi única crítica a la industria es que apuestan, casi exclusivamente, por los jóvenes que están en sus veintes. Y creo que es importante mostrar que la vida no se acaba a los 30, que a las mujeres de 40, 50 y hasta 80 años todavía les late el corazón y, por lo tanto, todavía pueden enamorarse”.  

 


Tatiana Capote

La frescura de Marisela
“Todos los besos que me di con los galanes fueron reales, es que yo era muy enamoradiza. De mis telenovelas, a una de las que le tengo más cariño es a Marisela, por la frescura de mi personaje y porque en el elenco estaba nada menos que doña Amalia Pérez Díaz. De mis colegas, admiro a María Conchita por haber tenido la valentía de irse a Hollywood, a Lupita Ferrer porque se mantiene vigente, y a Grecia Colmenares porque es todo un icono. Cuentos hay miles: recuerdo que en mis inicios tenía que echarme mentol en las pestañas para poder llorar en las escenas dramáticas (risas). Mucha gente todavía lo hace. Es que, imagínate, yo lo tenía todo: salud, dinero, fama y un montón de pretendientes, ¿cómo podía llorar si no tenía registrado el dolor? Ahora nada más de leer un libreto ya se me salen las lágrimas. Los golpes de la vida favorecieron mi sensibilidad artística”.

 


Ruddy Rodríguez

Por siempre bonita
Niña Bonita fue un sueño que siempre quise vivir. A mi galán, Luis José Santander, y a mí nos decían ‘los niños bonitos’. La telenovela fue un furor; muchas mujeres sacrificaron sus melenas para hacerse el mismo corte de Diana, la protagonista. Eramos la pareja de moda. Con los besos no siempre he tenido suerte. Mi primer beso, en Enamorada, fue horrible porque el actor tenía mal aliento. Me dio tanta rabia que saqué un chicle y se lo di. Después lo veía cepillándose los dientes cada vez que le tocaba una escena conmigo (risas). Su nombre no es fácil de adivinar porque en esa telenovela yo me besé con tres galanes. Hubo otro que intentó besarme de verdad. Lo paré en seco y le volteé la cara de una cachetada. Es que tus galanes pasan a formar parte de tu familia, por eso lo mejor es tener una buena relación con ellos. No podría nombrarte una sola actriz favorita, hay muchas: Marina Baura, Rebeca González... y de las nuevas me encanta Danielita Alvarado, ¿a quién no? Hay una frase típica de telenovelas venezolanas: ‘¡No te quiero volver a ver más nunca!’. Trabajando en el extranjero fue que me di cuenta de que lo correcto es decir: ‘¡No te quiero volver a ver nunca más!’, (risas). Para mí una buena protagonista es una mujer con una gran sonrisa”.

 


Jeannette Rodríguez

De rosa y cristal    
Cristal, de Delia Fiallo, fue la oportunidad que anhelé por mucho tiempo y hoy por hoy es mi carta de presentación internacional. ¿Y qué decir de La dama de rosa, de Cabrujas? Era maravillosa esa posibilidad de asumir la transformación de la dulce Gabriela Suárez en la vengativa Emperatriz Ferrer. Recuerdo esa frase maravillosa que le decía la una a la otra: ‘Yo no tengo regreso...’. Te la digo y me erizo. Mi primer beso fue con Franklin Vírgüez en Chao Cristina. Estaba tan nerviosa que, después de que me besó, se me olvidó el parlamento. Tenía que decir un número telefónico y, en plena escena, él se me acercó al oído y me dijo: ‘di tu cédula’. Y le hice caso: repetí mi número de cédula al aire (risas). Mi galán predilecto es, por supuesto, Carlos Mata, con quien conservo una hermosa amistad. Por otro lado, fue un privilegio trabajar con Lupita Ferrer. No estoy muy actualizada en cuanto a nuevos talentos, pero siempre me ha gustado Danielita Alvarado, que ya no es Danielita, ¿no? Si en algún momento se dijo que yo era una diva, me gustaría aclarar que, para mí, diva es una palabra hermosa. La asocio con algo grande, bonito. La gente necesita a las divas para identificarse con ellas, para soñar a través de ellas. Con toda la humildad del mundo, agradezco poder ser una diva”.  

