53 Aniversario
- Química y físico. Pares sin par
- Ellos nos echan el cuento...
- Delia Fiallo. Madre sólo hay una
- Divinas
- No son todas las que están...
ni están todas las que son
- Rompecorazones
- Cayendo
en lo anecdótico
- Aguafiestas. ¡Qué malos tan buenos!
- ConSagrados. ¡Tremendo carácter!
- Los segundos serán los primeros
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Cinco y ¡accion!
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Cinco y  ¡acción!

De la pericia de los directores depende, en gran medida, que los actores logren arrancar lágrimas, suspiros y risas del público. En otras palabras, a ellos les corresponde que la prosa del escritor cobre vida, cada noche, en horario estelar. Idalia De León

Renato Gutiérrez 
Por estas calles


Mayra Alejandra Martín, Franklin Virgüez y compañía en Por estas calles (1992)

Uno de los hitos más importantes en la historia de la televisión venezolana le pertenece a Renato Gutiérrez. Dirigió Por estas calles, como ya se ha dicho, la telenovela más larga que se haya hecho en el país: duró dos años, dos meses y 27 días. De esos tiempos, para él inolvidables, es mucho lo que recuerda, pero lo primero que le viene a la mente es el impacto que produjo en el público este dramático: “Por estas calles fue un trabajo fabuloso. Pasaron cosas que nos agradaban mucho. Nos llegaban regalos de todas partes; nos obsequiaban vajillas, colecciones de vasos, relojes que llevaban impreso el nombre de la novela”, recuerda Gutiérrez, quien empezó en la televisión literalmente detrás de las cámaras —en el papel de camarógrafo y de asistente de producción—, aunque es conocido por el público por formar parte del elenco de Estefanía (1979), y protagonizar telenovelas como Rosa Campos Provinciana (1980) y Pensión Amalia (1980). “Por estas calles cayó en un momento histórico preciso, y uno de los secretos de su éxito fue que había muchos personajes con los que la gente se identificaba. Fue una novela de denuncia social que si se transmitiera hoy no pasaría nada”.

Lupita Ferrer y Raul Amundaray en tiempos
de Cristal (1986)

Otro de los trabajos memorables de Gutiérrez fue Cristal, telenovela de la que dirigió 80 por ciento, y que se convirtió en uno de los dramáticos más exitosos de la televisión. “El director titular de esa novela era Daniel Farías, pero justo cuando empezó el rodaje sufrió un infarto de manera que yo lo suplí hasta casi el final de la novela”.

 

Juan Lamata
y los años setenta

Marina Baura en su doble papel y Raul Amundaray en La Usurpadora (1971)

Marina Baura y Elio Rubens en
Doña Bárbara
(1974)

Cecilia Villarreal y Doris Wells en La señora
de Cárdenas
(1977)

La década de los setenta le perteneció a Juan Lamata. A él le corresponde más de un logro en el desarrollo del género especialista en arrancar lágrimas al espectador. Luis Alberto Lamata, su hijo, y quien siguió sus pasos al dirigir Las dos Dianas, Señora, La Intrusa y Enséñame a querer, entre otras, conoce bien su historia y es quien cuenta tres de sus varios importantes momentos: “La Usurpadora, una de las novelas dirigidas por mi papá más exitosas de RCTV, se hizo en una circunstancia muy particular, pues Radio Caracas no sabía cuál novela hacer para sustituir a la que estaba en el aire. Inés Rodena, una autora legendaria del género, les dijo a los ejecutivos del canal: ‘Yo tengo una radio novela muy buena pero que no se puede hacer en televisión porque tiene un doble personaje’”. Semejante afirmación fue, para Lamata, más que una sentencia una invitación a hacerse cargo de la telenovela donde aparecerían dos personajes hechos por una misma actriz, responsabilidad que recayó en los hombros de Marina Baura (era la segunda vez que se intentaba en la TV del país. La  primera vez lo hizo Doris Wells en Historia de tres hermanas). “El caso es que él le dio la vuelta al asunto e hizo la producción, y para algunas escenas utilizó una doble que era Helianta Cruz, quien después sí pudo dar la cara y protagonizar otras telenovelas. La Usurpadora fue un reto para él, en una época en la que la tarea de editar, por ejemplo, era un acto físico en el que literalmente había que cortar la cinta de videotape para pegarla con otra. Mi papá trabajaba 18 horas al día porque el proceso de posproducción tenía que hacerlo él mismo. Para haber trabajado con los recursos tan limitados con los que contaba, hizo un trabajo impecable. Esa novela terminó convirtiéndose en un clásico”.

