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VIVIR MEJOR BELLEZA

Bondadosa
PARAFINA

Derivada del petróleo
y utilizada, básicamente,
en la fabricación de
velas y jabones, también brinda beneficios en los campos de la belleza
y la salud. Conozca sus principales propiedades

Por Betzy Barragán

Tal vez durante
los relajantes ratos
que pasa en la peluquería
ha reparado en la cantidad
de tratamientos de
belleza que prometen innumerables beneficios.
De ser así, es probable
que esté al tanto de las bondades de la parafina,
una sustancia compuesta
de hidrocarburos (bioquímicos formados únicamente por carbono
e hidrógeno), cuya principal
propiedad —en el área de
la belleza— es brindarle
a la piel una hidratación
profunda, especialmente
a los tejidos sensibles,
que se irritan
con facilidad.

En la belleza


Se cree que los factores ambientales —la contaminación,
el sol y los cambios bruscos de temperatura, entre otros—, el estrés y ciertas enfermedades,
son los principales responsables de que la piel se deshidrate
y luzca opaca, tirante o áspera. Incluso hay especialistas que afirman que permanecer expuestos durante largas horas
a la luz proveniente de los monitores de las computadoras, también contribuye a la perspiración insensible, que
no es otra cosa que la pérdida
de agua sin que la persona
se percate de ello.

Se estima que, en condiciones normales, el nivel hídrico del tejido cutáneo es de 70%; lo que equivale a 35% del volumen total que se encuentra en el organismo. Este porcentaje está repartido en las tres capas de la piel, siendo la dermis —la más profunda— la que contiene mayor cantidad de líquido, debido a que es ella la encargada de la reserva y suministro a las capas más superficiales.

Con la aplicación de la parafina se cree que esta humedad no se evapora sino que regresa a las capas internas, ayudando así a hidratar, alimentar y rejuvenecer la piel.
El resultado es una humectación profunda en el área tratada. Al aumentar la temperatura de la zona, también se incrementa el flujo sanguíneo y se ponen en movimiento los emolientes que se encuentran en las capas más profundas, permitiendo así que éstos se expandan hasta las partes más superficiales. Al final, renace una piel tersa y suave, digna de ser acariciada.

No obstante, es preciso decir que algunos especialistas no recomiendan el uso prolongado de productos que contengan macrocristalina, porque consideran que su característica oclusiva tiene efectos negativos al impedir que los poros respiren libremente. Tampoco se aconseja a personas que sufren de diabetes, venas varicosas o lesiones cutáneas.

En cuanto a las terapias puntuales realizadas en institutos de belleza, no existe objeción porque son de corta duración y el producto se retira totalmente al término de la sesión.

El tratamiento. Inicialmente, los baños de parafina sólo se utilizaban en las manos y los pies. Posteriormente, los esteticistas fueron incorporando a la terapia nuevos componentes que permitieron extender los beneficios al resto de las zonas del cuerpo. La diferencia está en los productos que se utilizan en combinación con la parafina y el tiempo que se dejan actuar dichas sustancias. De resto, el procedimiento es casi igual en todos los casos.

Para usar la parafina hay que calentarla. Para ello se utiliza un recipiente especial que la mantiene líquida y a una temperatura constante, agradable al tacto. Antes que todo es conveniente limpiar la zona —rostro, cuerpo, manos o pies, según sea el caso— con un producto adecuado. Y, si es posible, debería realizarse una exfoliación con la finalidad de remover las células muertas y dejar la superficie cutánea preparada para la absorción de las sustancias nutritivas que también se emplean durante la sesión. La aplicación dependerá del lugar que se va a tratar.

Rostro. Los cosmeatras señalan que las mascarillas
de parafina son un tratamiento excelente con múltiples propiedades y, además,
un perfecto sustituto del vapor por su acción oxigenante
y desintoxicante. La macrocristalina blanca, pura
y libre de fragancia, con un
bajo punto de fusión (temperatura en la que
un elemento o sustancia
pasa del estado sólido al
estado líquido), evita rojeces
e inflamaciones en la tez,
y se aplica con una brochita sobre una gasa que ha sido colocada previamente, para
que, una vez terminada la
sesión, sea más fácil retirarla.
Al igual que en las manos
y los pies, es necesario
aplicar unas cinco capas
para conseguir la consistencia adecuada. Luego de unos veinte minutos, aproximadamente, cuando ya se ha formado una cubierta dura, se separa del rostro y se termina con una ampolla nutritiva, adecuada al tipo de piel que se está tratando.

