Scannone
a fuego
lento
Una imperdible lectura habita en las librerías. Se trata de Conversaciones con Armando Scannone. Jacqueline Goldberg y Vanessa Rolfini —tras sostenidos encuentros con el autor de Mi cocina.
A la manera de Caracas— dan forma a un libro
que posee el carácter íntimo de la buena conversación y en el que se tiene la sensación
de escuchar a Scannone como si estuviese hablando con un amigo, sin precauciones
y sin elaboración. Ahora ellas —Vanessa
y Jacqueline— son las entrevistadas:
En este trabajo, ¿qué te sorprendió particularmente de Scannone?
V.R.: "Cuando hice las entrevistas se me reveló una persona con una visión increíble, que tuvo la paciencia de investigar y sistematizar el mundo casi secreto de las recetas de la cocina tradicional caraqueña. Esto lo hizo por puro gusto, sólo porque no quería perder la sazón de su familia".
J.G.: "Me sorprendió su minuciosidad a la hora de recordar sus viajes. Tiene un maravilloso sentido de entrega al disfrute, al asombro, incluso a lo perturbador de una experiencia, como fue, por ejemplo, su viaje a la India".
Invitas a Scannone a casa… ¿qué le preparas?
V.R.: "Preparaciones con un indiscutible toque casero e ingredientes de calidad. Un menú de varios platillos un tanto osado, porque sé que eso le encanta. De postre una gelatina a base de alguna fruta cítrica, nunca de cajita".
J.G.: "De tener a Scannone como invitado, primero temblaría, después contrataría a Vanessa Rolfini para que cocinara".
Comer a ciegas
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Un geógrafo español llamado Eduardo Martínez
de Pisón dice que "los paisajes primero se sueñan y luego se ven. Donde un día pones un sueño,
otro día pones los ojos, y otro, los pies". Comparto la cita con la idea de convocarlos a soñar y, luego, a poner los pies en Dans le noir. Supe de este lugar por un amigo que también anhela ir para
allá algún día. Sin más demoras lo presento.
Si bien en la fotografía aparece iluminado, este restaurante parisiense propone comer en la oscuridad, sin siquiera la luz de una vela. Al llegar allí los comensales son guiados hasta sus mesas por camareros invidentes. "Al ocultar el sentido predominante de la vista, se ofrece una oportunidad única para afinar y redescubrir los otros sentidos: el gusto, el olfato, el oído y el tacto", se explica en www.danslenoir.com, el site oficial del lugar. La carta ofrece una degustación sorpresa, aunque se puede optar por el menú blanco —para los que quieran pescado o pollo— el menú rojo —carnes rojas— y el menú verde o vegetariano. Quienes han estado allí dicen que las conversaciones se escuchan intensamente ya
que no hay nada
que disturbe la atención visual,
y que los sabores
se aprecian con mayor exactitud.
Las precisiones, pues, de lo difuso.
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"Tapa es una palabra española referida a esas felicidades plurales, breves, pero continuadas en el paladar. A veces puede ser un ritual hacer un recorrido por bares para probarlas, practicando así una comida itinerante. Cada región española tiene las suyas. En Andalucía se bebe jerez con aceitunas, jamón serrano y croquetas de pescado. En Castilla y Extremadura, las migas (pan migado y frito con cochino y vegetales). En Alicante se incorpora la cocina del mar. Los catalanes preparan los caracoles guisados, el pan con tomate y el bacalao con sanfaina. En Aragón y la Rioja, los pimientos. Y en el País Vasco y Navarra la costumbre es comer callejeando mientras se toman chatos de vino".
Tomado de Saber o no saber, de Manuel Vázquez Montalbán
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