Doña Bárbara, otra de las telenovelas dirigidas por Juan Lamata, no sólo fue la primera adaptación de un texto de Rómulo Gallegos para la televisión, sino que fue el primer programa grabado a color de la pantalla chica venezolana, afirma Luis Alberto. “Esa producción se hizo en 1974, y en esa época hubo cierta presión del Estado para que los canales ofrecieran programas de calidad, así que Radio Caracas decide hacer Doña Bárbara, espacio que el público, afortunadamente, recibió de manera positiva. Pienso que esta novela, adaptada por José Ignacio Cabrujas y dirigida por mi papá, es lo que abre, años después, el camino para que se pudieran hacer dramáticos al estilo de La señora de Cárdenas”. Esta historia protagonizada por Doris Wells y Miguel Angel Landa fue otra de las producciones dirigidas por Lamata que se convirtieron en un clásico, en este caso, por ser el punto de partida de la llamada “telenovela cultural”, la cual inauguró la tendencia de presentar a personajes que hablaban con un lenguaje coloquial, más próximo a la cotidianidad del público.

Marina Baura, a quien Lamata dirigió varias veces, cultivó una gran amistad con el director de quien —confiesa— le cuesta hablar objetivamente: “Fue un ejemplo no sólo como director sino como amigo: me ayudó mucho como actriz, siempre me dejó ser”.

Gilberto Pinto
en las telenovelas así como en el teatro

Eva Moreno protagonizó
La Tirana (1967)

Parte del Elenco de Alejandra (1975)

Eva Moreno y Oscar Martínez en El hijo
de Renzo (1967)

Veterano de las tablas, Gilberto Pinto fue uno de los responsables de llevar el teatro a la televisión. Junto a Román Chalbaud y Alberto de Paz y Mateos, adaptó al formato de la telenovela, obras de Balzac, Dostoievski y Dickens, entre otros. “En esa época contábamos con elencos de actores cuyo norte era la calidad, el deseo de realizar bien las cosas. Casi todos venían del teatro: Eduardo Serrano, Raúl Amundaray, Edmundo Valdemar, Rafael Briceño. Era gente bien formada”. Uno de los mayores éxitos de Pinto en el género de la telenovela fue La Tirana (1967), escrita por José Ignacio Cabrujas, Manuel Muñoz Rico, Román Chalbaud y Enrique Jarnés. “La Tirana la hacíamos con Eva Moreno, Edmundo Valdemar y Tomás Henríquez. Fue un gran éxito; los tres actores, ya fallecidos, fueron colaboradores maravillosos. Eva Moreno fue una actriz que se formó en televisión. Era de una intuición maravillosa a pesar de que nunca estudió. Doris Wells también fue una gran actriz que me tocó dirigir en Sacrifico de mujer (1972) y en Raquel (1973). Otra veterana con la que tuve el placer de trabajar fue Amalia Pérez Díaz en Corazón de madre”.

El director de El hijo de Renzo (1967), Mariana Montiel (1969) y Alejandra (1975), mira hacia atrás y no se lamenta de las limitaciones técnicas con las que tuvo que trabajar su generación: “Es verdad que no teníamos muchos recursos, pero esta circunstancia nos despertó una gran imaginación”.

Tony Rodríguez
Mejor, detrás de las cámaras

Elenco de La Encantada

Desde niño supo lo que era estar frente a las cámaras, pero con el paso de los años decidió que era mejor estar detrás de ellas. Primero empezó como dialoguista de las novelas de Julio César Mármol en Venevisión. Después la curiosidad, las ganas de abarcar más, y un empujoncito del veterano director Daniel Farías lo llevó, cuando sólo tenía unos 24 años, a la dirección de la telenovela La Encantada, para Marte TV, la cual fue una de las primeras telenovelas que se filmaron en decorados al aire libre. “La novela se desarrollaba en una hacienda que se llamaba La Encantada y como era una empresa de producción independiente la que estaba llevando adelante el proyecto no contábamos con estudios de grabación, así que nos vimos obligados a montar los decorados al aire libre”. Experiencia similar vivió con La Inolvidable, original de Humberto Kiko Olivieri, la cual, dadas las características de la historia, requería una ambientación pueblerina. “Le pedimos a los ejecutivos que nos hicieran unas ‘fachaditas’ para no vernos obligados a encerrar la novela en un estudio, y resulta que el canal nos levantó un pueblo increíble”.

