
Los hijos
COTIDIANA
INCERTIDUMBRE
Cada día es un reto cuando de educar se trata. La cotidianidad enfrenta
a padres y madres con dudas que no por habituales son sencillas de resolver.
A continuación, la psicóloga Dora Vera, especialista en desarrollo infantil,
ayuda a aclarar las más frecuentes Por Irene Carrasquero
1 ¿Es bueno que los niños duerman con sus padres?
"No es conveniente. Por el contrario, es sumamente negativo, pues afecta directamente los niveles de seguridad del niño. Ellos deben aprender a sentirse seguros en su propio terreno y no hay territorio más básico, íntimo y propio que su cuarto y su cama.
Pero la seguridad es sólo una de las aristas de esta práctica. También los límites son puestos en entredicho cuando un niño duerme permanentemente en la cama o en el cuarto con los padres.
En cada familia hay diferentes subsistemas. Uno de ellos es el de los padres, el cual es fundamental preservar. Al dejar que el niño duerma constantemente en la cama de sus progenitores se le está permitiendo que invada un límite fundamental en la vida.
En resumen, un niño que no define su cuarto como territorio y que necesita dormir con su madre y su padre no desarrolla niveles adecuados de seguridad y no incorpora la idea de que hay límites personales que deben mantenerse. Otro asunto muy distinto es el caso de los padres que eligen tener a su bebé en el cuarto los primeros meses, pues ello disminuye su angustia y es muy práctico cuando se está amamantando en la madrugada. Durante este período es perfectamente válido, y para nada perjudicial, que el niño duerma en el cuarto matrimonial. Sin embargo, cuando comienza a dormir toda la noche es el momento ideal para pasarlo a su habitación, lo cual le ayudará a entender que él tiene un territorio propio, en el cual estará seguro".
2 ¿Qué efectos puede tener el presenciar discusiones entre sus padres?

"La familia es como un laboratorio donde los niños aprenden a relacionarse. Por eso, si el niño presencia discusiones entre los padres donde hay faltas de respeto, humillaciones y violencia, pensará que esa es la manera
normal de comportarse.
El problema no es la discusión en sí, sino el tono que ésta adopta. Las desavenencias entre los adultos, mucho más si son presenciadas por los hijos, deben caracterizarse
por el respeto al otro, aunque no se comparta
la misma manera de pensar.
La forma como una pareja interactúa enseña
a los hijos cómo relacionarse. La hija aprenderá
de la madre qué esperar de un hombre de la misma manera como el hijo aprenderá del padre cómo tratar a una mujer. La relación que se establece entre los progenitores es una de las lecciones más directas y claras que se da
a los hijos en el día a día".
3 ¿Es el castigo un método efectivo para reprender a los niños?
"El castigo forma parte de la disciplina y ésta no es otra cosa que el fundamento
de la educación. Y aunque no debe eliminarse, pues es la respuesta
a las conductas inadecuadas del niño, el castigo no debe ser la base
de la disciplina.
Está demostrado que los hijos aprenden más del refuerzo que del castigo. Un niño aprenderá una determinada conducta en la medida en que se vea a sí mismo haciéndola y siendo reforzado por ello. Por el contrario, un infante que es castigado constantemente incorporará la idea de que es 'tremendo', 'malo' o 'incapaz de satisfacer a sus padres' y se comportará de acuerdo con tal etiqueta. Por eso, la labor de los padres, más que buscar situaciones para castigar a los hijos, debe ser crear las condiciones para impulsarlos a hacer las cosas bien y poder entonces reforzarlos.
Algo importante en este punto es que el refuerzo no se refiere a lo material. Es terrible premiar siempre a los hijos con regalos. Esto, además de no ser apropiado, hace que los niños sean cada vez más exigentes y les lleva a pensar que todo en la vida se mueve a través de lo material.
El refuerzo ideal es una palabra de felicitación, una muestra de cariño, una demostración del gran orgullo y complacencia de los progenitores frente a la conducta adecuada de los hijos.
Compartir juntos, jugar o comerse un helado, es una manera de demostrar la satisfacción por algo bueno que ha hecho un hijo, así como un beso y un abrazo son un refuerzo que se mantiene en el tiempo".
4 ¿Pueden los consentimientos de los abuelos interferir en el proceso de educación de los niños?
"Que un niño tenga la oportunidad de recibir el amor y la orientación de sus abuelos es un privilegio de la vida. Es algo que debe agradecerse y no contra lo que hay que luchar.
Muchos padres se preocupan porque los abuelos malcrían a los pequeños y sienten que esta conducta puede ser demasiado influyente en su educación. Pero para eso están los abuelos: para querer y consentir.
