
SANTOS
MICHELENA
Su hermoso legado está
esparcido a lo largo
de la capital, aunque
la desidia parece
empeñada en borrarlo
de la memoria
histórica caraqueña
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand
Tiene 82 años y apenas se le nota al andar, pues su voz sólida, prestancia
y energía desbordante afloran cuando comienza a hablar sobre Caracas y sobre
la incuestionable vinculación que ha tenido con esta ciudad a lo largo de su vida.
Se llama Santos Michelena y es ingeniero de profesión. Durante los 61 años
que tiene ejerciendo el oficio, su mente brillante se ha encargado de hacer
de la capital un lugar más agradable, lleno de agua, luz, ciencia y arte.
Las fuentes de Plaza Francia en Altamira, Plaza Venezuela, Foro Libertador —frente al Panteón Nacional—, Hotel Caracas Hilton, la Estación de Metro La Hoyada,
Parque Carabobo, Parque Miranda y Plaza Diego Ibarra, tienen dos cosas
en común: fueron diseñadas por Santos Michelena, y casi todas han sido
víctimas de la desidia y el abandono.
"A mí me da gran tristeza ver cómo están mis fuentes. Agarro una rabieta cada
vez que ando por Caracas. Cuando paso por Plaza Venezuela… le nombro la
madre al tipo que no me permitió hacer una tubería que llevara directo al Guaire
el agua de lluvia. Debajo de la plaza hay una calle y allí construyeron un
desagüe muy mal proyectado. Cuando llueve, aquello se inunda, y yo
me indigno terriblemente", confiesa Michelena.
Hasta hace unos meses, la Plaza Diego Ibarra, espacio en el que coincidían
un sinfín de chorros y colores en las décadas de los setenta
y ochenta, estuvo arropada por la arrolladora economía informal.
Desocupada a principios de este año, el sitio exhibió su nueva cara: un montón de escombros, construcciones improvisadas y una fuente destruida. Una lamentable caricatura de lo que alguna vez fue.
"Con la Diego Ibarra hay algo importante. Los buhoneros destrozaron
la construcción, el cemento, los espacios; pero las estaciones de bombeo,
debajo de la tierra, siguen intactas. Lo que hay que hacer es recuperar
la superficie, pues el sistema tiene que estar en perfecto estado", dice,
mientras se lamenta por la manera en que se está perdiendo la memoria
histórica de la ciudad: "En Roma, por ejemplo, uno se encuentra
con fuentes que tienen siglos".
Actualmente, Michelena, quien domina cuatro idiomas —inglés, francés,
italiano y español— sigue trabajando y reconoce que ya no pasea
por Caracas, pues prefiere ahorrarse malos ratos. El maestro pasa sus
días en el Colegio de Ingenieros y, desde allí, reflexiona y medita sobre
su ciudad. "Yo todavía tengo mucho que darle a Caracas", afirma, y sueña,
cómo no, que si algún día le devolvieran el proyecto de Plaza Venezuela
con la tarea de restaurarlo, le regresaría a la convulsionada zona su otrora
espacio de ilusiones, agua y color. Observando en la pared un cuadro
de la que fuese la gran fuente de la capital, señala con el dedo, sonríe
y comenta: "Yo no construía fuentes, yo hacía obras de arte".
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