Román Chalbaud
el nombre del rating

Hilda Vera, Rafael Briceño y Mayra Alejandra
en La hija de Juana Crespo (1977)

Gustavo Rodríguez en Boves el  Urogallo (1974)

Liliana Durán  y Doris Wells en
La Comadre (1981)

Milena Santander, Nohely Arteaga y Mimí Lazo
en Guerra de mujeres (2001)

La adaptación para televisión hecha por José Ignacio Cabrujas de la novela Tormento (1977), de Benito Pérez Galdós, puso a Jean Carlos Simancas, ataviado de sotana, a besar a Mayra Alejandra en el horario estelar. El escándalo fue total, pero más lo fue el éxito que alcanzó este dramático que le correspondió dirigir al también director de cine Román Chalbaud. Tormento implicó el debut de Jean Carlos Simancas como protagonista, quien en ese momento debió estar muy contento con que José Luis Rodríguez haya rechazado el papel a causa de sus creencias religiosas: la telenovela se trataba de un sacerdote que se enamoraba de una mujer. “El puma para ese momento, y no sé si todavía, tenía unas creencias religiosas que le impedían hacer ese papel. Yo recuerdo que le dije: ‘¡José Luis, pero si ese es el mejor papel de la novela!’, pero no, él prefirió hacer el rol del hombre que al final de la historia termina quedándose con la protagonista, sin importarle que quien más se lucía era Simancas, vestido de sotana, besando a Mayra Alejandra. Esos besos hicieron historia, el rating fue el más alto en ese momento. Yo me acuerdo que los distribuidores de películas me decían alarmados: ‘¡¿Pero cuándo se va a acabar esa novela?!, ¡la gente no viene al cine por estar viendo Tormento!”.

Boves el Urogallo (1974), La hija de Juana Crespo (1977), Piel de zapa (1978), La Comadre (1981) y Guerra de Mujeres (2001), fueron otros de los dramáticos más relevantes del director del Pez que fuma en su tránsito por la televisión, quien, junto a José Ignacio Cabrujas, Pilar Romero, Fausto Verdial, César Bolívar, Juan Lamata, Ibsen Martínez y Salvador Garmendia, fue protagonista de la gestación de la llamada televisión cultural. Una de las novelas más exitosas, producto de ese proceso que procuraba ofrecer una mejor programación al público fue La Comadre. “Estaba basada, ligeramente, en la vida de mi madre, una mujer de Mérida que ayudó a Alberto Carnevalli a repartir folletos subversivos durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. El argumento era mío pero el texto lo escribió Jean Carlos Gené. La protagonizó Doris Wells, y era la vida de una mujer venezolana desde la época de Juan Vicente Gómez hasta los días de Pérez Jiménez. Otra novela hito en RCTV fue La Hija de Juana Crespo, escrita por Salvador Garmendia y José Ignacio Cabujas. Fue la telenovela donde Ibsen Martínez se estrenó como dialoguista. Era con Mayra Alejandra y José Luis Rodríguez e Hilda Vera hizo el papel de Juana Crespo”.

Chalbaud da un gran salto para llegar hasta otra producción importante en su carrera: Guerra de mujeres (Venevisión, 2001). “Yo me retiré de la televisión en el año 1981, porque no quería seguir siendo el empleado que cobraba 15 y último y que tenía que hacer lo que el canal quisiera y no lo que yo quería hacer; pero cuando me llaman para hacer algo interesante lo hago. Ese fue el caso de Guerra de mujeres, escrita por César Miguel Rondón y Mónica Montañés. Yo, que acostumbraba a firmar contrato para hacer sólo los 30 primeros capítulos, terminé haciendo toda la novela porque me gustó mucho. El elenco era estupendo. Guerra de mujeres tenía un tono divertido distinto al melodrama, rompía con todo; allí se dijeron cosas que nunca se habían dicho en la televisión y todo el mundo se reía muchísimo”.

César Bolívar
de Natalia de 8 a 9 a Ciudad Bendita

María Conchita Alonso, Marina Baura
y Gustavo Rodríguez en Natalia de 8 a 9
(1980)

Agustina Martín y Gustavo Rodríguez
en Estefanía (1979)

Pierina España y José Luis Rodríguez
en Sangre Azul (1979)

César Bolívar y Marisa Román
en el set de Ciudad Bendita (2006)

Fabiola Colmenares y Rafael Novoa
en Cosita Rica (2004)

Roque Valero en las grabaciones
de Ciudad Bendita (2006)