Manos y pies. Después de retirar joyas y anillos y de dejar la zona totalmente higiénica, se procede a darle un masaje con algún producto que contenga colágeno y elastina, para que sus propiedades sean aprovechadas por la piel gracias al efecto oclusivo de la parafina. Seguidamente se sumergen en el líquido que, generalmente, es enriquecido con vitaminas como E o C y extractos de melocotón, cacao o coco, entre otros. La inmersión debería repetirse de tres a cinco veces, para que se pueda formar una capa lo suficientemente gruesa, capaz de conservar la temperatura. Luego se cubre con una bolsa protectora y después con una manopla o bota de paño con el propósito de mantener el calor. Se deja entre 15 y 20 minutos y se retira el cascarón que se ha formado.

Cuerpo. En las terapias corporales la parafina
se emplea como aislante térmico para inducir la sudoración. De esta manera se logra un efecto tipo sauna, con la consiguiente reducción del tejido celular subcutáneo, debida a la pérdida de líquidos
y la eliminación de toxinas. Este producto también se recomienda y se usa en los tratamientos reafirmantes y reductores, los cuales se inician con una exfoliación profunda de la piel, para después colocar, mediante suaves masajes, las cremas o geles reductores, reafirmantes y anticelulíticos. Después se procede a cubrir el cuerpo —desde el cuello hasta los tobillos— con la macrocristalina. Finalmente, la persona es envuelta con un plástico y luego con una capa térmica con la que permanece durante 15 o 20 minutos, hasta que se retira el producto.

En la salud

En muchos centros de fisioterapia se emplea el baño de parafina para el alivio
de malestares ocasionados por padecimientos como la artritis, el reumatismo
y los dolores crónicos en los miembros superiores o inferiores.

Los baños de cera o parafina forman parte de procedimientos de rehabilitación
de manos o pies que progresivamente han ido perdiendo sus funciones naturales.
El procedimiento se lleva a cabo mediante la inmersión del miembro afectado
en el líquido que permanece a una temperatura entre 45 y 55 °C.

Tras superponer de diez a doce capas, el resto del proceso es idéntico al realizado en las sesiones de belleza. La diferencia radica en que éste se hace todos los días hasta que todos los síntomas desaparecen.

SPA en casa

Si bien la recomendación es acudir a lugares especializados con personal experto cuando desee tratarse zonas como el rostro o el
cuerpo, también puede beneficiarse, en
su hogar, de las bondades de la parafina,
si lo que desea es hidratar y suavizar sus
manos o pies.

En las tiendas que surten a los salones de
belleza y centros de estética es posible adquirir todo lo necesario para los baños con parafina: desde el aparato para calentar la cera —que indica la temperatura exacta—, los guantes
y los geles hidratantes, hasta las distintas macrocristalinas enriquecidas con vitamina E, lavanda o aceite de Maleuca, entre otros.

La principal recomendación es que si no posee
el artefacto para derretir la cera, debe hacerlo en baño de María. Por esta
razón, y para evitar posibles quemaduras, tendrá que ir probando, cada
cierto tiempo, la temperatura de la cera una vez derretida. Cuando esté
segura de que puede tolerar el calor del líquido, aplíqueselo y cumpla
con los pasos ya descritos.
 
Pies suavecitos

Mezcle diez gotas de agua de rosas con igual
cantidad de parafina líquida y, antes de irse
a la cama, aplique la preparación con suaves
masajes en los talones y otras zonas ásperas
de los pies. Luego colóquese unas medias
para evitar que la crema se quede en las sábanas.
Realice este procedimiento durante siete noches
y verá cómo esa zona recupera la tersura.

Relájese

Cuando quiera darse un cariñito en casa,
no se olvide de las propiedades
desestresantes que brinda la aromaterapia.
Aproveche la versatilidad de la parafina
y fabrique sus propias velitas. !Atrévase!
Son muy sencillas de hacer:
Derrita la parafina en baño de María.
Una vez fundida agregue unas gotitas
de colorante y otras del aceite esencial
de su preferencia. Vierta la mezcla en
pequeños frasquitos decorativos,
colóquele en el centro un trocito de pabilo
como mecha y espere a que se solidifique.
Ahora sí puede sumergirse en esa bañera
de burbujas que aguarda por usted
.

 



 
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