Delia Fiallo
Madre sólo hay una

Imposible no incluirla en un especial en el cual, precisamente, se escudriñan los días, los años, los amores y desamores narrados a través de un génerodel cual ha
sido una de sus grandes protagonistas. Así lo ratifica directamente desde Miami en una conversación que
le sirvió de expedito carruaje hacia la nostalgia. María Elisa Espinosa
Más de medio siglo estuvo sentada frente a una máquina de escribir —nunca una computadora—, tecleando las vicisitudes de personajes que otros meterían directamente en el saco de los inverosímiles, por edulcorados o villanos de más, pero que ella defiende siempre —y lo seguirá haciendo— como fieles exponentes de las emociones que penetran o salen por los poros de cualquier ser humano, por lo menos una vez en la vida y, por lo más, a lo largo de toda ella.
Es Delia Fiallo, la misma que decidió enceguecer a Esmeralda justo a tiempo —esto es: ¡antes de salir al aire!— considerando que el canal de la competencia entonces prometía hacer igual con la protagonista de su próxima producción… La misma que decidió vender todo su patrimonio telenovelesco a Televisa —no poca cosa: más de 30 novelas entre originales y sus propias adaptaciones— para así poder descansar y atender a su familia. Pues, cómo no complacer finalmente a Bernardo Pascual, su esposo, si un buen día se le plantó en su cara con una franela clamando “I need attention!”, pues sencillamente no soportaba más ser el segundón de su novela personal, mientras el protagonista era mister libreto.
Y sí, la misma Delia Fiallo que hoy, desde Coral Gables, Miami, donde ha vivido buena parte de su exilio de Cuba, reaviva los tiempos de gloria al atender sin poses una llamada telefónica discada desde la Venezuela que dice extrañar hasta los tuétanos. Cómo no volverse a conectar con aquellos aromas, con aquellos recuerdos, con aquellos días en que dio las pisadas más certeras para que, tantas décadas después, se le siga reconociendo como una mujer nacida para escribir de amores y desventuras.
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| JUNTO A LA PAREJA ESTELAR DE KASSANDRA |
Como “madre de la telenovela latinoamericana”, ¿cuál podría decir es esa “hija” de la cual se arrepiente y cuál es aquella que más le enorgullece?
“Imagínate, es muy difícil. Para todas mis telenovelas trabajé con mucho entusiasmo y responsabilidad y, realmente, te digo que algunas tienen un significado especial, porque representaron —¡vaya!— algo muy característico. Por ejemplo, Esmeralda (1970) fue la primera telenovela que salió al mercado exterior en toda América Latina desde Venezuela; Cristal (1985) fue la novela que conquistó el mercado europeo, o sea que también tiene mucha importancia para mí; y Lucecita (1967) fue la primera novela que escribí al salir al exilio. Así que esas son tres novelas que para mí significan mucho en mi carrera profesional”.
¿Y sigue sin decidirse por cuál de todas ha sido la más exitosa?
“Realmente creo que Leonela, pero Kassandra también; es decir, la versión que se hizo de Peregrina, que actualmente está en el libro del Récord Guinness como la telenovela más vendida de todos los tiempos y traducida a la mayor cantidad de idiomas; tuvo un éxito bárbaro en los países asiáticos, Indonesia, Japón…”.
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CARLOS MATA Y JEANNETTE RODRIGUEZ
EN CRISTAL |
En una oportunidad Arquímedes Rivero llegó a decir que “Si Alejandro Dumas hubiera nacido ahora, sería él quien se basaría en Delia Fiallo”. ¿Es tan así la cosa? ¿Las historias y los conflictos en una telenovela siempre serán los mismos?
“Bueno, yo diría que, refiriéndonos a la telenovela en particular, toda historia versa sobre la lucha de una pareja por conseguir la felicidad, presenta un amor contrariado, una pareja enfrentándose a una serie de inconvenientes para alcanzar lo que quiere. En todas las novelas, en la más de ruptura, como las llaman, en la más moderna, existe ese mismo nudo básico y de allí se tejen otros, que son las subtramas, y que para mí tienen un valor muy grande, pues uno se escapa hacia esos otros personajes que reflejan más lo que es la vida, los conflictos más reales de la vida, más fuertes, más intensos”.