En 1980, una novela que abordaba un conflicto de separación y que mostraba sin remilgos a un marido infiel enamorado de una muchacha más joven que su esposa, puso a todo el mundo a sintonizar RCTV en el horario estelar. La historia central, que actualmente podría ser la subtrama de un dramático, tuvo un impacto sin precedentes. Natalia de 8 a 9, protagonizada por Marina Baura y Gustavo Rodríguez —con María Conchita Alonso como la tercera en discordia— sigue siendo la telenovela más importante que le ha correspondió dirigir al también cineasta César Bolívar, y, asimismo, una de las más emblemáticas del género en Venezuela. “Todo ese momento fue muy importante porque tuvimos que hacer una investigación profunda, encuestar mujeres, hablar con la gente. Natalia era una mujer que, después de divorciada, vive sola en una sociedad que le impedía tener amigos, salir a la calle. Los personajes femeninos se manejaban en una cuerda floja entre darle rienda suelta a sus instintos o seguir sometidas al machismo, a la crianza que recibieron, al matriarcado severo. Fue un trabajo que hice de la mano de José Ignacio Cabrujas, quien se encargó de crear los diálogos más cercanos a la gente”.
En orden de importancia, el director  menciona Estefanía como otro de sus dramáticos más interesantes. “Estefanía fue la fotografía de una época, el retrato de una dictadura, y a través de esta novela el espectador empezó a conocer cosas que no le habían contado, a saber que hubo gente que vivió en la clandestinidad, como el personaje de El Guácharo, interpretado por José Luis Rodríguez; el público empezó a conocer la historia contemporánea de Venezuela”. Otra de las producciones por las que guarda especial cariño es Sangre Azul (1979), la cual recibió premios internacionales, y que se desarrollaba en tiempos de Ezequiel Zamora, evoca Bolívar. “La verdad es que tuve suerte de estar en proyectos importantes que marcaron una época, de estar con gente que ha cambiado la historia de la telenovela”, expresa sin inhibirse de ahondar sobre cómo la novela evolucionó hasta Por estas calles, Cosita Rica y Ciudad Bendita, las dos últimas dirigidas por él. “Durante los años setenta hubo una presión por parte del Estado para que se hiciera mejor televisión. De hecho, el Gobierno había cerrado Radio Caracas a causa de un capítulo del programa de Eladio Lares, Alerta. Por otra parte, en esa época las novelas se transmitían de 8:00 a 9:00 (pm), de manera que había preocupación no sólo del gobierno de turno, sino de parte de los escritores, actores y directores involucrados, por hacer algo mejor que el folletín tradicional. Cuando Radio Caracas produce las adaptaciones de las novelas de Rómulo Gallegos se recibió un feedback positivo del público, lo cual comprobó que a la gente le interesaba la historia. Sin embargo, paralelamente, triunfa en Venevisión una novela como Rafaela (1977), la cual cumplía con el esquema de la novela tradicional, con la muchacha pobre que se enamora del tipo de dinero. En ese momento nos parecía que se trataba de competencia desleal porque los puntos del rating favorecían más a Venevisión que a Radio Caracas. La consecuencia de este episodio es que el canal de Bárcenas prefirió seguir con sus novelas tradicionales hasta que hicieron un proyecto de gran impacto como lo fue Por estas calles, que fue una crónica social del momento. De manera que la telenovela vivió un vuelco en el lenguaje y en la manera de contar la historia; apareció una manera de hacer dramáticos donde se hablaba de amor, de pasiones extremas, pero también de historia y de hechos importantes para la colectividad. Sin embargo, yo creo que hay para todo público. Si actualmente se hace una adaptación de El derecho de nacer,  funcionaría, porque nadie se explica por qué a la gente le gusta tanto ese discurso facilista de la mujer que sufre, de la mujer que guarda un secreto”.

Los pioneros
JOSE FARIÑAS
JOSE FERRARA

Desde sus inicios el género de la telenovela contó con
profesionales cuyo trabajo auguró el destino luminoso
que tendría en el futuro. A nombres como los de José Fariñas
y José Antonio Ferrara —prácticamente desconocidos para las nuevas generaciones— les correspondió dirigir los primeros unitarios, miniseries
y telenovelas de la época. La primera versión de Ifigenia para la televisión
y que protagonizaron Hilda Vera y Luis Salazar la dirigió Ferrara, al igual
que la muy popular Historia de tres hermanas con Eva Blanco, Eva Moreno
y Doris Wells; y la más contemporánea Ligia Elena. Fariñas, por su parte, inmortalizó a parejas como Zoe Ducós y Héctor Hernández Vera. “No había empirismo en esa época —recuerda el actor Eduardo Serrano—, porque la televisión venezolana siempre ha marchado de la mano de los progresos que se desarrollan a nivel mundial. En la época de Ferrara y de Fariñas había, eso sí, un gran romanticismo a la hora de hacer las cosas, un deseo de hacer el trabajo bien, gran respeto hacia uno mismo y hacia el público”.

Eva Blanco, Eva Moreno y Doris Wells en Historia de  tres hermanas  (1964)

Otros nombres como Francisco Gutiérrez, César Henríquez, José Luis Sarzarlejo, Francisco Gutiérrez, Rafael Quiroga Delgado (inolvidable por Simplemente María, protagonizada por Carmen Julia Alvarez, José Luis Rodríguez y Eduardo Serrano) se convirtieron en la generación que continuó abriendo el camino en la consolidación del género que más lágrimas ha provocado en la audiencia.

 

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