Dentro de ciertos límites, claro está. La claridad en los roles es determinante en estos casos y ésta la da, sobre todo, la actitud de los padres con respecto a su propia autoridad y su disposición a ejercerla con firmeza. Si ellos están claros en que son quienes mandan, también los hijos lo estarán y entonces no hay razón de lucha entre padres y abuelos. Los niños aprenden que las normas las ponen la madre y el padre y no se van a descarrilar por un poco de consentimiento. En todo caso, un diálogo abierto puede mejorar la situación si los progenitores sienten que se está yendo de las manos.
5 ¿Desde qué edad deben los niños someterse a una rutina de horarios?
"Desde el momento mismo en que nacen. Para los bebés, las rutinas ayudan a crear patrones de sueño y alimentación adecuados que desde el punto de vista biológico son muy importantes. A medida que el niño crece, las rutinas son fundamentales para generarle seguridad, pues le permiten anticipar lo que viene y le dan la oportunidad de participar conscientemente y de forma más activa e, incluso, de tomar la iniciativa.
Un niño que no ha incorporado una rutina pierde un tiempo valioso luchando con sus padres porque no quiere bañarse, comer o apagar el televisor. Al principio, establecer horarios puede costar y no siempre es fácil hacerlo, pero una vez que el niño los ha asumido no discute tanto e invierte su tiempo en cosas más importantes.
Mientras más pequeño es el niño, más fácil se adapta a los horarios. Sin embargo, hay momentos críticos durante el desarrollo en los que es necesario modificar los hábitos. Ahí es cuando la vida le da a los padres la oportunidad de rediseñar las rutinas, que deben existir, pero no pueden mantenerse iguales por siempre.
Pero más allá de permitirle al infante anticipar lo que viene y facilitar el paso del día, los hábitos forman parte de la seguridad misma del ser humano y son la base de lo que será el método y la sistematización de la vida adulta. Un pequeño que no tiene hábitos ni horarios probablemente se convierta en un adulto con dificultades para manejar el tiempo; será impuntual y tendrá problemas para cumplir sus objetivos de manera adecuada, entre otros riesgos. Las rutinas y los horarios van en contra de la improvisación y brindan la posibilidad de organizar la propia vida".
6 ¿Hasta qué edad deben los hijos bañarse con sus padres?
"No existe una edad determinada. Esto depende mucho de la actitud que tengan los padres en relación con la sexualidad. El baño debe ser un momento relajado y sin angustias. Cuando este proceso se da de manera natural y todos actúan de una forma también natural, es entonces una experiencia más del día a día.
Por el contrario, si los padres están estresados e incómodos porque los niños se están bañando con ellos, entonces están creando
una fuente de estrés asociada a la sexualidad que no es conveniente.
Debe tomarse en cuenta también la actitud de los pequeños. Cuando al niño comienzan a llamarle la atención y se interesa por tocar las partes íntimas de su papá o su mamá, es entonces el momento indicado para establecer límites y buscar que cada quien se bañe por su cuenta. En todo caso, no existe un momento exacto para dejar esta práctica, que en algunas familias se extiende más allá de los primeros cinco años de vida del niño. Padres e hijos, dependiendo de sus creencias, formación, carácter y relación, irán marcando la ruta".
7 ¿Cómo debe manejarse con los niños el tema de la muerte?
"Manejar este tema es un problema para los adultos que sin querer lo transfieren a los niños. Lo fundamental, como en cualquier otro aspecto del desarrollo infantil, es que el tópico se trate en consonancia con la realidad. Por más dolorosa que sea una situación, como es la muerte de un familiar cercano, la única manera sana de abordarla es con la verdad.
Lo recomendable es que a los chicos se les explique la situación en el momento mismo en que los familiares estén viviendo el proceso de duelo. No es conveniente decirles sobre la muerte de un familiar después de un tiempo, cuando ya los padres o hermanos están más tranquilos, pues en ese momento ellos no van a entender el estado emocional de los otros, además de que se les quita la posibilidad de vivir el duelo con las personas que están a su alrededor.
En cuanto a los servicios funerarios, lo ideal es que la familia determine si el niño está preparado para entender lo que está ocurriendo y para estar en este tipo de escenarios. No es fácil determinar una edad específica para ello, pues depende de la madurez del niño, pero seguramente no será antes de los cuatro años.
En los velorios y entierros hay gente muy descontrolada emocionalmente y es probable que eso afecte al pequeño. El problema no es que vea a sus familiares llorando, pues no hay nada de dañino en ello, pero demasiada intensidad emotiva, sin control, sí puede impresionarlo y ocasionarle mucha ansiedad".
8 ¿Debe enseñárseles
a los niños a devolver
agresiones de otros niños?
"La idea no es fomentar
la agresividad en un niño.
Sin embargo, es fundamental hacerle ver la responsabilidad
que él tiene de defenderse
y de hacer valer sus derechos
y opiniones.
Lo más importante es que
el infante sepa que puede
y debe hacerse respetar;
que la palabra es la primera
opción de defensa, pero
que no siempre funciona.
Y también debe transmitírsele
la gran responsabilidad
que tiene de respetar a los demás.