En el año 2004, respondió a una periodista, quien le preguntó sobre cuál tema social le gustaría escribir en una novela de estos tiempos, lo siguiente: “Creo que sería muy saludable enfocar el tema de los jóvenes ingenuos, manipulados por lidercillos de regímenes obsoletos y fracasados que les distorsionan los ideales, les envenenan la mente, le llenan el corazón de odio y los convierten en una masa vociferante y destructora (…)”. ¿No se estaría metiendo con ese planteamiento en una telenovela de once varas, en una telenovela política?
“Yo creo que la política ha pasado a ser un elemento muy importante de nuestra vida y nosotros aspiramos a reflejar eso que estamos viviendo. Entonces, a mí me preocupa mucho ese tipo de manifestaciones de gente joven que no sabe ni siquiera qué es lo que está manifestando. Tú le preguntas a esos muchachos que creen que están inmolándose, o trabajando o luchando por un ideal, ¿qué es lo que están defendiendo?, y no saben qué responder. En eso hay mucho de manipulación, son profesionales de las protestas, incluso los llevan de un país a otro, y sin embargo en el fondo no saben qué es lo que quieren”.
¿Será esa telenovela política la única que le falta escribir a Delia Fiallo?
“Por supuesto, ese sería un tema intercalado dentro de una trama, lógicamente, melodramática y romántica, que es la tónica de la novela tradicional”.
¿Ha llegado a conocer alguna experiencia de este tipo en Venezuela?
“Sí, conocí Por estas calles, que fue una novela muy contestataria, que presentaba mucho la reacción de la gente de a pie y me pareció muy interesante. Tú sabes que la temática de la telenovela se ha abierto ahora a mucho más campo porque antes teníamos una comisión de ética muy cerrada, muy fuerte, muy estricta, muy decadente, muy pasada de moda, que nos prohibía el tratamiento de los grandes conflictos del ser humano como el divorcio, el aborto, la infidelidad… Entonces, había una cosa muy injusta, se nos acusaba a los escritores de ser escapistas, idealistas, románticos y de no tratar las cosas reales, cuando en realidad no nos los permitían hacer. Ahora sí hay una apertura muy grande y eso es muy bueno”.
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LUPITA FERRER EN ESMERALDA |
¿Usted regresaría a Cuba de cambiar la situación que se vive en su país desde hace décadas?
“Yo salí de Cuba en el año 1966, junto con mi esposo Bernardo y mis cinco hijos, y claro que estoy deseando volver para allá; no he querido hacerlo mientras las condiciones sigan siendo las que se tienen hoy… Entonces, cuando eso cambie, sí me gustaría regresar, deseo con toda mi alma poder volver a una Cuba libre como era, el país que yo dejé, el país que soñamos por recuperar. Pero, por supuesto, no podría enraizarme de nuevo totalmente allá, porque en ese transcurso mis hijos que vinieron muy pequeños (a Miami) han tenido hijos acá, se han desarrollado, han echado raíces, así que tendría que estar yendo y viniendo”.
Usted declaró hace un tiempo que sus novelas habían sido deformadas por otros libretistas, refiriéndose muy puntualmente a los que trabajan en Televisa, México. ¿Ha logrado desviar ese proceso? Entendemos que tuvo la intención de intervenir nuevamente en los remakes que se hicieron de ellas…
“No, no he podido. Realmente creo que fui muy afortunada de salir de Cuba con mi carga de libretos y de sueños y de proyectos y de ilusiones y caer en Venezuela donde se respetó mi creatividad, donde creyeron en mí, donde confiaron en mí, donde me ayudaron a que yo pudiera realmente hacer una labor dentro de mi género como yo quería, engrandeciendo en todo lo posible mi género. Sin embargo, en México, en particular en Televisa, ellos tienen una política diferente, le dan mucha importancia al productor y se la restan al autor. Entonces, en mi caso, que son novelas que les he vendido ya hechas, ese productor agarra todos mis libretos, se busca cuatro o cinco dialoguistas, y cada uno de ellos considera que la tiene que cambiar porque, si no, no justifica el dinero que le pagan. Se lanzan como aves de rapiña, digámoslo así, sobre mis libretos y reescriben la telenovela. Es decir, que todo el trabajo que tuve como creadora se derrumba”.