 


Catherine Fulop

Aquella pudorosa colegiala 
Abigaíl ha sido la telenovela que me ha dejado los más bonitos recuerdos. Además, me dio la oportunidad de demostrar mi versatilidad; primero hacía de colegiala y luego, teniendo 22 años, tenía que interpretar a la madre de una chica de 18. Creo que mi primer beso se lo di a Miguel Alcántara en Mi amada Beatriz. Estaba tan asustada que lo hice perfecto para no tener que repetirlo (risas). Es que en ese momento yo era una muchacha muy pudorosa... ¡cómo cambian las cosas ¿no?! (risas). De los galanes recuerdo mucho a Jean Carlos Simancas, que me hacía esperar tres mil horas en el estudio porque él se tenía que arreglar y ponerse divino para Mundo de fieras. O sea, se tardaba más que yo arreglándose, ¿puedes creerlo? Y aunque es cierto que discutía mucho con él por ese asunto, yo lo adoro. Creo que el éxito de las telenovelas venezolanas en el extranjero se debe, entre otras cosas, a nuestra forma de hablar. Cuando llegué a Argentina la gente me decía que le encantaba que fuéramos tan cariñosos, les fascinaba escuchar a los personajes pedirles la bendición a su mamá”.

 


Eileen Abad

La niña mimada
“Patricia Echegaray, el personaje protagónico de Niña Mimada, es uno de los que más he disfrutado, por lo cómico. Yo venía de hacer La Nena en Contra viento y marea, que era un rol sumamente dramático y por fin tuve la oportunidad de relajarme. Patricia era una loca mentirosísima, se metía en unos rollos cada vez más grandes. Me encanta la comedia, por eso creo que la pasé tan bien. Entre mis escritores venezolanos favoritos de telenovelas debo mencionar a Kiko Olivieri, quien me escribió ese personaje maravilloso de Valentina Ayala para La Tormenta, y Leonardo Padrón, nuevamente por La Nena de Contra viento y marea. Tengo un beso que fue decisivo en mi vida: el que me di con Carlos Guillermo Haydón —quien es actualmente mi esposo— en Angélica Pecado. Yo siempre fui la más ética, mi relación con los galanes era, y sigue siendo, estrictamente profesional. Pero en esa escena, a pesar de que el beso era ficticio, a mí me dio como algo, y me dije: ‘Uy, ¿qué pasó aquí?’. Cuando terminaron las grabaciones, nos dimos cuenta de que, en efecto, pasaba algo y comenzamos a salir. Tengo muchas actrices predilectas: Elba Escobar, Mimí Lazo, y ¿cómo olvidar a Doris Wells en La Fiera?”.   

 


Gaby Espino

Yubirí como alterego
“Una de las heroínas que más he disfrutado es Yubirí en Guerra de Mujeres. Qué buena historia, qué elenco tan maravilloso, qué buen personaje... Muchas de sus frases eran mías: ‘pirilín, pirilín’, ‘ni pendiente perro caliente’, ‘prende tu moto y arranca’, más otras cosas que se nos iban ocurriendo en medio de las grabaciones. Se jugaba mucho con los playbacks (las voces en off que simulaban los pensamientos de los personajes), por lo cual ‘besarse’ era muy complicado: mientras lo hacíamos, teníamos que abrir los ojos y ‘reflexionar’ cosas como: ‘Ay, Yubirí, te estás portando mal’. No sé cómo aguantábamos la risa. Mi galán favorito ha sido Jorge Reyes, puedo decir que casi nos leíamos el pensamiento en todas las escenas. Me siento afortunada de haber trabajado con grandes actores y actrices. Tengo que hacer una mención especial a Caridad Canelón, quien, además de enseñarme mucho de este oficio, ha sido como una madre para mí. Sin dejar por fuera a artistas con las que he tenido un vínculo hermoso como Elba Escobar y Lourdes Valera. Y si me preguntas con quién me he identificado más, debo mencionar a Ruddy Rodríguez y Ana Karina Manco. Yo las veía actuar y me decía: ‘Así es que quiero trabajar yo, con esa naturalidad’. Las protagonistas somos como ángeles encargados de transmitir el mensaje de nuestros maravillosos escritores”.

 


Daniela Alvarado

Admirada  
“No podría mencionar un personaje favorito que me haya tocado interpretar, sería injusto con los otros personajes. ¿Mis galanes? Definitivamente, Carlos Montilla y Adrián Delgado. Como actores tenemos una química increíble, aparte de que somos los mejores amigos. También sería injusto nombrar a un escritor en particular porque todos me han tratado como una reina. De las actrices nuevas me encantaría trabajar con Daniela Bascopé, a quien admiro también como productora y directora. Y de las mejores, aparte de mi mamá (Carmen Julia Alvarez), tengo que mencionar a Marina Baura. Una vez me la encontré en los pasillos de Venevisión y me dijo: ‘Yo te admiro muchísimo’. Me quedé sin palabras. ¿Tú te imaginas que una actriz tan grande te diga eso? ¡Qué honor! Nunca he sido caprichosa con mi trabajo pero trato de ser lo más coherente posible. Ya los directores saben que conmigo no van a tener una escena en la que, por ejemplo, yo me esté despertando y me vea maquillada. Aunque una vez se me fue la mano en Se solicita príncipe azul: aparecí con la cara totalmente lavada después de una escena de llanto y parecía un monstruo, el público tampoco se merece eso (risas)”.

 


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