Todo esto se enseña. Y la única manera de que el niño incorpore esta noción
de que debe respetar y hacerse respetar es precisamente tomando en cuenta
sus ideas, escuchándolo, preguntándole sus opiniones y estimulándolo
a que defienda lo que cree, aunque sea diferente a lo que piensan los demás.
Si bien no es bueno educar a los niños como peleones, tampoco lo es formarlos sumisos y dispuestos a aceptar agresiones sin responder. Todo es cuestión
de equilibrio".
9 ¿Existe un momento apropiado para que los padres comiencen a hablar
de sexo con sus hijos?
"En la medida en que la familia maneje la sexualidad como algo normal, los padres tengan una relación abierta y no exista tabú alguno sobre el tema, probablemente los niños se van a sentir motivados a hacer preguntas y son ellos quienes van a dictar la pauta.
En familias que abordan abiertamente el tema de la sexualidad los niños preguntarán cuando necesiten información. Las respuestas deben ser apropiadas, de acuerdo con lo que ellos esperan, con un lenguaje que puedan entender y de una manera natural y abierta.
Por el contrario, si la familia es sumamente cerrada y el tema de la sexualidad resulta incómodo, es muy probable que las preguntas no surjan espontáneamente de los pequeños. Por eso, los padres deben reflexionar y preguntarse si están dando toda la apertura como para que los hijos indaguen sobre lo que necesiten saber. Si no, es necesario crear situaciones en las que ellos se sientan animados a preguntar.
Pero lo más importante es que los padres estén claros en que si sus hijos quieren saber algo lo van a investigar, sea recurriendo a ellos o por otros medios. Y no siempre las otras alternativas disponibles son apropiadas ni la información que puedan obtener será la más sana y adecuada".
10 ¿Deben los padres obligar a los niños a comer alimentos que no les gustan?
"Hay una premisa básica en relación con la alimentación: mientras los padres obliguen más a los niños a comer, estos menos lo van a hacer. Todo infante busca la atención emocional de sus padres a través de diferentes mecanismos. Uno de ellos es la comida. Si el niño se da cuenta de que logra atraer la atención de sus padres negándose a comer, entonces se va a poner cada vez más exigente.
Lo ideal es ofrecerle diferentes alimentos cada día para que el niño pruebe. No debe hacerse una comida diferente porque no le gusta lo que hay. Debe ofrecérsele lo mismo que al resto de la familia y, si no le gusta, entonces que no coma. Esto, por supuesto, en los casos en que no hay problemas de talla y peso. Ningún niño va a dejar de comer definitivamente porque no le gusta la comida. En la medida en que se dé cuenta de que no tiene más opciones se irá adaptando. El de la comida debe ser un tiempo de comodidad, comunicación y alegría y no una situación de conflicto, ansiedad y angustia".
Coordenadas
Dora Vera. Psicóloga y especialista
en Desarrollo Infantil.
Dirección: Alternativas para el desarrollo.
Av. Mohedano, cruce con calle
El Bosque, quinta El Jabillo,
La Castellana, Caracas.
Telfs.: 261.6182 / 265.4135
Los niños aprenden lo que viven
• Si los niños viven con la crítica, aprenden a condenar
• Si viven con hostilidad, aprenden a pelear
• Si viven con miedo, aprenden a ser aprensivos
• Si viven con lástima, aprenden a compadecerse a sí mismos
• Si viven con ridiculez, aprenden a ser tímidos
• Si viven con celos, aprenden qué es la envidia
• Si viven con vergüenza, aprenden a sentirse culpables
• Pero si viven con tolerancia, aprenden a ser pacientes
• Si viven con estímulos, aprenden a ser confiados
• Si viven con elogios, aprenden a apreciar
• Si viven con aprobación, aprenden a quererse a sí mismos
• Si viven con aceptación, aprenden a encontrar amor en el mundo
• Si viven con reconocimiento, aprenden a tener un objetivo
• Si viven compartiendo, aprenden a ser generosos
• Si viven con honestidad y equidad, aprenden qué es la verdad y la justicia
• Si viven con seguridad, aprenden
a tener fe en sí mismos y en quienes los rodean
• Si viven en la amistad, aprenden que el mundo es un bello lugar para vivir
• Si viven con serenidad, aprenden
a tener paz espiritual |
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Horarios indispensables
Las rutinas y los hábitos
deben exisitir. Son la base
de lo que será el método y
la sistematización de la vida
adulta. Un pequeño sin
horarios probablemente se
convertirá en un adulto con
dificultades para manejar
el tiempo. En otras palabras,
será impuntual y tendrá
problemas para cumplir sus
objetivos. Obviamente, los
padres deben ir flexibilizando
las normas a medida que los
hijos crecen. Hay momentos
críticos durante su desarrollo
en los que es necesario
modificar los hábitos. Ahí
es cuando la vida da a los
progenitores la oportunidad
de rediseñar las rutinas. |
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