¿Y cómo se siente con eso?
“Muy mal, muy mal. A veces incluso meten personajes que no son míos y generan diálogos que no son míos y eso sale con mi nombre. Entonces, imagínate, a veces yo he tenido la pena de oír decir: ‘Ya Delia Fiallo no escribe como antes’; al extremo que le pedí a Televisa que sacara mis créditos de las producciones y lo logré al fin en una última versión que hicieron de Peregrina”.
¿Sigue considerando que los escritores venezolanos de telenovelas “no cuentan historias originales, sino que lo que hacen es reunir elementos dramáticos de las ya escritas y hacen una especie de coctel”?
“Sí, hay una falta de creatividad completa. Es mucho más fácil meter las manos en todo lo que se ha hecho y empatar una novela con otra y una situación con otra; entonces lo que pasa es que las novelas están resultando muy repetitivas, no surgen cosas nuevas. Tú tienes que buscar un elemento diferente, refrescar la temática”.
¿Y usted lograba eso en todas sus telenovelas?
“Por lo menos lo traté (risas). Porque, fíjate, ¿cuántas novelas no se habían escrito de violación? El violador siempre era un tipo lombrosiano, horrible, el malvado, y sin embargo en Leonela el violador era un muchacho común y corriente, un muchacho noble, de buena familia, que cometió un acto innoble producto del alcohol, de sus complejos sociales, y después la novela estudiaba las consecuencias de ese acto, sobre el violador, sobre la familia, sobre la víctima, sobre el culpable. Es decir, fue un enfoque distinto de una cosa que ya estaba muy hecha. Eso es lo que yo buscaba: refrescar un poco la temática de las cosas que estaban hechas y dar algo nuevo”.
A propósito de lo que dice sobre los escritores venezolanos, ¿ha tenido la oportunidad de ver las más recientes telenovelas de ellos, como por ejemplo Mi gorda bella de Carolina Espada, Cosita rica de Leonardo Padrón, Amor a palos de Martín Hahn…?
“No, porque esas novelas se han pasado en Miami en canales que uno no está acostumbrado a ver y me han pasado desapercibidas, porque es que ni me he enterado de que estaban allí”.
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IVONNE ATTAS ES UNA DE SUS "VILLANAS" FAVORITAS |
¿Continúa firme en su idea de que la telenovela no se puede convertir en una obra de arte depurado, en que la telenovela es entretenimiento y nada más?
“Yo creo que efectivamente la telenovela es muy específica, es un género en sí que hay que aceptarlo tal como es. Tú no puedes ponerte a pulir un libreto, es un medio comercial y entonces tienes que escribir un capítulo diario. Ahora bien, tienes que hacerlo con dignidad; yo rompía páginas, yo me demoraba en escribir mi historia porque quería dentro de las limitaciones de lo que es el género —que es muy efímero, muy vibrante, muy rápido—, pues yo quería que fuera lo mejor posible”.
¿Para quién trabaja hoy? O efectivamente logró retirarse como tanto anhelaba y como tanto había anunciado…
“Prácticamente estoy retirada y como ya toda mi obra se vendió a Televisa, que está haciendo estas versiones en las que no me deja participar, así que ahora estoy completamente aislada y por ello me estoy dedicando a lo que no pude hacer antes: a mi familia, a viajar, a leer…”.
Imaginamos, por tanto, que ya su esposo no se tiene que poner una franela con una frase para llamar su atención.
“(Risas) Así es, ahora Bernardo no necesita atención, ya está atendido, está mimadito, bien atendido (risas)”.
Usted ha contado que cuando escribía sus novelas desde Miami era toda una odisea para hacerlas llegar a Venezuela cada noche con un emisario aéreo…
“Sí (risas)… ¿Cómo pude hacer eso? Yo escribía siempre al aire, no era que escribiera la novela y después se hacía. Escribía con 20 capítulos de adelanto como mucho; y siempre los escribía sola, aunque tuve por un tiempo una colaboradora, que era Ana Mercedes Escámez, que fue de un valor tremendo para mí, una persona muy buena, muy buena escritora, muy criolla, con los personajes de pueblo me ayudaba mucho, pero era el capítulo diario y no se podía parar porque arrancábamos y aquello ya estaba en el aire. Entonces, con una familia grande acá, no había fax, no había Internet, no había nada… A veces dictaba los capítulos por teléfono, pero otras veces escribía el capítulo y salía corriendo al aeropuerto y en el gate (la puerta) buscaba a una persona que llevara el sobre con el capítulo. Así me pasé años”.
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CARLOS OLIVIER Y MAYRA ALEJANDRA EN LA CONTROVERSIAL LEONELA |
¿Qué separa a Delia Fiallo de Corín Tellado?
“Yo diría que Corín tiene un tipo de literatura más frívola, es más tipo social, no es tan real. Una vez Corín dijo, criticándome, que a ella no le gustaba hundir el dedo en la llaga”.
¿Y a usted sí?
“A mí sí. A mí me gusta hundir el dedo en la llaga y hacer llorar” (risas).
¿Todavía le molesta que a las telenovelas las llamen culebrones?
“Me acostumbré y, mira, para mí ese género tan controvertido, tan discutido, tan menospreciado que fue al principio, en el cual yo creí, en el cual confié, que sudé, por decirlo así, me ha dado la satisfacción más grande que es verlo ahora reconocido como un vehículo de comunicación masiva, el más poderoso que existe como género en sí, que se está estudiando incluso en las universidades”.
¿Y ese género usted considera que ha ido para mejor o para peor?
“Para peor. Es que se le está dando mucha más importancia al espectáculo, a la cosa del sexo, a la cosa de acción y se ha perdido un poco el sentimiento, que es la base del género: conmover a una gente frente al televisor. Las emociones que son el común denominador del ser humano: el odio, el amor, los celos, la ambición… En fin, esas cosas se han ido perdiendo y se ha ido mucho a lo vacío, a la acción y la violencia que en realidad no llegan al corazón. Se quedan en la mente nada más”. l
mespinosa@eluniversal.com
Novelografía |
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LUCECITA (1967) |
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LA SEÑORA ELENA (1975) |
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EMILIA (1979) |
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TOPACIO (1984) |
No sólo fue pionera de las telenovelas de continuidad, es decir, aquellas historias que dejan al televidente en suspenso siempre (¡o cuando son verdaderamente buenas!) hasta el próximo episodio. Delia Fiallo, además, contabiliza un doctorado en Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana, sin olvidar el Premio Internacional de Cuentos Hernández Catá, obtenido en 1948 con la obra El otro.
• En 1951 comenzó escribiendo para la radio de su país, y luego para la televisión, cuestión que no dejó de hacer en el exilio, incluyendo Venezuela, un puerto del que se siente profundamente agradecida al haberle abierto las ventanas como autora de exitosas telenovelas producidas en el país, casi todas por Venevisión y otras pocas por Radio Caracas Televisión, aunque generalmente escritas desde Miami, más allá de que no perdió la oportunidad de ponerles el ojo visitando
el país por temporadas
de varios meses.
• El resultado de tanto afán son los más de mil 600 millones de personas en todo el mundo que han visto sus novelas desde que se iniciara en ello con Lucecita (1967), seguida por Rosario y Estrellita, esa pobre campesina (1968), Esmeralda (1970), Peregrina (1973), La señora Elena y Una muchacha llamada Milagros (1975), La zulianita y Rafaela (1977), María del mar (1978), Emilia (1979), Leonela (1983), Topacio (1984), Cristal (1985), Fabiola (1989) y Kassandra (1992), amén de las adaptaciones de sus propias obras y de
algunas ajenas que posteriormente hicieran ella misma y otros libretistas.
• De todo aquello, obviamente, surgieron predilecciones. Hoy, Delia Fiallo ratifica que la actriz que mejor representó la maldad en sus historias fue Ivonne Attas, “una excelente villana, siempre”. Mientras que en la categoría de los protagonistas, tampoco concede dudas: José Bardina y Lupita Ferrer, “muy querenciados por ser la pareja que más estuvo en mis novelas”; aunque no obvia actores como Eduardo Serrano, José Luis Rodríguez, Osvaldo Ríos, y actrices como Flor Núñez, Rebeca González, Hilda Carrero y Marina Baura… “Todos fueron grandes protagonistas”.
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Libreto por las nubes |
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| LA SEÑORA FIALLO |
Más verídico imposible.
La anécdota narrada por Delia Fiallo, manejando en la noche desde su casa hasta el Aeropuerto Internacional de Miami, rogando conseguir un viajero amable que fuera para Caracas y se conmiserara de ella para servirle de emisario del libreto de su novela de turno, es así. Aunque en voz de Carmen Alicia Beaujon, una de tantas “palomas mensajeras” que en alguna oportunidad accedieron al petitorio, el cuento se impregna de más melo, que drama:
“Estaba en el aeropuerto haciendo la cola con mi esposo, cuando de pronto llega una señora. El vuelo estaba retrasado porque había una huelga de pilotos en Venezuela. Ella se presenta y nos explica lo que quiere. Nos dice que está acostumbrada a mandar sus guiones de esa manera. Yo le pregunto ¿cómo es que, entre tantos pasajeros, se nos acerca justo a nosotros? ‘Es que me parecieron una pareja respetable, que
merece mi confianza’, respondió. Le pregunté si me permitía abrir el paquete, lo recuerdo clarito, era un sobre de manila, sólo tenía adentro un guión con indicaciones precisas para el luminotécnico y esas cosas… Además nos dio el teléfono de Venevisión y el nombre de la persona contacto en Caracas, de manera que llamáramos para que fueran a buscar el material en casa… Por cierto que en el avión mi esposo aprovechó para
leerse el guión completo, no recuerdo cuál era la novela... El vuelo aterrizó de madrugada en Maiquetía, todo era un revuelo, había que hacer cola para chequear el equipaje y allí es cuando meto el paquete en mi bolso de mano, que era como una bolsa abierta con azas. Quedó como aprisionado a un lado de unos sombreros de pajita que traíamos para el cotillón de la piñata de mi
primer nieto, además
de un reloj para la mesita
de noche y un cassette de Beta… Y justo allí fue mi perdición. Resulta que mientras mi esposo terminaba con el chequeo, yo me fui a buscar un libre; luego lo veo salir con las maletas y sin el bolso de mano. ¡Horror! ¿Y la bolsa?, vengo y le pregunto. ‘¿No la tenías tú?’, me responde. ¡Nooooo!, ¿cómo pude haberla sacado yo si no la habían chequeado? Pues, nada, se la habían robado, me imagino que por la novedad de los sombreritos. Entonces cuando llego sollozando, llamo a Venevisión. ¿Cómo explicar lo que nos había pasado? Hasta el sol de hoy no he querido saber lo que habrá pensado la señora Fiallo, y mucho menos
recordando el aviso que durante varias noches
colocaban en pantalla: Estimados televidentes,
a causa de una huelga de pilotos, nos vemos imposibilitados de transmitir un nuevo capítulo de su novela estelar. Les rogamos nos disculpen”. |
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